Primero de septiembre: “Déjenla en paz”; día 7: “Apoya a movimientos armados”

Primero de septiembre: “Déjenla en paz”; día 7: “Apoya a movimientos armados”
Nicaragua respondió a López Portillo y a Herrera Campins: cargos injustificados
José Reveles
La postura solidaria que México expresó, durante poco más de tres años, hacia la Nicaragua sandinista, sufrió un giro el 7 de septiembre Con esa fecha, una de tres cartas firmadas conjuntamente por lo presidentes de México y Venezuela, se afirma:
—Al deterioro de la situación en Centroamérica “ha contribuido el aumento de las fuerzas armadas nicaragüenses, que alcanzan un número desproporcionado en relación con las de sus vecinos”
—Existe un “reiterado apoyo de Nicaragua a movimientos armados de oposición en algunos países vecino”
El presidente mexicano José López Portillo y el venezolano Luis Herrera Campins enviaron, suscritas mancomunadamente, tres cartas ese mismo 7 de septiembre: a Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos; al comandante Daniel Ortega Saavedra, coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional de Nicaragua, y a Roberto Suazo Córdova, presidente de Honduras
Las dos afirmaciones mencionadas contrastan bruscamente con lo dicho, apenas seis días antes, en su último informe de gobierno, por el presidente López Portillo, y que arrancó aplausos hasta de los representantes de los partidos de izquierda:
“En las buenas, pero también en las malas, hemos permanecido al lado de nuestros hermanos nicaragüenses Su gobierno, apoyado por su pueblo, le ha cumplido; nosotros lo hemos hecho con ellos, apoyándolos hasta donde hemos podido y cumpliendo así también con nosotros mismos”
Con énfasis, el Presidente prosiguió describiendo los acosos contra Nicaragua y exigiendo dejarla en paz:
“Hoy, cuando la incomprensión, la ceguera y la impune arbitrariedad de la fuerza acosan a esa pequeña y sacrificada nación, es orgullo de México poder decir con la razón y el derecho: Nicaragua debe resolver, por sí, sus problemas; no la agobien con presiones económicas; ni la amenacen con artificiales intervenciones armadas Hay opciones racionales y dignas Déjenla en paz Parafraseando a Lincoln insisto en que ningún país es suficientemente bueno para intervenir en otro sin su consentimiento”
La frase referida al apoyo “hasta donde hemos podido” parece salvar la contradicción flagrante
El comandante Daniel Ortega Saavedra dio respuesta, por escrito, a los presidentes López Portillo y Herrera Campins, 24 horas después de que recibió las cartas de manos de los embajadores mexicano y venezolano, en Managua
Ortega Saavedra menciona “injustificados cargos” acerca de que el ejército nicaragüense estaría creciendo en forma exagerada El comandante dice a los firmantes de la carta que con el “modesto tamaño” de su ejército, Nicaragua se prepara “única y exclusivamente”, para defenderse del eventual cumplimiento de “reiteradas amenazas de agresión contra nuestro país”
Las cartas están fechadas el 7 de septiembre Nicaragua recibió la suya el 8, y dio respuesta el 9 de septiembre No fue hasta dos semanas después cuando la Secretaría de Relaciones Exteriores dio a conocer los textos de las tres misivas de López Portillo y Herrera Campins No mencionó siquiera la respuesta de Ortega Saavedra y, al menos hasta el 1o de octubre, se ignoraba si la hubo de Reagan o de Suazo Córdova
A Reagan le plantean la conveniencia de “explorar conjuntamente” las vías que aún están abiertas, a efecto de frenar la actual y preocupante escalada, el aumento de las tensiones y las peligrosas expectativas generales en cuanto su desenlace (de los conflictos fronterizos Honduras-Nicaragua y del peligro de “conflicto generalizado” en América Central) También a Reagan le recuerdan López Portillo y Herrera Campins iniciativas de paz anteriores “con relación a la posibilidad de una limitación, con control internacional de armamento, en la zona” (centroamericana)
