La patria, el pueblo y el respeto de sí mismos, a un lado
El sector oficial, que aclamó la nacionalización, elogia la marcha atrás
Carlos Marín
Al abrir la puerta para que retornen a su antiguo feudo los banqueros privados, el presidente de la República también abrió una disyuntiva insalvable: o José López Portillo mintió al rendir su sexto Informe o a Miguel de la Madrid no le preocupa que en el manejo de la banca nacionalizada participen traidores y saqueadores de la economía mexicana
Cualquiera que sea la realidad, los sectores oficiales y oficiosos que en septiembre aplaudieron y vitorearon jubilosos la nacionalización, que se comprometieron a profundizar el proceso, que descubrieron entre sus sentimientos el de la expropiación, que derrocharon en desplegados sus dispendiosas convicciones revolucionarias y que gritaron efímeras proclamas de continuidad en las concentraciones tumultuarias, hoy, al conjuro de una orden presentada como iniciativa, improvisan argumentos para hacer elástica la ética y hallar, en la súbita conversión de la banca estatizada en banca mixta, la coartada idónea para la aprobación
Con la fórmula “democratización” se acepta la disminución del 34% de la propiedad bancaria
Cuatro meses antes la expulsión del sector privado de esa rama de la economía tenía la misma conveniencia pública que ahora esgrime un aparato político siempre bien dispuesto a la genuflexión
Con el decreto nacionalizador, dijo López Portillo el día que lo explicó, “el gobierno no sólo está eliminando un intermediario sino a un instrumento que ha probado más que suficientemente su falta de solidaridad con intereses del país y del aparato productivo”
No se trata de un retroceso, nadie podrá tener más del 1% del 34% de la propiedad, el control estatal de la banca queda garantizado, son los argumentos de la desestatización
“Se dirá —reconoció López Portillo en su último informe— que se ha repetido ya mucho que el gobierno tenía los instrumentos sobrados para controlar la banca privada Hoy hemos de confesar que así lo creíamos, pero que no fue así Una dolorosa historia nos lo ha enseñado”
Y propuso: “Cortemos de raíz el mal”
El Estado —vaticinaba— “ya no estará acorralada por los grupos de presión”
Contra la presión de los sectores industriales y comerciales que junto con los financieros desplazados hicieron suya la afectación de la banca previno un mes después Arnoldo Martínez Verdugo, excandidato socialista a la Presidencia En un acto de su partido, el Unificado de México, alertó sobre la posibilidad de que la nacionalización fuera “echada abajo o mediatizada con su conversión en un organismo mixto”
El augurio se cumplió
De hecho, en esa dirección apuntaron las reuniones México en la libertad que celebró el sector privado en distintas capitales En todas y hasta que se suspendieron porque el gobierno las calificó de “subversivas”, se arengó a la población en contra de la economía de Estado
En septiembre, el Estado retiro la concesión —que hoy devuelve en 34%— a una banca “expresamente mexicanizada, sin solidaridad nacional y altamente especulativa”, explicó López Portillo Los concesionarios, dijo, “ya nos saquearon”, y continuó con estas frases, la última improvisada y correspondida con una aclamación estruendosa y prolongada:
“México no se ha acabado
“No nos volverán a saquear
“¡Traidores!”
Entre quienes saltaron de sus asientos para exclamar hurras y vivas al presidente que en esos momentos se revaluava se figuraban los líderes de las cámaras de senadores y diputados, Miguel González Avelar y Humberto Lugo Gil, cuyo entusiasmo sólo fue antecedido por el de los secretarios de Gobernación y Pesca, Manuel Bartlett y Pedro Ojeda Paullada, a la sazón secretario general y presidente del Partido Revolucionario Institucional respectivamente
Sólo el entonces candidato triunfante a la Presidencia (días después sería declarado electo), Miguel de la Madrid, dosificó su entusiasmo con la pausa en cada aplauso y una sonrisa apenas esbozada Seria hasta la noche cuando en forma impersonal, a través del vocero de su partido, expresaría su opinión de que las medidas adoptadas aquel primero de septiembre “responde a circunstancias críticas que fueron expuestas ampliamente en el Informe El Estado no puede permitir el avance de situaciones caóticas que amenacen con daños graves al interés nacional, y particularmente al de las mayorías de nuestro pueblo”
“Objetivo y amplio” fueron calificativos de su boletín de prensa respecto al Informe que rindió López Portillo
Desbordante en su alegría, el dirigente de la Confederación de Trabajadores de México, Fidel Velázquez, suscribió la invitación del PRI para que se realizara una demostración de apoyo en la Plaza de la Constitución y pidió a los obreros —”si es necesario”— que abandonaran las fábricas y no dejaran de acudir Anunció igualmente “mítines simultáneos” en las capitales del interior, con el propósito de “formar un bloque nacional para enfrentar las presiones que pudieran provenir de grupos contrarios a la política presidencial” La CTM, en fin, no podía menos que aplaudir las medidas “con toda la fuerza de que es capaz”
