LAS CARIDADES DE ALCIPO, DE YOURCENAR
Marco Antonio Campos
En la Editorial Visor, que deben tener peluqueros o plomeros metidos a traductores, apareció hace unos meses hecho trizas el hermoso libro de poemas de Marguerite Yourcenar, Las caridades de Alcipo (Les charités de Alcipppe) por fortuna en versión bilingüe Decimos por fortuna, porque para esta reseña nos valdremos de la versión en francés, porque la traducción —si se le puede llamar así— es un atentado contra el sentido común, y contra la música y el sentido de los versos No es justo; no se tiene derecho a destrozar de tal manera a una escritora tan respetable De eso a nada, francamente preferimos nada Puede poner un gran número de ejemplos (casi no hay poema en que no cometa una barbaridad); para evitar lo prolijo nos detendremos en tres casos en que modifica el sentido: Este verso final de “Quia hortolamus esset”:
Sous l’arbre noir du Golgotha
(Bajo el árbol negro del Gólgota), que Silvia Baron traduce como “Bajo el árbol del Gólgota negro”; o el admirable dístico:
J’ai vu sur les eaux les tremblants
oiseaux,
(Yo vi sobre las aguas,/ los temblorosos pájaros), que Silvia Baron traduce así: “Vi sobre las olas/ el pájaro a solas”; o esta línea bellísima:
Le ciel plein d’astres m’est léger,
(El cielo lleno de astros me es ligero), que la traductora nos afirma que es: “El cielo de astros es ligero” Y si el lector tiene paciencia, si está dispuesto a hacer una mínima comparación, encontrará un cerro de aberraciones
Si en la prosa de algunas de sus primeras novelas, Marguerite Yourcenar había buscado alcanzar el canto, en sus libros de poemas propiamente dichos —como Feux, como este libro— estamos en lo más elevado de la música verval MY trabaja con eficaz rigor sobre formas y metros tradicionales y les da una firme intensidad: hallamos cantilenas, epitafios, versos que siguen la huella órfica y gnómica, sobre todo sonetos Es decir, y como se habría observado, están, en general, las respuestas personales a su detallado estudio de la antigua poesía griega, cuya culminación excepcional está en La couronne et la lyre, que publicó Gallimard en 1979, selección de traducciones, desde Homero y Hesíodo hasta Agatías el Escolástico y Pablo el Silenciario: doce siglos de hermosas reliquias: las épocas arcaica, clásica, alejandrina, romana y bizantina
Fuera de que los poemas conjuguen un libro, cada poema en sí, cosa rara de encantar, tiene una vida independiente extraordinaria, como si no respondieran a un dibujo previo de unidad o enlace, ya con otros poemas, ya con el libro como un todo Cada pieza es un mundo Así, por ejemplo, la “Cantilena para un flautista ciego”, traza las sensaciones que producen los sonidos de la flauta, y que termina con estos versos asombrosos:
Fais-nous croire que les cieux dansent
Parce qu’un aveugle á chanté
que podríamos traducir, con pobreza evidente (¿cómo recobrar la imagen de los cielos?):
Háznos creer que el cielo danza
porque un ciego cantó
y que, como se advierte, puede ser no sólo un flautista ciego, cualquier flautista, sino podemos asociar con Homero, y poblar nuestra imaginación visual con el esplendor de los poemas heméricos
Puede ser, digamos, este doloroso epitafio que nos toca en lo más íntimo, de esos poemas que en sólo dos versos abarcan una totalidad: (“Tiempo de guerra”):
Le ciel de fer s’est abattu
Sur cette tendre statue
El cielo de hierro se abatió
sobre esta tierna estatua
Pueden ser los sonetos, como ése, travieso, ingenuo, “Poema para una muñeca reina”, cuya forma en la página es aquella de un árbol de navidad; o ése que se llama precisamente “Sonetos”, y que representa un elevado homenaje a grandes sonetistas como Petrarca, Miguel Angel, Ronsard, Shakeaspeare
“catorce blancos cisnes o catorce palomas
catorce ángeles de pie que velan el pasado”;
o bien ése, “Colonia griega”, donde MY esculpe con impecable cincel cómo los marinos de la Hélade han construido su ciudad y su puerto al abrigo del viento y de las sirenas; pueden ser algunos de los poemas añadidos, como “El visionarios”, que en los segundos versos de los dísticos, hay un sesgo leve, lacerante, o esa obra maestra del poema erótico, el cual, creíblemente, se llama “Erótico”, donde cada verso está electrizado de sensualidad
Pero quizá por aquello que perdurará más Marguerite Yourcenar sea por sus “Siete poemas para una amiga muerta”, una de las más hermosas elegías que recordamos Como Emerson, Graves o cierto Pessoa, Marguerite Yourcenar puede ser clasificada, en un principio, como una gran poeta intelectual Su poesía exige un cierto esfuerzo y ningún tipo de complacencia En un principio, insistimos, porque en esta elegía, MY se abre, y nos enseña un rostro humano: el suyo Y a través de los versos está el proceso anímico ante la realidad de la muerte del ser amado: la sorpresa dolorosa, el no volverá a ver las bellezas del mundo, el ya es inútil todo por más que se golpee este valle de lágrimas, el se pudo haber sido más bueno con ella, la resignación, el ejemplo como una lámpara encendida, el amor y la esperanza “que se esfuerzan por soñar que el rol de los muertos hace madurar otras vidas”, hasta el olvido, hasta el no querer turbar, con una queja vana, la eterna cita de la tierra y los muertos
Un libro espléndido de una mujer que todo lo que toca, como Borges o Camus, lo vuelve gran literatura
Lástima de traductores








