La inversión especial, sin relación con el salinismo: INAH

Diversos cuestionamientos se desprenden de la asignación de recursos especiales para zonas arqueológicas de la Península de Yucatán: los criterios con los cuales se seleccionaron, de dónde provienen y por qué en medio de la pandemia y de un brutal recorte presupuestal para el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se hace salvamento para el Tren Maya.

Es el coordinador nacional de Arqueología del instituto, José Francisco Sánchez Nava, quien explica vía telefónica a Proceso que todas las zonas arqueológicas del país “son relevantes”, pero se eligieron con base en los estudios de la ruta del tren, por dónde pasará, y consideraron las de mayor afluencia: Chichén Itzá, que es la segunda más visitada a nivel nacional; Calakmul, patrimonio mixto (cultural y natural) de la Humanidad por la Unesco y que “por su lejanía no recibe el número de visitantes que podría”; Tulum, muy demandada porque llegan muchos cruceros, se convertirá en un “punto neurálgico”. Afirma convencido:

“El Tren Maya es una obra emblemática para el gobierno federal, definitivamente, va a ser un detonador en la península de Yucatán, va a generar empleos en la propia construcción y, ya una vez establecida la ruta, se van a potenciar muchos aspectos de la cultura actual.”

Agrega que, como obra de infraestructura, el tren podrá tener una vigencia, durar muchos años o no, pero la inversión en las zonas arqueológicas es para la protección y conservación de los bienes patrimoniales que vienen de siglos atrás para que permanezcan muchos siglos más para “las generaciones futuras”. Por ellos se destina a investigación, conservación, mejoramiento de la infraestructura y servicios, para que las visitas “sean adecuadas, cómodas y una experiencia grata”, además de garantizar que el flujo de personas no desborde la carga de ciertas zonas. Un ejemplo es Tulum, ciudad pequeña y amurallada, donde se buscará desviar parte de sus visitantes hacia Tankah, que es del mismo conjunto.

Se le comenta que el hallazgo de vestigios obligaba tradicionalmente a modificar la construcción de una carretera, un oleoducto, en fin, ahora parece que la ruta del tren no se modifica y, por el contrario, la inversión se está ajustando a su trazo. Asimismo, la construcción de estaciones en zonas como Calakmul podrían impactarlas severamente pues se cree que multiplicarán exponencialmente el turismo:

“Sí, con Calakmul debemos ser muy cuidadosos, muy ordenados, con una visita muy controlada, no debemos olvidar que es patrimonio mixto. Entonces están buscando todas las formas para que las capacidades de carga no sobrepasen los espacios y se incida tanto en la seguridad del visitante como en la de los propios vestigios.”

Agrega:

“La ruta sí se ha modificado a partir del impacto que puede causar a determinadas zonas, muchas de ellas están en proceso de exploración. Hemos recibido el apoyo del Fonatur para conciliar los intereses de la obra con la obligación que tenemos de cuidar las zonas.”

Menciona como ejemplo que el tren pasaría por Cobá, pero cuando se hizo el estudio con tecnología LiDAR (escaneo láser) se vio la densidad de sitios que harían muy complicado el tramo, entonces la estación se desvió hacia Cancún, la ruta baja por la costa y “llega cerca de Cobá, pero ahora de oriente a poniente” para evitar impactos; “sabemos que la arqueología no tiene palabra de honor, de repente donde asumimos que se ve un espacio muy llano resulta que hay entierros y otro tipo de vestigios”.

No hay desvío

La inversión especial, que asciende a 770 millones de pesos (alrededor de 22% del presupuesto de 2021 del INAH), contrasta con los recortes que ha sufrido el instituto y con la crisis económica derivada de la pandemia. Al respecto el arqueólogo Sánchez Nava dice que, ciertamente, se han tenido que posponer algunas tareas de investigación, pero no las de mantenimiento ni salvamento arqueológico, y los trabajos en la ruta del tren van en el sentido de sus propósitos de incentivar la economía.

Y a pregunta de este semanario responde que no se están desviando recursos de otras zonas arqueológicas del país para la región maya. Aunque ignora si los recursos han sido autorizados por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, pues es Fonatur la instancia que los negocia. Hace hincapié en que los trabajos de salvamento contribuyen a avanzar en el conocimiento de la península de Yucatán, como lo está haciendo la obra del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles de Santa Lucía.

La cuestión es si la atención a estos trabajos de salvamento que dan prioridad a zonas muy específicas no desplazan proyectos de otros arqueólogos. Insiste en que esta es una oportunidad y se quiera o no son las zonas arqueológicas más demandadas por la visita pública.

–Según el Fonatur, los descubrimientos derivados del Tren Maya adelantan cien años la investigación arqueológica, ¿no es exagerado?

–Habrá que verlo con el tiempo, lo que sí puedo decir es que se está haciendo una investigación de última generación. Si recurriéramos a los procedimientos tradicionales que los arqueólogos de mi edad solemos utilizar, tardaríamos seguramente 10 veces el tiempo empleado en este salvamento.

–¿Sí tienen el tiempo de estudiar, analizar, investigar y realmente aportar en el conocimiento científico de las culturas mayas?, ¿qué está pasando, por ejemplo, con los 14 mil monumentos recuperados?, ¿son estructuras o piezas?, ¿ya se están analizando?, ¿qué se va a hacer con todo?

Recuerda al contestar que por ley es monumento lo mismo la pirámide de Kukulkán que la carita de jadeíta mostrada recientemente por López Obrador, las albarradas, los sacbe’ob (caminos), entierros, ofrendas, vasijas, de todo. Y admite que aún no saben qué harán con todos los bienes. Por ahora se tiene el levantamiento espacial del día a día, pero habrá que estudiar el patrón de distribución, las características constructivas, se busca generar conocimiento y legar esta herencia a las futuras generaciones.

Finalmente, se le pregunta si –en el marco del proyecto que ha trascendido los sexenios de Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, con diferentes nombres, pero previendo la explotación turística de las zonas arqueológicas y el reordenamiento territorial– el INAH acompaña en este último proceso a las comunidades desde el punto de vista de la antropología:

“La respuesta es sí… forma parte de una visión integral holística, porque estamos procurando que estos proyectos que se están gestando en torno a estas zonas no sean solamente para el turista o el visitante, estamos buscando la manera en que las comunidades del entorno puedan ofrecer su patrimonio tangible, su gastronomía… los que hacen miel, producen textiles, vamos a ponerlo en términos que signifiquen una derrama para esta gente, sin cambiar sus costumbres ni su forma de vida. Se van a hacer museos comunitarios, casas de cultura, y pensamos conservar como un atractivo las antiguas estaciones del tren que cruzaba por ahí.”

Puntualiza que, a diferencia de los proyectos anteriores, centrados más en la investigación de las zonas, el Proyecto Tren Maya es “mucho más integral, complejo, infinitamente más difícil. No creo que tengan que ver”.