Atalaya 79: la filosofía del empresario

ATALAYA 79: la filosofía del empresario
La libertad económica, base de todas las libertades La igualdad no es de este mundo
José Reveles
“El nombre y el lema de estas reuniones son casi una consigna en este sentido: prever para prevenir Pero ¿qué se puede prevenir, si los centinelas —los atalayas— son miopes, están soñando, si es de noche o el cielo está brumoso; o si la fortaleza —la atalaya— no es suficientemente alta o, como en la caverna de Platón, no se ven desde ella sino sombras?”
José Ramón Benito Alzaga Atalaya 79
El Estado permaneció tres días en el banquillo de los inculpados Sus jueces: decenas de hombres de empresa, los de la iniciativa y el dinero privados, con sus ideólogos nacionales y extranjeros La bancarrota del “Estado-Providencia”, las amenazas del comunismo, la supervivencia del capitalismo, la edad de la “felicidad pública”, el hedonismo como signo de la época, la construcción de un nuevo orden social, la inflación, fueron temas y preocupaciones de los exclusivos concurrentes a los debates de Atalaya 79, en Querétaro, hace unos días
Como para definir el curso de las discusiones, muy al principio, Leo Moulin, de Bélgica, profesor de las universidades de Bruselas y Lovaina, lanzó este reto:
“Por lo que a mí se refiere, no creo en el Estado proveedor de bienestar, y quizás ni siquiera de justicia Tampoco creo en el Partido, sea cual fuere su denominación La felicidad es, y tiene que ser, una conquista del hombre sobre sí mismo
¿”En qué y cómo podría el Estado, con sus pesados mecanismos, su burocracia sin alma, su abrumadora fiscalización, su irresponsabilidad total, su sumisión a los úkases de los partidos y de los grupos de presión ser más apto que cada uno de nosotros para saber cuál es la verdadera felicidad y cuál debe ser la manera buena y justa de conocer la felicidad? No tengo ningún motivo para tener confianza en ese leviatán, y mil razones para desconfiar de él”
Otro ideólogo extranjero, Luigi Lombardi Vallauri, de las universidades de Milán y de Florencia, analizó exhaustivamente la crisis del Welfare State (el Estado protector), cuya función es, según dijo, “garantizar, pero no necesariamente administrar”, y que para seguir operando requiere de “perfeccionamientos técnicos”, entre los que citó: la desburocratización, la vuelta al sector privado, la reliberación, la personalización de los servicios
Lombardi Vallauri afirmó que, en general, la “izquierda” concede prioridad a las condiciones materiales, el “centro” a los problemas de la calidad de la vida, y la “derecha” a los problemas del sentido de la vida Palabras muy gratas, sin duda, para el auditorio al que iban dirigidas
Pero también hubo ideólogos de la parte mexicana Como Rogelio Sada, quién estimó que “sin libertad en lo económico, difícil, y a la postre imposible, sería preservarla en lo demás Es en ella en la que descansan, entre otros, la democracia, la subsidiariedad, la creatividad y el respeto a la religión
O como Gastón Azcárraga Tamayo, que inculpó: “la causa principal de que en México haya inflación es el fuerte aumento en el circulante monetario, proveniente del financiamiento inflacionario, del déficit del sector público” Y aportó su solución: “la única forma en que se puede corregir la inflación en México es, precisamente, subiendo los precios”
Muy destacada y definitoria del clima prevaleciente en la reunión fue la intervención de Carlos Llano, empresario cubano-mexicano, autor de varios libros y ensayos, como La influencia de la empresa en los hijos El se pregunta:
“¿Será actividad propia de la iniciativa privada emprender acciones que no sean estrictamente favorecedoras del bienestar material, sino de algo más alto? ¿Tendrá que reducirse a ello, por bueno que sea? ¿Habrá de dejarse en manos del Estado toda acción que no se restrinja sólo a tal bienestar? ¿No deberá la iniciativa privada emprender obras que propendan bienes no exclusivos, es decir, espirituales? ¿No podrá aprovechar su fuerza patente y su demostrada eficacia para promover obras de cultura, de estudios universitarios, de promoción del espíritu, de desarrollo de proyectos que susciten causas nobles y que vayan por ello en la línea de la unión y de la amistad entre los ciudadanos? ¿No será ésta la coyuntura histórica del país para que la iniciativa privada incentive, como punto de encendido, el orden nuevo que se anuncia?”
