LA “MIGRA” MEXICANA, TEMOR PARA LOS REFUGIADOS GUATEMALTECOS

LA “MIGRA” MEXICANA, TEMOR PARA LOS REFUGIADOS GUATEMALTECOS
TAPACHULA, CHIS – Del otro lado de las montañas y de los ríos fronterizos, del Suchiate al Usumacinta, la violencia, proclamada por unos, rechazada por otros, gira en redondo Un día hace explosión en Tiquisate, Chajul o Retalhuleu, al día siguiente en Panzós, Santiago Atitlán o Santa Cruz del Quiché; ha pasado por aquí, pasará por allá, es el juego de las prendas Guatemala es hoy un mundo cortado en dos
La línea divisoria, la frontera interna de esta espiral está indicada por los cuarteles y las delegaciones de policía El soldado, el paramilitar, voceros del régimen opresor del general Romero Lucas García y guardianes de las trasnacionales, son los interlocutores válidos, institucionales, del indígena, del campesino de Guatemala
Pedro Fuentes, aspirante a refugiado, quien sobrevive hoy con su familia en la zona montañosa de los alrededores de Motozintla, no duda al identificar al enemigo Vivía tranquilo en Tacaná, departamento de San Marcos Cultivaba su parcela y ejercía su oficio de carpintero Un día de abril de 1981 la agresión llegó a Tacaná con el ejército de Lucas En el pueblo nunca había pasado nada, pero cuando irrumpió la violencia, vino con ganas La excusa fue la presencia de la guerrilla en la región Pedro fue víctima de la circunstancia; por temor, alguien lo señaló a los soldados como “el secretario de los guerrilleros” Y entonces, Pedro, un domingo, salió con su mujer y sus cuatro hijos como para la plaza y “agarró” rumbo a las montañas sólo con las ropas que llevaban puestas
La decisión fue dolorosa Atrás quedó todo: parcela, casa, familia Si se quedaba, era hombre muerto, Emprendió, como muchos otros, la marcha hacia el exilio en México, una de las dos alternativas La otra forma de liberarse era irse al monte a pelear, pero ni una honda tenía
Ahora, en una aldea escondida en la sierra, donde el Soconusco mexicano se introduce en Guatemala, Pedro y su mujer, Guadalupe, relatan sus desventuras Las de ayer y las de hoy Dicen que su presencia inmediata, sus intervenciones directas y frecuentes —en las “aldeas estratégicas” como las de Vietnam, en las cacerías de ratas, expediciones punitivas y matanzas colectivas en fincas y poblados—, mantienen al soldado en contacto con el campesino Lo “aconsejan” a golpes de culata, incendiando sus casas o escarmentando con descuartizamientos o fusilamientos públicos
Con la contundencia de su lenguaje simple y llano, Pedro refiere que en las regiones rurales el campesino conoce la opresión al desnudo Le ha sido negada su condición humana Está condenado a la inmovilidad y desde la óptica de los opresores, no tiene derecho a impugnar El indígena está acorralado
“No había vida Para estar así lo mejor fue buscar dónde poder vivir tranquilamente Ya estábamos hasta lo último, hasta decir basta de no poder decir”
Comprende que la organización popular es el único camino para derrotar al ejército de Lucas Hoy tiene claro que la guerrilla no mata al pueblo: “No nos va a matar, secuestrar o torturar a nosotros que somos pobres entre los pobres Que Dios bendiga a esa gente que está luchando Le pedimos a Dios si fuera posible, pues, que la guerrilla vaya a triunfar Tenemos esa esperanza”
Y la esperanza cobra urgencia porque en esta tierra mexicana, que hoy le cobija de la persecución de los soldados de Lucas, continúa su viacrucis El obstáculo por salvar, ahora, es la “migra” Hombre de trabajo, sin “papeles”, no le es posible ganarse la comida “para estos hijos que ve” Claro, en las fincas cafetaleras puede trabajar, o aun puede ofrecer su habilidad de carpintero, “pero suele pasar que al cabo de la labor el patrón mexicano le niega a uno la paga Total, es ilegal” Pedro y Guadalupe viven de la esperanza en las “nuevas fórmulas migratorias, sabe, nos han dicho que están por venir”
Hay amargura en el rostro de Pedro cuando dice: “Nos ponemos a pensar en la vida sufrida que estamos pasando, que si apenas estamos luchando para pasar los días de la vida pensamos en estos hijos si alguna vez llegamos a desaparecernos del mundo: estos hijos se van a quedar como el viento: corriendo para un lado y otro” Y se interroga: “¿Cuál es el destino para nosotros?
