ENRIQUE YAÑEZ, DISCIPULO DE VILLAGRAN

ENRIQUE YAÑEZ, DISCIPULO DE VILLAGRAN
Ramón Vargas Salguero
Villagrán fue el más laureado miembro que se haya tenido el gremio de arquitectos Estos se debió a que incluso quienes sotto voce y desde perspectivas formales pusieron en entredicho su capacidad compositiva, tildando sus obras de “frías” o “pobres”, no pusieron reparo en concederle una presea tras otra teniendo en cuenta que su incuestionable manejo teórico lo había llevado a convertirse en el más reconocido impulsor de la arquitectura moderna, es decir, de la Escuela mexicana de arquitectura
Sin embargo, habrá que decir que media gran distancia entre al anuencia con que fueron aceptados los honores de que fue objeto y la comprensión de su teoría Gran parte de sus seguidores tomaron por teoría de la arquitectura sus llamados a favor de la sinceridad y del programa arquitectónico, que no eran sino las obligadas consignas políticas a que debía echar mano un líder intelectual para dar a luz la arquitectura de masas que demandaba un país que se estaba revolucionando La teoría, en rigor, habría de construirla frisando los años 50, a partir del momento en que se introdujo al estudio de las corrientes filosóficas, más en boga en aquél entonces, particularmente la axiología scheleriana, el neotomismo de Maritain y el historicismo de Dilthey, entre otras ¿Habrá que recordar a estas alturas que si el marxismo no lograba sentar sus reales en las aulas universitarias menos podía impregnar a la políticamente refractaria Escuela Nacional de Arquitectura?
Tras un brillante aunque fugaz repunte, allá por los años 60, su teoría fue muriendo de puro olvido, tal vez porque los ánimos y los talantes sociales no están a veces para pesadas abstracciones filosóficas o porque es más fácil dejar pasar las seudocríticas, tan inconsistentes como simplistas, que obligarse a ir a las fuentes para confirmar los asertos Villagrán ha sido más comentado que leído y más leído que estudiado
También el 68 hizo lo suyo: todo movimiento radical se ve obligado al menos en su primera etapa, a tirar al cesto la ideología precedente sin parar mientes en melifluos rescates de posibles o trascendentes aportes Ahora sí, la problemática fue trastocada, casi con violencia El acento se puso en los aspectos superestructurales e ideológicos, en el valor de uso y de cambio de la arquitectura y, más recientemente, en sus nexos con la semiología y aun con la proxémica ¿Qué de terrenos ignotos y de relaciones ocultas para el común de los arquitectos se encontraron entre las construcciones y el afán de dominación política de las clases opulentas! Aquí no puede haber marcha atrás No obstante, después de los quince años que llevamos de bregar en todo ello, cabe preguntar: ¿Cuál debe ser el destino de las viejas categorías arquitectónicas, como el espacio, el programa general y particular, su estructura axiológica, la investigación de sus formas de belleza, sus relaciones con el arte y la técnica así como con la ciencia y el urbanismo; que decir de la intuición creativa y del más adecuado proceso de aprendizaje? Todo esto y mucho más, ¿debe ser abandonado?, o todo lo contrario, ¡debería ser retomado en un nuevo cuerpo de teoría en el que encontraran su nexo con los abundantes aportes ahora encontrados?
Es realmente ilustrativo que sea Enrique Yáñez, un reputado discípulo de Villagrán (“No es preciso coincidir exactamente con el Maestro JVG para considerarme su discípulo basta imitar la dedicación que él tuvo en el esclarecimiento de las ideas y compartir los anhelos que expresaba en el final de su conferencia pronunciada en 1954, vigente mensaje a los arquitectos mexicanos”), quien en su reciente libro Arquitectura, teoría, diseño, contexto, haga patente que es posible retomar, para superar, los viejos temas heredados, incorporando otros más, sin demérito ninguno de los definitivos avances alcanzados desde el marxismo
Al caracterizar, en la cuarta parte de su libro, el medio social en el que habrá de actuar el arquitecto, encuentra que la anarquía formal del área metropolitana, por ejemplo, es una expresión de la desigualdad social y del individualismo La primera, si bien milenaria, es inherente al régimen capitalista pero sume en nuestro caso rasgos de pobreza que no se presentan en los países capitalistas avanzados Además, se combina con otros elementos, a los que supone circunstanciales, tales como la desenfrenada especulación sobre el suelo urbano, las exageradas ganancias empresariales y la generalizada corrupción del aparato gubernamental, que “alcanza en altos niveles marcas de escandaloso enriquecimiento” El individualismo, por su parte, no es más que el obligado correlato del liberalismo económico y ha generado, tanto una reglamentación igualmente individualista que desdeña las restricciones que serían convenientes para beneficiar la colectividad, como una anarquía en el uso del suelo, un prurito de originalidad llevado al erostratismo que no se detiene ni en la copia de modelos extranjeros ni en la realización y construcción de proyectos de compañías trasnacionales elaborados en el extranjero ¿El resultado? La proliferación de tugurios, por un lado, y la existencia de reducidas áreas donde “florecen bellas obras arquitectónicas”
Bien podemos considerar que el afán de su libro pudiera concretarse en alcanzar respuesta a dos capitales preguntas: ¿Pueden ser los arquitectos responsables del proceso de degradación que sufren las ciudades? ¿Nos es suficiente con que algunas obras señeras, cuya imagen ha sido desprendida del entorno, aparezcan en las revistas extranjeras especializadas? Al tenor de su planteamiento y de sus conflictuantes cuestiones, emerge la necesidad de no abandonar vocablos como arte, belleza y estética, indispensables para aquilatar, rechazar y superar esa anarquía urbana, sino de retomar la teoría de la arquitectura como la búsqueda de lo que le es sustancial y definitorio de ella en cualquier tiempo
Yáñez carece de antecedentes académicos en teoría de la arquitectura Posee, en cambio, un prestigio que lo señala como el más experimentado proyectista de hospitales Se trata, por otra parte, de un miembro de la vieja vanguardia funcionalista, de los que aunaron modernidad con socialismo en los años 30, del !ala izquierda del racionalismo” como él mismo se titula, de un fundador del Partido Popular, añadiríamos nosotros Por todo ello, la teoría de la arquitectura saldrá ganando cuando se tiene la entereza de plantearse una vez más la vieja pregunta respecto de si la arquitectura es un arte y responderse en los siguientes términos: “La respuesta a la interrogante en forma inequívoca la presenta el autor de estos Apuntes tras de haberla cuestionado en años de juveniles radicalismos y después de subsecuentes experiencias y reflexiones: la Arquitectura es un Arte”