Lavin Cerda e Ibargoyen

LAVIN CERDA E IBARGOYEN
Marco Antonio Campos
Hernán Lavín Cerda publicó el año pasado en los Cuadernos de Poesía (UNAM), que coordina Humberto Batis, Ceremonias de Afaf, que reúne sus trabajos poéticos de 1975 a 1979 Lavín sería, tal vez, uno de los últimos coletazos surrealistas de la poesía chilena y quizá latinoamericana; eso, su afición por la magia, las mistificaciones, la utilización de referencias históricas, pictóricas y literarias, hacen de su poesía un terreno difícil de explorar Si a esto aunamos dentro de su lenguaje, neologismos, juegos verbales, proliferación de nombres propios (árboles, pájaros, flores), una que otra catuleada (“Banca, madamisela, mía partera fatua”), las dificultades aumentan
Creo que hay dos particularidades que descuellan dentro de la poesía de Lavín: primero, un humor muy especial, muy raro, que no es fácil hallar en otros poetas Pongo dos casos: este juego manriqueño:
¿Dónde están los cuboides, los carpos, los húmeros?
¿Qué se hizo el trocánter mayor?
¿Dónde
la ríspida úvula?
Nunca Dios tuvo hígado,
o esta blasfemia erótico-religiosa, que hubiera aprobado López Velarde:
Debí untarme los ojos con aceite vaginal y habría sido el acto más suntuoso de la fe
Así, como en múltiples, partes de la tercera sección del libro, que es la mejor
La segunda virtud de Lavín es su ágil ritmo, al que no es fácil hallarle disonancias y que, aunado a una misma temática con ciertas variaciones (su viaje clandestino a Turquía y su relación con Afaf), hacen de este libro un rápido monólogo
II
El poeta uruguayo Saúl Ibargoyen publicó en las Ediciones del Juego una plaquet Poemas con Amor (1979), que es el homenaje de un poeta de casi cincuenta años a una muchacha que le merece delicadeza y ternura
Prefiero con Valéry —que en esto viene en línea directa de las teorías de Poe— la poesía que sea una suerte de matemática verbal, donde la palabra, el verso y el poema funcionen a su máxima expresión No quiere decir eso que los poemas no tengan partes menores, mayores o climáticas; es imposible la misma tensión de principio a fin No hay ningún libro en la historia de la poesía que la sostenga: ni los grandes poemas épicos ni las grandes tragedias de Sófocles o Shakespeare Pero aun así, creo, que el poeta debería observarse y observar al máximo su trabajo, trabajarlo, descansarlo, volverlo a trabajar En mi caso particularísimo desconfío de un poema que no se ha trabajado, por lo menos, un año: a la poesía no le importa la sinceridad del momento, sino la sinceridad del texto Si bien me parece que la plaquet de Ibargoyen es buena, no dejan de molestarme, en momentos, imprecisiones, imágenes o metáforas fallidas, ciertos poemas, ciertos versos Veamos el primer poema “Nocturno”:
Contemplo la piel de la noche,
esa delicada acumulación
de sombras
Detrás está
tu rostro
como un río
y somos el agua
Si al principio choca manifiestamente el sustantivo piel aplicado a la noche, si nos parece un verso deficiente “esa delicada acumulación de sombras”, el poema recupera aliento y cierra admirablemente
Cuando Ibargoyen logra sugerir, precisar disoluciones, congelar imágenes o alcanzar la plegaria (“Invocación a la señora de la noche”), su verso es mejor Leamos estos versos donde hay una venturosa repetición de la palabra hierba:
nombrando la luz reencontrándote
en las cosas más vivas
como la hierba que a sí misma
se enriquece
otorgándose el color de antigua hierba