Recorridos galerísticos vs. ferias de arte

La sustitución del modelo ferial convencional por recorridos galerísticos fue un gran acierto. Mucho más agradable para mirar y experimentar tanto la creación artística como la gestión curatorial de las galerías, la Semana de Arte Zsonamaco 2021 destacó por el predominio y diversidad de artistas mexicanos. Una circunstancia muy diferente no sólo al contenido artístico que caracteriza a una feria de arte internacional, sino también al mercado local del arte en México.

Sin necesidad de concertar citas, la semana inició el martes 27 con una afluencia reducida y constante ­principalmente de público joven. En lo que respecta a los participantes, la mayoría fueron galerías y proyectos establecidos en la Ciudad de México con algunas excepciones, como la galería Curro de Guadalajara –que fue huésped de la Nordenhake– y la Yam de San Miguel Allende –que ocupó una casa en la colonia San Miguel Chapultepec.

Del ámbito internacional, la Caja Negra de Madrid fue alojada en Proyecto Paralelo –ambos negocios vinculados por relaciones familiares–, y la galería guatemalteca Rebelde fue huésped en el estudio del artista Aldo Chaparro.

La mayoría de las galerías que participaron en el recorrido sobresalieron por la calidad de las obras exhibidas, a diferencia de la tradición ferial de Zsonamaco en la que, en un ambiente de experiencialidad saturada, abundan firmas de reconocimiento convencional en la escena global y obras de visualidad llamativa y contenido vacuo.

Además de su rigor sanitario –ausente en numerosas galerías–, la galería Le Laboratoire destacó notoriamente con la presencia de Alejandro Magallanes (Ciudad de México, 1971). Ilustrador y diseñador gráfico de reconocido prestigio en el ámbito editorial; Magallanes ha desarrollado una propuesta artística que, a partir de un humor fino e ingenuo, ­vincula narrativas gráficas con un pensamiento conceptual que se apropia de valores artísticos e intelectuales para evidenciarlos con nuevas resignificaciones.

En su participación en la colectiva denominada Hic et nunc (Aquí y ahora), el artista participa con tres proyectos y una instalación que involucran al espectador a partir del juego, el absurdo y el conocimiento artístico.

Para empezar, sus dos tapetes industriales de caucho y PVC que, al contraponer lo burdo de su textura con palabras de referencia simbólica, generan no sólo una sonrisa sino el diálogo reflexivo con la idea representada: Guggenheim y Below is poetry.

Realizado como una serie continua desde 2015, su proyecto Libros fósiles se despliega como un estand de librería. Realizado con libros que van a tirarse, sus fósiles son esos mismos objetos transmutados en esculturas gracias a su inmersión en pintura. Intervenidos con títulos que provocan la reflexión –Tu vida, pero mal traducida, Esto debería ser distinto, Antes y después–, sus libros, con la seducción retinal de las trampas de ojo, se relacionan conceptualmente con esas obras que en la destrucción contienen su creación. 

Y por último sus Cuadros. Denominados así porque el formato es un cuadrado de 1×1 m, en realidad son piezas que establecen diálogos con autores y lenguajes esenciales del arte moderno. Además de un espléndido Invisible –que sólo es una palabra que casi no se percibe–, en el conjunto destaca su fabuloso Chicle pisado que en formas y tonos refiere al perturbador norteamericano Philip Guston.

Otra presencia interesante es la de Taka Fernández en la galería YAM. Con tres espléndidos collages en blanco y negro con atmósferas aerosoleadas, el artista deconstruye manglares y figuraciones en composiciones abstractas repletas de manchas, gestos, grafías e intervenciones de masking tape.