“Pausa”: un proyecto para no detenerse

Interesante como fotografía, actitud artística y modelo de negocio, el proyecto Pausa que organizó Patricia Conde Galería demuestra la importancia de construir comunidades.

Inquieta, como tantos otros galeristas, por el freno económico que ocasionó la emergencia sanitaria por el covid-19, Patricia Conde diseñó una propuesta que integra creación, coyuntura y comercialización.

El concepto fotográfico general se basó en la realización de una obra que registrara la experiencia vivida por los creadores durante el confinamiento. La estrategia de negocio se concentró en la accesibilidad de los precios. La realización del proyecto fue posible gracias a la solidaridad de los artistas, que aceptaron reducir hasta en 85% el precio de sus fotografías.

Desde la perspectiva creativa, el reto de éstos no se limitó únicamente al contenido de la imagen, sino también a su producción. Además de la reclusión que les impedía el trabajo en exteriores, tampoco tenían acceso a la adquisición de materiales. Por lo mismo, algunos recurrieron a sus propios archivos, resignificando las piezas con nuevas lecturas.

Integrada por 28 fotógrafos, en su mayoría mexicanos y de reconocida trayectoria, Pausa contiene una imagen por autor en una edición de 20 piezas y dos pruebas de autor. Firmadas y con una impecable impresión digital en calidad de archivo, sobre papel de algodón y en un formato de 27.9 x 43.1 cm., las piezas, todas con un precio de 7 mil pesos, configuran una narrativa que es a la vez personal y compartida.

La añoranza de viajar y recorrer la naturaleza es representada por un pájaro inmóvil en la fotografía de Javier Hinojosa; la libertad del pensamiento que no se limita a la imposibilidad de transitar físicamente, se convierte en un personaje enjaulado que mira hacia afuera en la obra de Cristina Kahlo; el temor ante la incertidumbre se percibe en los pimientos atravesados por alfileres de seguridad de Dulce Pinzón; la fragilidad del ser humano es el tema de ese personaje masculino que caóticamente se desdobla y diluye en sí mismo, de Cannon Bernáldez.

Con unos enormes guantes que, como alas, destacan como sombras en un entorno soleado, César Ordóñez nos recuerda la generosidad de los trabajadores de la salud; la inequidad social, tan evidente durante la pandemia, es confirmada con un joven musculoso de mirada agresiva y desconfiada que, entre autos y muros, registró Francisco Mata Rosas; y en la intimidad, el redescubrimiento del entorno doméstico se convierte en “sutilezas” en la obra de Susana Casarin, y en dibujos con hilos de plumas que, como fragmentos de mapas, visualizan los recorridos privados de Paola Dávila.

Por sus diferencias y atrevimientos, en el conjunto destacan dos propuestas. Única en asumirse como protagonista, Belinda Garen participa con un espléndido autorretrato en el que actúa un empoderamiento que no logra ocultar la inquietud e inseguridad de su expresión facial. Sin prestarle aparentemente mucha atención, el motivo de su forzada fortaleza se descubre en esa tosca mascarilla que le cuelga en el cuello.

Y por último José Antonio Martínez, un fotógrafo de elegantes lenguajes que extrae de la técnica la poética de la imagen. Como era inadecuado salir por materiales, recurrió a una reserva de películas instantáneas que utilizó para crear una imagen solarizada –expuesta al sol– que posteriormente digitalizó. Centrada en lo que mira cuando trabaja en su escritorio, la fotografía híbrida –análoga y digital–, convierte su espacio privado en sugerentes texturas que discretamente develan la existencia de paredes, cuadros y sillones.

El proyecto y las charlas que lo han comentado se pueden consultar en: https://www.patriciaconde.online/shop y https://vimeo.com/user118469956.