En medio año se han hallado 230 cuerpos El “corredor de la muerte” en Guanajuato

Cuatro municipios –Salvatierra, Cortazar, Acámbaro y Celaya– tienen el dudoso honor de haberse convertido en el “corredor de la muerte” en el estado de Guanajuato. En sólo medio año, colectivos de búsqueda han encontrado en esas cuatro demarcaciones los restos de 230 personas ejecutadas e inhumadas clandestinamente. Las buscadoras debieron detener su labor durante casi un año, por la pandemia; pero ya no pudieron esperar más. Proceso acompañó a esas mujeres en una de sus tenebrosas pesquisas.

CELAYA, GTO.– Enterrados en periodos distintos, sin coincidencia en las formas de inhumación, con disparidades en las edades de las víctimas: así son las fosas clandestinas halladas en cuatro municipios de ésta, la región sur del estado, convertida en un “corredor de la muerte”.

Salvatierra, Acámbaro, Cortazar y Celaya, todos municipios vecinos, son en este caso paradas funestas en el peregrinar de familiares y colectivos que buscan a cientos de víctimas de desaparición en Guanajuato.

De acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), los restos de unas 230 personas han sido recuperados en cuatro puntos de estos municipios, ubicados por los mismos colectivos en sólo seis meses.

Este periodo abarca búsquedas en campo que para los 12 colectivos ya constituidos en el estado apenas están empezando.

En el más reciente descubrimiento, un muy extenso predio en la loma donde termina la comunidad El Sauz de Villaseñor, en Celaya, hay indicios de que se podría superar el número de los encontrados antes en Salvatierra, Acámbaro y Cortazar, dice a Proceso la titular de la CNB, Karla Quintana Osuna.

Del 20 de febrero al pasado martes 16, de este sitio se habían recuperado los esqueletos completos de 20 personas, además de otros restos (cráneos y costillas) sólo en un área aproximada de 50 metros cuadrados, de una extensión total de 15 hectáreas. 

Es decir, apenas se han abierto pozos y se han obtenido hallazgos en un área que representa menos de 2% de la extensión del lugar.

“Esto va para largo… hasta el momento no tenemos plazo; creemos que va a ser un hallazgo grande”, dijo la comisionada en una visita efectuada el martes 16, en la que presenció la recuperación de tres esqueletos.

De las 15 hectáreas, casi siete han sido ya limpiadas de maleza y algunos huizaches, por lo que sobresalen claramente las decenas de banderitas amarillas y rojas que marcan los posibles puntos positivos que tendrán que ser excavados. 

El Sauz de Villaseñor es una comunidad de Celaya a 10 minutos de la cabecera municipal y a 31 kilómetros de Salvatierra, ciudad donde a finales del año pasado se localizó y exploró otro extenso sitio.

En Salvatierra, al final de las casas del Barrio de San Juan, se recuperaron los restos de 79 personas que están en proceso de ser identificadas por la fiscalía estatal para entregarlas a sus familiares.

Del otro extremo de Celaya, a una distancia muy parecida, se ubica la comunidad cortazarense de Cañada de Caracheo. En octubre de 2020 se supo también de otro hallazgo masivo en la parte posterior de un inmueble al final de una calle de esa localidad. (Proceso 2298). Cincuenta personas habían sido asesinadas y sus cuerpos fueron ocultados bajo tierra en ese lugar.

Mientras que en Acámbaro –a 33 kilómetros de Salvatierra–, del patio de un inmueble en plena zona urbana fueron exhumados entre noviembre y diciembre restos que corresponderían a otras 75 personas.

El punto en El Sauz de Villaseñor fue descubierto por integrantes del colectivo De Pie Hasta Encontrarte Guanajuato, cuyas integrantes acudieron por primera vez el 20 de febrero con buscadoras del colectivo Una Luz en Tu Camino. 

“Recibimos mensajes de la gente y pedimos a compañeras de otro colectivo que fueran con nosotras”, dice a Proceso Sandra Mercado, representante del colectivo De Pie Hasta Encontrarte. 

“Fue una llamada que se nos hizo de manera anónima. Nos dijeron que junto al panteón municipal estaba un lugar que se llamaba El Palenque, que subía gente y que allí había personas enterradas clandestinamente”, cuenta la buscadora. 

Lo primero que encontraron fue ropa, teléfonos celulares. “Había cuerdas amarradas a un huizache, con indicios de que allí amarraban gente. Nos atrevimos (a ir) con un poco de miedo… hacemos un rastreo de campo hasta que encontramos el punto, así le llamamos cuando ya se encuentra algún indicio”.

En esas primeras incursiones comprobaron que en el sitio se había sepultado clandestinamente a un número indeterminado de personas, por lo que dos días después se formalizó la búsqueda con las comisiones y con la Fiscalía General del Estado (FGE).

Este es el primer sitio explorado en el año, tras las restricciones del semáforo rojo por la pandemia que obligó a suspender casi dos meses estas búsquedas, lo que no impidió a buscadoras, como las integrantes de los dos colectivos, realizar estas prospecciones que les permitieron dar con el lugar, y obligaron a la posterior intervención de las comisiones de búsqueda y de la FGE.