Lejos de imaginar lo que pasaría cuatro meses después (y para lo cual, como se verá, ya encontró argumentos de apoyo), Fidel Velázquez amenazaba al respecto de los empresarios con que “les puede pasar lo mismo que a los banqueros”, aseguró que “el pueblo de México no perdonaría que el Estado vendiera a los exbanqueros las acciones de las empresas que obtuvo mediante la nacionalización de la banca”, ya que sería “un retroceso”, y se ilusionó:
“La expropiación de la banca, porque no es únicamente nacionalización, es para siempre y así se quedará”
En la concentración apoteósica del viernes 3 de septiembre uno de los oradores, Pedro Ojeda Paullada, quien había sobrevivido al traspiés de declarar que el PRI es anticomunista, habló de una nacionalización que “estamos decididos a consolidar”
Progresista de pronto, Ojeda expresó que a quienes prefirieron crear prosperidad y empleos en el extranjero a costa del atraso y del desempleo en México “les respondemos que hoy, con Cárdenas y López Portillo, que su poder económico y su arrogancia no los escudan contra la dignidad y la soberanía de una nación”
Esa tarde, en nombre de los gobernadores de la República, el de Tabasco entonces, Leandro Rovirosa, dijo ante el presidente:
“Tenemos que fortalecer el papel del Estado como regulador del desarrollo, para reasumir al camino de la justicia social en una alianza con sectores populares para que los problemas que nos acarreen los cambios sean los que se derivan de nuestro propio avance y no como ahora, problemas que están encaminados a obstruir el proyecto de consolidación nacional”
Para el actual jefe del Departamento del Distrito, Ramón Aguirre, cuando era secretario de Programación y Presupuesto a las órdenes de López Portillo, las medidas adoptadas “complementan y robustecen la capacidad constitucional y material del Estado como entidad rectora de la economía”
Al reconocimiento se asumo el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Octavio Rivero Serrano, quien orquestó una opulenta publicación de inserciones de cuanta dependencia conforma esa casa de estudio para apoyar la nacionalización
Hasta Alejandro Orfilia, secretario general de la Organización de Estados Americanos , opinó que con las medidas adoptadas México se colocaba a la vanguardia de América Latina
Vanguardia hoy mermada en 34%
Salvador Barragán Camacho, líder de los trabajadores petroleros, explicaba su regocijo: “Con la nacionalización de la banca, el presidente López Portillo liberó al pueblo y a quienes lo explotaban desde dentro, mientras que la expropiación petrolera emprendida por Lázaro Cárdenas liberó a México de quienes lo explotaban desde el exterior”
Un diestro del boletín y granadero de la imagen presidencial, Francisco Galindo Ochoa, anunciaba desde la coordinación de Comunicación Social de la Presidencia la apertura de una cuenta bancaria para un fondo nacional “de solidaridad” para, decía, “contribuir a saldar la deuda del país en favor de los accionistas de las instituciones de crédito expropiadas” O sea, para los que su patrón llamó saqueadores y traidores O sea, para quienes hoy pueden cobrar parte regresando a su banca
Presta desde siempre al acomodo sobre hechos consumados y aunque después el cardenal Corripio Trató de congraciarse con los financieros relegados, la Iglesia, a través del Secretario Social Mexicano, dictaminó que el gobierno había actuado “de manera legítima y moral” al nacionalizar el sistema bancario y que con ello se reanudaba “el proceso democrático roto después de Cárdenas”
Legitimidad y moral reducidas en 34%
Ocho días después del decreto nacionalizador el Congreso del Trabajo no sólo descartaba el retorno de los antiguos concesionarios sino que exigía el control estatal sobre todas las empresas que habían sido creadas al amparo de la banca
En Puebla, el fugaz anticomunista Ojeda Paullada demandó las modificaciones que fueran necesarias en la Constitución “para que la banca jamás vuelva a manos de particulares”, se identificó con quienes pidieron al gobierno “no dar marcha atrás” y suplicó, de nuevo, que la banca no volviera a concesionarse
Al día siguiente, mientras Miguel de la Madrid expresaba a López Portillo a través de una comisión legislativa “mi solidaridad política y mi afecto”, Fidel Velázquez insistía en que la nacionalización “debe ser tan firme como la expropiación petrolera”
El 16 de septiembre, al hablar en nombre de los tres Poderes de la Unión, el entonces secretario de Marina, Ricardo Cházaro Lara, ofreció una especie de insurrección popular contra los desvíos:
