LOS CONVENIOS CON EL FMI SON HIPOTECAS DE LA SOBERANIA CONTRA LOS QUE JLP PREVINO CON FRECUENCIA
Carlos Marín
José López Portillo habló así el 19 de febrero, un día después de la primera devaluación de este año, en la celebración del Día del Ejército:
“Y, señores soldados, cuando advertí que nuestras reservas corrían el riesgo de agotarse en unos cuantos días más, en el silencio de mi despacho de Los Pinos tomé la dolorosa decisión de retirar del mercado monetario al Banco de México, para que no nos volviera a ocurrir lo que en 1976, año en el que se tuvo que tomar la medida equivalente, pero ya sin reservas en el banco, y tuvimos, para poder sobrevivir en la comunidad financiera internacional, que acudir a los convenios con el Fondo Monetario Internacional y su injerencia en nuestras decisiones económicas”
Transcurridos seis meses, una semana después de la segunda devaluación del sexenio, el secretario de Hacienda y Crédito Público, Jesús Silva Herzog, anunció que “desde hace diez días, aproximadamente, hemos iniciado conversaciones con el Fondo Monetario Internacional para utilizar, si ello es posible, los recursos que nuestra calidad de miembros de ese organismo internacional nos permite”
México, explicó, ingresó en el FMI desde su creación, en 1945 “Hemos acudido al Fondo en otras ocasiones Lo hemos hecho siempre presentando un programa de las autoridades mexicanas, que es acordado con el personal técnico del Fondo”
Será así en esta ocasión, ofreció, “si las conversaciones que apenas se han iniciado pueden tener una conclusión adecuada”
Lo inadecuado del más reciente convenio pactado entre México y el Fondo Monetario Internacional, firmado en el ocaso de la administración echeverrista, suscrito con algunas modificaciones por la actual y mantenido en secreto hasta finales de 1977, fue sugerido por el presidente López Portillo el 5 de junio de 1979, al hablar ante un grupo de economistas extranjeros de visita aquí:
“Este esfuerzo (de multiplicar por cinco la producción petrolera a partir de 500,000 barriles diarios) significaba inversiones muy cuantiosas, el manejo peligroso del déficit del sector público y del endeudamiento exterior, particularmente delicado por los convenios que teníamos con el Fondo Monetario Internacional y por los efectos inflacionarios que la inversión pública produce”
En la conferencia del martes 17 de agosto, Silva Herzog indicó que del FMI forman parte 146 naciones, y como ejemplos de las que tienen “el apoyo” de ese organismo citó a Yugoslavia, Italia, China popular, Nicaragua, Corea y Rumania, en lo que pudo interpretarse como una prevención contra los antimonetaristas que en su oportunidad han criticado severamente las injerencias del Fondo en México y otros países tercermundistas que, como en Jamaica, incluyeron una desestabilización tal que provocaron la caída de un gobierno, según denuncia pública del expremier Michael Manley
No únicamente significados liberales, progresistas, socialistas y comunistas han atacado los tradicionales condicionamientos del FMI: en enero de este año, en conferencia de prensa, López Portillo alertaba indirectamente sobre el peso que representó para México el más reciente convenio:
“En 1976, con la situación económica en la que estaba el país, con nuestra moneda devaluada, con nuestro crédito perdido, con el Fondo Monetario Internacional encima de nuestra economía porque habíamos pedido una ampliación de nuestros derechos; en esos momentos, el mundo al que le debíamos iba a pasarnos la cuenta; entonces tuvimos que sacar una tarjeta y decir: un momentito, este país tiene petróleo, tenemos capacidad de pago ¡Espérense! Vamos a organizarnos y a recobrar el paso Y eso sucedió” Un mes y medio más tarde, por cierto, en la celebración del Día del Ejército, el Presidente afirmó:
“Todo lo que podíamos hacer lo hicimos; pero por las características de nuestro país, por las libertades fundamentales en las que vivimos y por nuestra vecindad, no podíamos controlar ni debíamos controlar los cambios Y lo racionalizo: con tres kilómetros de frontera y cerca de 20 millones de mexicanos que conviven íntimamente con la economía norteamericana, es imposible, ilusorio y absurdo pensar en controles de cambio; aislaríamos a nuestros hermanos de la frontera, les haríamos imposible la vida o se crearía ahí un mercado negro más dañino que la medida Por esta razón teníamos que mantener nuestra posición monetaria, sujetándonos a nuestra propia responsabilidad, al responsable ejercicio de la libertad, la libertad cambiaria, que ni puede, ni debe, ni queremos afectar Es imposible suponerla, es contraproducente y absurda”
