El gobierno, sin decisión de recuperar la iniciativa
La política económica ante la devaluación, a la medida de los empresarios
Carlos Ramírez
Con resultados están a la vista y no se pueden ocultar: la devaluación del peso, el miércoles 17 de febrero, el programa gubernamental anunciado dos días después de la ausencia del Banco de México del mercado de cambios durante los días subsiguientes, conforman el diseño de un país y de una política económica a la medida de los grandes intereses empresariales
El país avanza hacia riesgos mucho mayores: la sudamericanización de la economía mexicana, ahora envuelta en un proceso acelerado de inflación-devaluación-inflación-devaluación, además de presiones especulativas de quienes buscan, desde el poder económico y ante la impotencia gubernamental, sacar el mejor provecho de un mercado cambiario a la deriva, aunque este problema tenga —como en experiencias sudamericanas— consecuencias políticas y sociales muy graves
Después de la devaluación no hubo rediseño de la política económica estatal, sobre todo cuando se evidenció la crisis estructural más grave del país, inclusive peor que la de 1976 Los problemas de 1976 se potenciaron en 1982, dicen especialistas De acuerdo con la situación de los últimos días, la soberbia bancaria y empresarial y la ausencia de medidas más completas del gobierno federal para evitar los impactos sociales de la devaluación tienen, a la fecha, estas consecuencias: el peso cae y nada lo detiene, la especulación apresura los deslizamientos bruscos de hasta cuatro pesos en un día, la inflación abate el poder adquisitivo de los asalariados y las protestas sociales desbordan los espacios tradicionales
Nada pudo hacerse en su momento Dos días después de la devaluación, el gobierno anunció medidas incompletas que buscaron una relativa estabilización de la economía, a costa de las mayorías y en beneficio de las minorías especuladoras De hecho, se perdió la oportunidad histórica del petróleo para rehacer el país La baja de los precios internacionales de los hidrocarburos, el jueves 25, dio la puntilla: a cinco y medio años del boom y optimismo petroleros, la crisis vuelve a irrumpir abruptamente, en lo inmediato, mientras los petrodólares escasean y son sujeto de especulación financiera No queda, siquiera, vender más petróleo, porque los precios son bajos y los clientes son los dueños del mercado
La semana pasada, según observaciones de especialistas, se comprobó que a la política económica gubernamental le ganó la desesperación Ante la excesiva demanda de dólares, prefirió retirar al Banco de México del mercado, aunque este organismo dejara de cumplir, por un tiempo aún impreciso, una de sus obligaciones: fijar el valor del peso frente a otras monedas De acuerdo con el artículo 8, fracción primera, de su Ley Orgánica, el Banco de México tiene la función de “regular la emisión y circulación de moneda y los cambios sobre el exterior” El gobierno prefirió, sumida la economía en la especulación y la crisis, la mejor tradición monetarista y friedmaniana: dejar que una supuesta generosidad del mercado cambiario, que ya había mostrado ser más refractario a la solidaridad que a la especulación, estabilizara la situación
En los últimos días hubo de todo: desde la ley de la selva en el mercado de cambios, hasta medidas especulativas para condenar la decisión del gobierno de cerrar comercios que aumentaron arbitrariamente los precios después de la devaluación Los números están a la vista: hasta el jueves 25 de febrero, el peso había perdido 62% de su valor, frente al dólar respecto al jueves 18 Las cuentas están así: de esos 17 pesos, ocho (30%) fueron producto de la sobrevaluación del peso con el dólar —fruto de la crisis del sector externo y de las diferencias inflacionarias entre México y Estados Unidos—, pero 9 pesos (32%) fueron el resultado de la especulación financiera
Y lo peor: al día siguiente de que el gobierno iniciara el cierre de grandes comercios por abusos en los precios, el peso perdió, abruptamente, 13% de su valor en cinco horas, cifra igual a un año de minidevaluaciones De acuerdo con versiones de economistas, no había razón técnica para que el valor del peso variara tan rápidamente en tan poco tiempo ¿El motivo? La reacción y respuesta privadas ante las medidas gubernamentales, en medio de una irrestricta libertad cambiaria
