Mario Vallarta Cisneros, su sobrino Sergio Cortez Vallarta y los hermanos Eduardo y Ricardo Estrada Granados –presuntos integrantes de la banda de secuestradores de Los Zodiaco, cuya existencia nunca se comprobó– no olvidan la noche del 27 de abril de 2012, cuando Luis Cárdenas Palomino, entonces titular de la División de Seguridad Regional de la Policía Federal, acudió al lugar donde los torturaban para que se declararan culpables de delitos que nunca cometieron. Ellos siguen en la cárcel y hoy su verdugo, el subalterno de Genaro García, es prófugo de la justicia.
El 27 de abril de 2012, alrededor de las 22:00 horas, un hombre se acercó a Mario Vallarta Cisneros y le preguntó: “¿Me buscabas?”, le dijo.
El interpelado llevaba entre tres y cuatro horas sometido a golpes y amenazas; apenas podía pensar con claridad. Antes de que pudiera responder, ese hombre de traje oscuro, con gabardina negra de cuero y zapatos de charol, le soltó a bocajarro: “Yo fui quien le rompió la madre a tu hermano Israel y a tus (otros) hermanos”.
Mario Vallarta reconoció a ese personaje de cabello recortado, tez blanca y nariz recta: era Luis Cárdenas Palomino, titular de la División de Seguridad Regional de la Policía Federal y uno de los colaboradores más estrechos del entonces secretario de Seguridad Pública Federal Genaro García Luna.
Era el mismo mando policiaco que años antes había presentado como presuntos integrantes de la banda Los Zodiaco a cinco miembros de la familia Vallarta, entre ellos a Israel, quien había sido detenido el 8 de diciembre de 2005 junto con la ciudadana francesa Florence Cassez
Sin embargo, la versión de la Policía Federal fue distinta: Israel y Florence Cassez habían sido capturados en supuesta flagrancia la mañana del 9 de diciembre de ese año en el rancho Las Chinitas.
En ese operativo fueron localizadas tres supuestas víctimas de plagio y el “rescate” fue transmitido en vivo por Televisa. No obstante, cuatro meses después la periodista Yuli García reveló que se había tratado de un montaje. Y esa técnica se convirtió en una constante.
El 7 de mayo de 2009, Cárdenas Palomino anunció la detención de René Vallarta Cisneros, hermano de Mario, y de Alejandro y Juan Carlos Cortez Vallarta, dos de sus sobrinos. Los tres fueron torturados y acusados de pertenecer a la banda de secuestradores Los Zodiaco. Ante las inconsistencias del caso, fueron absueltos en 2016 por un tribunal federal y liberados.
A finales de abril de 2012, en las postrimerías del sexenio de Felipe Calderón, aun cuando ya se conocían todas las irregularidades del caso, incluyendo el montaje televisivo contra Cassez e Israel Vallarta –transmitido en vivo en el noticiario del periodista Carlos Loret de Mola–, la Policía Federal detuvo al propio Mario Vallarta.
Aun cuando ya se perfilaba la liberación de Cassez –y poco después se consumó la derrota del PAN en las elecciones presidenciales de ese año–, la detención de Mario Vallarta y su sobrino Sergio Cortez Vallarta fue el último golpe del gobierno de Calderón para tratar de salvar la narrativa de ese caso. El propósito era justificar las acusaciones contra Cassez y la familia Vallarta.
La historia de 2005 con Israel Vallarta; la de 2009 con René Vallarta y la de 2012 con Mario Vallarta fue muy similar: detenciones en presunta flagrancia, tortura de los imputados, confesiones autoinculpatorias y testigos o víctimas que se retractan o se contradicen de manera abierta.
El 27 de abril de 2012, Mario, tercero de los hermanos Vallarta Cisneros, y Sergio Cortez –uno de sus sobrinos que quedaba libre–, así como los hermanos Eduardo y Ricardo Estrada Granados, quienes no tenían ningún vínculo con los primeros, fueron torturados por más de tres horas para que confesaran su presunta “participación” en la banda Los Zodiaco.
Ocho años después, el caso dio un giro: Cárdenas Palomino es doble prófugo de la justicia: en México enfrenta una orden de aprehensión por el delito de tortura, en la modalidad de instigador y autor material, en agravio de Mario Vallarta, Sergio Cortez y los hermanos Estrada Granados.
