TIERRA DE MACHOS

TIERRA DE MACHOS
Héctor Rivera J
El amor violado (L’Amour violé), película francesa, 1977 Dirigida por Yannick Bellon e interpretada por Nathalie Nell, Alain Foures, Michele Simonnet, Pierre Arditi
Si con su irritante feminismo desbocado la actriz Jeanne Moreau trepó hace unos años a la silla del director para encerrar a las mujeres en el autocomplaciente clan herméticamente sellado de Lumiere, Yannick Bellon, más inteligente y, sobre todo, infinitamente más conocedora del oficio cinematográfico, en El amor violado se preocupa fundamentalmente por situar a la mujer en el contexto de una sociedad más que machista, falócrata
En Lumiere Jeanne Moreau le hizo un flaco favor a la causa feminista cuando al pretender reflejar a todas las mujeres del mundo sólo consiguió presentarlas bordando y chismoseando en torno a una madre deprimida y quejumbrosa; su planteamiento del matriarcado como alternativa a la sociedad patriarcal resultó tan torpe como el pretexto de tomar la cámara en sus manos porque todos los directos son hombres Más valioso es en cambio el feminismo desafocado de Agnes Varda, quien en Una canta, la otra no se inclina por la independencia de la mujer y por su elección de la libertad ante la mutilación existencial que le impone su compromiso con la sociedad Esta misma atrofia existencial que encuentra su origen en la dependencia de la pareja fue abordada por Liliane de Kermadec en la biográfica Aloise, donde la protagonista desemboca inexorablemente en una alienación diagnosticada por la misma sociedad masculina que limita y condiciona su creatividad artística El universalmente desventajoso contrato conyugal, extensión de la exploración capitalista que llega hasta el interior de la familia, también fue minuciosamente detallado con todas sus consecuencias para la mujer en La yegua de fuerza, de una Joyce Buñuel que se arriesgó a realizar una película que pasa por intrascendente para un público que comparte la misma ideología machista que ella se afanó en cuestionar
Ahora, en El amor violado, Yannick Bellon incide con su frío distanciamiento de documentalista en el que es seguramente el más brutal de los atropellos que sufre, literalmente, la mujer en una sociedad machista: la violación Cinematográficamente, Yannick Bellon asume el tema con realismo y presente los hechos conjugando la violencia del asalto con la naturalidad del asaltante El detallado relato acrítico de la irrupción en la intimidad de la mujer, que es al mismo tiempo despojada del regalo social de la dignidad, se prolonga hasta el señalamiento de los límites de la degradación y de la humillación Le preocupan a la cineasta, en efecto, la actitud de la víctima, en primer lugar, y la respuesta del aparato judicial después Si la reacción común de la mujer violada es la involuntaria complicidad del silencio, en El amor violado la víctima consigue romper el estrecho cerco de la contradictoria moral al afrontar el repudio social y rescatar su libertad de acción Desoyendo la derrotista opinión de su madre (“los hombres tienen su orgullo”), y superando el chantaje emocional de su compañero (“no quiero pasar por idiota”), educados ambos bajo los mismos códigos machistas, la joven violada lucha incluso contra su propia formación para alcanzar su independencia con la denuncia del asalto sexual ante las instancias judiciales
Pero la maquinaria legal en su eficiencia aumenta y prolonga la humillación prescribiendo declaraciones detalladas, testimonios, careos y la reconstrucción de los hechos: lo más doloroso y desalentador para una joven violada que ha vencido al silencio es constatar entonces que la máxima autoridad está contaminada hasta en sus más mínimos detalles de la misma ideología machista que ha generado el atropello que denuncia La ley queda así como expresión y reflejo de una voluntad masculina que legitima el desprecio hacia la mujer Lo importante, sin embargo, es este proceso de maduración en el que la mujer violada modifica su actitud ante un mundo construido y dirigido por los hombres
Casi tipificados, los atracadores sexuales son vistos en El amor violado como depredadores sexuales dedicados a socavar el punto de unión de la pareja Es al Amor lo que violan, despojando a la pareja de su patrimonio y arrojándola al abismo de las contradicciones morales El asalto sexual es de cualquier manera una tragedia magnificada por una sociedad que lo reprueba al tiempo que lo tolera Aunque la realizadora de Alguien en alguna parte y de Nunca jamás siempre, entre otras películas, no propone ninguna solución concreta, quizá la más inmediata consista, simplemente, en asumir el problema con realismo, tal y como ella lo presenta en la película Después de todo, quizá fue el escamoteo de la realidad misma lo que llevó a Jeanne Moreau a evadirse por el camino de la república de las mujeres o a Agnes Varda por el de la independencia simplona y arrebatada
El amor violado es también lo más próximo a un cine político al servicio de una causa: la de las mujeres, que han visto antes usada y distorsionada su imagen por la misma ideología que controla también la expresión cinematográfica