Ante la decisión de la Suprema Corte de Justicia de declarar inconstitucional la prohibición total del uso lúdico de la mariguana, toca ahora al Ejecutivo y al Legislativo regular en la materia y ver si ambos “están dispuestos a quitar el monopolio de manejo de estupefacientes a la delincuencia o si prefieren que ellos sigan siendo los que regulen y operen el negocio”, dice Juan Francisco Torres Landa, miembro de la Sociedad Mexicana de Autoconsumo Responsable y Tolerante, organización que en noviembre de 2015 obtuvo el primer amparo contra la prohibición por el uso lúdico de la cannabis.
Debajo de uno de esos gigantescos bloques de concreto de Tlatelolco, Elías, de 20 años, fuma medio porro de mariguana. “Microdosis”, dice como un científico que se automedica. Dos caladas y aguanta el aire para que el humo no se escape. Mientras tose discretamente, devuelve la bacha al fuego vivo dentro de un tubito hermético. “La falta de oxígeno lo apaga inmediatamente”, asegura como un experto furtivo.
Es una tarde de nubes borrascosas y lluvia ligera. Casi no hay gente alrededor de la Plaza de las Tres Culturas. Elías se arrepiente y vuelve a prender. Le da una, dos, tres caladas, contiene el humo, lo exhala inundando uno de los pasillos. “Tal vez fumo para ver el mundo de otra manera”, dice Elías, atento a que no aparezca nadie.
Sentado entre los arbustos, trata de formar volutas que lo obligan a hacer bizco, pero no lo logra. “En mi caso, es buena para externalizar todo, pero en exceso hace lo contrario, y eso es lo difícil, es una adicción y un problema para la salud pública”, asegura.
“Hay mucha desinformación y confusión. Lo ‘natural’ no es tan inocuo como pensamos. No sabemos si estamos fumando pesticidas o estiércol. No sabemos quién hace los ácidos o las pastillas. Es algo que debería ser regulado, lo ilegal es un lugar peligroso, te expone a otro ambiente donde el mariguano es rechazado hasta por su familia. Te desconocen y aíslan en un mundo limitado en el que ya sólo puedes expresar lo que has sentido o pensado con enteógenos”, cuenta desde su experiencia cannábica.
Para Elías, estudiante y vendedor ambulante, cada porro conlleva un desciframiento que va de una calada a otra. Entre la desidia de la imaginación y la procrastinación, fuma para pasarla bien, para entender el diapasón introspectivo que motiva su adicción. Amigo de los mundos oscuros, en su tiempo libre acostumbra dibujar torsos desnudos al carboncillo, arañas con mil ojos o paisajes sombríos; sin embargo, no ha estado exento de los efectos de una ley prohibitiva. Recién comenzada la pandemia, Elías fue detenido de manera arbitraria.
“Ese día era temprano, no venía nadie caminando, prendí una bachita del día anterior. Tranquilo en la calle, en menos de un minuto se me emparejó una moto con policías. Ellos querían detenerme para una revisión, pero seguí caminando y tiré el filtro que quedaba. Eso los enojó más. Los policías son muy agresivos, te secuestran, roban y golpean. Siempre buscan o dinero o drogas o cosas de valor. Yo no tengo ninguna de las tres”, dice entre risas.
“Saqué mis cosas de los pantalones, mis llaves y mi celular. Bruscamente se me acercó uno a meter sus manos en mi pantalón. Me esculcaron, me enojé y les aventé la mano y me sometieron. Me golpeó con su cabeza como si fuera un rinoceronte”, cuenta.
Aunque el incidente aconteció hace más de un año, hay recuerdos más recientes que todavía lo persiguen:
“No es la primera vez que me agarran. En junio de 2020, en la delegación Iztacalco, con un amigo ya bien puesto, los patrulleros se bajaron, nos acorralaron y nos esculcaron. Esa vez traían metralleta, al lado de nosotros uno de ellos nos encañonó.
“Mi amigo, estando en trance, se asustó, intentó escapar y fue que se pusieron más agresivos. Nos decían ‘si no traen, aquí los surtimos’ o ‘ya les toca el tanque, pinches mariguanos’. Lo intentaron meter a la patrulla entre los dos. Se olvidaron un poco de mí, él no traía nada, yo sólo tenía una caguama y un porro, pero pasé a segundo plano. Mi amigo traía una caja con semillas porque le gusta sembrar, una cajita psicodélica hecha a mano. Nada más por chingarlo le dijeron que eso era evidencia suficiente para remitirlo. Te amedrentan sólo por fumar.”
