El desdén del gobierno por las vacunas 100% mexicanas

Al apoyar sólo la vacuna “Patria” –desarrollada por investigadores de la Universidad Monte Sinaí, de Nueva York, y cuyos derechos para su aplicación en México serán comprados por la empresa veterinaria Avimex–, el gobierno de López Obrador desechó los proyectos para crear vacunas netamente mexicanas que llevan a cabo varias universidades del país. Se rompió con “el esquema de tener un proyecto mexicano propio… que sea realmente ciencia mexicana, no ciencia comprada en el exterior”, resume Teresa de Jesús García Gasca, rectora de la Universidad Autónoma de Querétaro. 

Pese a que en México existen ocho proyectos científicos para crear una vacuna contra el covid-19, el presidente Andrés Manuel López Obrador y la directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), María Elena Álvarez-Buylla, sólo reconocieron el emprendido por la empresa veterinaria Avimex, desarrollado por investigadores extranjeros, descartando así los restantes siete proyectos que realizan distintas universidades del país.

Durante la conferencia mañanera del pasado martes 13, López Obrador y Álvarez-Buylla también anunciaron que este proyecto de Avimex es el que está desarrollando la vacuna mexicana “Patria”, la cual estará disponible –prometieron– a finales de este año.

Sin embargo, realmente el proyecto lo está realizando un equipo de científicos extranjeros que trabajan en la Universidad Monte Sinaí, de Nueva York, a la que Avimex comprará los derechos de la patente de “Patria” para su aplicación en México.

Estos hechos fueron omitidos en esa conferencia mañanera, donde sólo se dijo que a la vacuna “Patria” ya se le invirtieron 150 millones de pesos para su desarrollo, y se informó también que el biológico pronto comenzará su primera fase de experimentación con humanos en la Ciudad de México, donde ya se empieza a reclutar a un grupo de entre 90 y 100 voluntarios. 

Antes de concluir este 2021, prometieron, la vacuna “Patria” estará lista para aplicarse a los mexicanos y representará un ahorro de más de 800% respecto a lo que actualmente se gasta en importar vacunas producidas en otros países.

López Obrador, quien le puso el nombre de “Patria” al biológico neoyorquino, recalcó en esa mañanera: “Nosotros pensamos que sí debemos hablar y defender a la patria, por eso el nombre”.

Y recordó incluso al poeta zacatecano Ramón López Velarde, por ser el autor del poema La suave Patria, lo mismo que aludió a la transformación liberal de la época juarista en la que tanto se defendió a la patria. 

López Obrador y la directora del Conacyt no mencionaron, sin embargo, los otros cinco proyectos de vacuna que, junto con el de Avimex, actualmente coordina la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE): los dos desarrollados por la UNAM (uno en su Instituto de Biotecnología y otro en su Instituto de Investigaciones Biomédicas), el de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), el del IPN y el proyecto conjunto emprendido por la Universidad Autónoma de Baja California y el Tecnológico de Monterrey.

Tampoco aludieron a los otros dos proyectos de vacuna que, de manera independiente, se están desarrollando al margen de la SRE: el de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y el de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

Estos ocho proyectos aún están en su fase preclínica, lo cual significa que experimentan con animales, como paso previo para pasar a la fase clínica, en la que empezarán a experimentar con humanos, según detalló este semanario (Proceso 2319). 

La rectora de la UAQ, Teresa de Jesús García Gasca, se lamenta: “A los restantes siete proyectos de vacuna no se nos tomó en cuenta en esa conferencia mañanera. Simplemente se nos anuló, se nos sacó de su radar, de su horizonte. Y se fueron sólo con el proyecto de Avimex, una empresa que produce biológicos para uso veterinario”. 

–¿Por qué habrán escogido únicamente a Avimex?

–No lo sabemos. Ignoramos cuáles fueron los criterios para aprobar sólo a Avimex. Nunca los dieron a conocer. No sabemos si hicieron una evaluación para escoger sólo ese proyecto, dejando de lado los otros siete que, por cierto, todos son desarrollados por universidades del país.

