“ESTAMOS DISPUESTOS A MATAR O MORIR”, DICE EL PADRE FERNANDO CARDENAL, ANTE UNA POSIBLE INVASION

“ESTAMOS DISPUESTOS A MATAR O MORIR”, DICE EL PADRE FERNANDO CARDENAL, ANTE UNA POSIBLE INVASION
MANAGUA, marzo de 1981 – El futuro está oculto en la entraña del país y en el corazón de sus hombres, no el presente En el caso hipotético de una invasión armada a Nicaragua, que “cada día parece menos hipotética y más cercana”, el agresor se encontrará a un pueblo que aprendió a vivir “Estamos dispuestos a matar y a morir”, dijo Fernando Cardenal a Proceso
Jesuita, educador desde su juventud, coordinador de la campaña que acabó con el analfabetismo en seis meses, propuesto para el Nobel de la Paz por 133 parlamentarios ingleses y ahora responsable de la juventud sandinista, habló de la muerte que engendra la vida
Se piensa que al revolucionario le gusta matar El uniforme, la autoridad, el peligro, un pasado misterioso, todo ayuda a formar esta idea Al revolucionario se le asocia a la muerte Y con razón La acepta íntegra, porque íntegra le apasiona la vida Vive y muere con la esperanza de que la vida sea mejor para lo que mal la conocen
En las calles de Managua, confundido el uniforme verde olivo con las guayaberas y los vestidos ligeros, las palabras de Cardenal tienen un eco La fraternidad parece cierta “Había que haber estado aquí para entender el fenómeno que se da en Nicaragua —dice— Somoza no era un juego La fuerza de la revolución se explica por la fuerza de Somoza”
Agrega:
“El ejército está dirigido por jovencitos Se formaron en la clandestinidad Vivieron bajo el terror Aprendieron de su propio dolor Aprendieron de su miedo No saben que son héroes”
Cardenal habla con una emoción que en dos ocasiones lleva lágrimas a sus ojos Es fácil menospreciar a la revolución —dice—, acusar de lo que se quiera a sus líderes Es difícil aceptar la pureza del proceso revolucionario en un mundo en crisis Durante muchos años los signos de la vida en el país fueron el sigilo, el rostro sin nombre, el nombre sin identidad Las primeras luchas se dieron con los puños Luego, las bombas caseras contra los tanques, David contra Goliat, cuerpos desnutridos y almas en llamas contra los hércules de sangre coagulada, la Guardia Nacional Luego los combates centímetro a centímetro
“Ahora hay quienes afirman que los hombres que hicieron esta revolución cambiaron la libertad por la dependencia, la reconstrucción de su país por la construcción del comunismo en Centroamérica, que son traidores a Nicaragua Yo sé que les preocupa la cosecha de algodón, levantar la economía, impulsar la educación, ahora gratis de la primaria al doctorado, que no les interesa agredir, que no provocan una psicosis de guerra, que están en lo suyo, como antes, pero a la luz del día”
Los hijos de la revolución son los hijos del pueblo Fueron campesinos los comandantes Daniel y Humberto Ortega El comandante Henry Ruiz remendaba zapatos El comandante Carlos Núñez voceaba periódicos Niños aún, se hicieron hombres Si el pueblo y la tierra se confunden, Nicaragua se parió a sí misma
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Apoya Cardenal su palabra en hechos Medio año fue suficiente para alfabetizar al país Sin una conciencia colectiva, sin la pasión que mueve a la inteligencia y a la voluntad, la hazaña no hubiera sido posible
En la frontera con Honduras, asolada la montaña por excoroneles y miembros de la Guardia Nacional, se escribieron las páginas centrales de la cruzada Siete brigadistas fueron asesinados en la zona, muchas jovencitas violadas, muchas más amenazadas
“Con la noticia del primer crimen conocí la incertidumbre por el futuro del proyecto de alfabetización En la cólera de toda Nicaragua se escucharon muchas voces, la mía entre ellas La pena de muerte fue el clamor”
No hubo manera de convencer al Frente Sandinista ni a la Junta de Gobierno La historia tendría que ser escrita en línea recta El paredón quedó abolido el día de la victoria Seguiría abolido No querían más sangre
Recuerda el educador la noche del regreso a la montaña, cuando fue a dar parte del resultado de su empeño Temía el desánimo, el principio de la desbandada La respuesta fue el fervor Los brigadistas sólo pidieron nuevas garantías al ejército y las fuerzas armadas se comprometieron hasta donde era razonable y posible
“No agota mis experiencias el tiempo transcurrido Las escenas olvidadas brotan del fondo de mí mismo”
Lleva en los ojos a una mujer de unos sesenta años Hablaba poco y sonreía todo el tiempo Sus brazos eran musculosos y sus manos, las de un hombre Paralítica, iba en muletas de un lado para otro
Recorría kilómetro y medio para impartir el curso de alfabetización al grupo que tenía asignado y kilómetro y medio para regresar a su base Cada mañana se perdía entre los árboles, como si fuera a un paso Al atardecer, sólo tenía vida para dormir
Las horas preñaban a los días Del resultado tomó nota el mundo entero
Explica el sacerdote:
“Un pueblo desunido y una revolución desviada no habrían podido ofrecer este testimonio”
Preside su oficina una fotografía modestamente enmarcada Muestra un pizarrón con las primeras letras del alfabeto Unos niños, con los gises en la mano, parecen dispuestos a pelear o a jugar Que es lo mismo para ellos
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Pero no todos aprendieron Hombres del pasado con la revolución ante los ojos se negaron a mirar Empeñados en revivir la época del Partido Conservador y del Partido Liberal, rechazaron el proceso que de manera natural los arrollaba Suspiran por los Adolfo Díaz, los Emiliano Chamorro, los Máximo Jerez Ignoran que están muertos No podrían ignorar que Somoza está enterrado
Tampoco aprendieron los obispos A su manera sueñan con los Jerez, con los Chamorro, con los Díaz A Cardenal le impresionó esta historia:
Pidieron una entrevista al Frente Sandinista y a la Junta de Gobierno Entre los temas había uno que consideraban delicado No era ajeno el mundo internacional a los sufrimientos de los presos Los sitios de reclusión no eran apropiados Tampoco la comida
La Junta y el Frente aceptaron el hecho Así era, efectivamente Pero “la comida de los presos es la comida de sus guardianes, revolucionarios todos Y las condiciones en que los presos viven son las condiciones que los nuestros aceptan en su propia vida”
Un obispo intercedió por otros presos “Los niños —dijo conmovido— Los chigüines, revueltos, confundidos con los adultos”
Se refería a los niños torturadores del somocismo, las criaturas que sacaron los ojos a sus víctimas, presentados como ejemplo de perversidad precoz en algunos centros penitenciarios fuera de Nicaragua, como los de Venezuela
La Junta y el Frente propusieron a sus interlocutores:
“Ahora mismo si lo desean, háganse cargo de los chigüines Quedan bajo su responsabilidad”
Los obispos no regresaron