El ingreso en el GATT, autoinmolación

El ingreso en el GATT, autoinmolación
Abandono de la integración regional en pos de promesas
Carlos Ramírez
Con la entrada en el GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio), México saldría del año cero y entraría al año menos uno de su desarrollo
Esta decisión, cuyo plazo para ser tomada concluye a mediados del próximo año, conllevaría cambios en la política económica nacional y promovería a México como un país abiertamente libre cambista en funciones de anchoveta en un mar plagado de tiburones
Según códigos de conducta y compromisos que implica la sociedad con el GATT, se tendrían que soslayar esfuerzos regionales de integración, conceptos de igualdad, frentes comunes de defensa de materias primas, luchas contra potencias y transnacionales y se acudiría a una guerra económica armado solamente de buenos propósitos y cargado de un cúmulo de promesas de respeto de sus competidores y, paradójicamente, sus aliados
Habría, en síntesis, un viraje En 1947, en la reunión donde se fundó el GATT, México rechazó los propósitos de ese organismo y censuró sus postulados con estas palabras:
“Reconocemos la conveniencia de una cooperación económica internacional, pero aun así debemos rechazar, por ahora, cualquier plan para suprimir todas las tarifas protectoras, porque esto significaría la destrucción económica de las naciones débiles y la institucionalización de la supremacía comercial de las naciones más fuertes”
A más de 30 años de la reunión en La Habana, las circunstancias económicas internacionales se han vuelto más agudas y afectan negativamente a los países en desarrollo (informe de la CEPAL de mayo de 1979), mientras las potencias industrializadas juegan a ganar en esa guerra económica y comercial México, por su parte, frenaría sus críticas e ingresaría en el GATT en posición de desventaja En palabras de los economistas Gonzalo Mora Ortiz y Miguel Alvarez Uriarte, México apostaría a una supuesta reciprocidad comercial en la que, en realidad, el ganador es siempre el país más poderoso
Según ensayos y estudios de economistas y documentos internos del GATT, la adhesión de México a ese organismo tendría efectos como los siguientes:
—Supeditar las políticas económica y comercial a los criterios del GATT
—Ingresar en un organismo “que no fue moldeado para servir a los países en vías de desarrollo”
—Cumplir compromisos de negociación multilateral para recibir beneficios que ya se tienen a través de acuerdos bilaterales
—Participar como un país más en la reelaboración del sistema capitalista mundial La división del trabajo le asignaría a México el papel de consumidor de productos extranjeros y de productor de materias primas
—Desarrollarse como país en los términos que le impongan las potencias industriales
Así, México saldría de las manos del Fondo Monetario Internacional para caer bajo la supervisión del GATT Pasaría de creer en la UNCTAD —club de países pobres— a jugar en el GATT —club de países ricos—
Pero entraría al año menos uno de su crecimiento Dice Juan José Huerta, experto en comercio exterior, que los efectos internos del ingreso al GATT serían: “hacerse más librecambista y aceptar la baja en sus aranceles y la eliminación del permiso previo de importación, con grave perjuicio para los programas de desarrollo, para la utilización nacional de sus excedentes petroleros y para el empleo y el capital nacional”
RELACION EN TRES ETAPAS
La relación de México con el GATT se ha dado en tres etapas Durante la fundación de ese organismo, la delegación mexicana censuró sus propósitos; muchos años después, en 1973, pidió su participación en las negociaciones del Acuerdo; en 1979 se encuentra, prácticamente, en el umbral del GATT
El ensayo de Mora Ortiz y Alvarez Uriarte recuerda que la representación mexicana —encabezada en 1947 por el secretario de Hacienda, Ramón Beteta Quintana— expresó “juicios contrarios a la utilidad de ese organismo” México se declaró en aquella ocasión contra la supresión del proteccionismo en países subdesarrollados:
“Las barreras aduanales con frecuencia responden a la necesidad legítima de compensar las diferencias de nivel económico y son, cuando no se llevan a extremos indebidos, medidas adecuadas para coordinar las economías”
En la reunión que dio origen al GATT, agregan los ensayistas, la mayoría de las naciones de escaso desarrollo se abstuvo de adherirse, al considerar que las negociaciones arancelarias que debían efectuarse conducirían a rebajas mutuas Señalan también las inconveniencias de tratar igual a desiguales
Indican: “Si México no estaba dispuesto a adherirse a la Organización Internacional del Comercio, tampoco podía estar de acuerdo en suscribir la Carta del GATT, puesto que este organismo no era más que una parte del mecanismo ingeniado para regular internacionalmente el mercado mundial
“México procuró no comprometer su autonomía en materia de política comercial para adaptar a las necesidades de su desarrollo económico, que requerían el empleo de las tarifas aduaneras y otras medidas protectoras, para crear o estimular nuevas actividades productivas en el país”
A lo largo de tres decenios, las relaciones de México con otros países han sido efectivas sin necesidad del GATT Con los Estados Unidos —con quien comercia alrededor del 65 por ciento de sus exportaciones e importaciones— México tiene una serie de preferencias comerciales sin necesidad de formar parte del GATT Y esta situación se hace más acentuada en el momento —según el citado ensayo— en que —con cifras de 1965— México negociaría con los EU solamente una tercera parte de los gravámenes del comercio exterior si fuera socio del GATT
Cosa similar ocurre con el comercio mexicano con otros países A este respecto, Mora Ortiz y Alvarez Uriarte señalan:
“Lo probable es que con la adhesión (al GATT) México obtuviera de los otros países una disposición más favorable hacia sus problemas económicos, mayor deseo de colaboración para atender sus peticiones, a cambio de haberse plegado a las reglas del juego impuestas en ese foro internacional por los países rectores del comercio”