–Con días de anticipación, López Obrador anunció que se abordaría el tema de la vacuna mexicana en esa conferencia mañanera. ¿A ustedes no se les invitó a participar en la conferencia?

–No, no fuimos invitados. No se nos tomó en cuenta en absoluto. Ni tampoco sabíamos cómo se iba a abordar el tema en la conferencia… ¡Nada!.. al menos debieron informar que existen ocho proyectos de vacuna. 

–Pero, finalmente, para López Obrador y Álvarez-Buylla sólo existe un proyecto, ¿qué opina al respecto?

–Me parece que están cometiendo un error garrafal, porque mientras más proyectos se estén apoyando tendremos más probabilidades de obtener una buena vacuna mexicana. Es una pena que así ocurran las cosas, pues sólo demuestra la corta visión de quienes toman las decisiones. 

Proyectos en marcha

Pese a este duro revés, García Gasca no se amilana y señala que continuará en marcha el proyecto de su universidad, el cual actualmente está por terminar su fase preclínica –en la que experimenta con cerdos, conejos, cabras y ovejas– y a punto de empezar a experimentar con humanos, al igual que el proyecto de Avimex. 

Dice la rectora de la UAQ: “Mire, nosotros demostraremos que nuestro producto vacunal es bueno. Tenemos una buena candidata a vacuna. Y así seguiremos trabajando en las tres fases clínicas que comprende la experimentación con
humanos”.

–Pero si ya de entrada el gobierno les dio la espalda al ningunearlos, ¿no existe el riesgo de que, a futuro, les niegue el respaldo que necesitarán? 

–Sí, ciertamente, no tenemos ninguna garantía de que vayamos a tener el apoyo gubernamental, como ya de hecho está ocurriendo, pues actualmente no hay ningún vínculo ni comunicación entre el gobierno federal y los proyectos de las universidades, a excepción del interés que por nosotros ha mostrado la Cancillería, pese a que el ámbito científico no es de su competencia.

Indica que la fase III de experimentación con humanos será muy costosa y ya requerirá, en efecto, de un fuerte apoyo gubernamental, pues es necesario juntar a miles de voluntarios para aplicarles el biológico, aunque –señala– podrán recurrir al apoyo de las farmacéuticas y de la iniciativa privada. 

“Ya veremos en su momento dónde conseguimos el apoyo y los recursos para seguir avanzando. Y si el gobierno continúa sin apoyarnos, por lo menos que no nos obstaculice; me refiero a que sus organismos regulatorios no detengan ni le pongan trabas a nuestro desarrollo de vacuna.”

Proceso solicitó hablar con la directora del Conacyt, para saber los criterios que tomó al elegir un solo proyecto, pero no obtuvo la entrevista. 

Por su parte, Alejandro Bravo Patiño, miembro del equipo científico que desarrolla la vacuna de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, comenta: “A través de los noticieros nos enteramos que se habló de la vacuna ‘Patria’ en esa conferencia de prensa. Fue todo lo que supimos”.

Y supone que sólo se habló del proyecto de Avimex por tener mayor avance que los otros. “Se dijo que ya va a entrar a su fase de experimentación con humanos. Qué bien, eso nos da mucho gusto”.

Aunque aclara que deben tomarse en cuenta todos los esfuerzos de las universidades por sacar una vacuna. “Cuantos más proyectos haya, y lleguen a buen puerto, será mejor para el país. Con tres o cuatro vacunas mexicanas podríamos enfrentar mucho mejor el covid”, dice. 

Mientras tanto, comenta el científico, “nosotros en la Universidad Michoacana continuaremos trabajando normalmente en nuestro proyecto, el cual iniciamos en diciembre del año pasado”. Explica que su biológico está “a mitad de la etapa de experimentación con animales, que planeamos concluir a finales de este año. De manera que, para principios de 2022 estaríamos entrando a la primera fase de experimentación con humanos”. 

–¿Han solicitado apoyo financiero al Conacyt?

–Sí. Nosotros sometimos nuestro proyecto a una convocatoria del Conacyt. Éste nos evaluó y nos calificó como un buen proyecto. Pero finalmente determinó que su techo financiero no le alcanzaba para apoyarnos. 

