Destrucción patrimonial, la historia interminable

Con una trayectoria de más de 40 años de investigación en la Zona Arqueológica de Teotihuacán, aunque incursionó en su estudio desde los años sesenta con el doctor Ignacio Bernal (1910-1992), el arqueólogo Rubén Cabrera Castro evalúa la trascendencia de la zona de Oztoyahualco:

“Es un sitio muy importante, uno de los más antiguos de la ciudad de Teotihuacán. Se encuentra como a seis kilómetros al noroeste de la pirámide de la Luna, y su asentamiento, su ocupación primera, fue entre el 200 y 100 antes de nuestra era. Fue explorado muy al principio, pero luego fue quedando marginado porque aparecieron otras cosas más hacia el centro de la ciudad.”

Maestro en arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y doctor en arquitectura por la UNAM, el investigador emérito del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) está en el grupo de firmantes que denunciaron la destrucción del área para la construcción de un parque de diversiones.

Destaca que esa zona en la cual han investigado también sus colegas Sergio Gómez Chávez, del INAH, y Linda Manzanilla, de la UNAM, permite conocer los antecedentes de la gran urbe, de las primeras ocupaciones que se establecieron alrededor y su relación con la agricultura:

“Son tres los sitios que se encuentran en esa categoría en Teotihuacán. Uno es Oztoyahualco, el otro está junto a la pirámide del Sol y el otro hacia el interior de la pirámide de la Luna. En una excavación que realizamos hace como ocho años, encontramos vestigios muy antiguos, sobre todo en Oztoyahualco, donde falta mucho por explorar para tener más información.”

El famoso mapa de Millon, difundido recientemente por ICOMOS-México, da cuenta de que es un sector muy rico en vestigios arqueológicos. Y al respecto Cabrera detalla que fue una población primitiva, y ahí radica su importancia pues es como el antecedente de la gran ciudad. Ahí llegaron grupos provenientes del sur de la Cuenca de México, cuando el volcán Xitle ubicado en el Ajusco hace erupción y la lava corre por lo que es actualmente Ciudad Universitaria, y la gente migra hacia al norte huyendo de las erupciones:

“Esas oleadas de gente fueron las que llegaron a Oztoyahualco, que está en una laderita del valle en la parte alta, ahí se guarecieron porque estaba también el lago y fue creciendo, eran varios grupos, fundamentalmente esos tres, pero al crecer fueron uniéndose y la población y la ciudad se hicieron más importantes, ya junto a la pirámide del Sol.”

–¿Tiene conocimiento del daño que se causó ahora?

–No, la última investigación en Oztoyahualco fue de la doctora Linda Manzanilla, ella trabajó ahí cerca, precisamente buscando vestigios de las ocupaciones tempranas, hizo un levantamiento topográfico, conoció y reconstruyó la vida antigua de este lugar, y luego ya cómo la ciudad va creciendo, hasta los poblados actuales San Francisco Mazapa, San Martín de las Pirámides y San Juan Teotihuacán, y cada vía va creciendo más y pues van invadiendo esos lugares, y el instituto necesita tener un equipo reforzado para tener mayor vigilancia.

Dice que él y otros arqueólogos se enteraron de las obras irregulares porque están haciendo excavaciones en la zona, en su caso en el sitio La Ventilla (donde se construía la Plaza Jaguares en los noventa), y contratan gente del mismo lugar, ellos les comentaban que iban a construir “un centro turístico muy importante, algo grande” y estaban dando trabajos. Entonces hablaron con el director de la zona arqueológica, Rogelio Rivero Chong, para advertirlo, y a partir de ahí se hizo todo el proceso para la denuncia.

Usos y abusos

Los antecedentes de destrucción en Teotihuacán, considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, han sido varios en las últimas décadas. En el libro México: su apuesta por la cultura. El siglo XX. Testimonios desde el presente (Proceso-Grijalbo-UNAM), el reportero Roberto Ponce relata que, en las postrimerías del siglo XX, el gobierno de Carlos Salinas de Gortari autorizó la edificación de un mall en el área La Ventilla, que se llamaría Plaza Jaguares.

Era mayo de 1994, y se desarrollaba ahí uno de los llamados megaproyectos de arqueología impulsados por Salinas “con inversiones abiertas a la iniciativa privada”. De hecho, la plaza comercial se había concesionado ya al comerciante de telas Isaac­ Hilú Alfille. Aunque se argumentaba que la obra sería en bienestar de los lugareños. Los planes contemplaban un hotel de lujo. La “larga noche teotihuacana” concluyó en abril de 2001 con la expropiación del predio, en el gobierno de Vicente Fox.

Pero justo tres años después, en 2004, ese mismo gobierno autorizó a la transnacional Walmart construir una tienda Bodega Aurrerá en el perímetro C. El caso, seguido igualmente por Proceso en varias de sus ediciones, dividió a especialistas e intelectuales pues construir en esa área no era ilegal y se argumentaba que el INAH ya había hecho el salvamento arqueológico y liberado el predio, y se contaban con los permisos municipales. 

La cuestión, se llegó a decir, ya era ideológica. Del otro lado se consideró más bien simbólica, algo no previsto en la ley pero que exigía una salida política para su solución, que nunca se dio: Teotihuacán es la zona arqueológica más visitada en todo el país y reconocida a nivel mundial, un símbolo poderoso enfrentado a otro tan poderoso como el capital y el comercio. Y nada se pudo hacer porque el entonces gobernador Arturo Montiel se negó a esa solución política.

En febrero de 2009 estalló un nuevo caso, cuando trabajadores, académicos y docentes del INAH denunciaron a su entonces director Alfonso de María y Campos por dar luz verde a los trabajos para el desarrollo del ­espectáculo de luz y sonido Resplandor teotihuacano, impulsado por el entonces gobernador del Estado de México Enrique Peña Nieto, a la postre presidente de la República.

Se señaló entonces al gobierno de Felipe Calderón de ver a las zonas arqueológicas y monumentales como un recurso lucrativo sin considerar las demandas de las comunidades. Al final se canceló el proyecto, pero fue retomado ya durante la presidencia de Peña Nieto como Experiencia nocturna en Teotihuacán, que utiliza video mapping para supuestamente no afectar las estructuras prehispánicas, pero en cambio permite a los visitantes subir y bajar escalinatas de piedra y sentarse en ellas.

A estos ejemplos pueden sumarse los conciertos masivos que se han realizado en una zona arqueológica que no es un escenario, como han denunciado los propios investigadores del INAH en varias ocasiones.