Proceso obtuvo una veintena de ponencias y contraponencias de las expuestas en Atalaya 79 En lo reducido del espacio, se presenta aquí una síntesis, con más pretensiones de antología que de análisis Las posiciones de los ideólogos y hombres de empresa reunidos en Querétaro son muy explícitas Una frase del belga Leo Moulin es, quizás, el hilo conductor del foro elitista de Querétaro, cuya cuota de inscripción fue de 25,000 pesos: habla de luchar por la existencia de un régimen que dé al hombre la libertad de desenvolverse libremente, “heroicamente”: “Un régimen que tendría la conciencia de que la igualdad no es de este mundo”
Es Moulin quien lamenta que el Estado y sus dirigentes asuman un número cada vez más creciente de tareas más complejas:
“Las decepciones que han surgido y que se van agravando, han provocado, y provocarán más y más, un desapego y una total falta de confianza, una hostilidad de aumento, un profundo desprecio por los funcionarios del Estado, por los políticos, por los dirigentes sindicales, los patrones, por lo que huela a opinión-making y a decisión-making y, en términos generales, por todos los que en parte son responsables de la situación actual”
Afirma que la sociedad capitalista encierra “tesoros de adaptabilidad” para hacer frente a los retos más decisivos, cosa que “Marx no previó” cuando predijo el fin del régimen capitalista en 1848 No tiene empacho Moulin en decir que lo que había y lo que hay de válido en el socialismo “ha sido absorbido por nuestra sociedad en la medida en que era absorbible, o lo será cuando llegue el momento” En cambio, decreta la muerte del marxismo: “se irá incorporando, en el panteón académico, a la filosofía de los pasados siglos: el platonismo, el tomismo, el catersianismo, el aristotelismo”
El húngaro Pierre Kende, del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de París, puso en duda que “el síndrome del capitalismo se halle tan universalmente establecido”, puesto que ninguna sociedad occidental ha aceptado que la decisión económica esté totalmente fundamentada sobre la sociedad privada y “el Estado ha conservado siempre importantes privilegios en esta materia”
Esto no impide que, aún en nuestros días —deplora—, “los ideólogos y los políticos, y por supuesto los periodistas y los escritores, imputen los efectos de la industrialización y de la urbanización, que a ellos les desagradan, a la acción demoniaca del dinero y del afán de lucro”
Sostiene Kende que “sí entendemos por capitalismo una organización económica dominada por la propiedad privada, que obedece a la lógica del mercado y del reparto según los méritos alcanzados, podría decirse que ya está en curso la supresión del capitalismo” Pero agrega que el capitalismo dista mucho de ser un dato o una noción y en cierto sentido, “sus fronteras están aún por descubrirse”
Aun situándose en la “utopía estrambótica” de que en el futuro todos los estados serán socialistas, Pierre Kende afirma que el orden internacional no podría funcionar haciendo caso omiso del mercado ni sin un mínimo de capitalismo Los principios anticapitalistas de la URSS comenzaron a revisarse al consolidarse el régimen soviético y “al cabo de ciertas peripecias, el abandono de la mayor parte de puntos esenciales del programa comunista parece definitivo, al menos en el terreno de los hechos”
El profesor alemán Fritz W Scharpf, del Instituto de Ciencias Políticas de Berlín, desarrolla en 42 cuartillas el tema del Capitalismo de ayer ¿Y el de mañana? Defiende el trinomio Estadio, empresarios y sindicatos como sustento de la estabilidad, para afirmar:
“En términos generales, los sindicatos han sido socios más dignos de confianza de la política gubernamental de estabilización que las organizaciones empresariales, las cuales, al menos en la `disciplina de los precios, parece que tienen bastantes dificultades para controlar individualmente a las empresas y hacerlas cumplir los compromisos que contrajeron en sus discusiones con el gobierno”
Como si presenciara lo que ocurre en México, añade:
“Los gobiernos han tenido más éxito cuando tratan de controlar la inflación mediante la política de ingresos (incomes policy) en aquellos países donde los trabajadores están más organizados, y donde los movimientos sindicalistas están más centralizados”
Pero advierte que “si el conjunto de los resultados del proceso económico aparece a los ojos de los trabajadores sindicalizados como una desilusión y aun como una amenaza, los líderes perderán el control que ejercen, o se verán forzados a adoptar una actitud más decisiva y combativa que de suyo no se justificaría vista a la luz de sus conocimientos e intuiciones relacionados con la macroeconomía”
El español Javier Irastorza, de la Universidad de Madrid, alumno de López Rodó y colaborador de él en el Ministerio de Planificación de su país, sostuvo que la intervención estatal ha ido penetrando en forma abierta o sutil en los mecanismos económicos de asignación de recursos Esa intervención del Estado, “al intentar corregir aspectos negativos que ella misma ha provocado, genera, en un proceso acumulativo, intervenciones adicionales”
Hay una imposibilidad fáctica, aunque no teórica, dijo, de “desandar lo andado, de volver a niveles de menor intervención (estatal) Se trata de un peculiar efecto trinquete, bastante común en algunos fenómenos económicos”
La corrección de los desequilibrios internos (aumento de precios) y externos (disminución del nivel de reservas) “conduce a la proliferación de organismos y mecanismos interventores (licencias, cuotas, autorizaciones, etc) que convierten al Estado y a su burocracia en árbitros supremos del quehacer económico De aquí a la corrupción como forma administrativa, no hay más que un paso”
Según Irastorza, el estrangulamiento de la balanza de pagos, la ineficiencia en la administración de los recursos y la corrupción administrativa llevan a las autoridades a un callejón sin salida “que sólo es posible superar dando marcha atrás en sus utopías de grandeza y en la evolución hacia el Estado omniscente y omnipotente”
En plena defensa de las tesis trilateralistas, el autor español afirma que “el camino de la especialización y división del trabajo internacional se hace inevitable por razones de supervivencia” Considera que la integración y la estabilidad exigen la liberalización de los mecanismos interno y externo de la economía “En el lado externo, la libertad progresiva de circulación de mercancías capital y factores productivos, así como la ausencia de controles de los mercados de cambio En el lado interno, se requiere el desmantelamiento de las numerosas y prolijas intervenciones (estatales) existentes y la liberación del mercado de trabajo”
“El mercado, en resumen, suplanta al Estado”, es la conclusión de Irastorza Será el libre juego de las fuerzas que determinan la oferta y la demanda el encargado de dar cauce a la iniciativa privada: “son demasiados condicionamientos para unos gobiernos cuyo objetivo primordial es permanecer en el poder, y ello implica con frecuencia formular, con fines electorales, ofrecimientos irrealizables”
Concluye afirmando que, con razones discutibles, el Estado ha adquirido un gigantismo “que ha sofocado y está a punto de ahogar la propia operatividad del sistema económico y, lo que es más esencial, ha anulado al individuo como protagonista del quehacer económico y social” Y también: “En la función de preferencia del político la variable esencial es —de forma subrepticia si se quiere— el poder, aunque la variable exhibida y vendida electoralmente sea el bienestar económico”
Henry Cavanna, francés, director de la Fundación Internacional de Ciencias Humanas, citó un reciente artículo de Philip Nemo en Le Monde, para reflejar lo que ocurre en la mayoría de los países occidentales industrializados:
“A menudo la derecha repite los mismos argumentos que la izquierda en una forma diluida y vergonzante, concediendo todo a la izquierda, en materia de principios (igualitarismo, progresismo, pacifismo, modernismo en las costumbres), sin oponerle nada fuera del argumento mudo del realismo”
