Hacia una nueva generación de mexicanos…

Escribió con acierto el celebrado médico árabe Avicena que los practicantes de las ciencias de la salud deben poseer nociones filosóficas, practicar la poesía y tener conocimientos musicales, de otra manera su acercamiento a la enfermedad carecerá de la visión, intuición y certidumbre que esas disciplinas le aportan. Y durante varias centurias así fue, ya que los galenos eran dueños de esa indispensable formación humanística que poco a poco ha ido perdiendo terreno ante la híper especialización científica y la idea de una medicina que trata al paciente con un sesgo mercantil.

Y hablando de los médicos mexicanos de antaño, particularmente de los del siglo XIX y primera mitad del XX, los ejemplos nos lo ratifican con creces: Eduardo Liceaga llevó a cabo experimentos acústicos para poder aplicar el influjo de la música sobre el enfermo y los realizó junto al doctor Aniceto Ortega, quien además de pianista fue compositor. Manuel Carpio fue tan eminente en los derroteros de la enseñanza y la práctica médica de la nación como lo fue en las letras. Rafael Lucio, médico de cabecera de Maximiliano y Juárez, escribió el primer tratado de pintura patria. Ya en el XX sobresalió Alfonso Ortiz Tirado, ya que además de su ejercicio en la ortopedia mantuvo una carrera internacional como tenor.

En fin, los ejemplos serían inacabables, por lo que a esta columna le complace conversar con el doctor Romeo Rodríguez, quien ha sabido conciliar su destacada labor pediátrica con el ejercicio cotidiano de La flor y el canto, es decir, practica la poesía, no cesa de adiestrar su voz de tenor y navega en los meandros infinitos de la literatura.

–¿Concuerda usted en que su gremio ha extraviado la brújula al ir despojando gradualmente a su profesión del sentido ético y humanitario que yace en su esencia?

–Es evidente que la medicina de cualquier especialidad, sobre todo la privada, ya no expresa su fortaleza primigenia, sino que busca el lucro económico. Las grandes ciudades como México, Monterrey y Guadalajara son el mejor ejemplo. Recuerdo el caso de una señora que fue a un hospital del sur de la Ciudad de México presentando una dolencia abdominal. El médico le diagnosticó un “pequeño ruido” en el corazón, lo que según él ameritaba un electrocardiograma, un ecocardiograma, una prueba de esfuerzo, etcétera, para que al final no encontraran nada, pues era toda invención. No conforme con eso, se le dijo a la paciente que existía la posibilidad de que tuviera una afección cardiaca, pero que era muy afortunada porque el “ruidito” no era grave, aunque había un “sonido raro” en los pulmones que ameritaba estudios exhaustivos para descartar las supuestas anomalías.

“Hace poco yo fui a otro hospital privado de la Ciudad de México con dolor de cadera. El que me atendió era un especialista en columna vertebral que era lo que yo aparentemente necesitaba; sin embargo, lo que me pidió fue una radiografía de cráneo que, por supuesto, no rebeló nada. Esas historias suceden todos los días y llenan los bolsillos de quienes dan las consultas.”

–Después de graduarse como médico cirujano en la UNAM, realizó estudios de posgrado en el City Hospital de Boston, y en los hospitales Monte Sinai y Johns Hopkins de Baltimore. ¿Encontró alguna diferencia en la concepción de la medicina que se ejerce en la Unión Americana y nuestro país?

–Desde luego que sí, la disciplina allá es muy superior y uno no puede descuidar a los pacientes ni un momento. En los hospitales donde hice mi residencia en pediatría y en reumatología pediátrica no se engañaba económicamente al paciente, pues eran hospitales del Estado o de la ciudad, y en algunos casos privados. La selección de los médicos que realizan la residencia es muy rigurosa, y en el transcurso de la misma no es raro que, ante una falta grave, el médico sea expulsado. La competencia entre los residentes es implacable, pero todo en beneficio del paciente.

“En los grandes hospitales pediátricos mexicanos, los periodos para la dirección de los mismos son de cinco años, renovables por otros cinco años, y se han dado casos en que no se renueva el segundo periodo por lo desastroso de su administración. Los exámenes finales para graduarse de pediatra en Estados Unidos duran tres días y son un examen oral y uno escrito, siendo los profesores los autores de los libros para uso a nivel nacional, mientras que en México ese rigor es aún impensable.”

