Octavio Paz No. 57

Octavio Paz
“La conciencia es lo contrario de la razón de Estado”
Julio Scherer García
Octavio Paz dijo a Proceso que los Intelectuales pueden ser útiles dentro del Gobierno, “a condición de que sepan guardar las distancias con el Príncipe”
Dijo también que la conciencia es lo contrario a la razón de Estado, aquello que “ocurra lo que ocurra nos lleva a oponernos a todo lo que atente contra la dignidad de la vida” Y llamó al Estado “monstruo frío” que a todos amenaza en el mundo entero
Fue violento contra la derecha y la izquierda mexicanas De la primera afirmó que es acomodaticia y oportunista, sin un proyecto nacional “El país, para ella, no es el teatro de su acción histórica sino un campo de operaciones lucrativas” A la izquierda la llamó “murmuradora y retobona, que piensa poco y discute mucho”
Dijo el Premio Nacional:
“Las diferencias entre el Partido Comunista Mexicano y los patrones de Monterrey son enormes, pero ambos grupos creen que en el desarrollo industrial y económico está la salvación de México Son adoradores del Progreso, aunque unos juren por Ford y los otros por Lenin Pero hoy sabemos que las dos vertientes de la sociedad industrial moderna —la democracia capitalista y el colectivismo burocrático mal llamado “socialista”- terminan en un impasse
¿No es hora de buscar otro camino?”, se preguntó
Como volvería a interrogarse:
“¿Despertará la durmiente del bosque?”
Remataría la entrevista con reflexiones sombrías teñidas de esperanza y una pregunta final Resumió:
“La conjunción del exagerado crecimiento demográfico y del centralismo político y económico es explosiva El centralismo, sea en la forma de monopolios capitalistas (nacionales y extranjeros) o en la forma de monopolios estatales, agudiza las enormes diferencias —que— separan los mexicanos y hacen de cada clase social un mundo aparte, una plaza fuerte, y de cada individuo una planta espinosa A su vez, el crecimiento demográfico puede paralizar nuestro modesto desarrollo económico y convertir a la ciudad de México, por ejemplo, en otra y más vasta Calcuta Aunque con lentitud desesperante, nos encaminamos hacia formas políticas más democráticas La demografía puede paralizar también este proceso Cierto, tenemos el petróleo Puede aliviar nuestros males, no curarlos Agotado, la recaída será peor
“Nuestra pobreza es nuestra verdadera y única riqueza: la gente Esa población desocupada, pasiva, ignorante, que nos parece una piedra atada al cuello, puede convertirse en brazos que trabajan e inteligencias que piensan Si el almacén de proyectos históricos que fue Occidente se ha vaciado, ¿por qué no ponernos a pensar por nuestra cuenta,
por qué no inventar soluciones? ¿por qué no poner en entredicho los proyectos ruinosos que nos han llevado a la desolación que es el mundo moderno y diseñar otro proyecto, más humilde pero más humano y más justo?”
EL PADRE Y EL ABUELO LA RAIZ HASTA LO HONDO:
Pregunto a Octavio Paz:
La mayor parte de los escritores mexicanos han descubierto la política en sus años de estudiantes un universitarios Tu situación, Octavio, es diferente y singular; podríamos decir que naces en la política Por una parte, el año de tu nacimiento (1914: triunfo de la coalición revolucionaria contra Huerta, Primera Guerra mundial) Por otra, tu abuelo, a quien alcanzas a conocer, el general Irineo Paz, una figura importante de liberalismo mexicano; y tu padre, un intelectual capitalino ligado al zapatismo y que llega a representar a Zapata en los Estados Unidos ¿Cómo influyen en ti estas condiciones, podemos decir, excepcionales? ¿Qué herencia política recoges de tu padre y de tu abuelo?
