DESARROLLO ESTABILIZADOR
Señor director:
En relación al artículo publicado en su prestigiada revista el día 28 de abril pasado, bajo el título “El desarrollo estabilizador benefició a los trabajadores”, resultado de una entrevista al Lic Antonio Ortiz Mena, me permito hacer a usted los siguientes comentarios:
En el mismo se reiteran los argumentos que recientemente fueron dados a conocer en la Conferencia Sindical Hemisférica sobre Estudios Económicos, dictada por el propio Lic Ortiz Mena en Washington el 13 de noviembre de 1979, en el sentido de que el desarrollo estabilizador consistió en una política económica que aumenta los salarios reales de los trabajadores, el empleo, la inversión y el crecimiento económico, para que se puedan mejorar realmente los niveles de vida de toda la población Se afirma que los trabajadores obtuvieron con el desarrollo estabilizador un enorme beneficio, mayor que “en los otros periodos”
En razón de que los estudiosos de la economía en México seguimos debatiendo esta política todavía ahora, en diversos ámbitos de la opinión pública, me permito hacer ver a usted algunos indicadores económicos de carácter elemental que miden en su exacta dimensión de los argumentos anteriores Ello es importante porque las conclusiones a que se puede llegar en el artículo de referencia contradicen a los impugnadores del desarrollo estabilizador en el mismo terreno en que se le ha combatido, es decir, en el de la distribución del ingreso y el crecimiento económico
De la población económicamente activa del país en los años sesenta, más del 50 por ciento pertenecía al sector rural Ellos no son considerados como “trabajadores” en el esquema económico del desarrollo estabilizador ya que sus objetivos nada tienen que ver con su ingreso ni con su nivel de vida, sino al contrario
Los precios de garantía reales, que constituían el salario de más de la mitad de la población trabajadora, sufrieron entre 1955 y 1970 una caída constante, año con año, en los artículos básicos que significan el 85 por ciento del ingreso rural
La productividad anual de un trabajador rural en 1960 equivalía a la quinta parte de la generada por un trabajador ocupado en el sector industrial; para 1970 dicha productividad era 20 veces menor que la de este último, de acuerdo con los estudios más serios al respecto
En el sector agrícola, el ritmo de crecimiento de la población económicamente activa en la década de los sesenta fue de 37 por ciento anual y su tasa de absorción de sólo 04 por ciento
Por último, el producto y el ingreso del sector agropecuario en la economía nacional representó el 16 por ciento en 1960 Dicha proporción se había caído en 1970 a un 11 por ciento, nivel en el cual se ha mantenido hasta ahora
Las conclusiones del documento son ciertas si se tratara de países altamente industrializados, pero tratándose de la economía de este país, reivindicar políticas ya superadas, es tanto como ignorar la existencia de las grandes masas de marginados urbanos y rurales
Atentamente,
Lic Guillermo Rivera R
Subdirector de Estudios Económicos
Banco Nacional de Crédito Rural
México, DF








