A dos años de la presentación del Proyecto Chapultepec: Naturaleza y Cultura, el historiador y crítico de arte Alberto Híjar da a conocer la postura que sostuvo el 11 de enero en una reunión a la que la SC y el INBA convocaron a miembros de la comunidad cultural. Cuestionó entonces la marginación de especialistas y la designación del artista Gabriel Orozco como su coordinador, por su inexperiencia. Explica aquí cómo, sin alardes, la vida cultural en Chapultepec fue animada intensamente en otros momentos con actividades de gran arraigo popular en las que participó, como las de la Casa del Lago.
Luego de haber sido invitado a una mesa de discusión sobre el megaproyecto Chapultepec: Naturaleza y Cultura, con artistas y funcionarios de la Secretaría de Cultura (SC) y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), el historiador y crítico de arte Alberto Híjar Serrano lamenta que parezca que los responsables estén trabajando en secreto, con una idea de “gigantismo”, pero eso sí, sin consultar a los expertos:
Cuestiona:
“¿Para qué chingados servimos los investigadores que producimos libros, textos, videos, películas, y estamos refundidos en los centros de investigación de la Torre del Cenart (Centro Nacional de las Artes), en el Instituto de Investigaciones Estéticas, en el de Históricas, en el CIESAS (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social), si no es para asesorar, para orientar todo esto? Eso sería una garantía de que las cosas se hicieran bien.”
Han pasado ya dos años de la conferencia mañanera del 2 de abril, cuando el presidente, Andrés Manuel López Obrador, acompañado de la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, dio a conocer el Proyecto Chapultepec y se presentó al artista Gabriel Orozco como su coordinador. Éste se comprometió entonces a dar a conocer el plan maestro para las obras que se realizarían en las cuatro secciones del bosque en un año.
Pero como reza la canción del cubano Pablo Milanés, “el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos…”, y no hay tal. En noviembre pasado, el arquitecto Homero Fernández, coordinador del Complejo Cultural Bosque de Chapultepec, admitió en entrevista con este semanario que no hay un plan global. Mucha tinta ha corrido sobre el proyecto, y tanto en estas páginas como en la agencia Apro se han testimoniado los traspiés que lo tienen estancado:
Desde su inicio, cuando su elevado presupuesto (mil 100 millones de pesos en 2020 y 3 mil 508 para 2021) causó indignación entre la comunidad debido a que instituciones señeras, con mayores y más trascendentes tareas culturales, educativas, de investigación y jurídicas –como el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el INBA– vieron diezmados los suyos; y hasta la salida, en febrero de este año, del arquitecto Benjamín Romano, considerado pieza clave y muy cercano a Orozco.
Autor de la Torre Reforma, el arquitecto diseñó “gratuitamente” –dijo tras su salida– los costosos puentes peatonales que comunicarán las diversas secciones, finalmente considerados por el Gobierno de la Ciudad de México dañinos al entorno ecológico.
El pasado 11 de enero, la SC y el INBA convocaron a diferentes miembros de la comunidad cultural para hablar vía Zoom del proyecto. Participaron, entre otros, los artistas Antonio Gritón (promotor de las mesas), Alberto Castro Leñero, Demián Flores, la galerista Teresa Velázquez, el director escénico José Luis Cruz, el curador Iñaki Herranz, la periodista Adriana Malvido y el promotor cultural y guitarrista Gerardo Carrillo, quien convenció a Híjar de formar parte.
En entrevista telefónica con Proceso, el teórico marxista, historiador de arte, investigador del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap) del INBA y profesor jubilado de las facultades de Filosofía y de Arquitectura (durante el autogobierno) de la UNAM, hace un recuento de su intervención. En ella resumió cómo, con poco presupuesto, en diversos momentos del pasado se aprovecharon espacios cerrados y plazas al aire libre para ofrecer un sinnúmero de actividades en Chapultepec.
Se manifiesta en favor de una de las propuestas muy criticada: la Bodega Nacional de Arte, pero al cuestionar se ignore a los verdaderos expertos su reclamo es doble, ya que se pone al frente a Gabriel Orozco, quien, dice, carece de experiencia en este tipo de proyectos, además de otorgársele un presupuesto tan elevado:
“No es precisamente el más experimentado en proyectos públicos, al contrario, debutó con una entrevista en la que le preguntaron qué onda con la Escuela Mexicana de Pintura y se enojó mucho, dijo: ‘Yo no sé, no me importa todo eso, yo no tengo patria, yo vivo en Nueva York y luego en Tokio y después en Londres, esto es lo que vale’. Que un personaje con antecedentes funestos sea responsable de todo eso, es una verdadera amenaza de muchos millones de dólares de por medio.”