Mi padre y mi abuelo eran muy distintos Como todas las casas, la mía era el teatro de la lucha entre las generaciones (aparte de la otra, tal vez más profunda, entre los sexos) Mi abuelo —periodista y escritor liberal— había peleado contra la Intervención Francesa y después había creído en Porfirio Díaz Una creencia de la que, al final de sus días, se arrepintió Mi padre decía que mi abuelo no entendía la Revolución Mexicana y mi abuelo replicaba que la Revolución había sustituido la dictadura de uno, el caudillo Díaz, por la dictadura anárquica de muchos: los jefes y jefecillos que en esos años se mataban por el poder Ni a mi abuelo ni a mi padre les alcanzó la vida para ver cómo la fundación del PNR resolvió, la disyuntiva entre dictadura y anarquía por la instauración de una “democracia dirigida” Mi abuelo tenía razón pero también era cierto lo que decía mi padre: los viejos liberales, además de haber caído en la idolatría del “hombre fuerte”, habían mostrado una extraordinaria ceguera ante los problemas sociales de México Mi padre decía que él había descubierto al verdadero México al convivir, durante la Revolución, con los campesinos de Morelos, Guerrero y Puebla Muchos antiguos zapatistas visitaban mi casa Entre ellos Antonio Díaz Soto y Gama, una figura quijotesca a la que quise y admiré mucho Después fui alumno suyo en la cátedra de Historia de la Revolución Mexicana, que impartía en San Ildefonso
Mi padre me había iniciado en el conocimiento de la otra historia de México al hablarme de la lucha de los campesinos por la tierra Soto y Gama completó y amplió esta iniciación y me dio otra visión de México Comprendí que desde la Independencia nuestro país se esfuerza por convertirse en una sociedad moderna y que este propósito había inspirado lo mismo a los viejos liberales como mi abuelo que, aunque con métodos distintos, a los positivistas porfirianos Al margen de estas “soluciones por arriba” y a veces contra ellas, una y otra vez, los campesinos mexicanos habían intentado establecer, en escala reducida y regional, un tipo de sociedad no-progresista pero más justa, libre y humana Una sociedad regida no por una ética “productivista” sino por reglas de convivencia social fundadas en una moral pre-capitalista El calpulli era la semilla social y económica de esta utopía milenarista, extraída no de los libros sino de la tradición campesina El zapatismo fue la expresión más radical de este milenarismo Desde entonces comencé a hacerme algunas preguntas que sólo más tarde, en El Laberinto de la soledad, logró expresar con cierta claridad No creo, por supuesto, haber encontrado una respuesta Creo, en cambio, que el valor de mi libro, si alguno tiene, consiste en haber formulado esas preguntas Aunque mi abuelo y mi padre murieron antes de que surgiese el México contemporáneo, los dos puntos de vista que ellos representaban siguen teniendo extraordinaria actualidad El tema de mi abuelo, la democracia: México sigue siendo, en materia política, a pesar de la Constitución y la retórica oficial, un régimen patrimonialista como los del siglo XVII Con mayor libertad y autoridad que los virreyes de Nueva España, que lo hacían en nombre del rey, los gobernantes mexicanos rigen la cosa pública como si fuese su patrimonio personal El tema de mi padre: por más urgente que sea la reforma política, el problema que debería ser el centro de la reflexión y la discusión es el de la modernización o, como se dice ahora, el desarrollo Los grupos dirigentes mexicanos sucesivamente han adoptado los modelos políticos, económicos y sociales que les ofreció Occidente: liberalismo democrático, evolucionismo positivista, capitalismo clásico y en sus distintas versiones, socialismo Las diferencias entre el Partido Comunista Mexicano y los patronos de Monterrey son enormes pero ambos grupos creen que en el desarrollo industrial y económico está la salvación de México Son adoradores del Progreso, aunque unos juren por Ford y los otros por Lenin Pero hoy sabemos que las dos vertientes de la sociedad industrial moderna —la democracia capitalista y el colectivismo burocrático mal llamado “socialista”- terminan en un impasse ¿No es hora de buscar otro camino?