Indican, asimismo, cómo México tendría que “justificar” ante el GATT políticas económicas proteccionistas: “hay que pensar que las limitaciones que resultarían para nuestro país en caso de ser miembro del GATT, para que pudiera seguir aplicando su política protectora Tendría que recurrir a las excepciones pertinentes, lo que a su vez implicaría que tendría que justificar cada dos años, ante las partes contratantes, sus controles y demás restricciones a su comercio exterior, como, por ejemplo, lo hace ante el Fondo Monetario Internacional en materia monetaria”
EL GATT, PARA LOS RICOS
México no se volvió a ocupar del GATT hasta la famosa ronda de Tokio, donde se reunieron en 1973 los países socios Ahí, el entonces secretario de Hacienda de México, José López Portillo, pidió el virtual ingreso a ese organismo y solicitó “la voluntad política de los países desarrollados” para que asumieran su responsabilidad histórica y contribuyeran al reordenamiento de las relaciones comerciales internacionales
Asimismo, solicitó que la reunión de Japón incluyera en sus conclusiones las preocupaciones de los países en vías de desarrollo Indicó entonces: “México pugna por reducciones arancelarias que se orienten, primordialmente, a disminuir la protección efectiva que grava a los productos elaborados y semielaborados de los países en desarrollo”
México pedía la incorporación al documento final de cuatro propuestas que ayudarían a los países en desarrollo: reducciones arancelarias, con preferencia a naciones en vías de crecimiento; consolidación y ampliación del sistema generalizado de preferencias y la eliminación de barreras no arancelarias al comercio exterior; trato preferencial a países no desarrollados, y facilidades para el comercio de productos agropecuarios
Se quejaba el delegado mexicano de que las negociaciones anteriores no habían dado buenos resultados y hacía votos para que las decisiones emanadas de la ronda Tokio fueran parte del reordenamiento que evitaría la violencia como vía de solución
Sin embargo, los resultados no fueron los esperados Según el informe oficial del GATT, en 1974 el comercio no había beneficiado a los países en vías de desarrollo porque el proteccionismo de las grandes potencias era desigual: exigían facilidades y oponían barreras para defenderse El informe señala que los ingresos por exportaciones de los países en crecimiento habían aumentado, no por facilidades arancelarias, sino por incrementos en el precio de sus materias primas
Es más: la declaración de Tokio rechazó las recomendaciones de una propuesta latinoamericana conjunta, que pedía lo siguiente: negociaciones para “una nueva y más justa división del trabajo”; negociaciones parciales y paralelas para facilitar la posibilidad de mayores beneficios a las naciones en desarrollo; reglas especiales, de tipo preferencial o diferencial, para evitar el trato igual a una nación industrializada y a un país en desarrollo y compensaciones adicionales a daños por aplicación de aranceles
El informe de la Secretaría General del GATT, en 1978, era más parco, menos futurista y nadas optimista Señalaba que el proteccionismo había echado abajo los propósitos del libre intercambio, y decía textualmente:
“A causa de la incertidumbre reinante respeto de las políticas económicas de los países industriales, que se enfrentan a una nueva aceleración del proceso inflacionario, es muy arriesgado hacer previsiones sobre el comercio mundial en 1979 En conjunto, no parece probable que el volumen del comercio mundial pueda aumentar en 1979 mucho más que en 1978”
Esta situación se agravó En febrero de 1979 la revista Comercio Exterior decía en su editorial:
“Es difícil predecir cuáles serán las modificaciones concretas en las modalidades actuales del comercio internacional, que resulten de la presente etapa de negociaciones del GATT Empero, es evidente que los resultados de dicha etapa, llamada ronda de Tokio, serán desfavorables para la mayoría de los países del Tercer Mundo”
Tras de señalar que las negociaciones del GATT han centrado su atención, “casi exclusivamente, en problemas que perturban el comercio de los países capitalistas industrializados”, la revista del Banco Nacional de Comercio Exterior indica que “resulta imprescindible destacar que el proteccionismo de los países industrializados ha perjudicado, en primer lugar, a los subdesarrollados”
Y agrega:
“En un estudio el FMI reconoce la discriminación comercial de los países ricos contra los periféricos, al indicar que se agravará el problema de la competencia de la importación en el campo de los productos industriales, ya que posiblemente seguirá su curso la diversificación de la exportación de los países en desarrollo”
Cita Comercio Exterior la condena al proteccionismo comercial, contrario a los postulados del GATT, que hizo el presidente del Banco Mundial, Robert McNamara Añade que en las negociaciones del GATT en Ginebra no se tuvieron en cuenta los intereses de los países subdesarrollados
En este contexto se ubica la posible participación de México en el GATT Hablando de países subdesarrollados en general, entre los cuales se cuenta a México, la citada revista da su diagnóstico del porqué se asocian, no obstante, al GATT: “se verán presionados más que nunca a integrarse a los acuerdos arancelarios para no arriesgarse a que sus ya precarios nexos con la economía mundial se debiliten adicionalmente”
¿Qué originarán los códigos de conducta en los países en vías de desarrollo que ingresen al GATT? Dice: “el sacrificio arancelario que se les exija sin duda provocará nuevas crisis en sus economías internas y perjudicará la acumulación y el nivel de vida nacionales”
La decisión de México respecto al GATT es firme De la conclusión de participar en las negociaciones, asumida en 1973 por el entonces secretario de Hacienda, a los contactos más serios para asociarse con ese organismo, hay de por medio una serie de políticas que rebasan la discusión más allá de términos hamletianos: el problema no es ingresar o no en el GATT, sino qué rumbo tomará la economía Por lo pronto, la política económica, con GATT o sin GATT, avanza hacia su internacionalización al sustituir permisos de importación por impuestos arancelarios