Y la especulación no se dejó evidenciar El diferencial en los precios de compra-venta de dólares en los bancos fue inusitado: si hasta antes del 17 de febrero era de 50 centavos mexicanos, el jueves 25 llegó a 250 pesos, cuya mayor parte se queda en el renglón de utilidades bancarias Este diferencial, aunado a la caída de 62% del valor del peso en sólo una semana, significa mayor riqueza para banqueros y especuladores, al tiempo que los problemas se transfieren a la economía y al país Fue el resultado de la ley de la selva en el mercado de cambios
LA DEVALUACION ES UNA CRISIS
Tan fue grave para el país la devaluación del peso y la caída de los precios internacionales del petróleo, que la crisis social hace su presencia en el corto plazo: los problemas generados por el petróleo —reducción del gasto público— y por la devaluación —inflación, especulación financiera— aceleraron las protestas de los asalariados y propiciaron que los sindicatos exigieran, la semana pasada, aumentos salariales de emergencia y medidas radicales del gobierno para evitar efectos nocivos de la devaluación en el nivel de vida de los trabajadores No hubo respuestas De ahora en adelante, la crisis del país es más profunda que la de 1976, toda vez que los desequilibrios de ese año no se revolvieron sino se potenciaron, dice Pablo Ruiz Nápoles, investigador universitario Es, señala, la crisis estructural más grave de los últimos años
El problema central fue la devaluación En términos reales, dice David Márquez Ayala, exvicepresidente del Colegio Nacional de Economistas, la devaluación es el signo de la crisis, porque los desajustes en el sector externo, en la inflación y en la especulación monetaria pudieran enfrentarse en tiempo y por separado para evitar la devaluación De hecho, señala Ruiz Nápoles, la devaluación genera mayores desequilibrios y puestos en ese camino son aún mayores cuando el peso queda a la deriva, sujeto de la especulación de los grandes grupos bancarios, del capital trasnacional y del pánico propiciado
Lo grave del asunto es que el gobierno no se decide a recuperar la iniciativa económica y aprobar medidas radicales para evitar mayor deterioro del poder adquisitivo de las mayorías El martes 23 de febrero, decidió controlar precios de 45 artículos, y congelar precios de cuatro productos básicos Lo malo de la decisión es que fue tardía: el control llegó sobre los precios a partir de ese día De acuerdo con datos preliminares del Instituto Nacional del Consumidor, más del 50% de los comerciantes aumentaron los precios de los productos entre 50 y 150%, apenas horas después de que el Banco Mexicano anunció su retiro del mercado de cambios Del jueves 18 al martes 23 se dio una reetiquetación general Los castigos del miércoles y posteriores fueron contra aquellos comerciantes que aplicaron aumentos sucesivos luego del decreto de Comercio
El decreto de control de precios y el cierre de comercios fue la expresión de una necesidad, pero no la decisión de evitar un nuevo impulso inflacionario Había que tomar otras medidas Los especialistas entrevistados señalan que el decreto premió el alza de precios, pues controló los precios de productos fuera de control, pero a partir del miércoles y por 90 días Los comerciantes tuvieron casi una semana para aumentar tranquilamente los precios Por otro lado, el control implica que los aumentos posteriores podrán hacerse sólo con autorización oficial y siempre que los comerciantes prueben el impacto devaluatorio en sus costos “Eso es muy fácil”, dice David Colmenares Páramo, vicepresidente del Colegio Nacional de Economistas, “y seguirá siendo fácil mientras no exista fiscalización sindical y oficial sobre las finanzas de las empresas”
Por lo pronto, la SECOM clausuró grandes almacenes y tiendas al estilo Perisur, donde no tiene acceso el 80% de los asalariados Mientras tanto, los artículos básicos siguen aumentando paulatinamente de precio Cálculos de Márquez Ayala señalan que el impacto inflacionario de la devaluación podría ser de 10% —por el alto grado de importaciones—, pero la realidad indica que la especulación y el pánico lograrán que la inflación en febrero y en marzo pueda ser hasta cuatro o cinco veces mayor que la real
La devaluación mostró, en su decisión e impacto posterior, una definición de la política económica: cargar el costo de la crisis en las finanzas gubernamentales y en las espaldas de los trabajadores, para evitar una caída en las inversiones privadas No hay vuelta de hoja La devaluación imprimió mayor dinamismo a la concentración de la riqueza en pocas manos, al tiempo que las medidas complementarias afectarán el empleo, la distribución de la riqueza y el poder adquisitivo de los asalariados
DEPAUPERIZACION CRECIENTE