Además del juicio sobre el incremento “desproporcionado” de las fuerzas armadas nicaragüenses y acerca del “reiterado apoyo de Nicaragua” a movimientos armados, los presidentes mexicano y venezolano le recuerda al comandante Daniel Ortega Saavedra la “simpatía” con que los países del Hemisferio vieron “el proyecto político original del Gobierno de Reconstrucción Nacional” y el apoyo que le dieron en la XVII Reunión de Consulta de la OEA (Esa reunión fue previa a la caída de Anastasio Somoza e implicó una virtual luz verde para el derrocamiento de la dictadura)
Y entonces la carta de los presidentes hace esta recomendación sólo explicable si la premisa es que Nicaragua ha sufrido desviaciones:
“Sin poner en duda el derecho del pueblo nicaragüense a darse la forma de gobierno y sociedad que desee, es obvio que el fortalecimiento del proyecto original mantendrá o incrementará ese apoyo”
Al presidente hondureño Suazo Córdova, los mandatarios le mencionan, como causas contribuyentes al deterioro de la situación en el área: “La presencia a lo largo de la frontera hondureña de numerosos contingentes de exguardias somocistas y otros grupos pertrechados con armamento de alta capacidad destructiva, inclusive equipo pesado; las incursiones realizadas, según se señala, por dichos grupos a territorio nicaragüense; las maniobras militares conjuntas con fuerzas de los Estados Unidos de América en la zona fronteriza con Nicaragua, y la carrera armamentista que se ha desencadenado entre los dos países”
El intempestivo viraje mexicano (Venezuela hace mucho mantiene una postura crítica frente a la revolución nicaragüense), recibió respuesta del gobierno sandinista sólo 24 horas después de que el comandante Daniel Ortega Saavedra recibió el mensaje de manos del embajador mexicano Augusto Gómez Villanueva y del embajador venezolano en Managua
En la parte alusiva, el comandante Ortega manifestó a los presidentes López Portillo y Herrera Campins que “conoce los injustificados cargos hechos contra Nicaragua, para justificar el deterioro de sus relaciones con Honduras, en el sentido de que nuestro Ejército estaría creciendo en forma desproporcionada”
Y luego rechaza categóricamente el juicio de que las fuerzas armadas nicaragüenses alcanzan “un número desproporcionado en relación con las de sus vecinos” Una nota oficial que entregó el Ministerio del Exterior a todos los embajadores y encargados de negocios acreditados en Managua, informa de la carta enviada a Nicaragua y de la respuesta de Ortega Saavedra a los presidentes mexicano y venezolano Dice la nota:
“Sobre este último punto, el comandante Ortega afirma que a Nicaragua le interesa única y exclusivamente prepararse para defenderse en la eventualidad que se de cumplimiento a las reiteradas amenazas de agresión armada contra nuestro país Reitera (Ortega) que Nicaragua no será quien inicie jamás un conflicto armado, y añade que el modesto tamaño de nuestro Ejército solamente puede aparecer exagerado cuando a él se suman los miles de combatientes hombres y mujeres, jóvenes y viejos, obreros y campesinos que, voluntariamente y de manera no profesional, están dispuesto a sumarse a la defensa de la Patria en caso de agresión armada”
En cambio, en su respuesta a López Portillo y Herrera Campins, les sugiere que no involucren a Estados Unidos cuando ellos expresan su disposición de “ser útiles” en la pacificación Dice la nota oficial:
“el comandante Ortega se refiere a la necesidad de establecer un diálogo constructivo con los representantes del hermano pueblo hondureño y sugiere que los gobiernos de México y Venezuela podrían orientar su disposición de ser útiles en esa dirección”
Daniel Ortega Saavedra recibió a los embajadores de México y Venezuela con las cartas, el mismo día que se lo solicitaron: el 8 de septiembre Y envió su respuesta a López Portillo y Herrera Campins el 9 de septiembre
LA CARTA A REAGAN
José López Portillo (JLP) y Luis Herrera Campins (LHC) le escriben a Reagan que “compartimos con los Estados Unidos el objetivo de alcanzar la paz internacional”, así como “la estabilidad interna (de los países del área) y la superación de las dificultades económicas en un ambiente de libertad y desarrollo”
Se manifiesta la preocupación mexicano-venezolana “por los acontecimientos que seriamente amenazan la paz entre Nicaragua y Honduras, más aún la centroamericana”, y se informa que hubo cartas para los mandatarios de esos dos países vecinos entre sí
