La música por sí misma (“tu única amiga” decía Jim Morrison en “When the Music is Over”) sale adelante y crea su propio universo moral de libertades individuales. ¿Cómo sobrevivir en una sociedad ruidosa, con productos baratos, ausentes de talento y honestidad artística e información falsa?
La respuesta halla emblemáticos ejemplos en dos voces nuevas que desde la intimidad de una recámara nos describen el mundo: Enrique Quique Escamilla y Diego Tapia.
I
Un monarca con guitarra sobrevolando de Canadá a México, al igual que las mariposas migrantes, el cantautor Enrique Quique Escamilla (Tuxtla Gutiérrez, 1980) ha trazado una y otra vez su ruta artística enlazando culturas y refrescando el territorio de la canción contemporánea.
Ganador del Premio Juno al Álbum Mundial de la Música por su primer disco 500 años de noche, en este álbum reflexiona sobre el sometimiento cultural de siglos hacia las llamadas culturas originarias de abundante pluralidad que ha nutrido la propia semántica de Escamilla. Estrella gastronómica de “Capsular Quiquantine”, el músico proviene de un estado que se caracteriza por entrelazar complejos territorios de lenguajes indígenas y contrastes orográficos que condicionan su expresión cultural (https://youtu.be/06Yv-XyLcL4).
El idioma artístico de Quique transita por territorios de la canción popular mexicana, evitando el encasillamiento temático o instrumental, pues hace convivir por igual a un ensamble de metales y la sencillez de la guitarra electroacústica, con una base de percusiones. Su formato admite un pequeño grupo básico o alguna pequeña orquesta de dotación variable. Interpreta repertorio popular e invenciones propias en varios géneros.
Los compositores que se realizan como cantautores, suelen buscar tesituras para encontrarse cómodos con el manejo de su voz, de tal modo que, consciente de sus limitaciones vocales, Quique no pretende abarcar rangos extremos, sino buscar ser accesible y natural. Esta característica permite que la música creada por él bañe el ánimo colectivo de su audiencia, ya se trate en espacios nocturno o recintos al aire libre.
Las letras comunican sus inquietudes y su creador renuncia a malabarismos intelectuales, en pos de compartir su visión que se inspira en una aldea globalizada por la interrelación musical. De San Cristóbal a Toronto, encuentra oyentes que consumen sus sonoridades celebratorias de géneros y expresiones libres combinadas, como en el “Huapango del tequila” (https://youtu.be/E2Qb7lfwMmc).
En estas nuevas generaciones se desarrolla, con auxilio de la tecnología, la habilidad para crear su material, llevándolo por todas las instancias de la producción: creación, interpretación, grabación y difusión, siendo ellos mismos su propio ingeniero de grabación.
Otro mérito de Quique Escamilla es que se atrevió a explorar y abrirse paso en Toronto, una metrópoli donde podría perderse, pero con la ventaja de su multiculturalidad y apertura a jóvenes creadores de diversos géneros. Allí siembra y cosecha sus productos para después compartirlos con la nueva cultura méxico-canadiense.
II
Por otra parte, los trabajos musicales de Diego Tapia (Ciudad de México, febrero 23 de 1990) son canciones de reflexión intimista y cierto desamparo ante la realidad contemporánea (https://youtu.be/rxB6ehxWgxo).
Su generación nació atrapada entre el remanente de los movimientos sociales que produjeron una revolución cultural en décadas pasadas y las nuevas tendencias que, con ayuda de la tecnología, pueden mostrarse autosuficientes para salir a un mercado saturado de información, donde no es fácil hallar una voz propia.
En el aislamiento de una habitación surgen con lírica sencillez sus canciones que, una vez terminadas, se asoman al balcón de los sueños y buscan emprender la aventura del vuelo para alcanzar oyentes o almas recíprocas.
Mira al espejo y reconoce en tus arrugas, que yo soy imaginante
como tú comprenderás…
Un bajo profundo puntea el cifrado de los acordes, evitando la saturación armónica y apoyado más bien en una pesquisa de timbres y ecos instrumentales, los cuales parecen resonar justamente en las paredes de una morada acústicamente acondicionada para ofrecer al canto buena solvencia con el acompañamiento.
En el fraseo de la línea melódica, nuestros oídos escucharán la forma de decir las cosas que los fundadores de las trovas utilizaban para expresar sus ideas, revistiendo el manejo fonético de imágenes emocionales (un aspecto que el cantautor habanero Amaury Pérez logra con destreza en sus discos).
Diego Tapia es un claro ejemplo de artista independiente, quien sabe producir con libertad en su propio estudio sin la presión que enfrentaron los artistas en tiempos pasados, comprometidos con algún sello discográfico comercial o apurados entre recintos costosos de grabación.
Con equipos y tecnología necesaria y accesible, Diego obtiene calidad en sus discos Imaginante y El Balcón y Tú, donde se advierte también una evolución y mayor soltura en los arreglos instrumentales. Su fogueo data de presencias en El Sapo Cancionero, El Mesón de la Guitarra, Foro 37, Café Ohalá, Casa Lamm y La Salamandra en Tepoztlán, Morelos (seguir en https://open.spotify.com/artist/1YkMRC8clegJaN91fzKiLo).
La soledad es un distintivo de esta generación. No obstante, ambos artistas han convertido la orfandad ideológica en una inspiración que encuentra consuelo en los actos creativos, otorgándoles más confiabilidad al aspecto de las relaciones humanas que a ciertas transformaciones sociales cuya temática frecuentemente acaba traicionándose a sí misma.