Para los economistas, el paquete de medidas de 1976 buscó atenuar desde el principio el impacto en los salarios y disminuir el enriquecimiento excesivo de los empresarios En aquel año hubo aumentos salariales de emergencia e impuestos a utilidades empresariales, en forma simultánea al anuncio de la devaluación Hoy no fue así El control de precios —que no su detención— fue una semana después de la devaluación Este juego de fuerzas no resultó favorable a las mayorías, sino a las minorías especuladoras con los precios y con el peso Al respecto, el vicepresidente del Colegio de Economistas dice a Proceso:
“Ante la devaluación, conviene preguntarse quién gana y quién pierde en términos de la distribución del ingreso y de la riqueza La historia económica demuestra que este movimiento brusco del tipo de cambio tiene como efecto inmediato la concentración de la riqueza en los más fuertes, porque siempre hay una transferencia de recursos, de ingresos, de los sectores débiles con ingresos fijos —como el salario— hacia los que tienen como retribución la ganancia o las utilidades
“Inflación y devaluación, sin mecanismos de control adecuados, significan en otras palabras depauperación creciente del salario real, cuyo crecimiento es requisito indispensable de todo proceso de desarrollo con justicia social Además, se acentúan las tendencias a la monopolización al incrementar los costos de los pequeños y medianos comerciantes, siempre en desventaja ante los grandes conglomerados comerciales y financieros y ante la ausencia de una regulación antimonopólica, pues fijan arbitrariamente su nivel general de precios y además, en detrimento del consumo social, reetiquetan mercancías, revalúan activos y lucran con la pérdida cambiaria
“La devaluación es útil como instrumento de política comercial en el caso de los países con capacidad de respuesta en su aparato productivo interno, lo que en nuestro caso no existe ante el relativo estancamiento de la oferta exportable de los sectores agrícola y manufacturero Dentro del esquema de política económica neoliberal o monetarista en los países subdesarrollados, la devaluación juega el papel de villano de la película, debido a que genera pobreza en las mayorías y opulencia en las minorías, además de que éstas generan automáticamente inflación a través de las utilidades que obtienen Baste observar las cifras de beneficios de los principales bancos y grupos comerciales del país”
El problema es centrar el significado real de la inflación A este respecto, el presidente de la Asociación de Economistas de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos, Diódoro Carrasco, afirma a Proceso:
“Independientemente de las presiones externas sobre nuestra moneda, la devaluación es la factura que paga el pueblo de México, especialmente los sectores populares —que es decir los grupos sociales más desprotegidos y marginados—, como consecuencia de la mala aplicación de la política económica y del actual modelo de desarrollo interno
“En la medida en que no nos preocupemos por establecer colectivamente un esquema de prioridades en lo que realmente queremos como nación, que no se reconozcan los vacíos existentes en la política económica —comercio exterior—, que no se realice una revisión crítica en los actuales mecanismos de política fiscal, que no se discuta con seriedad las posibles alternativas que ofrece una revisión crítica en los actuales mecanismos de política fiscal, que no se discuta con seriedad las posibles alternativas que ofrece una política de control de cambios y un presupuesto nacional de divisas, entre otras cosas, y que se afirme por el contrario que permanecerá la libre e irrestricta convertibilidad, no podemos pedir, ya no exigir, solidaridad y austeridad a los sectores populares que son en quienes repercute en forma drástica el pago de esa factura
“Es necesario pedir austeridad y diseñar los mecanismos adecuados para que quienes paguen la factura sean precisamente quienes más contribuyeron a propiciar la medida devaluatoria: los grandes grupos industriales y comerciales trasnacionalizados, quienes a pesar de los beneficios obtenidos —por haberse cubierto a tiempo— generan hoy una ofensiva especulativa en deterioro del poder adquisitivo de los sectores populares”
Las medidas anunciadas e conferencia de prensa por el secretario de Hacienda, David Ibarra Muñoz, el secretario de Programación, Ramón Aguirre Velázquez, y el director del Banco de México, Gustavo Romero Kolbeck, están hechas a la medida de los intereses empresariales del país, señala Clemente Ruiz Durán, investigador y especialista en estudios sobre un presupuesto nacional de divisas