Cumples 15 años cuando Vasconcelos inicia su campaña presidencial: ¿Llegas a participar en el vasconcelismo? ¿Te afecta el desengaño que sufrieron quienes eran en 1929 un poco mayores que tú? ¿Qué piensas, casi medio siglo después, de esa única y frustrada tentativa de un intelectual mexicano por hacerse del poder? (Del poder real, no de sus inmediaciones como consejero, ideólogo, redactor de discursos o elemento decorativo)
Yo participé en la gran huelga estudiantil de 1929 pero no en el movimiento vasconcelista Muchos amigos y compañeros, casi todos mayores que yo, sí fueron vasconcelistas militantes Algunos de ellos, después de la derrota, se orientaron hacia el marxismo y comenzaron a trabajar en organizaciones y partidos radicales Otros derivaron hacia posiciones de signo contrario: las juventudes católicas, Acción Nacional, el sinarquismo Otros más escogieron el camino de la colaboración con el Gobierno Justificaron esta táctica en nombre del realismo y la eficacia Seguían así el ejemplo de la generación anterior: Gómez Morín, Lombardo Toledano, Bassols, Alfonso Caso, Cosío Villegas Años más tarde Lombardo Toledano perfeccionó esta política con una suerte de doctrina metafísica fundada —claro, en la dialéctica marxista— que le permitió apoyar a todos los presidentes y, al mismo tiempo, hacer cada dos o tres años peregrinaciones rituales a la Plaza Roja
Es comprensible la obsesión de los intelectuales mexicanos por el poder En nuestra escala de valores el poder está antes que la riqueza y, naturalmente, antes que el saber Cuando los mexicanos sueñan con la gloria, se ven el pecho cruzado por la banda trigarante No predico la abstención: los intelectuales pueden ser útiles dentro del Gobierno condición de que sepan guardar las distancias con el Príncipe Gobernar no es la misión específica del intelectual El filósofo en el poder termina casi siempre en el patíbulo o como tirano coronado Los que mueren antes, como Lenin, tampoco se escapan: los embalsaman y los transforman en fetiches El intelectual, ante todo y sobre todo, debe cumplir con su tarea: escribir, investigar, pensar, pintar, construir, enseñar Ahora bien, la crítica es inseparable del quehacer intelectual En un momento o en otro, como Don Quijote y Sancho con la Iglesia, el intelectual tropieza con el poder Entonces el intelectual descubre que su verdadera misión política es la crítica del poder y de los poderosos
La derrota salvó a Vasconcelos Si triunfa, habría acabado mal (Aunque, de todos modos, acabó mal Lástima: un hombre admirable y al que no es inexacto llamar, en todos los sentidos de la palabra, genial) El gran fracaso del vasconcelismo no fue la derrota electoral sino la incapacidad de Vasconcelos y sus amigos para formar un auténtico partido político con un programa propio Gómez Morín lo intentó después, sin mucho éxito Una pregunta que no se han hecho nuestros politólogos: ¿por qué no hay partidos políticos en México? Si los hubiese, Reyes Heroles no habría tenido necesidad de inventar la actual reforma política
Aunque claramente y desde un principio tu vocación es poética y no política, en los años treinta te pareces a muchos jóvenes de los setenta: estudias marxismo, escribes poemas contra el avance fascista, vas a España en plena guerra y luego a Yucatán a enseñar a leer a los campesinos ¿Qué piensas hoy de ese muchacho que fuiste? ¿Qué piensas de los muchachos que hoy son como tú fuiste hace 4O años?
Es natural sentir un poco de ternura por el muchacho que fuimos Pero un poco de ironía y dos o tres coscorrones no le harían daño a ese fantasma juvenil En 1937 la amenaza eran Hitler y sus aliados Hicimos bien en oponernos Además, había la gran esperanza encendida por la Revolución de Octubre en Rusia Ahora sabemos que ese resplandor, que a nosotros nos parecía el de la aurora, era el de una pira sangrienta La situación de 1977 es muy diferente a la de 1937 Después de miles de testimonios —en un extremo los de Trotsky y Víctor Serge, en el otro los de Souvarine y Solyenitzin, en el centro el informe de yen Kruschef— es imposible cerrar los ojos La peste totalitaria, por lo demás, no es un monopolio soviético: se extiende a China y a todos los países que, en la Europa del Este y el Sudeste asiático, se llaman socialistas (Una excepción, a medias: la Yugoslavia de Tito) Yo no me atrevo a juzgar a ningún joven Sé que el impulso que los mueve es, casi siempre, la generosidad y la indignación ante las miserias e injusticias materiales y morales de nuestro mundo Sin embargo, me parece inexcusable ignorar o callar la realidad de la URSS y los otros países “socialistas”
¿Por qué has excluido de Libertad bajo palabra casi toda tu poesía política o comprometida de esos años? ¿No ves en ello una falla de solidaridad para con tu propio pasado? ¿Cuáles son los poemas más representativos que ahora quieres olvidar o sepultar?
