Una combatiente llamada Elena Huerta

La pintora coahuilense es de las pioneras del muralismo femenino, está en el origen. En 2013 el Conaculta editó en dos tomos el libro Mujeres en el Salón de la Plástica Mexicana, donde se reunieron perfiles de 160 creadoras, entre ellos este trabajo de la secretaria de la Asociación de Maestros y Amigos del Salón de la Plástica Mexicana y vicepresidenta de la Casa de Coahuila.

 

La metamorfosis de Elena Enriqueta Huerta Múzquiz, a través de sus diferentes épocas, es abismal. Nació en el seno de una familia tradicional el 15 de julio de 1908. Su padre y su abuelo fueron gobernadores del estado de Coahuila, de estirpe militar. Estudió en la Academia de Arte de Saltillo durante cinco años, uno con el maestro Rubén Herrera, gran pintor académico, formado en la famosa escuela italiana, que regresó a México a petición del presidente Venustiano Carranza; con él, se formaron los mejores pintores de Coahuila, creadores de la Corriente Pictórica de Saltillo.

Cuando tienes en tus manos la fotografía de Elena, llamada por todos La nena Huerta, no te imaginas la vida tan azarosa que vivió, es como si entraras a una novela con todos los ingredientes: Amor, dolor, pasión e intriga.

De la tranquila vida sencilla, a los 21 años partió a la capital para continuar sus estudios en la Academia de San Carlos, de 1929 a 1933. Muy joven quedó huérfana de padre; para pagar sus estudios y no abandonar el arte, trabajó muy duro. Gracias a su experiencia artística, en 1929 obtuvo un puesto de docente en el Departamento de Bellas Artes (SEP), dando clases de artes y oficios en escuelas primarias. En 1931 fue comisionada al Departamento de Teatro de la misma secretaría, en varios proyectos de teatro guiñol; iniciando su relación con los hermanos Cueto, Angelina Beloff y Leopoldo Méndez, con quienes formó la Compañía de Teatro Infantil que se inauguró con su obra: El Gigante Melchor. Regresó a la docencia, años más tarde, por problemas de salud.

Convivió con los tres grandes: Orozco, Diego y Siqueiros. Con Diego la unió una buena relación, en cambio con Siqueiros la relación fue más íntima: se casó con el hermano de su esposa, Leopoldo Arenal, artista y miembro activo del Partido Comunista Mexicano (PCM), con quien tuvo un hijo y dos hijas.

Es difícil imaginar a la jovencita que llegó de Saltillo con el puño levantado. Su adoctrinamiento político fue tan fuerte que cuando Diego Rivera se refería a ella y a Electa, su hija, les decía Las Rusitas. Viajó mucho a la URSS para su capacitación política y por problemas de salud. Entre 1941 y 1945 va a Europa y permanece en la URSS durante la Segunda Guerra Mundial. Tanto Elena como su marido y sus hijas fueron activistas políticos de izquierda. Las hijas vivieron durante su infancia en la URSS y convivieron en un ambiente politizado, pero muy duro. De Leopoldo Arenal se divorciaría al regreso de Rusia.

Elena fue cofundadora en 1938 de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, la LEAR, surgida a raíz de la campaña presidencial de Lázaro Cárdenas, e integrante del Taller de Gráfica Popular (TGP) en 1946, nacido bajo su gobierno y cuyo fin era llevar el arte a las masas. Fue miembro del Salón de la Plástica Mexicana, al cual ingresó en bloque con todos los miembros del TGP. Dirigió varias galerías de México, creadas por el INBA: la José María Velasco, la José Guadalupe Posada instalada en la colonia Doctores, y la José Clemente Orozco en Peralvillo. En 1952 le encomendaron realizar un mural en la Universidad Antonio Narro, en Saltillo, Coahuila, apoyada por su hija Electa y por el maestro Eloy Cereceros. En esa época muere su hijo, lo que le causa una gran pena, y regresa a la Ciudad de México.

Elena fue profeta en su tierra. Después de su agitada vida social y política, a los 65 años volvió a Saltillo donde el gobierno municipal le encargó un mural con la historia de la ciudad, más de 450 m2, hoy Centro Cultural Vito Alessio Robles. Cuando pintaba el mural, otra tragedia familiar enlutó su vida: Su hija Electa, poeta, artista y luchadora social, murió al caerse de un andamio cuando estaba trabajando en el Polyforum con su tío Siqueiros.

El recorrido del mural es también el de su vida… bellos rostros que aprendió a pintar con Rubén Herrera, reivindicaciones de género y activismo político; al finalizar el paseo, se recibe una lección de la Historia de Saltillo tan didáctica como su teatro popular y guiñol, y finalizamos con la visita al acervo donado por la familia, donde se aprecia su obra gráfica, en especial la realizada en 1957 durante su viaje a China.

Elena Huerta escribe al final de la vida sus memorias: El círculo que se cierra, publicadas por la Universidad Autónoma de Coahuila en 1999. Falleció en Monterrey en 1997 a los 89 años de edad. Su hija Sandra Arenal, escritora y activista social, continúo su ejemplo y luchó por los derechos humanos de las mujeres y los niños en Monterrey.

El germen de la libertad y el arte inculcado por sus padres dio sus frutos, y sus nietas y nietos se dedican actualmente al arte y la literatura en Monterrey, Ciudad de México y Mérida.