Las medidas son claras en su intención: reducen el gasto público, lo que desacelera el crecimiento nacional y aumenta el desempleo; la liberación de aranceles permite la desnacionalización de la economía; el ajuste salarial es sólo una promesa sin plazo ni meta y en medio de un proceso inflacionario altamente especulativo; el apoyo a las empresas privadas “de buena fe” permiten al sector privado transferir al gobierno —vía subsidios, apoyo y auxilio fiscal— los problemas devaluatorios; el control de precios fue una semana después y no se dio con base en una fiscalización efectiva de costos; y el aumento en las tasas de interés articula la política monetaria a los vaivenes de la política económica internacional, dejando la decisión en manos de los grandes especuladores externos
Por su parte, Márquez Ayala señala que las medidas anunciadas el viernes 19 no responden a una voluntad de reorientar la política económica ni atenuar el efecto devaluatorio sobre las clases sociales mayoritarias y asalariadas Para el exvicepresidente del Colegio de Economistas, las medidas debieron ser más precisas y mejor enfocadas: crecimiento económico más ordenado y orientado al empleo y a la producción para el consumo social; redistribución del ingreso y de la riqueza, ley antimonopolios; política de equilibrio de divisas; importación para responder productivamente a las necesidades sociales; control selectivo de la importación de tecnología; disminución de la inversión extranjera directa; freno a la desnacionalización de la economía; alto a las exportaciones consumistas; reforma fiscal; expansión productiva del gasto público en lugar de contradicción de 30%; política antiinflacionaria; control de precios; límite a las utilidades; aumento del poder adquisitivo de los trabajadores; control flexible de cambios y política monetaria orientada a apoyar una nueva política económica
SUDAMERICANIZACION ECONOMICA
Ruiz Durán, Ruiz Nápoles, Márquez Ayala y Colmenares Páramo denuncian que, en cambio, la devaluación es producto de doctrinas liberales en la política económica La crisis en el sector externo fue producto de un liberalismo fundamentado en la apertura de fronteras y de falta de medidas internas para corregir la salida indiscriminada de divisas de los pocos beneficiarios del boom petrolero Esta cuestión es clave y los economistas se suman a la petición de un presupuesto nacional de divisas y de un control de cambios coherente con una nueva política económica que defienda los intereses de las mayorías nacionales
La devaluación coloca al país en el riesgo serio de una sudamericanización de la economía, al faltarle las medidas para evitar una entrada al ciclo de inflación-devaluación-inflación-devaluación En una semana, el peso perdió 62% de su valor, mientras el proceso inflacionario no puede ser detenido ni por los castigos y cierres de la Secretaría de Comercio, sobre todo cuando quisieron tapar el pozo mucho después de la devaluación Una semana bastó para que la inflación en este mes sea mayor a la prevista y coloque al país, señala Ruiz Durán, en la posibilidad de que la inflación en todo el año sea de alrededor de 60%, cifra nunca antes alcanzada por el país, pero natural en los países de Sudamérica
Al mismo tiempo, la economía mexicana se acerca al modelo sudamericano por la vía del liberalismo económico, fruto de lo mejor de la escuela de Friedman: dejar que la economía se estabilice por el mercado y no por la política económica; ausencia de medidas para controlar efectivamente la inflación; reducción del gasto público y del papel del Estado en la economía; disminución del crecimiento económico y del presupuesto federal para atacar la inflación en una parte de sus efectos y no en sus causas reales; control en los aumentos salariales; manos libres y mercado cambiario para beneplácito de los sectores empresariales; concentración acelerada de la riqueza y del ingreso por efectos devaluatorios e inflacionarios; y ocultamiento de que la inflación es una lucha social por la riqueza y no un producto del gasto público, así como ausencia de medidas para evitar que la inflación sea la clave del estallamiento de la crisis social cada vez más cerca
El problema es el mediano plazo, señala Márquez Ayala Urge la redefinición de una política económica que evite los riesgos que trae la espiral inflación-devaluación y los impactos devaluatorios en los trabajadores “Es, a fin de cuentas, la reestructuración total de la economía”, en lugar de paquetes económicos coyunturales e incompletos “Los trabajadores no deben ser los paganos de esta nueva crisis económica, expresada en la devaluación”, señala Ruiz Durán
