La imagen del canal 13

La imagen del canal 13
Crisis económica Desorganización administrativa Riñas internas
Roberto Vizcaíno
Sumergida en el caos administrativo, arrastrando una situación económica que la mantiene en la pérdida constante, presa de la corrupción, la televisión oficial se juega ahora su línea política, línea que se balancea entre un supuesto servicio a la sociedad y el servicio a intereses comerciales particulares
La pugna entre los grupos que luchan por su control dejó al descubierto la crisis económica y la desorganización administrativa que privan en el canal del Estado
Desde el inicio de la presente administración los dos grupos, encabezados por Luis de Llano Palmer y Pablo F Marentes —subdirectores de Producción y de Administración y Finanzas, respectivamente— han tratado de hacer prevalecer sus posiciones y sus criterios para la conducción de la televisora
Mientras que De Llano concibe el modo de hacer televisión como un medio de distracción y de entretenimiento fundamentalmente, Marentes sostiene que se debe dar prioridad a los factores de información, difusión cultural, servicios y entretenimiento De Llano sostiene también que la televisión oficial debe competir con el poderoso consorcio de la televisión comercial a través de “una guerra de guerrillas”, y Marentes afirma que el canal televisivo estatal debe cumplir una función distinta, crear su propia imagen institucional y no caer en la lucha con la televisión privada porque su interés es otro
El conflicto entre ambos grupos se agudizó y se hizo público el jueves 8 de septiembre con la agresión que sufrió Rafael Enríquez Lizaola, jefe de Información y Relaciones Públicas de Canal 13, realizada por Luis de Llano Palmer, Xavier Labrada y Carlos Alazraki —subdirector de producción, gerente de programación y asesor de producción respectivamente— El ataque, según se hizo constar en una acta firmada por personal de la televisora que se encontraba presente, fue provocado por un artículo periodístico de Miguel Angel Granados Chapa en la revista Siempre! sobre la orientación del canal En el artículo se deja ver que el grupo de Luis de llano trata de imponer criterios de la televisión privada en la del Estado
A raíz de este incidente, los protagonistas presentaron su renuncia a la directora del canal, doctora María del Carmen Millán A éstas se adjuntó la del mismo Marentes Después de un impase de 6 días, se aceptó la renuncia de Luis de Llano y la situación de Marentes quedó pendiente
Entrevistados por separado, Pablo Marentes y Carlos Alazraki —éste representante del grupo de Luis de Llano— dieron sus propias versiones de los hechos y de la situación que dio origen al enfrentamiento y que en sí configuran un panorama del canal y de la orientación por la que cada uno de los grupos luchaba
El subdirector de Administración y Finanzas, Pablo Marentes, expuso que la actual dirección del canal recibió la institución en una situación económica a tal grado difícil que en los momentos de la toma de posesión no existía un solo centavo en las arcas de la televisora
Explicó que la administración de Enrique González Pedrero, —obligado a concluir las nuevas instalaciones de Canal 13 en las faldas del Ajusco para que fueran inauguradas por el entonces presidente Luis Echeverría— destinó a los gastos de construcción todo el capital del ejercicio de 1976 Esto provocó que a partir del 7 de agosto de ese año, se suspendieran los pagos a los proveedores, a la ANDA, ANDI, apuntadores, músicos, extras, “free lancers” y otros servicios
Al recibir el canal, la nueva administración heredó con él una deuda a cubrirse en un plazo perentorio cercana a los 200 millones de pesos
El 6 de enero de 1977, a 9 días de la quincena, “tuvimos que iniciar un trámite ante la Secretaría de Hacienda para conseguir el dinero indispensable para poder pagar los sueldos atrasados a los empleados”, recordó Marentes
Al exponer esta situación ante los funcionarios de Hacienda, éstos ordenaron a Somex que otorgara de inmediato al Canal 13 un crédito por 20 millones de pesos, que tendría que ser pagado en un plazo improrrogable de 90 días Junto con el canal, la actual administración recibió también la solicitud hecha por González Pedrero de un presupuesto de 480 millones de pesos para el ejercicio de 1977 El gobierno federal autorizó el 48 por ciento del presupuesto solicitado
En forma colateral a la crítica situación económica y a la resistencia del nuevo régimen federal a continuar entregando recursos indiscriminados a la televisión oficial, Marentes encontró que en el Canal 13 existía excesivo número de personal “free lance” con altos honorarios, mientras que se desplazaba a personal de base con la especialidad y capacidad de aquellos y que además, sin trabajar, de todos modos cobraba (ver recuadro) Asimismo, Marentes detectó una ausencia absoluta de control administrativo de gastos de operación y producción Entre otros casos, descubrió que los comerciales se manejaban anárquicamente, lo que permitía que se introdujeran algunos “spots” subrepticiamente, mismos que algunos de los funcionarios del canal cobraban al margen de las operaciones contables de la empresa (cada comercial tiene un costo de 25,000 pesos por minuto)
