Clientes: prostitutas, homosexuales, teporochos

Clientes: prostitutas, homosexuales, teporochos
“La vaquita” y “El torito” Para los que no pueden comprar un policía
Federico Gómez Pombo
Sorda ante cosas como la mala distribución del ingreso, la sociedad mexicana —que sigue sin ofrecer suficientes empleos— exige en cambio castigo contra los más marginados de sus marginados sociales: centenares de miles de “teporochos”, vagos y homosexuales pobres arrastran en 1978 su carga de miseria, de necesidad, de hambre y de autodevaluación hacia la única salida que se pone a su alcance: la cárcel
Dos establecimientos de reclusión que funcionan en el Distrito Federal, bautizados por el folclorismo penitenciario con los nombres de “La Vaquita” y “El Torito”, tienen a su cargo la “especialidad” de desagraviar a la sociedad de la existencia de cada vez más prostitutas y homosexuales: tanto es así que la gran mayoría de sus internos pertenecen a este renglón de la patología social
Muchos de los funcionarios encargados de administrar los sistemas penitenciarios de la capital están —ahora mismo— alarmados con la nula posibilidad de que esos dos reclusorios puedan ser otra cosa que “cajas de tirar basura” y realicen ciertas tareas de rehabilitación para las cuales están de momento impedidos
El propio director general de Reclusorios del Departamento del Distrito Federal, Humberto Lira Mora, —entrevistado luego de que Proceso recorrió “La Vaquita” y “El Torito”— llegó a la siguiente convicción:
“La sociedad mexicana es muy exigente con las cárceles y les pide resolver adentro los problemas que no puede resolver afuera”, dice refiriéndose a esos dos reclusorios, donde van a parar quienes cometen faltas contra el llamado Reglamento de Policía del DF, una de ellas, precisamente, la del “ejercicio del comercio carnal”
OFICIALMENTE, HAY 60,000 PROSTITUTAS
¿Cuantas prostitutas hay en el DF y cuáles son las que llegan a “La Vaquita”?
Según estimaciones oficiales, existen aquí unas 60 mil mujeres dedicadas “al oficio más viejo” —ese lugar común que encubre la suma de todas las desigualdades—; de esa cifra, alrededor de 50 mil trabajan a diario en ese círculo de la prostitución en cuyo eje está un negocio que genera, se sabe, cuando menos 2 mil 737 millones de pesos al año y en cuyas orillas se entreveran mujeres, leones, conseguidores, empresarios cabareteros, policías, y algunos comandantes y otros “agentes de gobierno”
Pero no todas las prostitutas que infringen el reglamento de policía son pastura para alimentar a “La Vaquita”
—Por lo general aquí llegan nada más las que no tienen dinero para pagar la multa de cinco mil pesos que fija el reglamento, las que no pueden “arreglarse” antes con el policía que las sorprende “trabajando”; digamos que nuestras prostitutas habituales son aquellas que no han aprendido a desempeñar otro oficio; casi lo único que saben hacer es caminar, afirma la directora el célebre reclusorio, doctora Mercedes Vargas
Una reciente campaña de prensa denunciando la extorsión policiaca de las prostitutas, hizo el “milagro” de vaciar el reclusorio en los días en que acudió el reportero
Sin embargo, las 14 mujeres recluidas allí en esos días son el arquetipo de las otras 250,300, o más que llegan cuando se realizan redadas ordenadas, por lo general, por los delegados del DDF en Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo, en cuyo perímetro se encuentran las colonias Guerrero, Merced y la “zona turística” de Garibaldi, en el barrio de Tepito
Revisando los registros de ingreso es fácil encontrar algunas de las razones de la creciente prostitución:
“Nombre: RHA ocupación anterior, costurera; ocupación actual: prostitución”
“Nombre: HMN: ocupación anterior: lavar y planchar; ocupación actual: prostitución”
Y pueden encontrarse casos en los que esta patología social exhibe no sólo los habituales problemas de alcoholismo, drogadicción y promiscuidad:
“Nombre: BSH, 31 años, ocupación actual: prostitución; hijos: dos (8 y 5 años); “La interna vive con su esposo y su suegra es quien controla el dinero; ambos saben de qué trabaja la interna; forman un núcleo familiar desorganizado”, etcétera:
Estas y otras mujeres que sobreviven de la prostitución, una vez que son detenidas por algún uniformado o por la temida “panel”, una vez que no pueden “aflojar”, o no quieren, los 300 o 500 pesos que les exigen los representantes de la ley, son conducidas ante un juez que les conmuta la multa de cinco mil pesos por 15 días de estancia en “La Vaquita”
Dice la directora de este reclusorio:
—Muchas prefieren no pagar y ser traídas a la cárcel: total, aquí se les curan las enfermedades venéreas y hasta se reúnen con sus conocidas de siempre, les resulta a veces como tomar unas vacaciones, pese a que pierdan la libertad Las reincidentes múltiples van en aumento
Esta creciente especialización de “La Vaquita” como cárcel para prostitutas pobres —”es muy raro que caiga aquí una motorizada de Tíber”— preocupa al director general de Reclusorios:
—Actuamos, dice Lira Mora, en el final de una cadena, no en su origen y esa es por ley nuestra función; sin embargo “me siento muy mal porque no tenemos una solución eficaz para este problema quizá el mejor camino que le encontremos a `La Vaquita’ sea desaparecerla en su función de cárcel para prostitutas”
Los gastos de “La Vaquita” para la atención de las reclusas son de alrededor de 200 pesos diarios por cada una de ellas “Estas cárceles son muy caras, pero esto no es lo más importante La intención es —agrega Lira Mora— que ambas (“El Torito” también) dejen de cumplir esa función denigrante de ser los sitios de detención de personas cuyos actos son consecuencia de injusticias sociales, y que se conviertan más en centros asistenciales”
Pero las cosas se complican y eso lo sabe el director de Reclusorios Entre tanto se hacen estudios para “encontrarle” caminos a “La Vaquita”, los intereses que gravitan alrededor de la prostitución, de la venta de enervantes y de alcohol en forma clandestina van formando, día con día, un mullido tapete de conformidades y complacencias que hacen más difícil el introducir cambios
De tal modo, una simple medida administrativa para combatir la prostitución como lo fue elevar la multa económica del “comercio carnal” en 1970, de mil pesos máximo a la cantidad actual de cinco mil, no hizo sino encarecer el precio de los sobornos a los agentes: las prostitutas que ya lo eran, tenían —y tienen a partir de entonces— que trabajar más para resarcirse de las exacciones legales y extralegales a que están expuestas
—”Putas putas, pero ya nadie da `cachucha’ en estos tiempos, y menos a los `tiras'”, explica una detenida al relatar al reportero que llegó a “La Vaquita” por no querer dar un servicio gratuito a un policía
OTRA CARCEL PARA LOS SIN DINERO
Al reclusorio hermano de “La Vaquita” —”El Torito”— que se encuentra en Azcapotzalco, llegan los infraccionados por faltas tales como manejar en estado de ebriedad, por escandalizar en la vía pública, o por agredir (?) las buenas costumbres; sin embargo —cárcel para curar en estos casos a quienes les da “fiebre de sábado en la noche”— el reclusorios mencionado alberga principalmente a homosexuales, vagos y “teporochos” sin dinero
Al igual que sucede con las prostitutas pobres, los clientes habituales de “El Torito” vienen de los mismos lugares; “garibaldeños” de cepa prefieren muchos de ellos “irse a quincear” (estar presos 15 días) que entregar a los policías un dinero que ni les sobra o del que de plano carecen
Un “teporocho” al que apodan “El Pajarito”, con una cifra “récord” de 60 ingresos en “El Torito” a lo largo de diez años, revela en su plática entrecortada la trabazón que mantiene viva, por redituable, la industria de la patología social en el DF
—A mí me agarran siempre los policías de la Tercera Delegación Querían 500 pesos para soltarme: pss, ¿de dónde? Y como no traía nada, “vas pa’rriba” ellos pagan también; tienen que dr de 200 a 300 pesos cada uno por lo que saquen, pero yo digo: ¿por qué agarran a los que sacamos 50, 80 pesos buscándole?, ¿por qué no agarran a los canijos que ganan más que uno?
“El Pajarito” coloca botellas de licor, de venta toleradamente “clandestina” entre los asistentes a Plaza Garibaldi Trabaja lo suficiente para obtener dinero y emborracharse a gusto Dice que la botella se la dan a él para que la venda en 250 pesos “con todo y el servicio de hielo y refrescos”; obtiene 30 pesos por botella que logra colocar
—¿Y por qué no revende botellas compradas en la tienda? es mejor negocio ¿no?
—No, eso ya está controlado por “El Capitán” así le dicen, es “tira” y trabaja creo en la DIP además ya somos bastantísimos los que andamos vendiendo y cada vez cuesta más trabajo encontrar clientes, cuantimás con el frío y los clientes se van a meter a los restaurantes
“El Pajarito”, cuyo principal infortunio sea quizá tener que vender licores “finos” para luego terminar emborrachándose con alcohol de “96”, tiene inclusive una especie de tarifa que le permite saber a cuánto equivale cada falta en contra de lo que marca el reglamento de policía:
—La lana varía: por orinar en la vía pública es un cien; “otras cosas” son un 200, pelearse un quinientón o depende como se ponga la cosa
—¿Y por vender alcohol?
