Al fin se llevó a cabo la encuesta para elegir dirigentes nacionales de Morena, pero eso no garantiza su estabilidad interna. El empate puede agravar la pugna. En entrevista con Proceso, el presidente de la Comisión Nacional de Honor y Justicia de ese partido, Héctor Díaz Polanco, señala que la designación de candidatos a 3 mil 528 puestos de representación popular para las elecciones de 2021 desatará una cascada de impugnaciones que pasarán por la citada comisión, pero terminarán en el Tribunal Electoral.
Creado hace seis años por Andrés Manuel López Obrador, quien como presidente de la República gusta del conflicto, Morena es el partido político más rijoso de México: no hay día en que sus militantes no presenten impugnaciones, pero no una ni dos, ni tres ni cuatro, sino hasta cinco diarias y 160 al mes.
En efecto, en los casi 14 meses que acumulan los pleitos derivados del proceso de renovación de su dirigencia nacional –de agosto de 2019 a octubre de este año– se han presentado 2 mil 250 impugnaciones internas ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia (CNHJ) de Morena.
Todas estas impugnaciones han ido a parar al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) que, en los hechos, ha gobernado a Morena.
Si el empate entre Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado para la presidencia de Morena que registró la encuesta ordenada por el TEPJF al Instituto Nacional electoral (INE) recrudeció las pugnas internas, con amagos hasta de ruptura, el proceso para las candidaturas de 3 mil 528 representantes populares y 21 mil 368 funcionarios para las elecciones de 2021 sólo anticipa más pleitos.
“Cuando se pase al periodo propiamente de manejo electoral de 2021 surgirán, por supuesto, un gran número de impugnaciones en relación con la selección de candidaturas, que tendrá que atender internamente el partido y que terminarán, en muchos casos, en el TEPJF”, advierte Héctor Díaz Polanco, presidente de la CNHJ, el organismo de Morena que procesa las pugnas.
Y por ello, en entrevista con Proceso, augura que los pleitos no disminuirán: “La vida interna seguirá igual de intensa por lo menos el próximo año o año y medio”.
Para Díaz Polanco, quien urge a renovar la instancia de justicia partidaria que preside desde la fundación de Morena –seis años de extenuante trabajo para dirimir la rijosidad interna sin recibir sueldo–, es normal tanta conflictividad, porque se trata de la primera fuerza política de México, que ganó la Presidencia y la mayoría en el Congreso.
“Este factor hace enormemente atractivo al partido, porque que sectores que se habían mantenido en los márgenes de esta organización y sin mostrar mayor interés por participar y abrirse espacios deciden, a partir de ese momento, ir con todo y tratar de definir cotos de poder”, contextualiza.
“Esta es –resume– la explicación de por qué tenemos esta abrupta subida en el número de los casos de impugnación y de juicios de protección a los derechos políticos ciudadanos, los famosos recursos ante el tribunal.”
La victoria de Porfirio Muñoz Ledo o de Mario Delgado en la disputa por la presidencia de Morena, que era incierta al cierre de esta edición, no significa que terminaron los pleitos por la dirección nacional, anticipa Díaz Polanco, acostumbrado a recibir todo tipo de impugnaciones:
“Si (el ganador) tiene poca legitimidad, habrá de nuevo muchísimas impugnaciones y expedientes que tratar, lo que, al contrario, disminuirá si tiene mucha legitimidad.”
Y es que a Morena le está ocurriendo lo que al PAN cuando ganó la Presidencia de la República con Vicente Fox, en 2000, pero sobre todo cuando Felipe Calderón lo sucedió en el cargo: se convirtió en el partido más conflictivo, con mayores impugnaciones ante el TEPJF.
De hecho, uno de los argumentos de Germán Martínez para presidir el PAN fue que su antecesor, Manuel Espino –ambos insertos ahora en el proyecto de López Obrador–, sólo había generado pleitos que, de diciembre de 2006 a septiembre de 2007, se tradujeron en 884 juicios ante el TEPJF.
“Somos el partido con más conflictos en el Tribunal Electoral. ¡Y esto se tiene que acabar!”, exclamó Martínez en el registro de su candidatura única impulsada por Calderón, en 2007: “No podemos aspirar a seguir gobernando el país cuando dejamos de gobernarnos a nosotros mismos”.
