La actuación de la OEA en fechas recientes, en especial bajo la dirección de Luis Almagro, demuestra que el organismo ya no responde a las necesidades continentales, señala el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, en entrevista para Proceso. Además, esboza cuál sería la orientación de un nuevo organismo interamericano, admite la dificultad de convencer a Estados Unidos y Canadá de participar en él y revela que ya se habló del tema en el reciente encuentro de la Celac.
Washington.- México y otros países de América Latina y el Caribe han concluido que la OEA “está agotada”, igual que su secretario general Luis Almagro, quien profundizó la crisis con su servilismo ante Estados Unidos, por lo que ambos tienen que ser sustituidos, asegura el canciller Marcelo Ebrard.
En entrevista con Proceso, el secretario de Relaciones Exteriores del gobierno de Andrés Manuel López Obrador revela que ya hay pláticas entre los países del hemisferio para sustituir al organismo.
“La OEA hoy está agotada; la forma de actuación injerencista no es consensuada, provoca divisiones que colocan a unos contra otros; ya no tiene acuerdos y estamos entrando al siglo XXI, en el que se deben dejar atrás las políticas del pasado”, insiste Ebrard.
“Que no se entienda –continúa– que es una diferencia solamente del secretario de Relaciones Exteriores de México con el señor Luis Almagro, a quien por cierto le deseo que se recupere pronto porque ayer (jueves 29 de julio) me enteré que dio positivo a covid-19.”
Este semanario buscó al secretario general de la OEA para obtener su punto de vista sobre la posición de México y otros países sobre lo que pretenden hacer con la OEA y de manera especial por las apreciaciones negativas que hacen sobre su labor al frente del órgano interamericano.
“No está dando entrevistas y no va a caer en provocaciones”, respondió tajante la oficina de prensa de la OEA a la solicitud de este semanario.
“Desde luego que tenemos diferencias de opinión muy serias pero no es un tema de personas, esto es más bien estructural”, acota Ebrard al abundar sobre Almagro.
El titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) pule el planteamiento que el 24 de julio hizo el presidente López Obrador, quien dio a entender que se podría anular a la OEA y erigir un órgano como el de la Unión Europea.
Ebrard aclara que la idea de México y otros países del hemisferio es contar con un organismo menos burocrático y asimétrico, que no sea dirigido por una especie de pelele de los caprichos de Washington, además sin sede en esa ciudad: que sea rotatorio.
“Pensamos que podría ser un modelo móvil. No hay razón para que con la tecnología que se tiene hoy en día se tenga una sede fija”, explica el funcionario, y dice que esto se habló la semana pasada en la reunión de cancilleres de países miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).
“No necesita tanto personal y es muy sencillo de organizar que la sede de una organización de esta naturaleza vaya cambiando y que el secretario en turno esté libre para ir a los lugares con el apoyo de todos los países”, sintetiza el encargado de la política exterior de López Obrador.
Añade que para las reuniones se echaría mano de sesiones virtuales, lo que se hizo popular con la pandemia de covid-19:
“Con la tecnología que tenemos hoy, la ONU estuvo funcionando más de un año sin que hubiera reunión en Nueva York y en otros países donde tiene oficinas; en Nueva York no nos reunimos hasta hace muy poco.”
El consenso interamericano al que se refiere el canciller busca rediseñar, armar y organizar la arquitectura de un nuevo método de cooperación continental distinto al de la Unión Europea, pero se enfrenta a la dificultad de que acepten integrarse Estados Unidos y Canadá.
“Lo que se avizora es por etapas, que América Latina y el Caribe propongan una modificación sustantiva para sustituir a la OEA por otra organización, entrar a negociaciones con Estados Unidos y Canadá y llegar a un acuerdo; esa sería la ruta”, dice el secretario.
–¿Cómo sería el proceso para deshacerse de Almagro? –se le cuestiona.
–Todos los secretarios generales de la OEA han tenido muchas presiones de Washington, empezando porque ahí está la sede. No tengo la historia específica de hasta dónde las presiones han provocado u orientado todas las visiones de Almagro; eso no lo sé, ni qué tanto es de su propia cosecha. Lo cierto es que la actuación de la OEA en este periodo ha sido una de las más cuestionables en la historia, porque se ha dedicado a dividir. Inclusive hay una investigación de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos sobre la participación de la OEA en Bolivia (para la destitución de Evo Morales como presidente).
“No es nada más que lo diga yo, ya son muchas voces las que están viendo las evidencias de una actuación que se aleja por completo de la carta que dio origen a la Organización de los Estados Americanos. En Bolivia (Almagro) inclusive tuvo una participación de interrupción al régimen democrático del sistema electoral y facilitó la entrada de un régimen de excepción. Estuvo muy delicado; la actuación de la OEA en Bolivia es impresionante en términos históricos.”