En su calidad de subdirector Administrativo y de Finanzas, Marentes inició diversas acciones tendientes a establecer sistemas de control y vigilancia que permitieran un uso racional de los recursos económicos materiales y humanos de la institución Al mismo tiempo, debido a la situación económica crítica de la empresa, se decide hacer autosuficiente al canal a través de la venta institucional y ordenada del tiempo de la televisora Dentro de esta acción se planteó incluso, a nivel directivo, la posibilidad de reabrir el canal a los anuncios comerciales de vinos, licores, cervezas y tabaco, que se habían cancelado en 1973
A fin de realizar su proyecto de racionalización administrativa, Marentes ordena desde un inventario de materiales —que no existía— hasta la colocación de candados en los teléfonos para evitar llamadas de larga distancia sin autorización, muchas de las cuales se hacían incluso a Europa, pasando por el control del dinero de la “caja chica”, la que llegó a tener hasta 3 millones de pesos en efectivo —en muchas ocasiones este dinero fue utilizado indebidamente para préstamos a rédito
Junto con estas acciones, el subdirector Administrativo y de Finanzas dictó una serie de memorándums internos para especificar las obligaciones y funciones de cada uno de los directivos del canal en cuestiones de esa área
De Llano, con más de 4 años de trabajar en Canal 13 y muchos más en el medio televisivo privado, acostumbrado a manejar sin interferencias los recursos económicos y humanos de la producción, se sintió afectado por la política implantada por Marentes A partir de ese momento los roces y fricciones entre ambos subdirectores ocurrieron cada vez más frecuentes y agudos En sus reclamaciones directas a Marentes, De Llano manifestó constantemente su desacuerdo con las directrices administrativas y afirmó que él, como subdirector encargado de la producción, era la “imagen” y la “pantalla” del Canal 13, “que era lo importante” y para cuyo fin todos los recursos de la televisora debían ponerse a su disposición
Ante la insistencia de Marentes de que debía implantarse un orden administrativo básico, De Llano prosiguió con su forma de actuar tradicional —dice Marentes— y continúo manejándose en forma autónoma
La pugna llegó al choque frontal entre ambos subdirectores con dos asuntos, uno de carácter administrativo y el otro puramente comercial
El choque final se inició de hecho en el momento en que la directora María del Carmen Millán y Pablo Marentes dictaron una disposición mediante la cual se creó la coordinación general de ventas, para acabar con la anarquía en el manejo de anuncios comerciales y en la programación del canal la disposición introdujo cambios que le quitaron a De Llano el control de la transmisión de los comerciales y fijó pautas para crear una imagen distinta de Canal 13 ante la competencia y el medio comercial La nueva política comercial establecía como línea de trabajo que la publicidad tanto oficial como privada que manejara el canal contribuyera a difundir imágenes institucionales y no únicamente a promover ventas de productos determinados
Para instrumentar esta política se creó a su vez la Coordinación General de Ventas, que a través de dos gerencias aplicaría el nuevo sistema comercial, y que en el fondo buscaba que los anuncios comerciales y la publicidad transmitida por el canal tuvieran un contenido acorde con la orientación política de la televisora
El acuerdo dictado por la doctora Millán, con fecha 30 de junio de 1977, tres meses después no había sido cumplido por Luis de Llano Esto motivó que el gerente general de Compras y Controles, Luis Alfredo Saloma Robles, enviara un memorándum a la doctora Millán para explicarle que por falta de colaboración de la subdirección de Producción no se había podido instaurar un sistema de control de transmisión de comerciales
El punto de conflicto que culminó con la renuncia de Luis de Llano y la indefinición de la situación de Marentes se produjo a raíz del desacuerdo que ambos subdirectores tuvieron en relación con el proyecto de realizar un programa de televisión basado en los conciertos del cantante de rocanrol Joe Cocker
La realización de este programa fue promovida por Luis de Llano Macedo, hijo de Luis de Llano Palmer, subdirector de Producción Marentes se opuso desde un principio a que se realizara el programa, aduciendo los altos costos de la grabación a la poca probabilidad de recuperar el gasto
El subdirector Administrativo y de Finanzas expresó su desacuerdo, también, en razón de que la realización del programa permitiría que se llevaran a cabo diversas maniobras “irregulares” para promover la presentación en México de dicho cantante rocanrolero a través del canal oficial
Pese a lo anterior, los De Llano insistieron en la realización del programa con Cocker y esta actitud llevó a Marentes a ordenar la cancelación definitiva del proyecto y a enviar a los vigilantes la orden de no dejar salir ningún equipo de las instalaciones de Canal 13 destinados a esa grabación