Fiel a su narcosis, Elías fuma el porro hasta quemarse los dedos. “Es un placer momentáneo y hay una línea muy fina entre hacer las cosas en ese estado y necesitar la planta para hacer las cosas. Genera mucha tolerancia en el cuerpo. No me gusta mucho fumar porque te cansa físicamente, pero sí me gusta porque me mantiene centrado, reflexivo y flexible frente a las ideas”, explica mientras saca una pipa, en la cual arroja un poco de flores recién molidas sobre un hueco lleno de residuos de alquitrán.
Cosmonauta del mundo, consumidor de drogas naturales y sintéticas, sagradas y profanas, Elías intenta explicar su afición que lo lleva a forjar tres porros al día: “Es un tránsito mental, muy silencioso, poco a poco te vas enamorando de estar así, sientes que las cosas te salen mejor, te preocupa menos. Y después se convierte en un mantra: ‘Todo estaría mejor si pudiera fumar’. La adicción esconde una depresión, un aislamiento social, es una cárcel impuesta por el sistema como castigo. Si no te pueden encerrar en una prisión te encierran en tu propia mente”, dice tajante.
Regulación vacía
El 28 de junio la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) declaró la inconstitucionalidad de la prohibición absoluta al uso lúdico y recreativo de la cannabis, dejando así a la Secretaría de Salud (SS), como encargada de autorizar las actividades relacionadas con autoconsumo de mariguana –sembrar, cultivar, cosechar, preparar, poseer y transportar– con fines recreativos. Por otro lado, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), órgano desconcentrado de la SS, deberá establecer los lineamientos y modalidades para la adquisición de la semilla.
“Con esta nueva declaratoria el paso del amparo es innecesario, entonces la Cofepris tiene que otorgar el permiso. Los permisos son muy amplios, no hay límites de posesión, transportación y no hay una serie de reglas sobre cómo utilizar esos permisos, la regulación está vacía”, explica Juan Francisco Torres Landa, secretario general de la organización México Unido Contra la Delincuencia.
El 4 de noviembre de 2015 la Sociedad Mexicana de Autoconsumo Responsable y Tolerante, de la cual Torres Landa es integrante, obtuvo el primer amparo contra la prohibición. El 31 de octubre de 2018 la SCJN sumó cinco fallos que declararon inconstitucional la prohibición de realizar actividades relacionadas con el consumo de cannabis en el país.
“Eso fue lo que motivó a la Corte a que abriera un expediente de la declaratoria general de inconstitucionalidad 1/2018. En el Congreso llegaron a una situación de desidia y falta de acción, todo se fue postergando”, cuenta Torres Landa acerca del proceso en el que trabaja desde hace una década.
“Lo que falta ahora es que publiquen en el Diario Oficial de la Federación el resultado de la declaratoria, que será el texto íntegro de la Ley General de Salud eliminando los artículos que ya no son aplicables”, expone.
–¿Cómo fue el desempeño del Congreso en materia de cannabis?
–En el Congreso se le tiene que dar gusto a un presidente extremadamente conservador. Si gira instrucciones, los legisladores ni chistan, son delegados del Ejecutivo, no tienen capacidad de raciocinio. Son lacayos incondicionales de Palacio, donde seguramente hay quienes están de acuerdo con la prohibición. Sin embargo, estarán presionados por la SS para regular de manera eficiente.
–¿Qué papel juega el crimen organizado?
–Queremos ver si los legisladores y el Ejecutivo están dispuestos a quitar la regulación y el monopolio de manejo de estupefacientes a la delincuencia o si prefieren que ellos sigan siendo los que regulen y operen el negocio. La ciudadanía debería estar presionando a los legisladores, decirles que ya basta con esta simulación, ya basta con esta ofensiva pírrica: delincuencia empoderada, corrupción rampante, instituciones vulneradas. Recientemente Silvano Aureoles determinó que la delincuencia organizada está metida hasta el tuétano en el proceso electoral. Se robaron las elecciones en Sonora, Sinaloa, Michoacán, Guerrero, Baja California Sur, Nayarit, Jalisco, se hicieron de las rutas de transporte del Pacífico, tienen a sus comandantes bajo su yugo. Es la cruda realidad.
“El crimen organizado está dentro de la estructura democrática, la pregunta aquí es ¿a quién protegen los legisladores? ¿Cuáles son sus prioridades? Y no nos tienen que contestar con la boca, sino con sus actos, con sus determinaciones en la materia. Hasta ahora su respuesta es clarísima, están protegiendo a la delincuencia.”
