Organizaciones ambientalistas describen el turismo de los cruceros que llega a Cozumel como voraz y agresivo, por lo que piden al gobierno federal detener la construcción de un cuarto muelle para el atraque de ese tipo de embarcaciones. Esa industria masiva, dicen, va en detrimento del ecosistema –el principal sitio de restauración de corales del continente– y de la población. Thomas Goreau, presidente de Global Coral Reef Alliance y asesor senior de Naturalia AC, lamenta que se pretenda conservar las aguas cristalinas para ese tipo de turismo a cambio de la eliminación total de especies marinas.
COZUMEL, Q.R.– Ambientalistas, investigadores y defensores de esta isla lanzan un llamado de auxilio al gobierno federal: “¡Cozumel ya no aguanta más presión de turismo masivo. Están matando a la gallina de los huevos de oro!”.
Les preocupa la amenaza de ecocidio de los arrecifes por la inminente construcción y operación de un cuarto muelle para cruceros, incluido entre los 39 proyectos del Acuerdo para la Reactivación Económica que el presidente Andrés Manuel López Obrador firmó el 5 de octubre pasado con el sector empresarial.
“¡Cozumel ya no aguanta más presión de turismo masivo”, insisten. Y exigen que se detenga el proyecto en la zona, considerada uno de los principales destinos de cruceros del mundo.
Hasta antes de la pandemia, Cozumel registraba un crecimiento sostenido en el arribo de este tipo de navíos y la captación de turistas por esta vía. En 2013 recibió 894 cruceros que trajeron 2.7 millones de visitantes; en 2019 fueron mil 369 las embarcaciones que atracaron en los tres muelles, con más de 5 millones de cruceristas.
Eso, aseguran los conservacionistas, rebasó la capacidad de carga de la isla; otro muelle resulta perjudicial para la preservación de sus recursos naturales. Eso es lo que les preocupa.
Los ecosistemas y la población de la isla son los que padecen por la “voraz” y “destructiva” industria de los cruceros, dicen, mientras las ganancias son para los dueños del negocio. El proyecto es promovido por Muelles del Caribe, SA de CV, del empresario yucateco José Lorenzo Molina Casares.
De acuerdo con la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) que Muelles del Caribe presentó a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) para su autorización, el proyecto denominado “Muelle Cozumel, Terminal de Cruceros” se ubicará en la costa noroeste de la ínsula. La inversión estimada, según el documento, es de 58 millones 617 mil 23 pesos con 73 centavos, que incluye “un porcentaje para las medidas ambientales”, y tendrá una vida útil de 52 años y medio, de los que 30 meses se contarán para la preparación y construcción de la obra.
No obstante, tras el anuncio del proyecto, la propia empresa de Molina Casares informó que el costo total se elevará a 511 millones de pesos, toda vez que la obra incluye la construcción de una terminal para las maniobras de descenso y abordaje de pasajeros de los cruceros.
Dice la MIA que el muelle, que tendrá forma de “L”, ocupará una superficie de 1.16 hectáreas y permitirá el atraque de embarcaciones de hasta 362 metros de eslora, así como el abordaje y desembarque de pasajeros, por lo que, para proveerlos de servicios, el proyecto incluye la construcción de una terminal terrestre que, para seguridad de los cruceristas, atravesará mediante un puente peatonal la avenida Rafael E. Melgar.
El promovente argumenta: “El principal criterio para la selección del sitio del proyecto es que la zona donde se pretende realizar tiene un uso de suelo de desarrollo urbano, de acuerdo con el Plan de Desarrollo Urbano Centro de Población de Cozumel”.
Y añade: otra razón fue “la no afectación a arrecifes”, lo que “se verificó con el trabajo de campo realizado al fondo marino, el cual no registró la presencia de estructuras de arrecifes”.
Pero los opositores desmienten esa versión.