El festival de Joe Cocker, organizado por De Llano Macedo en la Plaza de Toros de Cuatro Caminos —y que es donde se iba a filmar el programa—, concluyó, según una serie de notas informativas aparecidas en los diarios capitalinos, en actos vandálicos y con la detención de cerca de un centenar de jóvenes asistentes al espectáculo En las informaciones periodísticas al respecto, se señala que hubo consumo de drogas
Las primeras notas informativas atribuían la organización del festival al Canal 13 En boletín de prensa, Marentes desmintió tal versión y expresó que el canal oficial “jamás será promotor de espectáculos que no considere adecuados para el televidente, mucho menos que se forme una imagen negativa de lo que ahora estamos realizando”
Pero lo que más irritó a De Llano y su equipo, añade Marentes, fue el artículo periodístico mencionado, en el que se censura la creciente tendencia a comercializar las actividades del canal oficial
El propio De Llano, Xavier Labrada y Carlos Alazraki atribuyeron la publicación del artículo a las influencias y amistad de Marentes con el autor del artículo Y para reclamarle esto, el grupo de De Llano acudió al despacho de Marentes, pero al no encontrarlo, se dirigieron al de Rafael Enríquez Lizaola —colaborador de Marentes desde hace varios años—, jefe de Información y Relaciones Públicas del canal Le reclamaron airadamente, con lenguaje soez que fue respondido en los mismos términos por el agredido, según consta en un acta levantada después del incidente que terminó con la agresión física a Enríquez Lizaola
Inmediatamente después de este hecho, todos los involucrados, más Pablo Marentes, presentaron su renuncia ante la directora María del Carmen Millán Al cabo de seis días en los que privó en el interior del canal una situación de inquietud y tensión, la doctora Millán aceptó la renuncia de De Llano ordenando que se le entregara una liquidación cercana a los 700,000 pesos
El equipo de De Llano sostiene que su labor en el canal fue desarrollada teniendo en cuenta las directrices fijadas por la dirección del mismo en el sentido de hacer autosuficiente y autofinanciable a la televisora
En virtud de esta directriz, la programación del Canal 13 se elaboraba con la idea de hacer autofinanciable el canal, pero “sin caer en la vulgaridad y el mal gusto”
En ese sentido, dice Carlos Alazraki, la programación se balanceó con un contenido diversificado de las emisiones, procurando proporcionar al televidente elementos que “le dejen algo de utilidad para su formación” Citó Alazraki a los autores nacionales y extranjeros cuyas obras literarias y teatrales se trasmitieron en forma sostenida como parte de la política de difusión del canal Sin embargo, negó que la televisora oficial pueda dedicarse a trasmitir programas educativos “porque no somos escuela”
Alazraki sostiene, a título personal, que la lucha que se registró en la institución tiene su origen en la creciente importancia política y administrativa del Canal 13 Señaló que actualmente la televisora registra 11 puntos de reiting promedio —”el más alto de toda la historia”— y que gracias a la nueva programación se han logrado ventas por 87 millones de pesos
Atribuyó en cambio las deficiencias del canal al hecho de que en varios puestos directivos han sido designados políticos que “quizá también pudieron haber sido mandados a Guanos y Fertilizantes”
Alazraki consideró que el equipo de producción debió enfrentarse a serios problemas derivados de la crítica situación económica del canal y “no obstante, logramos aumentar la audiencia de la televisora y mejorar el contenido y calidad de la programación”
A juicio del asesor de De Llano, quien pierde con la pugna registrada es el teleauditorio y el único que puede ganar con ella es nuevamente el consorcio privado de la televisión
Por su parte, Pablo Marentes responde que la lucha entre él y De Llano se originó en la defensa de “intereses creados” por parte de éste y de un “contenido social” por la suya A juicio de Marentes, en Canal 13 más que una lucha por el poder se registró una pugna por la orientación y el contenido de la programación La tendencia que el subdirector administrativo trataba de imponer frente a la De Llano, establecía en orden de importancia la información, la difusión de la cultura, los servicios y el entretenimiento Igualmente en contra de la técnica de De Llano de “guerra de guerrillas” frente a la televisión comercial, Marentes sostiene que las preocupaciones del canal oficial deben estar alejadas de una lucha frontal por los sitios del reiting y por crear al contrario su propia imagen
El subdirector administrativo atribuyó al equipo de De Llano la ausencia de una política de programación coherente Al no existir ésta, ocurría frecuentemente que el auditorio del Canal 13 se desorientara con los horarios de transmisiones, ya que mientras los horarios publicados en los periódicos indicaban determinado programa en la realidad se pasaba otro diferente
Tanto Alazraki como Marentes, manifestaron su desconcierto ante el futuro que aguarda al canal