LA REALIDAD DE COATZACOALCOS
Señor director:
Después de haber leído con atención el artículo de Ricardo Garibay, “Coatzacoalcos: los jacales de la tecnología”, publicado en el número 183 de Proceso, no puedo más que decirle que es un magnífico artículo realizado desde las alturas; es decir, don Ricardo se montó en el helicóptero y desde ahí creyó que veía, creyó que entendía, pero sólo se quedó muy por “encimita” de lo que realmente es Coatzacoalcos
No puedo negar que lo dicho por Garibay sea cierto; lo es, terriblemente cierto; únicamente que se quedó en el nivel de una narración bien hecha, entretenida, narración que si tenemos todavía alguna sensibilidad nos pone los pelos de punta, pero lo mismo sucedió con las narraciones sobre Tijuana o Monterrey Estoy de acuerdo que lo que vino a hacer Ricardo Garibay no fue, ni por asomo, un estudio sociológico o antropológico, más siento que le faltó investigar un poco más para poder reflejar, con más exactitud, las causas de toda esa pobreza, de todo ese dolor, de toda esa amargura que él reproduce en su artículo
Coatzacoalcos es un lugar que, como dice Garibay en su artículo, carece de planeación y con el impulso —ficticia riqueza del petróleo— industrial han llegado miles y miles de familias que se han asentado donde y como han podido, creando cinturones de miseria increíbles, como el de Mundo Nuevo que narra don Ricardo Aquí en Coatzacoalcos la gente le llama “perro mundo”, ya se imaginará por qué La mayor parte de la población carece de servicios: de las treinta y cuatro colonias que existen sólo el centro de la ciudad y dos colonias más —La Petrolera e Iquisa— cuentan con servicios adecuados El grado de contaminación en Coatzacoalcos ha crecido alarmantemente, pero no se ha hecho nada —quizá muy poco— por frenarla
A don Ricardo Garibay le faltó contrastar la miseria que entrevistó con la insultante riqueza de los líderes petroleros —algunos llegaron a Coatzacoalcos, como vulgarmente se dice, con una mano atrás y otra delante— cuyas mansiones han tenido costos de construcción, según dicen, hasta de diez o doce millones de pesos; la riqueza de los contratistas, quienes de la noche a la mañana se han hecho dueños de edificios, de lujosos automóviles, etcétera, y quienes explotan a los trabajadores a los que en muchos casos les pagan menos del salario mínimo o, a lo sumo, el salario mínimo pelón, es decir, sin prestaciones; de ahí que a ese tipo de trabajador la gente les llame “los pelones”
En uno de los párrafos del artículo del señor Garibay —donde habla del campo de golf— creo que se equivocó, ya que los zopilotes formaron parte del paisaje de Coatzacoalcos, hace muchos años No sabemos si los ha acabado la contaminación o si más “inteligentes” que nosotros se han marchado a otras regiones, pero el caso es que hoy ni en los basureros encontramos zopilotes, posiblemente lo que vio fueron niños que revolvían la basura —en la pepena— como si fueran zopilotes Esto sí es cotidiano en los basureros
Para terminar, me atrevo a contradecir a don Ricardo Garibay, donde dice que hay doscientos mil ejemplos de miseria en Coatzacoalcos —aproximadamente esa es su población—, ya que si así fuera todos serían miserables; pero se debe excluir a los que se han enriquecido con la explotación, los trinquetes y el contubernio con políticos —pocos, por cierto, pero grandes fortunas— De cualquier modo, aun cuando el artículo no refleja toda la realidad de Coatzacoalcos, es de agradecer la intención de dar a conocer que aquí no se vive en Jauja, que la riqueza petrolera es un espejismo para los muchos, realidad para pocos El trabajador humilde, sin especialización, tiene escasas oportunidades y sufre miseria, terrible miseria
Atentamente
Francisco Morosini,
Coatzacoalcos, Veracruz
Señor director:
Mucho le agradeceré se sirva publicar la presente aclaración del artículo aparecido en su revista del 12 de mayo del presente año, titulado: “Huelga en la Escuela de Ciencias Marinas, en busca de medios de estudio”
En dicho artículo se hace referencia al arquitecto Rubén Castro Bojórquez como director de la Unidad de Ciencias Marinas; sin embargo el citado arquitecto es el rector de la Universidad Autónoma de Baja California, de la cual depende nuestra Unidad Y sí, efectivamente, él es directamente responsable de la grave situación presupuestaria por la que atraviesa la UCM
Por otro lado, en relación a los tres millones aludidos en el artículo, es pertinente aclarar que dicha cantidad es reconocida tanto por el Gobernador como por el Rector, sin embargo constituye únicamente una tercera parte de las necesidades mínimas indispensables para poder cursar el presente año escolar
Atentamente
Manuel López Mariscal
Consejal Universitario,
Estudiante por la UCM