Proyecto nocivo
En entrevista con la corresponsal, Roberto Cerda, de Restore Coral, AC; Carlo Sánchez Romero, representante del colectivo ciudadano Corales Vivos Cozumel; y el doctor Thomas Goreau, presidente de Global Coral Reef Alliance y asesor senior de Naturalia AC, aseguran que la obra arrasará el principal sitio de restauración de corales del continente, donde se encuentran las estatuas de Ramón Bravo y Jacques Cousteau, y contaminará con aguas residuales la parte más limpia del territorio insular.
Goreau sostiene que la MIA “está llena de falsas afirmaciones”, pues la empresa “indebidamente asegura que no hay corales en la zona del proyecto” cuando realmente ahí están “los últimos supervivientes de corales de cuerno de alce a lo largo de la costa de Cozumel y miles de corales de otras 30 especies están creciendo en los proyectos de regeneración de arrecifes de coral más importantes y que podrían ser la última esperanza de salvar el alguna vez famoso arrecife sobre el que se construyó el turismo de la isla”.
Y añade: “Incorrectamente se sostiene que no hay algas marinas en la zona, cuando hay algas marinas creciendo donde la arena se acumula en el fondo del arrecife y en parches de arena en la pendiente del fondo de piedra caliza cerca de la costa; dicen que la tierra es básicamente estéril y no hay manglares. Sin embargo, ahí están los últimos sobrevivientes de un bosque talado deliberadamente para el desarrollo hace años”.
La MIA, insiste, presenta datos que no corresponden al sitio actual del proyecto, fueron tomados “a kilómetros de la zona, en el lugar más destruido de Cozumel, enfrente del puerto. ¡Esto es sorprendentemente deshonesto!”
Relata: “Cozumel solía tener algunos de los mejores lugares para bucear en arrecifes del Caribe, lo que la convirtió en la principal atracción de buceo del mundo. Los buceadores más viejos como yo, que recuerdan cómo era y que tienen las fotografías para demostrarlo, han visto morir al arrecife por un sobredesarrollo incontrolado que ha arruinado la calidad del agua con las aguas residuales.
“He visto morir a los corales y propagarse las algas viscosas desde la década de 1960. Ahora queda poco y se están realizando esfuerzos heroicos para salvar y cultivar corales, la mayoría de ellos en el mismo sitio que será destruido si este muelle de cruceros se construye sobre ellos”, lamenta.
No son las únicas organizaciones que exigen al gobierno federal que frene el proyecto. También están, entre otras, Conservación, Investigación y Manejo Ambiental de Cozumel, Grupo Ecologista del Mayab, Citymar, Sand Dollar Sports Dive, Cozumel Ocean Research y Coral Reef Restoration.
Aguas cristalinas,
sin especies marinas
A mediados de abril Coral Reef Restoration llevó el caso a la plataforma Change.org para recolectar firmas de apoyo contra la obra. Hasta el 30 de junio llevaba casi 63 mil.
En el planteamiento de su causa, la organización destaca que en la zona donde se pretende desarrollar el proyecto habitan especies protegidas de corales constructores de arrecifes, como las acropora y orbicella, así como corales blandos, corales negros y al menos 10 tipos de peces loro; además “es un área de importancia global por su biodiversidad: más de 500 especies de peces, más de 50 especies de corales, entre otras, y advierte que debido a la degradación, el Caribe mexicano “está perdiendo corales constructores de arrecifes a una tasa jamás documentada en el pasado”.
Las causas de la drástica pérdida de cobertura de coral vivo y la proliferación de algas, explica, son el cambio climático global y la presión antropogénica, lo que a la vez pone en peligro los servicios ecosistémicos de la barrera coralina, como son la protección a la costa y brindar refugio a especies de interés comercial.
Advierte que más que en su etapa de construcción, el mayor impacto del nuevo muelle lo provocará su operación, al destruir las granjas de reproducción de corales y los proyectos de conservación de arrecifes en los que desde hace varios años se trabaja en la zona, donde se encuentran estatuas submarinas de cubos-pixel, plataformas de guarderías de coral, estructura ADN de ZoeCoralProyect, que estimula el crecimiento coralino mediante electrodos, entre otras cosas.