–¿Qué alcances puede tener la Ley Federal para la Regulación de la cannabis?
–Nuestra postura es clara: hay que regular toda la amalgama de distintos estupefacientes, nada fuera del monopolio prohibicionista. No sigamos perdiendo tiempo en perseguir a delincuentes y consumidores. Utilicemos ese tiempo para prevenir robo, secuestro, homicidio, violaciones y trata.
–¿La ley puede repercutir en los altos niveles de violencia?
–No es una solución única a un problema multifactorial. Si apostamos a la prohibición, el problema no se va a resolver nunca. Cada vez son más violentos, más potentes y de mayor reto para la autoridad.
–¿En qué radica la hegemonía del crimen organizado?
–Su principal ingreso viene del tráfico de estupefacientes. Los grandes flujos en materia de drogas provienen del fentanilo, opiáceos, cocaína y mariguana, pero esta última se ha ido reduciendo por el boom cannábico en Estados Unidos. Ya existe evidencia de que estamos importando mariguana. La delincuencia opera como un gran negocio, no son tan eficientes, pero los márgenes de utilidad son tan grandes que permiten ineficiencias y fugas masivas en corrupción y logística no tan sofisticada, pero que eventualmente logra su cometido. Mientras sigamos esa ruta no vamos a lograr nada bueno. No hay una salida fácil, pero si empezamos a regular todo esto, tendremos un resultado.
“Más vale que entendamos que operan como una institución financiera. Si quieres quebrar al banco metiendo a la cárcel a cajeros y gerentes de las sucursales bancarias, estás equivocado: hay muchísimos. Quítale las reservas a un banco y hasta el más poderoso empieza a temblar.
“Necesitamos pegarle a las reservas económicas de la delincuencia, no hay de otra: es quitarles la regulación de los estupefacientes, hacer de esto un mercado regulado, no prohibido, y entonces las finanzas se van a erosionar, las ineficiencias que pueden subsidiar con ese flujo se van a eliminar, debilitas al enemigo y ahora sí, pégale de lleno en materia de secuestro, extorsión, derecho de piso, trata de personas, robo de combustible, robo a transporte, robos en aeropuertos, etcétera. Ganan dinero a toda velocidad, ese dinero les da para hacer muchas cosas; cierra esa válvula y su operación va a ser muy difícil de sostenerse.”
–¿Desaparecerá la sanción penal?
–Si tienes el permiso ya no te pueden sancionar penalmente mientras estés dentro de los límites que el permiso establezca, pero si no, sí te pueden aplicar la sanción penal aún con la declaratoria. La sanción penal no desapareció, ese es parte de los problemas que requieren de una acción legislativa para entrar en un régimen de regulación y hacer las cosas bien.
–¿Qué tipo de legislación se requiere en el caso mexicano?
–Una legislación tipo Colorado, Estados Unidos, no es idónea para México, en donde se deja a las fuerzas del mercado la forma en que se opera esa materia. Nos gusta más el modelo portugués o español, son más atractivos por el tema de contención, donde se promueve el autocultivo y el autoconsumo; lleva mucho menos marketing, por lo menos en lo que se refiere a consumo lúdico. Las aplicaciones médicas e industriales son otro boleto, si entra la gran industria y son eficientes, que así sea. Pero en materia de uso personal o lúdico, sería un gran error que incursionáramos en una situación de permitir promover su consumo masivo, ojalá no lleguemos a eso.
“Lo ideal es el autocultivo; es una planta resiliente, se sostiene en casi cualquier lugar. Nuestras abuelas hacían friegas de mariguana para las reumas, es parte de nuestra cultura ancestral. La planta ha vivido con nosotros desde hace muchos siglos, no sé por qué tanto escándalo. No es un tema de masificación mercantil. Que alguien tenga un par de plantas en su casa me parece lícito, lo que yo haga con mi cuerpo es mi problema, el Estado no tiene por qué protegerme de mí mismo. Que me proteja de factores externos, pero lo que haga con mi cuerpo es mi decisión, en materia de cualquier droga: mientras yo no afecte a terceros es mi problema.
“Esa debería ser nuestra política en general, con responsabilidad, con información, con prevención, tratar de minimizar los consumos dañinos, salvo eso, si alguien siente placer en fumar, está en su derecho y que el Estado dedique su tiempo a mejores cosas.”