Luego, de manera inexplicable, JLP y LHC suscriben declaraciones Thomas O Enders, secretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos, en las cuales analiza Centroamérica, sin una mínima alusión a la agresión externa el área, decenas de veces denunciada, a cargo precisamente de los Estados Unidos Enders dijo en el Commonwealth Club, de San Francisco, apenas el 20 de agosto de 1982:
“Cada nueva crisis deja ver más claramente los obstáculos que se oponen a la paz en América Central América Central es el escenario de profundas divisiones políticas tanto entre las distintas naciones como dentro del seno de cada una de ellas Es víctima de graves perturbaciones económicas; sus sistemas económicos, ya debilitados tanto por los elevados precios del petróleo, como por insuficiencias internas, han sido devastados por la recesión mundial A esto hay que añadir la fragmentación causada por las tensiones sociales, las excesivas demandas que el crecimiento demográfico impone a los servicios públicos y las aspiraciones populares que sobrepasan sus posibilidades históricas”
Hasta aquí la cita de Enders, transcrita como tercer párrafo de la misiva de López Portillo y su homólogo venezolano al presidente Reagan Pero en seguida añaden JLP y LHC:
“Vemos con igual preocupación el deterioro de la situación centroamericana, con el peligro de un conflicto generalizado que se extienda a toda la región”
JLP y LHC informan a Reagan que han “instado al gobierno nicaragüense a la adopción de medidas destinadas a impedir enfrentamientos militares en la frontera con Honduras”, del mismo modo que “estimamos conveniente que cese el apoyo, la organización y emplazamiento de exguardias somocistas” (Aquí no se menciona, como en la carta a Suazo Córdova, “las maniobras militares conjuntas con fuerzas de los Estados Unidos de América en la zona fronteriza con Nicaragua”)
Además de plantearle a Reagan la conveniencia de “explotar conjuntamente” vías para frenar la escalada de violencia en la región, los presidentes de México y Venezuela le dicen:
“Igualmente planteamos a usted la necesidad de avanzar efectivamente en la concertación de un acuerdo global, que facilite la verdadera paz entre Honduras y Nicaragua, lo cual se reflejará positivamente en el cuadro mundial de tensiones y confrontaciones”
El “acuerdo global” no se sabe si se refiere a los dos países, al área Centroamérica-Caribe, o al cuadro mundial de “confrontaciones” Lo que sí, inmediatamente se habla de la “posibilidad de una limitación con control internacional de armamento en la zona”
Finalmente, JLP y LHC le repiten al Presidente de Estados Unidos las recomendaciones suscritas por seis mandatarios de la región, el 8 de mayo de 1982, cuando tomó posesión Luis Alberto Monge como Presidente de Costa Rica:
“Ajustar los efectivos militares y equipos bélicos a los niveles estrictamente necesarios para la defensa de la soberanía nacional, la integridad territorial y el mantenimiento del orden público, con sujeción a los requerimientos universalmente aceptados en toda sociedad regida por el Derecho”
Sin que esta frase se reproduzca en las cartas a Suazo Córdova ni a Ortega Saavedra, éste dice, precisamente, en su respuesta a LHC y JLP:
“A Nicaragua le interesa única y exclusivamente prepararse para defenderse en la eventualidad que se dé cumplimiento a las reiteradas amenazas de agresión armada contra nuestro país”
Tampoco se expresan, en las cartas a los mandatarios de Nicaragua y Honduras, las intenciones de una “limitación con control internacional, de armamentos en la zona”, ni el objetivo de Estados Unidos de alcanzar la paz mundial, ni la propuesta de avanzar “en la concertación de un acuerdo global” Y tampoco se cita la interpretación de Enders acerca de la problemática centroamericana
La alusión a las palabras de Enders es particularmente ingrata Allí sólo se habla de “profundas divisiones políticas” y de problemas económicos, para concluir que las aspiraciones populares sobrepasan las “posibilidades históricas” de las naciones de esa área