Excluí de la segunda edición de Libertad bajo palabra más de cuarenta poemas y entre ellos sólo uno era de tema político (Elegía a un compañero muerto en el frente de Aragón) En cambio, dejé otro (El barco), también inspirado por la guerra de España, porque me sigue gustando Esto te demuestra que las exclusiones han sido por motivos de orden estético y no político Y hay algo más: a pesar de que el poema excluido no me gusta, he decidido reintroducirlo en la edición de mi Obra Poética que publicará Seix-Barral el año próximo La razón, en este caso, es moral, política y afectiva: ese poema está dedicado a mi amigo y camarada José Bosch, un joven anarquista catalán que vivió en México cuando yo era estudiante y que, en 1930, fue expulsado de nuestro país por el Gobierno Bosch influyó mucho en mí y en otros amigos Gracias a él pude conocer relativamente temprano el pensamiento libertario La historia de Bosch es dolorosa pero larga de contar Aquí diré solamente que fue una víctima, una más, del franquismo y del estalinismo Otros dos poemas han sido, excluidos: ¡No pasarán! y Oda a España No por razones ideológicas sino por su indigencia poética En cambio, hay un poema bastante más importante que los que he citado Entre la piedra y flor, de tema también social, que aparece en todas las reediciones de mis libros Como nunca me he sentido totalmente satisfecho con ese texto, el año pasado escribí una nueva versión Apareció en el número 9 de Vuelta
Cuál fue tu experiencia durante el cardenismo, especialmente tu actitud en Yucatán, y cómo fue tu gran descubrimiento de la miseria mexicana
Fui a Yucatán, en 1937, para fundar, con Octavio Novaro y Ricardo Cortés Tamayo, una escuela secundaria para hijos de trabajadores El poema que acabo de citar Entre la piedra y la flor, expresa mis sentimientos de entonces y de ahora Reproduzco un fragmento de la nota que acompañaba, en Vuelta 9, a la nueva versión del poema: “El Gobierno había repartido la tierra entre los trabajadores pero la condición de éstos no había mejorado Por otra parte eran (y son) las víctimas de la burocracia gremial y gubernamental que ha sustituido a los antiguos latifundistas; por la otra, seguían dependiendo de las oscilaciones del mercado internacional Quise mostrar la relación que, como un verdadero nudo estrangulador, ataba la vida con creta de los campesinos a la estructura impersonal, abstracta, de la economía capitalista”
En la entrevista que te hizo recientemente, Elena Poniatowska dijo que siempre habías sido anticomunista Pero hay otros que te consideran trosquista ¿Qué piensas de Trotsky? ¿Cómo influyó en ti su llegada a México y, sobre todo, su asesinato por órdenes de Stalin?
Yo me atrevo a corregir un poco a mi querida amiga Elena Poniatowska: Octavio Paz no ha sido nunca anticomunista pero es, desde hace mucho, un enemigo de la burocracia que ha convertido a URSS y a otros países “socialistas” en ideocracias totalitarias Pensar así no me Convierte en un anticomunista: el que asesinó a los comunistas fue Stalin, no sus críticos Pero lo mejor, para deshacer el equívoco, será citar un párrafo hacer el equívoco, será citar un párrafo de El arco y la lira: “La idea de una comunidad universal en la que, por obra de la abolición de las clases y del Estado, cese la dominación de los unos sobre los otros y la moral de la autoridad y del castigo sea reemplazada por la de la libertad y la responsabilidad personal —una sociedad en la que, al desaparecer la propiedad privada, cada hombre sea propietario de sí mismo y esa propiedad individual sea literalmente común compartida por todos gracias a la producción colectiva; la idea de una sociedad en la que se borre la distinción entre trabajo y arte— esa idea es irrenunciable Renunciar a ella sería renunciar a lo que ha querido ser el hombre moderno, renunciar a ser El marxismo es la última tentativa del pensamiento occidental por reconciliar razón e historia” Pero en la misma página añadía: “Si ha de surgir un nuevo pensamiento revolucionario, tendrá que absorber dos tradiciones desdeñadas por Marx y sus herederos: la libertaria y la poética” Por desgracia, el marxismo se ha mostrado incapaz de absorber esa traición de libertad y esa es la razón de su petrificación en el Este europeo y de su crisis en Occidente y en América Latina El maestro de mis adversarios, el filósofo comunista francés Luis Althusser, hace unas semanas, en una conferencia en Venecia que algunas llaman “confesión ideológica”, admite al fin que hay un mal que roe a la doctrina, aunque no se atreve a diagnosticar la enfermedad: “Sí, el marxismo está en crisis Asumamos todas las contradicciones y las lagunas de la teoría para darle a la crisis del marxismo su función liberadora”
Admiré y admiro profundamente a Trotsky Al escritor, al político, al hombre Pero no cierro los ojos ante los aspectos aterradores de su pensamiento y de su actividad política Trotsky contribuyó poderosamente a que la idea de Marx sobre la dictadura del proletariado se convirtiese en la de la dictadura del partido comunista sobre los otros partidos proletarios y sobre el proletariado mismo Lenin, Trotsky, Bujarin y los otros bolcheviques tienen una indudable responsabilidad, aunque no hayan sido esas sus intenciones, no sólo en la instauración de la tiranía paranoica de Stalin sino en la transformación del antiguo imperio zarista en una ideocracia totalitaria ¿Qué pensaría hoy Trotsky? Sus últimos escritos me hacen pensar en una rectificación de muchas de sus ideas Tal vez habría vuelto a ser el menchevique que fue en su juventud Natalia Sediva, su viuda, un poco antes de morir renunció a la IV Internacional
¿Qué determinó tu ruptura con los comunistas: el pacto Hitler-Stalin, la muerte de Trotsky? ¿Qué consecuencias tuvo esta ruptura para tu vida y tu trabajo?