La devaluación y las medidas complementarias se acercan al liberalismo económico Es, en lenguaje de John Kenneth Galbraith, la “teoría de la peristalsis”, o sea la contracción de intestinos y estómago Es, dicen los economistas mexicanos, la aceptación de la “teoría del mal inevitable” expresado por el Banco de México No se aprendieron las lecciones de 1976: sostener paridades ficticias era peligroso y no podía resolver los desequilibrios con el exterior Y lo peor de todo fue que el Banco de México controló la flotación hasta que le quemó las manos; luego abandonó el mercado a la ley de la selva
Por lo pronto, en 1982 se adelanta la crisis social El gobierno no podrá cumplir con las metas anunciadas por el secretario de Hacienda en noviembre de 1981, cuando presentó el presupuesto de ingresos: la política económica buscará en 1982 elevar el empleo, equilibrar la distribución del ingreso y reducir la pobreza La devaluación, sostiene Ruiz Durán, afecta de inmediato el proceso producción-inversión, el cierre de fábricas y la contracción empresarial hasta que la situación se normalice Y si a esto se añade la marginación —cuatro de cada siete mexicanos nos participaron de la riqueza creada en el boom petrolero— y la exigencia obrera de que los costos de la actual crisis se repartan por igual, los espacios de acción política se reducen, dice Colmenares Páramo
Pese a los propósitos oficiales, la economía mexicana marcha hacia una reducción de su crecimiento Las puertas abiertas para que ingrese al estancamiento con inflación, fase económica que toca el piso de la crisis Y esta etapa resulta enormemente difícil para un país como México, con rezagos históricos de justicia y de demandas En este vacío de una política económica integral en manos del gobierno, justa, el sector empresarial sigue sacando la mejor ventaja: especula con las divisas, aumenta precios a pesar del cierre de algunos comercios, incrementa sus utilidades, rechaza aumentos salariales e impone condiciones de política económica para el próximo gobierno Esta crisis de 1982, inflación-devaluación, será pagada por los que sufrieron el costo del crecimiento alto, acelerado y sobrecalentado: los asalariados, los que no pueden intervenir masivamente en el mercado de cambios y en la definición de una nueva política económica que se estructura en los últimos doce días
El conflicto de 1982 viene, de hecho, de 1976 e inclusive desde más atrás Después de la devaluación de 1976, se pidió una nueva política económica para evitar nuevos traspiés, en lugar de la adopción de programas de estabilización que únicamente cargaban la recuperación sobre los asalariados y posponían la solución de la crisis Había, desde entonces, enfoques políticos e ideológicos en la adopción del paquete de estabilización Pero no hubo, ni en 1976 ni en 1982, cambios en el modelo de desarrollo ni en la política económica, pues las medidas tienden a justificar la desigualdad
El economista Carlos Tello Macías, en uno de los análisis más completos sobre la devaluación de 1976 y sus efectos, hacía la advertencia sobre los problemas que vendrían después de no adoptarse medidas de fondo para proyectar la devaluación en la reestructuración del modelo de desarrollo En su ensayo La política económica en México 1970-76, afirma en su balance provisional:
“(En 1976) los esfuerzos por reconstruir el pasado, en medio de condiciones económicas nacionales e internaciones totalmente distintas, no fueron presentados de golpe sino en partes: se disfrazaron de esquemas estabilizadores, advertencias sobre las consecuencias inflacionarias de un gasto público excesivo; de recomendaciones respecto al manejo sobrio que debe caracterizar a la política monetaria y crediticia; de advertencia sobre desequilibrios que crearía cualquier ajuste tributario; de programas para reducir drásticamente el desequilibrio externo mediante un menor crecimiento; de llamados al equilibrio presupuestal y, en general, de todo el recetario en que se ha envuelto, nacional e internacionalmente, la ideología que busca preservar los mezquinos privilegios de clase mediante el desempleo, la miseria y la marginación de millones de mexicanos Es la misma ideología que ve en la sudamericanización de nuestra economía y en la represión abierta el último recurso para defender su reducido mundo”