HONDURAS Y NICARAGUA
Los cinco primero párrafos de las respectivas cartas a Suazo Córdova y Ortega Saavedra, son idénticos En ellos se explican los motivos de preocupación “por el deterioro que ha sufrido, en especial a últimas fechas, la situación en Centroamérica, con el peligro de que los conflictos actuales se extiendan a toda la región”
La agudización del conflicto entre Nicaragua y Honduras, con enfrentamientos en la frontera (primero hablan de “conatos” y luego mencionan llanamente “enfrentamientos armados”), los cuales “podrían conducir muy probablemente a un conflicto de mayores proporciones”
Insisten JLP y LHC en su interés por afianzar la paz y estabilidad en la región, coadyuvar a la superación de sus problemas económicos y al logro de su estabilidad política Como ejemplo de tal interés, citan el Programa de Cooperación Energética para Países de Centroamérica y el Caribe
Y en su respuesta del 9 de septiembre el comandante Daniel Ortega “reconoce el sincero interés de México y Venezuela por afianzar la paz y la estabilidad en Centroamérica, coadyuvar a la superación de sus problemas económicos y al logro de su estabilidad política” Y se cita, “como ejemplo de ese interés”, solamente la propia carta enviada por los dos presidentes
Después de los señalamientos acerca del armamentismo desproporcionado y el apoyo a grupos armados que atribuyen a Nicaragua, y después de sugerir el “fortalecimiento del proyecto original” sandinista, López Portillo y Herrera Campins reproducen seis idénticos párrafos en las cartas a los dirigentes de Nicaragua y Honduras A ambos, previamente, les expresan que México y Venezuela están vinculados por la geografía del área centroamericana y sienten como propios los problemas que ahí se suscitan: “razón por la cual, con plena solidaridad, absoluto respeto a la no intervención en los asuntos internos de otros Estados y con un ánimo fraternal, consideran su deber expresar puntos de vista que pudieran contribuir a la solución de dichos problemas y, de esa manera, mantener al continente como reserva de la paz”
Urgen los presidentes a Honduras y Nicaragua, como punto de partida para establecer “un clima propicio” y las bases de un diálogo constructivo, que los responsables de ambos países “se abstengan de hacer declaraciones o de ejercer cualquier acción que pueda agravar la situación”
Se ofrecen a colaborar, si los dos gobiernos “lo estiman útil”, a colaborar en la búsqueda de soluciones mutuamente aceptables para Honduras y Nicaragua Y en seguida les informan que le enviaron una carta a Ronald Reagan, “planteándole la conveniencia de explorar conjuntamente las posibles vías para restablecer la paz y seguridad en la región”
Es en este punto en el que Daniel Ortega responde a Herrera Campins y a López Portillo que es necesario “establecer un diálogo constructivo con los representantes del hermano pueblo hondureño” Y sugiere, sin mencionar para nada a los Estados Unidos ni las propuestas hechas a Ronald Reagan por los firmantes de las cartas, “que los gobiernos de México y Venezuela podrían orientar su disposición de ser útiles, en esa dirección”
Nicaragua se vio obligada a enviar la nota oficial a los embajadores acreditados ante ese gobierno, cuando desde México se dieron a conocer exclusivamente las tres cartas signadas por López Portillo y Herrera Campins La nota del Ministerio del Exterior nicaragüense está fechada en Managua el 24 de septiembre, el mismo día en que las agencias internacionales enviaron la reseña de los textos proporcionados por la SRE con su boletín B-121
El responsable de la política exterior en México, es el Presidente de la República, según la Constitución En la Secretaría de Relaciones Exteriores se afinaron los textos, sin que nadie advirtiera, al parecer, la coincidencia puntual de un párrafo de la carta enviada a Nicaragua con lo dicho por el exsecretario de Estado Alexander Haig, en diciembre de 1981:
“Si Nicaragua suscribe nuestra preocupación (de Estados Unidos) acerca del intervencionismo y la militarización, nosotros estamos preparados para suscribir sus preocupaciones No cerramos la puerta a la búsqueda de relaciones adecuadas”