Cavanna, organizador del coloquio de Querétaro, observa cómo el “humanismo antropocéntrico”, al romper todos los lazos con lo trascendental, se adjudica una autonomía total en la creación de las reglas morales Y propone:
“El proceso de secularización a ultranza que se halla en el origen del humanismo antropocéntrico arriba mencionado, al parecer ha sobrepasado los objetivos que se propusieron sus más esclarecidos promotores Una ley moral que dependa de los resultados del último sondeo de opinión demuestra a todas vistas su insuficiencia Es indispensable, por tanto, encontrar una autoridad de reemplazo, que represente el papel que antes pertenecía a la Iglesia, pues sin esto la sociedad irá a la deriva”
Carlos Llano criticó acremente esa “tecnología de lo público” que echa sobre sí la carga social casi en su totalidad y según la cual “la moral queda reducida a un asunto privado”; “en otras palabras, se respeta la libertad, siempre que sea socialmente trivial”
Benito Alzaga, autor de la frase que sirve de epígrafe a estas notas, definió: “aquí no hemos venido a hacer ideología, en el sentido peyorativo del término” Luego declaraba: “Si se reconoce que el Estado Protector está en bancarrota —y creo que el significado quiere decir algo más que su situación financiera—, habrá entonces que preguntarse el porqué de tal fracaso” Habló de la crisis de los principios y del propio orden social y se preguntó si, además del poderío enemigo, no habrían de examinarse “las propias bajas, las ausencias, la resistencia de los propios contingentes” Contra el poder del Estado, sugiere la vía corporativista:
“La ya antigua idea de los cuerpos colegiados y de las corporaciones, organismos cada vez más democráticos, indicativos y flexibles, reaparece cada vez de nuevo como un camino que no sólo técnica, sino moralmente parecería evitar los vicios externos Y que quizá lo logra técnicamente, porque parte de un orden moral Y digo quizá, no por falta de convencimiento, sino para evitar el escándalo”
Lombardi, por su parte, habla de la erosión de los “humanismos ateos”, occidentales El nihilismo individualista los carcome Y enlista, indiscriminadamente, como signos de tal perdición, a la “reivindicación a ultranza de los derechos”, junto nada menos que con la violencia, el terrorismo y la rapiña políticos, el estupro, la homosexualidad, la sodomía, la pornografía, el libertinaje sexual, la indisciplina, el rechazo al trabajo, la falta de honradez en la burocracia, el hedonismo descabellado, el aborto voluntario, el suicidio, la eutanasia
Guita Ionescu, rumano, de la Universidad de Manchester, sostiene que “en este mundo de voracidad, de rivalidades y contiendas, de limitaciones económicas y de otro tipo y de liderazgo a la deriva, la violencia y el terrorismo se colocaron en primera fila como instrumentos director de acción política e ideológica”, para concluir enseguida que la participación política no conduce a nada positivo:
“Ahora bien, ¿cuántas de las necesidades prácticas, y en especial de las necesidades espirituales, de cualquier hombre moderno quedan satisfechas por la participación política? Si yo, o cualquier otra persona de nuestros tiempos, se siente sola y oprimida por la angustia espiritual, como en el rincón oscuro de una mazmorra ¿qué luz y qué calor puede proporcionar en este caso la política? ¿Qué porción de mi ego misterioso podrá revelarme la política? Quizá, en vez de ello, me arroje a una soledad y a una desesperación mayores”
En suma, “lo que estamos discutiendo son los problemas de la civilización occidental”, resume Fernando Cuén, chileno-mexicano director de Fomento Cultural de Banamex, representante del Opus Dei
“Las encrucijadas o dilemas se extienden por todos los sectores Mientras más necesarios parecen ser la paz y el orden social, es más parecen aumentar el terrorismo, la violencia y la anarquía Y mientras por un lado aumentan las tendencias totalitarias, la demagogia se desboca incontenible por el otro”, dice Cuén, que retrata así la crisis moderna:
“El mundo actual busca más derechos con menos obligaciones; más beneficios con menos responsabilidades; más placer con menos cargas Eso se llama hedonismo; se llama concupiscencia”