Fue en la gestión de Germán Martínez, quien la dejó inconclusa ante la debacle electoral de 2009 –periodo que completó César Nava–, cuando se dispararon los conflictos por las imposiciones de Calderón en el PAN: se acumularon más de 10 mil juicios ante el TEPJF en el periodo 2007-2010.
Desdén a López Obrador
Esta tendencia en la conflictiva interna la está observando Morena, cuyos grupos no fueron capaces de pactar la renovación de sus estructuras dirigentes y, ante tantas impugnaciones, el TEPJF resolvió, el 20 de agosto, que la presidencia y la secretaria general se eligieran mediante encuestas organizadas por el INE.
Exactamente un año antes, el 17 de agosto de 2019, la secretaria general de Morena en funciones de presidenta, Yeidckol Polevnsky, emitió la convocatoria al III Congreso Nacional para renovar la estructura dirigente, en medio de problemas por la exclusión de militantes y la manipulación del padrón interno.
Por eso, ante lo que se miraba venir, López Obrador recomendó, el 29 de agosto de ese año, hacer encuestas para elegir a dirigentes y candidatos, tal como él lo hizo cuando fue su presidente nacional, cargo que dejó en manos de Polevnsky, quien hizo de Morena un caos:
“Es mi opinión, que no es más que un punto de vista, para evitar confrontaciones (y) pleitos que afecten la imagen de Morena”, expuso López Obrador, quien hasta amenazó con irse del partido si “se echara a perder”.
Ni así le hicieron caso las facciones internas que, por estatutos, están prohibidas: comenzaron las impugnaciones internas ante el TEPJF, que anuló la convocatoria, el 30 de octubre, porque el padrón no era de fiar y se incumplió con la credencialización que el propio partido estableció en sus estatutos.
Perfilada desde entonces para seguir al frente de Morena, mientras hacía negocios que han sido denunciados ante la Fiscalía General de la República (FGR), Polevnsky estuvo de acuerdo con la nulidad, lo mismo Mario Delgado y Alejandro Rojas Díaz-Durán, el más tenaz impugnador ante el TEPJF.
La única que se inconformó fue Bertha Luján, presidenta del Consejo Nacional de Morena y quien forma parte del mismo grupo que, en enero de este año, llevó a la presidencia a Alfonso Ramírez Cuéllar y que impulsó a Porfirio Muñoz Ledo ante Mario Delgado.
“Todos aquellos que insistieron todos los días en echar abajo el padrón, el proceso electoral de Morena, son cómplices de este atropello y ellos están dentro de Morena, los tenemos que denunciar porque fueron el piso por el cual estos señores caminaron a este terrible laudo del tribunal”, dijo Luján sobre la sentencia.
En ese entonces Delgado amagó con retirarse de la contienda interna ante un “proceso corrupto, manchado por la corrupción”, porque avalar un proceso así daría como resultado “una presidencia espuria”.
Fue el inicio de un año de litigios, que siguió con la cancelación, el 24 de noviembre, del VI Congreso Nacional Extraordinario por la falta de firma de la presidenta en funciones.
Repentinamente, el 26 de enero, ya en 2020, se convocó a un Congreso Nacional Extraordinario, sin el aval de Polenvsky, que eligió a Ramírez Cuéllar como presidente de Morena por sólo cuatro meses, con el único propósito de convocar a una nueva elección.
Pese a que en marzo se emitió la convocatoria para la elección, la pandemia obligó a la suspensión. El 29 de junio se emitió la tercera convocatoria al III Congreso Nacional y el TEPJF ordenó que la elección fuera a más tardar el 31 de agosto.
Debido a las impugnaciones, la CNHJ revocó la convoctoria del 29 de junio y no fue sino hasta el 4 de agosto cuando se emitió la cuarta convocatoria.
Ramírez Cuéllar solicitó al TEPJF una prórroga para la celebración del Congreso Nacional, que fue rechazada y, por ello, ordenó la realización de una encuesta nacional abierta a simpatizantes y militantes para elegir a presidente y secretario general.
El 31 de agosto, el INE aprobó un cronograma para realizar dos encuestas, la primera “de conocimiento” para disminuir el número de candidatos, que generó inconformidades, y la segunda, que concluyó el jueves 8, para definir al presidente y al secretario general.
