Los minijuegos
Francisco Ponce
Fue una de esas semanas que, para la ignominiosa historia deportiva nacional, podríamos denominar “de concurso”
Por un lado, Mario Vázquez Raña, presidente del Comité Olímpico Mexicano, “tiró línea” en cuanto a que debe ser la provincia mexicana la salvadora de los Juegos Centroamericanos y del Caribe
También desde el Distrito Federal, el prirrevolucionario e institucional, partido en el poder, anunció la celebración de sus primeros juegos florales y deportivos, sin aval —¿aval para el PRI? Ja, ja, ja— de la Subsecretaría del Deporte ni mucho menos de la Confederación Deportiva Mexicana
Y ésta, por cierto, tan ajena a todo lo que ocurre en este país, se dedica a recorrer el sur y, en Tabasco, presenta una exposición denominada “Deporte en México: cinco décadas” Cuando menos, si no hace deporte, muestra fotografías con lo que, según el boletín de dicha organización, lo “promueve”
Y, entre tanto, la Subsecretaría del Deporte permanece a un lado
En cuanto a la “salvación” de los Centroamerianos, no hay objeción: siempre será interesante la convivencia deportiva internacional, aunque a estas alturas, tales eventos son más bien políticos Por ello, como dijo bien claro Manuel González Guerra, presidente del Comité Olímpico Cubano, cuando el gobernador puertorriqueño “Romero Barceló pidió la sede para Mayagüez, lo que buscaba era conseguir votos para su reelección en la zona que él llama Oeste, donde predomina la oposición a su gobierno anexionista, y como consecuencia del fracaso en conquistar el Oeste, adopta ahora la decisión de suspender los Juegos”
Y el Comité Olímpico Mexicano se adelanta a todos y qué mejor que permitirle a la provincia mexicana la posibilidad de contribuir al gasto público con el rescate de los Centroamericanos
Porque, dice Mario Vázquez: “Si se tratara de Juegos Panamericanos, es lógico que, después de entrevistarme con el Presidente de la República, pediría la sede Pero ahora, vuelvo a insistir, por lo pequeño de los Centroamericanos, no nos interesan (al DF)”
Sin embargo, agrega: “En el caso de que decidiéramos (¿quiénes?) celebrarlos, considero que no invertiríamos arriba del millón y medio de dólares (nótese que no habla de pesos mexicanos, seguramente por lo devaluados), de los cuales se recuperaría una mínima parte y no nos arrojaría beneficios deportivos”
Si son tan insignificantes, tan caros y tan inútiles, ¿cuál es el objeto de querer salvarlos? Y sobre todo, ¿la provincia le merece tanto desprecio que sólo ella —no el DF de Carlos Hank y el “Negro” Durazo— es indigna de celebrar unos mugrosos jueguitos centroamericanos? Sólo que no debemos olvidar que en esos minijuegos participa Cuba
En boca de otro dirigente, tales palabras podrían ser tolerables; pero resultan absurdas en labios del presidente de los Comités Olímpicos Nacionales, quien buscará su reelección en el congreso de Milán, entre el 29 y 31 de agosto próximo
Y en cuanto a los juegos priístas, pues don Gustavo Carvajal podrá tener el “pequeño defecto” de ser tonto, como diría Rubén Figueroa (Proceso 226), pero es muy “vivo”: un buen eventito deportivo le dará colorido al anuncio del nuevo Presidente del país, aunque lamentablemente no pueda llevar a efecto el propósito de “acercarse a la juventud para ofrecerle opciones de desarrollo” (?) a través de los jueguitos