Piensa Híjar que tal vez hay empresas patrocinando a Orozco, como “seguramente” hicieron con su elevador o los automóviles aplastados, a los cuales juzga más como “mecanismos de mercadotecnia” que como obra artística, y por eso “es tan influyente”. Ello no estaría mal, pero “determina que un tipo sin ningún antecedente en arte público y diseño urbano, o diseño de jardines y de protección de la naturaleza, que es tan importante en Chapultepec, esté al frente de un proyecto multimillonario”.
–¿No hace falta ese presupuesto? ¿Bastaría con un buen plan de actividades para aprovechar los espacios ya existentes, como dijo en la reunión?
–Sí, lo más gacho es que hay gente que le sabe a todo esto y podría hacer un proyecto serio. Gabriel Orozco se ha asesorado, claro, hay maquetas y planos y proyectos, pero con la idea del gigantismo, de pasos a desnivel, subterráneos y puentes volados, etcétera, para que todo esto alcance hasta Santa Fe, ese rinconcito de Houston para empresarios fresas e ignorantes.
Bueno, bonito y barato
El también exprofesor de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), curador y promotor de proyectos colectivos en México e internacionales, y autor de Introducción al neoliberalismo y La praxis estética, aceptó participar en la mesa aunque no comulga con varios de los participantes, “que acostumbran a pedir apoyo estatal para sus proyectos”. Y es que en su caso, afirma, siempre ha lanzado primero su propuesta –no peticiones de apoyo o de beca.
Sin embargo, no se le ha convocado para conocer los planos, maquetas y proyectos. Los ha visto en entrevistas dadas por Orozco a la televisión:
“Y ya no las han repetido pues sería alebrestar a la comunidad intelectual y artística. Más bien están trabajando en secreto y seguramente cualquier día de éstos cerrarán el Periférico para demoler el Cárcamo del Lerma, de Diego Rivera, o algo así”, suelta con ironía.
Y añade sobre la falta de un plan maestro:
“Un proyecto integral debe ser dialéctico. Los detalles técnicos tienen que ser guiados por expertos en diseño de jardines y demás, y los hay en México. Un autogobiernista (en la Facultad de Arquitectura), Mario Schjetnan, que ha hecho excelentes parques en Azcapotzalco (Bicentenario) y en otros lugares, debería estar como una de las figuras que orientaran ese proyecto. Todo debería estar en manos de consejos de expertos que le sepan al asunto, con la guía y asesoría de historiadores, de antropólogos.”
–¿Tampoco serían necesarios los puentes y ese tipo de obras?
–No, lo necesario es seguir esa tradición del uso de los espacios abiertos en coordinación con agrupaciones que le sepan al asunto.
Recuerda, por ejemplo, que en algunos de esos espacios se organizaban el domingo de cada semana mesas redondas para discutir cuestiones culturales e iba muchísima gente interesada en escuchar a los expertos, “ese tipo de cosas son buenas, bonitas y baratas”.
Incluso, califica de histórico lo que se llegó a realizar en recintos como la Sala de Arte Público Siqueiros (SAPS), ubicada en Tres Picos, apenas cruzando el bosque, o la Casa del Lago, convertida en “un centro popular muy importante” con sus eventos al aire libre:
“Algunos los eché a andar yo y después que llegó Juan José Arreola se sostuvieron, con el añadido del ajedrez que a él tanto le gustaba; el préstamo de libros y revistas para que la gente se los llevara y no los regresara; Poesía en Voz Alta dejó de hacerse en la pequeña sala que tenía la casa para salir al aire libre; y otras como la presentación de la pastorela.
“Era una bellísima pastorela con máscaras y vestuarios conservados por el mayordomo de tradición campesina, que se montaba anualmente en la placita del barrio del Niño Jesús en Coyoacán, frente a la casa de Chávez Morado, y permanecía toda la noche con mezcal, tequila, pulque, tostaditas, quesadillas, y es lo que nos llevamos a Chapultepec, era todo un día de pastorela maravillosa.”
Hubo un pequeño teatro guiñol con el director Roberto Lago, que “era un éxito porque se reunían los papás con sus niños”; había baile folclórico; el INBA, “sin hacerles ninguna propaganda”, tenía ahí maestros de pintura, como Sarita Jiménez:
“La Casa del Lago fue un centro importante, más importante aún a partir de la toma del Foro Abierto, una belleza de construcción con camerinos e instalaciones abajo, y unas tribunas muy bien hechas enfrente. Cleta (Centro Libre de Experimentación Teatral, dirigido por Enrique Cisneros, El Llanero Solitito) se hizo cargo de todo eso, y los sábados y domingos se presentaban ahí desde activistas políticos hasta grupos de canto, danza, los que visitaban el país llegaban ahí, todo mundo pasamos por ese foro.”
Menciona que para el Taller de Arte e Ideología, nacido en la SAPS, se instituyó conmemorar la efeméride del mes, “eso que es tan importante en este país que no tiene memoria histórica y que trata a patadas al patrimonio cultural”.
