Aunque su impacto mediático es exitoso, solicitar explicaciones a empresas globales por la apropiación cultural indebida de diseños de pueblos originarios de nuestro país no genera bienestar ni para las comunidades en cuestión ni para el ecosistema cultural en general.
El pasado viernes 28 de mayo, en un comunicado emitido por la Secretaría de Cultura (SC) federal, se informó que su titular, Alejandra Frausto, había solicitado explicaciones a las marcas Zara, Anthropologie y Patowl invitándolas a “desarrollar un trabajo respetuoso con las comunidades indígenas”. ¿Cuántas veces ha ocupado su tiempo en emitir estos comunicados y cuáles han sido los resultados? Es evidente que las marcas no toman en cuenta a la secretaria, ya que las “apropiaciones culturales indebidas” se realizan constantemente.
Al margen de las cartas que envía, lo que necesita el ecosistema cultural y artístico de México es un plan profesional y eficiente de recuperación económica poscovid. Y con base en que Frausto ha evidenciado su incapacidad para dirigir el sector cultural, la vinculación activa con las secretarías de Turismo federal y estatales podría amortiguar las deficiencias de la SC.
La estrategia: diseñar, operar y promover productos turístico-culturales que provoquen experiencias estéticas urbanas y comunitarias.
En el caso de las artes visuales, es urgente promover experiencias artísticas que incluyan tanto el consumo museístico como el mercado local del arte. La ausencia de proyectos atractivos que vinculen afectivamente al público con nuestro patrimonio artístico ha sido una constante durante todo el año de la pandemia.
Y como nuestros funcionarios gubernamentales no han tenido ni la capacidad profesional ni la creatividad para elaborar nuevas propuestas, mirar lo que se ha realizado en otros lugares podría ser una fuente de inspiración.
En lo que respecta a la escena museística, desde el año pasado el Museo del Prado demostró un eficaz compromiso con su público al igual que con la economía turística de Madrid. Además de sus constantes presencias virtuales, en septiembre, para celebrar el Día Mundial del Turismo, difundió un espléndido video en el que reconocidos bailaores de flamenco que trabajan en la capital española dialogaron con obras maestras de la colección. Y el pasado 18 de mayo, en el marco del Día Internacional de los Museos, instaló réplicas de sus colecciones en “lugares inesperados” de su ciudad bajo el título de El Prado a la vuelta de la esquina (https://twitter.com/hashtag/VuelvealPrado https://www.youtube.com/watch?v=HSvSwBIq9-U).
Y aunque en la ciudad estaunidense de Denver su Distrito de Arte (RiNo Art District) no es un producto postpandemia, sí es un ejemplo del uso inteligente y turístico del Street Art. Ubicado en una zona exindustrial, con edificios antiguos de ladrillos a lo largo de aproximadamente un kilómetro y medio en la zona del río norte, el RiNo integra restaurantes y tiendas de diseño y ropa en un entorno urbano repleto de murales pos-graffiti.
Excelentemente curadas, las pinturas incluyen una diversidad de lenguajes que sobresalen con figuraciones y abstracciones de poéticas diversas, que transitan entre lo estridente y lo cursi. Y para promover todavía más a los artistas callejeros, numerosas mesas que están intervenidas pictóricamente ofrecen los datos de los artistas a través de un código QR.
¿Qué es más eficiente para dinamizar nuestra economía artística: promover productos turístico-artísticos o mandar cartas a Zara?