Y añade: en los últimos años se han plantado y restaurado ahí más de 400 mil corales en coordinación con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y organizaciones ambientales y sociedad civil.
Cuestiona que los sitios donde llegan los cruceros “conservan sus aguas cristalinas a cambio de la eliminación total de especies marinas. ¿De qué sirve tener un mar transparente si está muerto?”
También enuncia que en 2019 la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado de Cozumel ya no se dio abasto para proveer de agua potable a la creciente población de la isla y alerta que se priorizará a la nueva terminal en el suministro del líquido por sobre la necesidad de los lugareños.
“El incremento desmesurado del turismo masivo no sólo requerirá del abastecimiento en grandes cantidades de agua potable, un recurso limitado en Cozumel, sino que generará cuantiosos desechos sólidos, así como aguas residuales, las cuales no pueden ser tratadas por la planta municipal debido a que actualmente no tiene la capacidad ni para atender las generadas por la población local”, argumenta la organización.
También expone que la riqueza que generan los cruceros no se distribuye, además de que “mediante estrategias como las banderas de conveniencia, las navieras evaden el pago de impuestos y se amparan en legislaciones que les permiten generar empleos precarios”.
Turismo agresivo
Roberto Cerda y Carlo Sánchez hablan de la gran cantidad de basura que dejan los cruceros en la isla, donde sólo hay un tiradero a cielo abierto, por lo que los lixiviados van a dar al mar.
El pasado 19 de abril, luego de conocer la MIA del proyecto, el oceanólogo Ernesto Luis Hevia del Puerto Puente, coordinador de investigación y monitoreo de Cozumel Ocean Research, envió una carta a la Semarnat en la cual advierte que Cozumel está en el corazón del Sistema Arrecifal Mesoamericano, “área con una considerable complejidad geológica, biológica y política”.
Por esas características, puntualiza, “en las últimas décadas su complejidad biológica, sociopolítica y la presión por el ‘desarrollo’ del sistema neoliberal han sobreexplotado los recursos, poniendo en riesgo el sistema de arrecifes de coral más importante del Océano Atlántico y el futuro de los pueblos originarios”.
Y recuerda que Cozumel es reconocido mundialmente por la belleza de sus arrecifes de coral lo que desde hace cinco décadas atrae a miles de turistas que practican buceo y snorkel, actividades que mantienen la economía de la isla y generan ingresos a un importante sector de la población.
Las islas “son territorios frágiles y con características ecológicas muy particulares, lo que las hace vulnerables a la sobreexplotación”; por tanto, la capacidad de carga que pueden soportar es uno de los factores que más deben cuidarse con “el manejo adecuado de los limitados recursos naturales”.
En ese sentido, advierte: el turismo de cruceros es de gran impacto y “particularmente agresivo en muchos ámbitos”.
Resalta que sus efectos no se circunscriben a las zonas donde se construyen las terminales de cruceros, sino que “se expanden a lo largo del territorio insular, afectando la integración social, vulnerando a otros sectores económicos y, por supuesto, devastando los ecosistemas”.
Y enlistó algunas de esas afectaciones: “Sobrepesca y pesca irregular, pérdida de 40% de la cobertura de coral y en aumento, saturación del relleno sanitario, desabasto de agua potable, mal manejo de las descargas de aguas residuales que contaminan el acuífero y en consecuencia la zona costera, construcción de clubes de playa y desarrollos turísticos irregulares, difícil manejo de residuos sólidos, empleos mal remunerados e irregulares, sobrecarga en las Áreas Naturales Protegidas, descomposición social y aumento de la inseguridad”.
Además de las marinas, diversas especies endémicas terrestres y aves en peligro o amenazadas están también en riesgo por el proyecto que, insisten los ambientalistas, “debe ser detenido”.








