Dedicado a Kafka

Dedicado a Kafka
Francisco Ponce
La turba es incontrolable
Y la padecen, al menos en cuanto a que surge como conducta desviada del fenómeno masivo futbolístico, ciudadanos ajenos a las actitudes compulsivas de ciertos bárbaros urbanos: extraños seres que asumen el síndrome de Kafka: de humanos a cucarachas
Ocurrió el jueves pasado — seguramente en las ciudades del interior del país se presenta el mismo fenómeno— ; del estadio Azteca, los peregrinos de la patada abordaron la calle y arrojaron piedras a las ventanas de edificios y casas, increparon soezmente a los automovilistas y a quienes por extraña casualidad habían podido abordar un autobús
Y, como la melodía de los “Doors”, el asesino caminó calle abajo (en este caso, la Calzada de Tlalpan)
Estas circunstancias de rapiña se inician cuando la gente, sedienta de saciar sus instintos urbanos, se dispone a “llegarle” al fut
Y comienza con irrupciones violentas a los trenes en la estación Taxqueña del Metro hasta concluir con esa marcha destructiva, que en casos de nutrida asistencia al estadio, se convierten en resultante ineludible
Estas conductas desviadas reflejan las características de la cultura y organización social en las que se producen, en la medida en que las relaciones, los papeles, las instituciones y los valores sociales, se vinculan como variables que dan el tono a tales actitudes
O sea, la disidencia es normal porque está latente en cualquier sociedad, sólo que varía de acuerdo con el grado de desorganización social
Particularmente en la ciudad de México — ahora convertida en innoble y desleal metrópoli gracias a las genialidades de nuestros regentes— , el fenómeno adquiere las características de individuos inmersos en la demagogia política, el mercantilismo a través de la televisión, los problemas urbanos que agobian — agua, transporte, basura, contaminación— , pero que, en el diseño general, es factible la ilusión de movilidad social y la satisfacción personal
Pero como en realidad las oportunidades no son las mismas para todos los grupos, existe la disidencia en distintos niveles Y los protagonistas son aquellos quienes ceden ante las presiones originadas por las incongruencias entre la cultura y la estructura social Robert Merton cita cuatro formas de disconformidad:
Ritualismo (el empleado o el burócrata aferrado a los reglamentos); retraimiento (escape total a las discrepancias: el alcohólico, el vagabundo, el drogadicto, el sicótico); innovación (medios ilícitos, omisión de valores morales para alcanzar las metas: el doping entre los ciclistas); rebelión (rechazo total a la organización social) aunque debe distinguirse del resentimiento, en el que la actitud hostil condena lo que se anhela en secreto
En fin: el fut agudiza la tensión El ciudadano, fuera del estadio — y todavía con euforia en su corazón—, se siente agredido: no hay autobuses, debe caminar hasta tres kilómetros para llegar al Metro porque, considerado como salvaje, carece del derecho a usar tranvías y camiones y entonces se le deja en plena libertad, sin vigilancia policiaca, para que destruya vidrios de casas y edificios, que insulte a quienes van en autos, que arroje piedras sobre los escasos autobuses que encuentre
Y nadie, ni los dueños del espectáculo, ni quienes le dieron su primer libro de civismo, le advierte al ciudadano que vivir en la ciudad es, al final de cuentas, una condición bajo su propio riesgo