La política del Frente Popular despertó en mí, al principio, ciertas resistencias y escrúpulos Pero mis amigos comunistas me convencieron: ante el avance de Hitler la táctica adecuada era la unión de todos los antifascistas Esa fue la política que defendimos en El popular De ahí que el pacto entre Hitler y Stalin me haya escandalizado e indignado Dejé el periódico y me alejé de mis amigos Me quedé muy solo Por fortuna había algunos que pensaban como yo En cambio la ruptura de Neruda y otros fue total y dolorosa Los debates de aquellos años —también los de ahora— pertenecen no tanto a la historia de las ideas políticas como a la de la patología religiosa Se trata de un desplazamiento del objeto religioso: se pasa de la adoración a una divinidad a la de una idea y de ésta a la adoración de los sistemas y los jefes Se termina en la androlatría, el culto a un hombre divinisado Lo más extraño es que esta enfermedad —a la que le conviene más que a la lepra la denominación de “mal sagrado”- ataca a gente de gran imaginación y sensibilidad Extraña corrupción: las intenciones y los sentimientos del creyente son puros pero el objeto de su creencia es vil En estos años conocí a Víctor Serge Mis conversaciones con Serge aclararon mis ideas políticas como, durante mi adolescencia, la amistad con Bosch había templado mi carácter Pero la acción de Serge no fue exclusiva y predominantemente teórica: la que me impresionaba en él no eran las ideas —aunque las tenía y brillantes— sino el corazón, la nobleza de alma Años después, al conocer a Bretón, recordé a Serge: ambos eran lo que se llama hombres de conciencia Y la conciencia, decía Bretón, es aquello que, “ocurra lo que ocurra, nos lleva a oponernos a todo lo que atente contra la dignidad de la vida” La conciencia es lo contrario de la razón de estado
¿Es cierto que durante la “guerra fría”, cuando los intelectuales de izquierda aún quieren suponer que los campos de concentración estalinianos son un invento de la propaganda anticomunista o, en el mejor de los casos, que no debe hablarse de ellos “para no hacer el juego al enemigo”, tú te atreves a romper el silencio y publicas en la revista Sur de Buenos Aires documentos que luego aceptaron los Partidos Comunistas del mundo y el mismo XX Congreso de la URSS como irrefutables?
Sí, en 1950 reuní una documentación sobre los campos de trabajos forzados en la URSS Me serví sobre todo de los textos dados a conocer durante el proceso público que enfrentó David Rousseet al semanario comunista Lettres Francaises No pude publicar este trabajo en México: las publicaciones de izquierda y aun las liberales estaban paralizadas por la guerra fría Otra vez la razón de Estado y el argumento hipócrita: no hay que darle armas al enemigo José Bianco llevó mi texto a Victoria Ocampo y ella decidió, valerosamente, publicarlo en Sur En esa ocasión, como tantas veces, se me acusó de “anticomunismo”
Para deshacer esta vieja calumnia estalinista reproduzco la parte final de mi trabajo: “Pero es inexacto decir que la experiencia soviética condena al socialismo La planificación de la economía y la expropiación de capitalistas y latifundistas no engendran automáticamente al socialismo pero tampoco producen inexorablemente los campos de trabajos forzados, la esclavitud y la deificación en vida del Jefe Los crímenes del régimen burocrático son suyos y bien suyos, no del socialismo” Este texto apareció en marzo de 1951 Ha pasado un cuarto de siglo y estas frases hoy no tienen el sabor sacrílego que tenían cuando se escribieron Ojalá que esto haga reflexionar a los sacristanes que, después de santiguarse, me apedrean
Segunda y última parte en el próximo número