La decisión del TEPJF de ordenarle al INE organizar las encuestas para ambos cargos de Morena, con su estructura estatal y municipal desmantelada y caduca, no estableció ningún tipo de reglas sobre campañas, acceso a medios de comunicación y financiamiento de los candidatos.
Este caos sólo produjo versiones no acreditadas de corrupción de aspirantes, en particular contra el diputado Mario Delgado, y de los propios magistrados del TEPJF, cuyo presidente, Felipe Barrera Fuentes, propuso invalidar la propia sentencia de ese órgano y dejar en el cargo a Ramírez Cuéllar hasta después de la elección de 2021.
En medio de todo tipo de versiones, incluidas las supuestas presiones a los magistrados por parte del consejero jurídico del Ejecutivo, Julio Scherer Ibarra –a las que López Obrador no dio credibilidad–, la Sala Superior del TEPJF ratificó, el martes 6, su decisión de elegir a la presidencia y a la secretaría general de Morena con las encuestas, justo cuando estaban en curso.
“Desbarajuste”
En medio del caos en Morena, que nació como asociación civil un año antes de la elección presidencial de 2012, pero obtuvo su registro como partido político en 2014, López Obrador ha dicho que se mantiene al margen.
Y sí: a Ramírez Cuéllar nunca lo recibió, y ya en el cargo de presidente de la República, tampoco vio a Polevnsky. A diferencia de Muñoz Ledo, quien ha sido su crítico en numerosos temas tras dejar la presidencia de la Cámara de Diputados, sí ha recibido a Mario Delgado, en su carácter de coordinador de la bancada de Morena.
Y sin referirse a nadie específicamente, lamentó más de un año de “desbarajuste” en el partido que fundó y recordó que, según la más reciente encuesta de preferencias electorales del diario El Financiero, Morena triplica la ventaja ante PRI y PAN:
“Y se hace la encuesta y se le pregunta a la gente por qué partido votaría y ese partido está hasta arriba. O sea, es mucho pueblo para tan pocos dirigentes. Con todo respeto, porque no hay dirección, hay un desbarajuste. Sin embargo el pueblo tiene otra idea, ojalá y los dirigentes estén a la altura del pueblo, eso sería mejor. Pero también ¿por qué lo digo? Que no estén pensando en que son dispensables, insustituibles. Afortunadamente Morena es pueblo.”
Y es que ha sido más de un año de puros litigios en Morena sobre su proceso de renovación de la dirigencia, traducidos en 2 mil 250 impugnaciones e igual número de expedientes, según los registros de la CNHJ, cuyo presidente, Héctor Díaz Polanco, indica que estos litigios han tenido que ser resueltos en definitiva por el TEPJF.
“Desde agosto de 2019 a octubre de 2020, en la CNHJ se han examinado 2 mil 250 impugnaciones que han dado lugar a igual número de expedientes. Hemos trabajado 2 mil 250 expedientes en este plazo, que es aproximadamente un año dos meses, que es el lapso de intento de realizar la elección interna”, precisa.
De esos expedientes, añade, los magistrados del TEPJF han resuelto 818 relacionados con impugnaciones en el proceso interno de Morena. “Ellos mismos indicaron que en la última sentencia que emitieron, ahora para aprobar o refrendar el proceso de la encuesta que llevó a cabo el INE, que en esa sentencia acumularon 23 expedientes”, destaca.
“Por eso el número de expedientes en el caso del Tribunal es menor que el de la CNHJ, porque ellos proceden a hacer acumulaciones de expedientes y resuelven o reenvían, ya acumulados, estos expedientes a la CNHJ, que a su vez los conoce y los resuelve.”
–¿Qué evaluación hace de la vida institucional de Morena?
–Hasta la elección de la dirigencia de Morena no se había presentado esta cantidad de conflictos y, en consecuencia, de impugnaciones. Y esto se explica por una razón muy simple: estamos hablando de un periodo inmediatamente posterior a la enorme victoria electoral que tuvo el partido poco antes, en 2018.
“Eso hace, por supuesto, mucho más atractiva la pertenencia al partido e incita y estimula a ciertos sectores a querer participar en la vida interna del partido por razones obvias, porque ahora estamos hablando, en consecuencia, del partido triunfante en el proceso electoral del país y de la Presidencia de la República.”