A pesar de los procedimientos perniciosos de una minoría afectada por la nacionalización de la banca —dijo—, que pretende infructuosamente causar inestabilidad y desconfianza, el pueblo de México y sus instituciones armadas no permitirán que se deforme el destino de la patria
“Nos encontramos en pie de lucha —decía del pueblo y de las fuerzas armadas— y dispuestos a llevar hasta sus últimas consecuencias la nacionalización”
En nombre del Senado, González Avelar describió el proceso como “irreversible” y otro legislador, Gonzalo Martínez Corbalá, decía que una marcha atrás “implicaría una pérdida de terreno en la rectoría económica del Estado en beneficio de las mayorías”
El 21 de septiembre, López Portillo envió al Congreso la iniciativa de ley cuya aprobación —consagrada ya en el artículo 28— garantizaría que el servicio público de banca y crédito sea prestado exclusivamente por el Estado
(Por encima de ese precepto, según la diputación del PSUM, pasó la iniciativa de De la Madrid para que se concesiones el 34% a particulares)
Jesús Silva Herzog, el secretario de Hacienda de los gobiernos saliente y entrante, suscribió de palabra la nacionalización calificándola como una medida de fortaleza de la función rectora del Estado Menos de sesenta días después habría de suscribir el famoso decreto contra la obscenidad cuya derogación posterior suscribiría también
El 2 de octubre Martínez Verdugo previno contra la posibilidad de que se cediera a las presiones mediante la conversión de la banca en banca mixta
Tres días después Agustín Venegas, vicepresidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Seguros, avaló la premonición del socialista: o se estática la banca mixta (la que escapó al decreto por la mayoritaria participación estatal, como Banobras por ejemplo) o se vendían acciones de la nacionalizada, propuso
Con el cambio de gobierno la integración del nuevo gabinete no dejó dudas sobre una voluntad de rectificación El retorno de Miguel Mancera al Banco de México, del que fue desplazado el 1o de septiembre por su tenaz oposición a las medidas que se habían adoptado, era uno de los signos principales de esa voluntad
El lunes 27 de diciembre, por la noche, cuando únicamente faltaban tres días para que concluyera el período de sesiones, a la Cámara de Diputados llegó un proyecto de ley reglamentaria que convertirá a los bancos en “sociedades nacionales de crédito”, al abrir las puertas al capital privado
Rolando Cordera, coordinador del PSUM, calificó la propuesta como una “brutal y burda falta de respeto” a los legisladores, pues han tenido que ventilar iniciativas en catarata y no habría tiempo de discutir en serio esta última que juzgó “oprobiosa”
El mismo día, Carlos Abedrop Dávila, presidente de la Asociación de Banqueros de México, reveló que su agrupación ha sostenido pláticas con De la Madrid para discutir los términos de la indemnización
Una forma de retribuirlos es ahora mediante certificados de la banca nacionalizada
El aparato oficial, por supuesto, encuentra ya las explicaciones de siempre para avalar los deseos presidenciales
Por lo pronto, con el discreto desaire de 40 legisladores priístas que prefirieron abandonar el recinto antes de votar en favor, la Cámara de Diputados aprobó el jueves la reprivatización parcial, después de una inflamada, patriótica y revolucionaria defensa de su don democratizador por parte del PRI
Un antiguo secretario particular de López Portillo, el senador Roberto Casillas, encontró en la reversa del 34% que “la regularización de la nacionalización de la banca ha tomado un cariz claro, perfecto, definido y (remató su complacencia) sin perspectivas de cambio”
Otro senador, Raúl Salinas Lozano, se exaltó ante la duda:
“La medida es atinada y positiva No se trata de dar injerencia a grupos privados, sino una mayor operatividad a la banca Está claro que la venta de acciones es nominativa, clase “B”, que otorgan derechos patrimoniales a los poseedores pero no injerencia en la dirección o manejo de la banca'”
Jorge Treviño, presidente de la Comisión de Hacienda, argumentó que con la mixtificación de la banca se democratiza el capital y permite “a los trabajadores” comprar acciones Esto es, cada asalariado, cualquier asalariado, tendrá las mismas oportunidades que un activo miembro del Club de Banqueros
Fidel Velázquez se apresuró a declarar que a pesar de la “variante” la nacionalización” queda en pie porque el gobierno mantendrá su predominio”
Sus correligionarios en el palacio legislativo controlados por el director de orquesta Juan José Osorio emitieron este comunicado:
“Los diputados del sector obrero votamos consciente y razonablemente en favor de este proyecto por considerar que democratiza la función bancaria y es congruente con la realidad económica, social y política del país”
No hay de otra ya
Lo único nuevo es la excluyente de credibilidad de De la Madrid creó sobre el anterior y sobre su propio gobierno