Como una nueva categoría, el terror se ha instalado a lo largo de la franja fronteriza mexicano-guatemalteca Perseguidos en su país, Guatemala, quienes vinieron por refugio a México viven en la semiclandestinidad Se encuentran acorralados entre las armas de los soldados de Lucas y el temor a “la migra”, de este lado
La propaganda de Lucas García, que hace de Chiapas un santuario de guerrilleros guatemaltecos, ha prendido en la frontera El control migratorio es ahora más agudo Ya no es tan fácil entrar en México a levantar la cosecha del café La selección del trabajador se hace más minuciosa y la mayoría no recibe la cédula que le permite trabajar Hay que cruzar la montaña a campotraviesa o ganar el río a nado Y entonces, se convierten en deportados en potencia Y eso, para la inmensa mayoría, significa la muerte segura, como la de los 20 que regresaron de Guadalajara en un camión de la Cristóbal Colón y fueron fusilados en Guatemala, hace apenas dos semanas, como denunció Francisco Obregón, veterano y reincidente cruzador del Suchiate, allá por el “paso de las llantas”, en Talismán El reino del terror ha traspasado la frontera
Subir a Niquibil, un pueblecito casi perdido, a más de 3,000 metros de altitud, es toda una odisea Arriba, en la montaña, la línea blanca de postes es la única referencia de soberanía y nacionalidad que lo separa de Guatemala Pegado está Chihuaté, en territorio guatemalteco Los habitantes de Niquibil y Chihuaté no notan la diferencia, han crecido y vivido siempre juntos Pero el visitante sí Del lado mexicano se pueden encontrar algunas caras alegres Del otro, rostros de los que ha desaparecido la humanidad, niños que parecen no pertenecer a nadie
La internación en los dominios de Lucas se hace sin sobresaltos El ejército ha llegado hasta dos leguas antes de Chihuaté, en camino de convertirse en un pueblo fantasma Varios kilómetros adentro, en territorio guatemalteco, hacemos contacto con Samuel Farías, un campesino joven que maduró temprano Las víctimas conocen a sus opresores por sus heridas, y eso hace irrefutables sus testimonios
Samuel habla de la rebelión del indígena guatemalteco, de su participación en la lucha Dice calmosamente que al campesino no le gusta la violencia, pero que la realidad del país lo ha empujado a tener que asumirla: simplemente se convierten en intérpretes de la situación
Samuel, como muchos otros jóvenes, empezó su vida de hombre por el final; se sabe un asesinado en potencia Dice: “Sé que la posibilidad de que me maten es mucha” Da la sensación de que no sólo acepta el riesgo sino que tiene la certidumbre Pero confía en la victoria final de su pueblo y participa en su lucha Se pregunta: “¿Qué está sucediendo en Guatemala?” Y responde: “Simplemente, que las masas campesinas indígenas pasaron a ser las protagonistas de la historia De objeto se convirtieron en sujeto”
Su cara se ilumina cuando afirma que la relación de fuerzas se ha invertido “La revolución está en camino Lo único que pueden intentar los militares es retrasar la realización” El fenómeno del militarismo —dice Samuel— tiene límites Llega un punto en que el terror se vence y el proceso comienza a revertirse Eso ocurre hoy en Guatemala El indígena está recuperando su dignidad mancillada Hoy Lucas sabe que matar a un indígena es matar a un hombre Y cada vez son más los hombres que prefieren morir luchando a esperar ser asesinados con los brazos cruzados