En ese sentido, “en homenaje a mi compañero y hermano Jorge Portillo, que fue torero y acaba de morir”, rememora la importancia que tuvieron los espacios para la formación de toreros ubicados uno al lado del monumento a Gandhi y el otro al pie del Castillo de Chapultepec, por lo que en la presentación de la Secretaría de Cultura propuso que se podría activar y seguramente tendría gran éxito el lienzo charro La Tapatía, que está en desuso, “ahí por donde se están abandonando las instalaciones de la Secretaría de la Defensa para hacer nuevos centros”.
Barriendo y limpiando
Cita más acciones; además de las realizadas en la SAPS, la de los Voladores de Papantla, las que ya se hacen en los museos y en espacios de calles muy cercanas, como el teatro de la Paz de la Universidad Autónoma Metropolitana, el foro Shakespeare o el callejón de los edificios Condesa, donde se instaló una galería de arte que presentaba exposiciones y eventos al aire libre.
Asimismo, lo hecho por el Grupo de Arte en Acción, encabezado por el pintor y muralista José Hernández Delgadillo, las presentaciones donde participaban reconocidos actores, como Sonia Furió, Julia Marichal, Carlos Bracho, o el cantante Óscar Chávez. La pianista Alicia Urreta y otros compositores llegaron a estrenar en la Casa del Lago alguna obra y “eso se sostuvo durante años”.
Un cineclub, una galería que Híjar organizó con Salvador Pinoncelly en el sótano de la casa, “barriéndolo, limpiándolo, pintándolo”, pues así es como se hacen las cosas, subraya. La primera exposición fue del artista, y estuvo acompañada de un ciclo “que fue profético, lo llamamos La Nueva Generación, y presentamos a jóvenes desconocidos: Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Margarita Peña y Pinoncelly, fue muy importante”.
Ésa era la tónica: llevar la alta cultura con todo y sus agentes al contacto con los visitantes del domingo en Chapultepec y aprovechar los espacios abiertos “que siguen siendo desperdiciados”.
Lo que sí apoya, reitera el investigador, es la construcción de la Bodega Nacional de Arte, “ante la oposición de los distinguidos intelectuales y artistas que exigen beca y dinero para sus proyectos. Pero tiene razón el INBA, no hay en este país un lugar dónde resguardar adecuadamente pinturas, grabados, esculturas y gráfica en general. Tampoco dónde preservar documentos y objetos que están amontonados en el Centro Nacional de las Artes, esos edificios suntuarios espantosos, tan elogiados por los arquitectos fresa y tan denostados por Carlos González Lobo, que se burlaba de ellos y ponía de ejemplo el pasillo de cristales de la Escuela de Danza que deben pasar corriendo las bailarinas y bailarines, casi desnudos, para no ser vistos desde afuera”.
Señala que esas construcciones se hicieron para gloria de Carlos Salinas de Gortari, quien las inauguró como último acto presidencial, pero no tienen lugar para preservar documentos, y es la oportunidad para tomar cartas en el asunto. El mismo Museo de Arte Moderno, como se lo mostró Teresa del Conde, quien fue su directora, no tiene dónde guardar su colección de pintura y “está aventada en el piso y las paredes de una sala, sin orden ni cuidado especial”.
Peor que la bodega, agrega, sería estar como ahora, con las obras amontonadas en recintos, como en el Museo Nacional de la Estampa, el museo Tamayo y la misma SAPS, donde “no quedó huella de Siqueiros”:
“Si alguien quiere enterarse de su obra, no encontrará nada, quitaron todo cuanto hicimos el año que murió, en 1974, cuando fui secuestrado y torturado.”
Lo mismo sucedió en La Tallera de Cuernavaca, “destruyeron la casa en la que vivió con Angélica Arenal, mientras hacia la obra monumental del Poliforum”:
“Todo lo que poseía la pareja, muebles, tapetes, carpetas, candelabros… que recibieron en sus giras por la Unión Soviética, China, Egipto, no está:
“¿A dónde fue a dar? Quién sabe. Ahora son lugares para recibir artistas invitados que vengan de otros países… Lo último que hicieron en la administración pasada fue la intervención de tres austriacos que se pusieron un pincel en el ano y con él pintaron una manta frente al mural, proyecto de Siqueiros para el Estado de México. El arte conceptual ganó y fue llevado a quién sabe dónde el enorme retrato de Angélica”.
El punto, a decir suyo, es éste:
“En algún momento se derivó la ley del INBA para establecer consejos de asesores con expertos para guiar eso, si no todo se reduce al capricho de quien esté nombrado director por el dedo de dios nuestro señor, más bien nuestra señora, como dirían Aurora Reyes (pintora) y Concha Michel (cantante y compositora).
“Esa es la tragedia. Así ningún presupuesto, ningún apoyo oficial puede tener buenos resultados, porque se deben hacer proyectos de largo plazo, y esto sólo pueden discutirlos expertos que le sepan al asunto.”