Además, una Corte de Distrito de Estados Unidos lo busca por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa y tres cargos de conspiración para traficar drogas en la misma causa penal por la que García Luna está preso.
Sin embargo, la pesadilla en tres capítulos que ha enfrentado la familia Vallarta y sus coacusados no ha terminado: Israel y Mario, así como Sergio Cortez continúan encarcelados, pese a las torturas y fallos judiciales que han derivado en la liberación de otros tres integrantes de la familia y de la propia Florence Cassez.
Los Estrada Granados también esperan sentencia y, por primera vez en ocho años, la orden de aprehensión que un juez federal giró contra los 13 elementos de la Policía Federal que participaron en su detención y tortura, incluyendo a Cárdenas Palomino, les ha regresado la esperanza de obtener su libertad.
“Aflójenlos”
En la causa penal 10/2020 que derivó en la primera orden de aprehensión por tortura contra Cárdenas Palomino, hay cinco testimonios que coinciden en que él llegó hasta el lugar de la detención en Iztapalapa con la consigna de seguir golpeando y maltratando a los detenidos aquella noche de abril de 2012.
“Aflójenlos”, fue la orden que Cárdenas Palomino les dio a 12 policías federales en aquella ocasión. Mario, Sergio y los hermanos Estrada Granados llevaban entre tres y cuatro horas sometidos a golpes y todo tipo de vejaciones.
Según la orden de aprehensión, que Proceso dio a conocer el pasado 24 de septiembre, entre los implicados hay dos mujeres: Maricela García Toledo y María Soledad Bonilla Tlaseca, y 10 hombres, identificados como Rafael Mayorga Amador, Alberto Jesús Cano Maldonado, Fernando Valdez Aparicio, Maclovio Bárcenas Olmos, Horacio Parra Rubio, Ricardo Cuatzo Lozano, Arturo Fabila Molina, Jaime Hazael Gutiérrez Valdez, Julio Ávila Mejía y Facundo Paul Huerta Pérez.
En una declaración presentada en junio de 2015, debido a que se negó a declarar al momento de su captura por desconfianza en las autoridades federales, Eduardo Estrada explicó que la noche del 27 de abril, entre las siete y ocho de la noche, mientras su hermana Marisol ingresaba a la casa, dos vehículos con personas armadas aprovecharon para ingresar por la fuerza y sin orden judicial.
Eduardo quiso huir, pero los gritos lo pararon en seco: “¡Párate!, hijo de tu perra madre. Te voy a matar. Cierra los ojos porque te vamos a matar”.
En cuanto los federales lo alcanzaron, iniciaron los golpes.
“Empezaron a pegarme en la cabeza con las manos abiertas, puñetazos en las costillas y la boca del estómago, con un trapo grueso y oscuro me taparon la cabeza, me jalaron las manos hacia atrás y me obligaron a abrirlas para colocar cosas de metal en ellas”, relató el detenido.
No tardó en caer al piso de la pensión y los policías federales comenzaron a brincar en su espalda, se dejaban caer de rodillas sobre su cuerpo. Los detenidos fueron torturados y acusados de pertenecer a la banda de secuestradores Los Zodiaco.
Le doblaban las plantas de los pies y le pateaban los testículos, maltrato y golpes que iban acompañados de peticiones para que se declara secuestrador y obedeciera las órdenes de sus captores.
Eduardo perdió el conocimiento por primera vez cuando se pararon sobre su cabeza y cuando despertó escuchó una voz que le decía: “de ahora en adelante eres un secuestrador”.
Los golpes por todo el cuerpo iban acompañados de amenazas contra su familia: “Vamos a violar a tu hermana Marisol en tu jeta si no colaboras, vas a hacer lo que se te diga”.
Luego le preguntaron por los Vallarta –“¿conoces a esos cabrones?”, le dijeron–, al tiempo que lo acusaban de tener secuestrada una persona en su casa, una presunta víctima de plagio que había llegado con los propios federales. Los golpes no cesaron hasta que aceptó declararse un plagiario.
¿Quién es ese pendejo?
Después de las 10 de la noche llegó Cárdenas Palomino y los golpes se reanudaron cuando le preguntaron a Eduardo frente a Cárdenas Palomino: “¿Qué te pasó?”
El detenido se sinceró: “Me pegaron”, respondió. Y se reanudaron golpes. “Tienes que decir que te caíste”, le exigieron.