–Entre sus 105 artículos científicos y sus 11 libros publicados destacan sus volúmenes El vino y la salud y Dieta mediterránea. ¿De qué manera tendríamos un país más sano si mejoráramos nuestros hábitos alimenticios?

–La Dieta mediterránea está orientada a comer más pescado, más fruta y más verduras, aderezada con aceite de oliva y frutos rojos. Cuando lo anterior se acompaña con vino tinto, se eleva el potencial nutritivo porque el tinto tiene dos substancias que son poderosos antioxidantes: el resveratrol y las antocianinas que, inclusive, se ha demostrado que retrasan el envejecimiento. Hace 12 años, la asociación para el estudio del cáncer de Norteamérica demostró que el consumo de carne roja no debía superar los 400 gramos por semana, ya que de incrementarse podía inducir el cáncer de colon, el cáncer de próstata y el cáncer de seno. Empero, la misma asociación acaba de bajar sus recomendaciones a tan sólo ¡200 gramos de carne roja por semana! para evitar las citadas consecuencias.

–En sus 10 años como director del Hospital Infantil de México Federico Gómez se abocó, entre otras relevantes faenas de orden médico, a llenar de arte sus espacios, ¿cuál fue la motivación que lo empujó a ello?

–En general, los niños que ingresan al Federico Gómez están desnutridos y anémicos por pertenecer a las clases más pobres. Sus padres no pueden quedarse dentro del hospital, por tanto la soledad los invade día y noche, además de estar sujetos a diversos exámenes que requieren de punciones en brazos, piernas y en otros sitios para extraer la sangre; en fin, son niños desolados, asustados y en ocasiones aterrorizados, por lo que pensamos que era importante que donde quiera que estuvieran pudieran ver los colores de una pintura con algún significado, y les dimos la posibilidad de hacer sus propios dibujos.

“Un gran ejemplo de esto es Leovigildo Martínez, que en su niñez fue internado en el Hospital Infantil con poliomielitis y ganó el concurso de dibujo organizado por las voluntarias del hospital. Treinta y cinco años más tarde lo vi en Oaxaca ya como un pintor famoso, cuyas obras tenían la exclusividad en San Francisco, California. Platiqué con él y lo convencí de que donara una obra al Hospital Infantil para que los niños se recrearan con ella. Y no solamente fueron las pinturas las que tuvieron éxito, ya que nos ocupamos también de la música, promoviendo la creación del himno del Hospital1 y la grabación de un bello disco con música compuesta por niños que se intituló Mariposas del paraíso.

–Proteger a la infancia ha sido el leitmotiv, para usar el término wagneriano, de su vida. ¿Cree que la nación ha avanzado en darles un mejor destino a nuestros niños?

–En este contexto, tengo un proyecto llamado “Hacia una nueva generación de Mexicanos” que le presenté al entonces candidato a la Presidencia Andrés Manuel López Obrador y a quien le pareció muy importante, dado que se trata de nutrir a la mujer embarazada con todo lo que necesita el niño en desarrollo. En el momento actual ha aumentado la pobreza en nuestros niños, sobre todo en las áreas del sureste, donde se ha incrementado el número de familias en pobreza extrema. Esperamos que una vez que pase la pandemia podremos, con el apoyo del gobierno de México, iniciar esta gran empresa que hará que este país tenga menos niños desnutridos al nacer, cosa que redundará en el desarrollo de su inteligencia.

–Hablando desde su alter ego de artista, ¿qué consejos les daría a los médicos en ciernes para que readquieran la linfa humanística que debe correr por sus venas?

–Los consejos a los médicos en formación son fútiles si no se reciben durante la carrera. Ahora que la Facultad de Medicina de la UNAM tiene a un humanista como director, el doctor Germán Fajardo, deberían implantarse las materias de filosofía, ética médica, estética y apreciación musical en los primeros años, y recordarlas en los últimos años, cuando ya se cursan materias que involucran pacientes desfavorecidos.

–¿Cuáles músicas basadas en sus poemas nos quiere compartir para dejarnos con un sabor de boca que mueva a la esperanza?

–Citaré nada más aquellos que llevan al amor como tema central, pues ese es el verdadero motor del mundo: Si me dejaras de amar, Cuando te vayas, Te extraño, No es culpa tuya, no es culpa mía, Del río a la mar… (púlsese el código QR para su escucha). 

__________________________

1 Se sugiere la escucha del himno hospitalario y de algunas obras del CD Mariposas del paraíso. Asequibles en el código QR impreso.