–Es complicado sacar al secretario general…
–No se puede hacer de manera unilateral; desde luego, en todo este proceso el interlocutor no es Almagro. Primero hay que ponernos de acuerdo entre América Latina y el Caribe, segundo, tratar de convencer a Estados Unidos, a Brasil y a Canadá; es una tarea importante, no es sencilla, pero es posible.
Al pendiente de negociar el reemplazo de la OEA con Estados Unidos y Canadá se le debe sumar a Brasil, cuyo canciller no asistió a la junta de la Celac celebrada la semana pasada en el Castillo de Chapultepec.
Hay otra interrogante: Cuba, que aún no ha dicho si tiene interés de formar parte del nuevo organismo multilateral si aceptaran Estados Unidos, Canadá y Brasil.
“Cuba participaría, me imagino. Apenas se hizo este planteamiento y ahora hay que traducirlo en una propuesta específica por parte de América Latina y el Caribe. Ya estamos en ello para tener diálogos con la administración Biden, para ver cuál es su posición”, dice Ebrard.
Los obstáculos, las dudas…
Expertos en temas interamericanos y exembajadores de distintos países ante la OEA no han tenido empacho en explicar la sumisión de los secretarios generales del organismo ante Estados Unidos: es el país que más dinero da para el financiamiento de la organización, seguido por Canadá, Brasil y México.
Ebrard no tiene claro cómo se evitaría que el país que aporte más dinero al nuevo organismo tenga mayor poder para defender y promover sus intereses. Considera que la forma de financiamiento debe emanar de una fórmula que reduzca la asimetría que priva en la OEA, a fin de que todas las propuestas sean sometidas a votación y se imponga y cumpla lo que dicte la mayoría: “Darle otro enfoque de más representación y solidaridad”, dice.
El titular de la SRE cita otras razones para sustituir a la OEA, además de la defensa a ultranza que hizo Almagro de la posición de Estados Unidos en los casos de Cuba, Venezuela y Bolivia:
“No hubo ninguna reunión de emergencia de la OEA para facilitar el acceso a vacunas por la pandemia de covid-19. ¿Hubo alguna gestión de la OEA importante para tener acceso a ventiladores? Esa era la agenda importante de América Latina y el Caribe. Esa ha sido desde hace año y medio, pero no hubo tal cosa. Una organización que reemplace a la OEA tiene que estar en ese tipo de temas”, enfatiza.
El gobierno mexicano admite que será complicada la negociación con Estados Unidos, sobre todo porque no se le permitiría excluir a las naciones que considere enemigas de sus intereses, como Cuba.
“Cuba es el prototipo del extremo a lo que ya se está llegando. Independientemente de la posición que cada quien tenga, no se puede justificar que un país le bloquee el acceso a oxígeno, a jeringas para aplicar vacunas; es un problema ético y eso es como el umbral de una bancarrota moral de la OEA. Se necesita otro acuerdo, otra relación más constructiva, positiva con Estados Unidos, eso es lo que está de fondo”, acota el canciller.
En el tema de Cuba, López Obrador le reprochó al presidente estadunidense Joe Biden su intervencionismo y reclamó que se levante el embargo económico que su país impuso a la isla a principios de los sesenta.
El presidente mexicano critica a Biden por las restricciones humanitarias y la suspensión de envío de remesas desde Estados Unidos a Cuba, sin considerar que fue Donald Trump quien, por interés electoral, como presidente canceló las medidas de apertura iniciadas por su antecesor, Barack Obama.
Al preguntarle a Ebrard por qué López Obrador nunca le reclamó a Trump por ello, responde: “Claro que sí, todo el tiempo hemos estado en contra de las medidas del bloqueo o embargo y de todas las medidas que se hayan tomado contra Cuba; en todos los foros y en todas las instancias lo hemos dicho”.
Por otra parte, López Obrador pide a Biden que levante el embargo, consciente de que no es prerrogativa del titular del Poder Ejecutivo de Estados Unidos, sino del Legislativo, acabar con esa medida.
“Sabemos cuál es la arquitectura jurídica que tiene, pero la posición de México no ha variado y lo que está diciendo el presidente es cómo en una pandemia tan delicada, como la que está pasando en Cuba ahora, se les va a impedir que tengan acceso a lo más elemental para garantizar la vida, no sólo de los que están enfermos. Habría que empezar por cambiar las cosas. Las sanciones y los embargos o bloqueos no han funcionado nunca y en el caso de Cuba provocan un gran sufrimiento humano. Eso no va a hacer que cambie el régimen, si ese es el objetivo”, expone Ebrard.
–¿Cuál es la posición de México sobre la situación de los derechos humanos y democráticos en Cuba? –se le inquiere.
–Los cubanos tendrán que decir la ruta que debe seguir su país. México no les va a decir qué deben hacer. Deben contar con garantías para acceder a los implementos más indispensables para que su sistema hospitalario funcione. Nosotros pensamos que es un error estratégico y que es un problema ético esencial suponer que por impedir el acceso a implementos, incluso a combustible, que el régimen cambie o que haya modificaciones que, además sólo les compete a ellos decidir.