—Eso es de “El Capitán” ¿no le digo?
El licenciado Lira Mora considera que los reclusorios para faltas administrativas como “La Vaquita” y “El Torito” no son las únicas entidades anacrónicas en el panorama actual penitenciario:
El propio reglamento de “Faltas de Policía en el Distrito Federal” es producto también, dice, de una concepción equivocada de lo que son las faltas administrativas (Ver recuadro)
Sin embargo, el funcionario admite que mientras estén en vigor esas disposiciones tienen que existir los reclusorios de faltas administrativas: “Lo deseable es que desaparecieran, aunque quizá esta sociedad no está aún preparada para resistir la ausencia de normas de ese tipo” (se refiere al reglamento de policía)
Afirma tajante el director general de Reclusorios:
“Ni diez vaquitas ni cien vaquitas servirán para resolver el problema de la prostitución”
Algo de avance será, dice, el que se creen reglamentos para los reclusorios, ahora no los tenemos ni para “La Vaquita” ni para ningún otro reclusorio las cárceles se están manejando por el teléfono y no con la ley, ello hace que los funcionarios dispongamos de un poder discrecional muy parecido a la arbitrariedad La norma —buena, mala, acertada o equivocada— la establece el director del reclusorio y no una ley
—¿Debe reglamentarse la prostitución en México?
—No Lo que debe reglamentarse es en este caso “La Vaquita”
Lira Mora, que estudia la instauración de reglamentos para la operación del sistema penitenciario mexicano, es poco optimista de los resultados que tendría un reglamento en “La Vaca” y en “El Toro” par abatir la prostitución en el DF
Dejarían de ser por lo pronto lugares de extinción de penas en el caso de la prostitución y se convertirían o serían sustituidos por centros asistenciales, y por esa vía podrían descender la extorsión, la explotación y la proliferación de enfermedades venéreas que acarrea este fenómeno Pero nada más
NINGUN PROYECTO INTEGRAL
—¿Existe en México algún programa coordinado de dependencias cuyas funciones tienen qué ver con este problema directa o indirectamente? ¿un proyecto integral por ejemplo?
—No lo hay Lo que puede ser integral para una institución no tiene por qué serlo para la sociedad en su conjunto Así como no existe un planteamiento integral de la delincuencia tampoco existe uno para la prostitución
Si el problema es del funcionamiento de las cárceles, entonces la solución deberá partir de aquí, pero si usted me pregunta por enfoques integrales de la prostitución, pues yo no soy el director de prostitución en el DF
—¿Lo hay?
—Al problema al que toca hacerle frente por nuestra parte es el funcionamiento de las cárceles
—Pero ¿usted acuerda por ejemplo con el director de Policía y Tránsito y con otros directores que alguna relación tienen con el manejo del problema de la prostitución en el DF?
—Obviamente que hay una interdependencia, obviamente que hay comunicación y hay relación, pero un enfoque integral del asunto no lo planteará la dirección de Reclusorios porque no es una entidad pública apta para hacer un planteamiento como ese, responde Lira Mora
Así, mientras crecen las desigualdades que se generan con la prostitución, las soluciones administrativas para paliar el problema mediante adecuados reglamentos enfrentan —ellas también— otros obstáculos que, a final de cuentas, sólo contribuyen a afianzar la idea inevitable de la prostitución de bajo nivel como un hecho tan real y tan difícil de resolver como lo son el hombre, la salud, la educación y el empleo
En el plano de las concepciones internacionales acerca de la prostitución México se inscribe entre los países que sostienen la llamada tesis abolicionista
Y hay, por lo visto, serias razones para que así sea: Sostener la tesis opuesta, la que defiende que la prostitución debe reglamentarse y ya, resultaría en un reconocimiento de que el desempleo, la miseria y el subdesarrollo que generan este fenómeno no tienen solución en nuestro país, y que “algo puede hacer” la prostitución para que aumenten las oportunidades del ascenso social ante el fracaso de otras formas
SIN REGLAMENTO, MEJOR NEGOCIO
Pero por otra parte, también es cierto que la falta de reglamentación solo aviva el negocio de la prostitución: más abundancia de lenones que otorguen protección y en suma, más explotación de mujeres y marginados, más negocio en la “clandestinidad”
El licenciado Lira Mora describe uno sólo de los conflictos que se tendrían si se reglamentara la prostitución:
“El Estado se convertiría en vigilante de cosas tales como un registro sanitario y sancionaría elocuentemente a la prostitución”, e insiste luego vagamente en que “al problema hay que irle haciendo frente”
En que “algo será que existan reglamentos”
En que “cada funcionario debe ser eficaz en su área”
En que con reglamentos, “La Vaquita” y “El Torito” serán menos indignantes”