Los oficiales celebraron la llegada de Cárdenas Palomino “tarareando una canción” que Eduardo no pudo identificar. El mando policiaco preguntó: “¿quién es ese pendejo?”. Y antes de que alguien respondiera, Cárdenas Palomino dijo: no importa, “de todos modos me los voy a chingar”.
Y ordenó sacar a los otros detenidos de un cuartito en el que estaban siendo golpeados. Eduardo no supo en qué momento los habían metido ahí, pues estaba vendado, aunque podía escuchar los gritos de dolor.
“Me quitan el trapo y alcanzo a ver a dos personas, entre ellas el mando que les grita: ‘Pendejos, ¿cómo los van a sacar así?’.”
Y comienzan a limpiarnos la sangre de la cara y la tierra del cuerpo; me suben a una camioneta junto con mi hermano Ricardo y después suben a otra persona. “Es a la que tienen que reconocer”, les ordenan. Era Mario Vallarta.
“Después se acerca una persona que reconozco: Luis Cárdenas Palomino. Se me acerca, me toma de la cara y me pregunta: ‘¿Qué te pasó?’. Me caí”, le respondió Eduardo, temeroso. Ya estaba aflojado.
Su hermano Ricardo declaró el 12 septiembre 2017: “Llegué a mi domicilio en la noche. Vi que había gente afuera y cuando pregunté: ‘¿Qué pasa?’, empezaron a golpearme. Me meten a golpes dentro de mi domicilio y me dicen: ‘Ya te cargó tu pinche madre’. Me dijeron que me callara y que hiciera todo lo que me pidieran”.
Ricardo llegó a pensar que era un asalto; los golpes lo tumbaron. Cuando estaba en el suelo una mujer le puso los pies en la cara y le dio tres patadas en los testículos. Le pidieron el nombre de su esposa y de sus hijos; le preguntaron por el dinero de manera insistente.
Como no respondió, comenzaron los toques eléctricos y las amenazas de muerte. “Tenemos el poder de matarte”, le espetaban con cada golpe o tortura por asfixia con bolsas de plástico sobre la cara.
Se resistía, por lo que los policías federales comenzaron a pegarle con un arma de fuego; incluso lo violaron con el cañón de la misma. Cuando le dijeron que lo mismo le iba a pasar a su hija y le enseñaron una foto de ella. Ricardo terminó por rendirse.
“Llegó una persona con traje oscuro, una gabardina negra, zapatos negros de charol, a la que ahora identifico como Luis Cárdenas Palomino. Me dijo que si iba a aceptar lo que se me decía o si necesitaba más”, narró Ricardo en su declaración ministerial.
“Ya entendiste de qué se trata o necesitas que te lo haga entender otra vez”, le insistió Cárdenas Palomino y le dio dos golpes en la cabeza con la mano abierta.
Ricardo “entendió” la tortura y aceptó que era parte de Los Zodiaco, una “peligrosa banda de secuestradores” que privaba de su libertad a comerciantes de Iztapalapa.
El mando policiaco se fue a pegarle a las otras personas detenidas: su hermano Eduardo, Mario Vallarta y a Sergio Cortez, a quienes no conocía. Eso ya no importaba en ese momento, en la declaración ministerial que le sacaron bajo tortura, dijo lo contrario.
“Tenía que aceptar lo que ellos me decían o lo que me habían hecho a mí se lo iban a hacer a mi hermana y a mi hija. Me decían: ‘Mira, hijo de tu pinche madre, vamos a ir por tu madre, por tu hermana’; me enseñaron una pantaleta de mujer. Es cuando acepté firmar”, explicó Ricardo.
Mario Vallarta nunca tuvo duda, siempre pensó que Cárdenas Palomino ordenó la tortura, la presenció e incluso participó en ella, por lo que el pasado 12 de agosto amplió su declaración en la carpeta por este delito e implicó al exjefe policiaco de forma directa.
Hoy Cárdenas Palomino enfrenta una orden de aprehensión y Mario Vallarta espera ser absuelto de la acusación por secuestro, en el que presuntamente participó su sobrino y los hermanos Estrada.
Su defensa advierte que es inminente que se invaliden todas las confesiones obtenidas bajo tortura, el método Cárdenas Palomino que la familia Vallarta vivió en carne propia y que todavía mantiene en la cárcel a tres de sus seis integrantes, todos ellos detenidos en el sexenio de Felipe Calderón.