Hace cuatro años y medio, en enero de 1978, López Portillo dijo ante el Congreso del Trabajo:
“Cualquier precipitación nos impediría llegar al puerto que ya está a la vista”
Por esos días, en una reunión de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos, el Presidente reconocía la justeza de las peticiones laborales para que se rompiera el tope salarial impuesto en los primeros años del sexenio No obstante, dijo López Portillo, “la realidad no siempre permite dar solución a las inquietudes y demandas”
La realidad a la que aludía el primer mandatario estaba comprometida en el convenio suscrito con el Fondo
Luego de diez meses —los primeros de esta administración— de silencio oficial, exhibido que fue por sus críticos el pacto con el FMI, el ocultamiento se hizo insostenible y poco a poco algunos funcionarios y exfuncionarios previnieron contra la monetarización de nuestra economía
Todavía en mayo de 1977, el Washington, el entonces secretario de Hacienda (hoy director de Petróleos Mexicanos), Julio Rodolfo Moctezuma, precisamente en una reunión de miembros del Fondo, negó la existencia de la carta de intención y el memorándum suscritos por México
Desde la fundación del FMI, cuyos lineamientos son trazados por los países que más recursos aportan —particularmente Estados Unidos, Inglaterra, Alemania Federal y Japón—, México firmó acuerdos generales como los siguientes:
—No impedir que las inversiones de extranjeros remitan utilidades al exterior ni evitar que salgan divisas al exterior
—No se puede alterar, sin la aprobación del FMI, la paridad del peso respecto a otras monedas
—No se pueden establecer controles a la importación
—No se pueden retener las divisas que otro país nos exija a cambio de pesos mexicanos que posea
—Proporcionar toda la información que el Fondo requiera y
—No celebrar operaciones contrarias al organismo
En la práctica, para que un país reciba el apoyo crediticio del Fondo se suscribe una “carta de intención”, en la que se explica el tipo de desequilibrio económico que da pie a la solicitud y se especifica, punto por punto, lo que la nación peticionaria hará para superar ese desequilibrio
Son del dominio público el convenio que firmó el gobierno mexicano con el FMI el 31 de diciembre de 1945 y las diferentes reformas del 10 de diciembre de 1959, 13 de enero de 1965 y el 21 de noviembre de 1970, todo ello publicado en el Diario Oficial
No ocurrió lo mismo con la carta de intención y el memorándum cuya suscripción permitió a México disponer de unos 1,200 millones de dólares entre octubre de 1976 y diciembre de 1979
Esos documentos fueron marcados con los números EBS/76 423 del 23 de septiembre de 1976 y EBS/76 424 de la misma fecha, ratificados por la nueva administración el primero de enero de 1977
En noviembre de 1977, Luis Rubén Azócar, funcionario de prensa del FMI, explicó esta lógica crediticia (Proceso No 55):
Un crédito por alrededor de 250 millones de dólares (de esa época) no requiere compromisos que obliguen a la política económica nacional Sin embargo, “cuando el enfermo ya necesita más medicinas, no sólo aspirinas, nosotros le manifestamos que estamos dispuestos a servirlo, pero que hay algunas recomendaciones que podemos hacerle”
El 16 de ese mismo mes la administración lopezportillista resintió su primer quebrantamiento, con las dos primeras múltiples renuncias de gabinete que le han caracterizado Y precisamente a causa de la aplicación de la política económica, Carlos Tello Macías salió de Programación y Presupuesto y Julio Rodolfo Moctezuma de Hacienda
En su renuncia, Tello anticipaba lo que con el tiempo el Presidente definiría como injerencias del FMI en nuestras decisiones económicas
“Es necesario —escribió Tello— promover la educación y el empleo y rectificar la política contraccionista instrumentada por las autoridades hacendarias, apoyadas por el Fondo Monetario Internacional”
Se estaba, entonces, a tiempo de rectificar; pero el intento se identificó con petrolización, la economía se reventó y ahora, con el problema multiplicado, México llama de nuevo a la puerta del médico que no lo curó