En enero, al presentar su informe nacional sobre búsqueda e identificación de personas desaparecidas, la comisionada Quintana refirió que en 2020 se recuperaron en las fosas halladas en el estado los restos de aproximadamente 204 personas, lo que ubicó al estado en el segundo lugar con el mayor número de inhumaciones clandestinas, después de Jalisco.

En tanto que Salvatierra, Acámbaro y Cortazar se situaron entre las seis ciudades del país con el mayor número de cuerpos recuperados, precisamente por los tres puntos mencionados.

Diferentes características

El martes 16 Karla Quintana efectuó la primera visita al sitio en El Sauz de Villaseñor, después de cuatro semanas y media de trabajos. Permaneció toda la mañana y parte de la tarde en el lugar, donde las labores de excavación de pozos y recuperación de restos son fuertemente custodiadas por Ejército, Guardia Nacional, Policía Estatal y Policía Municipal de Celaya.

Para llegar al predio hay que pasar junto al panteón municipal, cuyos muros colindan con una construcción de dos plantas que presuntamente sirvió como casa de seguridad. 

“Nos dicen que se escuchaban gritos”, comentaron algunos integrantes de colectivos –en su mayoría mujeres– que acuden desde el 20 de febrero a rastrillar, machetear la maleza, remover la tierra con el azadón y clavar las varillas en la zona de búsqueda.

Mientras intentan descansar unos minutos –no hay resguardo del sol–, conversan sobre su familiar desaparecido, los hijos que dejaron en casa, los nietos que quedaron a su cargo, su tristeza y su único afán de seguir hasta encontrar a quien buscan.

Este llano de El Sauz es delimitado por un arco junto al cual se levanta un enorme inmueble que hace no muchos años operó como centro de espectáculos tipo country y palenque, según las versiones que han llegado a algunos de los colectivos. 

Del techo del inmueble sólo queda una estructura metálica, pero los muros siguen en pie. Hay rastros de los lujosos acabados del amplio salón, dos terrazas, algunos privados, baños, un elegante bar con cámara frigorífica, mientras en el piso se ven desperdigados algunos muebles desven­cijados, pero también prendas de ropa semiquemadas.

En el exterior, la entrada está enmarcada por palmeras que chocan con la vegetación de la zona, y junto a ellas hay un foso con agua verdosa y enlamada, donde pudo haber cocodrilos, según los rumores que resuenan hasta quienes hoy se están encontrando con que aquí existen en realidad dos cementerios, uno oficial y otro al amparo de grupos criminales. 

La mayoría de los restos exhumados aquí en El Sauz tienen una característica común: ataduras en pies, manos o ambos, con el mismo tipo de cuerda. 

Sobre los hallazgos hasta ahora efectuados en este sitio y el contexto regional, esto dijo Karla Quintana: 

“La información que tengo es que no coincide con los otros sitios en los que hemos estado. Es decir, no hay como un patrón que podamos seguir; en Salvatierra era gente más joven. En el caso de aquí hemos tenido, por lo que se puede apreciar a simple vista y que tiene que ser corroborado con pruebas de laboratorio, personas de 40, 50 años. Pero también me decían que por ejemplo ayer se localizó una mujer joven, entre 15 y 18 años, (aunque) es distinto, aquí sí tenían ropa, en Salvatierra no tenían ropa. No encontramos todavía un patrón.”

En busca de respuestas a estas incógnitas, este año la CNB y la Comisión Estatal de Búsqueda de Personas en Guanajuato comenzaron a elaborar un estudio conjunto sobre el contexto de esta región, donde están los hallazgos más numerosos.

La expectativa es que se agreguen otros puntos en esta misma zona. “No es sólo este predio, hay predios contiguos que tenemos que limpiar y hacer la prospección respectiva”, explica Quintana, quien agrega: “Tenemos información no sólo en Celaya, sino en diferentes puntos de Guanajuato”.

En esta visita, la comisionada dijo haber presenciado un trabajo más coordinado entre las autoridades que acompañan a las familias y colectivos en las excavaciones y recuperación de restos, además de que la FGE incorporó a personal especializado, como arqueólogas, al grupo que participa. 

“Lo habíamos dicho hace unos meses y se hizo; se está empezando a construir una metodología de trabajo en Guanajuato: las familias están ahí directamente observando el trabajo, a pie de fosa, literalmente, para observar que todo se realice con la mayor transparencia.”

Pero también reconoció que el fiscal estatal, Carlos Zamarripa Aguirre, no ha compartido aún con la CNB toda la información sobre la identificación de cuerpos recuperados.

Esta misma demanda formó parte de peticiones que un grupo de buscadoras expuso en un plantón instalado afuera del Teatro Juárez durante una semana, que levantaron el miércoles 17 tras el compromiso firmado por la FGE de no cerrar la información a las familias.

Al respecto, Quintana recuerda que, en Cañada de Caracheo, personal de la propia Comisión recuperó los cuerpos de tres personas en un área contigua al predio donde la FGE encontró los restos de 50 más. 

La FGE negó el acceso a los colectivos y a las comisiones a dicho predio, con el argumento de que el hallazgo derivó de una investigación por homicidio y no propiamente de una búsqueda de personas desaparecidas.

“No tenemos datos sobre si ya fueron identificados.”

Por ello, una vez más se le solicitará por escrito al fiscal que informe sobre la identificación “de todos los hallazgos que se han tenido en Guanajuato”.