–¿De dónde sacan recursos?

–De nuestra propia universidad que, por fortuna, tiene vocación científica y cuenta con el Centro Multidisciplinario de Estudios en Biotecnología, que lleva 20 años funcionando y está muy bien equipado. Además, la universidad ya disponía de una plataforma tecnológica para el diseño de la vacuna, pues anteriormente trabajaba con diseños de vacunas contra otros virus que atacan las vías respiratorias. 

“Y en cuanto al recurso humano, quienes trabajamos en el proyecto somos los investigadores y los técnicos de la propia universidad, que paga nuestros salarios. Así hemos abaratado la fase preclínica, afrontando la situación con lo que tenemos.” 

De las tres fases que comprende la experimentación con humanos –indica–, la fase III resultará muy costosa pues requiere experimentar hasta con 3 mil voluntarios para comprobar la efectividad del biológico. Y en esa fase –dice–, la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios deberá contratar a una compañía especializada en aplicar esas pruebas y realizar sus estudios. “Estas compañías, que deben ser terceros certificados, cobran un promedio de 3 mil dólares por cada voluntario… Ya se imaginará las sumas millonarias que se requieren en esta fase de experimentación”, dice Bravo Patiño.

De acuerdo con estas cifras, cada proyecto de vacuna requerirá de 9 millones de dólares para experimentar con humanos en esa fase, si es que se aplica el biológico a 3 mil voluntarios.

Ciencia del exterior 

Por lo pronto, al proyecto de Avimex destinado a ser la vacuna “Patria”, el gobierno mexicano ya le invirtió 150 millones de pesos, de los cuales 135 millones los aportó el Conacyt, y los restantes 15 los puso la SRE, según informó el propio Conacyt en un boletín de prensa. 

La rectora García Gasca deja en claro lo siguiente: “Antes lo ignorábamos, pero hoy ya sabemos que el proyecto de Avimex no se está desarrollando en México, sino en Estados Unidos. El desarrollador de la vacuna ‘Patria’ es la Universidad Monte Sinaí, de Nueva York. Y Avimex no es la dueña de la patente, sólo está comprando los derechos”.

La misma Avimex, en un comunicado, confirmó que está desarrollando su biológico con “tecnología de la reconocida a nivel mundial Escuela de Medicina Icahn en Monte Sinaí (Nueva York, EUA), a través de una licencia de uso exclusivo para México”.

El proyecto de vacuna –precisa– se inició en marzo de 2020, “basada en un paramixovirus recombinante de la enfermedad de Newcastle (rNDV)”, cuyos “coinventores” son los virólogos Peter Palese, Horace W. Goldsmith, Florian Krammer, Adolfo García-Sastre y Arthur M. Fishberg. 

Con orgullo, agrega Avimex: “El Sistema de Salud Monte Sinaí es el sistema médico académico más grande de la ciudad de Nueva York, que abarca ocho hospitales, una reconocida escuela de medicina y una vasta red de prácticas ambulatorias en toda la región de Nueva York. Monte Sinaí es una fuente nacional e internacional de educación, investigación e investigación trasnacional, y liderazgo clínico colaborativo sin igual”.

Los 7 mil 200 médicos que trabajan para Monte Sinaí –señala el comunicado– están entre los mejores especialistas de Estados Unidos, mientras que su Escuela de Medicina Icahn –donde se desarrolla ‘Patria’– “es una de las 20 mejores de su tipo en el país”. 

Y menciona que “el presidente Andrés Manuel López Obrador y diversas instancias del gobierno federal acompañan al proyecto para asegurar que dicha iniciativa pueda ser apoyada con continuidad
garantizada”.

Ante estos hechos, García Gasca concluye decepcionada: “Al desarrollarse en Estados Unidos, la vacuna ‘Patria’ vino a romper con el esquema que impulsamos las universidades del país: tener un proyecto mexicano propio, hecho aquí por científicas y científicos mexicanos… que sea realmente ciencia mexicana, no ciencia comprada en el exterior”.