Sumamente conocidos por su estampación en formato de papalotes y, sin embargo, desconocidos en lo que respecta a su valor como obra artística, los esténciles de Francisco Toledo (1949-2019) son un tema inexplorado y fascinante.
Y se imponen, así, como un interesante territorio de estudio que vincula creación, artivismo y economía artística.
Su origen se remonta aproximadamente a los años 1999-2000 cuando, en su interés por dinamizar la comercialización del papel artesanal y ecológico que se producía en un taller fundado por el maestro en 1998 en San Agustín Etla, Oaxaca –denominado Taller Arte Papel Oaxaca en el 2000–, Toledo inició la estampación de esténciles en las portadas de cuadernos de distintas dimensiones.
Concebidos como objetos de uso de diseño artesanal, los cuadernos, con base en lo que narra el director del Centro de las Artes de San Agustín Etla (CaSa), Daniel Brena, acompañaron la exposición de Francisco Toledo en la Whitechapel Art Gallery de Londres para comercializarse en la tienda de ese recinto gubernamental.
Con base en el folleto que publicó CaSa en 2018 para celebrar los 20 años del taller
–posteriormente denominado Taller Papel Vistahermosa–, el maestro inició la producción de papalotes en 2004 con una pieza que representaba a dos cangrejos volando uno de ellos.
Identificados desde entonces a partir del protagonismo cultural y simbólico del objeto, los papalotes opacaron la importancia de la creación toledana. Diferentes, pero no por eso menos importantes que su producción gráfica tradicional –en metal, madera y piedra–, sus esténciles no han sido valorados ni artística ni comercialmente como merecen.
Producidos en los primeros años con dibujos del maestro que traspasaba a plantillas de cartón recortadas manualmente con tijeras, los esténciles representan sus temas característicos: animales y autorretratos. Carentes de esa precisión dibujística tan característica de su gráfica tradicional que, entre el control y el gesto, destaca por la diversidad expresiva de sus finas líneas, los esténciles se imponen por un volumen protagónico que logra concentrar, en el ancho de una línea o en la profusión de una forma, la esencia animal, mítica o antropomorfa de lo representado.
Comercializados con gran éxito desde su inicio, los papalotes y cuadernos carecen de un registro que permita identificar su ubicación y fecha de adquisición. Una carencia que ahora puede solucionarse gracias al acervo que resguarda el coleccionista y galerista Norman Bardavid.
Dedicado desde la pasada década de los ochenta a organizar subastas de vocación filantrópica a través de su Galería 10/10, Bardavid compró, entre 2006 y 2007, un numeroso lote de esténciles estampados en cuadernos de gran formato y papalotes de diversos formatos: rombos, cuadrados, hexágonos y octágonos.
Adquiridos durante el conflicto magisterial que mantenía a la Ciudad de Oaxaca aislada de la economía turística, los esténciles cumplieron en esos tiempos con el doble objetivo de apoyar el mantenimiento del Taller Arte Papel Oaxaca, y servir como intermediarios para otras causas de servicio a la sociedad.
Sin embargo, ahora después de más de 14 años, la seguridad de la procedencia de su acervo ha permitido iniciar el estudio de esa producción gráfica de Toledo centrada en la técnica del esténcil.
Realizados sobre papeles de espléndidas atmósferas cromáticas pintadas con aerosol, estampados en tintas de potente visualidad, y realizados con plantillas recortadas en cartón con tijera, los esténciles de la primera etapa se diferencian notoriamente de aquellos que, posteriormente, se elaboraron con plantillas de radiografía reutilizada cortada con rayo láser estampados en soportes monocromáticos.
Las imágenes de los esténciles de la primera etapa se caracterizan por la contundencia sintética y directa de los animales que se representan. Abundante en el tema de los murciélagos –caras diferentes, con alas abiertas, volando de frente–, sugerente en esas caras de chango que llegan a parecerse a algunos autorretratos del maestro, y un tanto extraña en las geometrías que rodean a los elefantes, la zoología de los esténciles se distingue por la originalidad de su propia narrativa.
La primera generación de papalotes y libretas estampados con esténciles del maestro Francisco Toledo se distingue por la expresividad de las atmósferas cromáticas y la contundencia de los volúmenes de las imágenes.
Firmados por Francisco Toledo y con la etiqueta del Taller que los produjo, los esténciles del maestro, ya sea interviniendo papalotes o libretas, son obras únicas e irrepetibles en las que murciélagos, changos, peces, vacas, arañas, cangrejos, caimanes, gatos y hasta sirenas, sandías y uno que otro autorretrato del maestro, conviven entre ellos, con elementos geométricos y hasta con alguna que otra impronta que delata algún petate o petatillo.
A diferencia de la mayoría de las obras creadas con técnicas de reproducción múltiple, los esténciles de Toledo estampados en papel artesanal del Taller Arte Papel Oaxaca, se distinguen por ser obras únicas. Si bien las plantillas se han reproducido innumerables veces, las composiciones, incluyendo las imágenes y las atmósferas cromáticas, son siempre diferentes.
Expuestos actualmente en el Museo Galería Arte Mexiquense Torres Bicentenario, los esténciles vuelan al cielo mientras los cuadernos detienen la mirada, evidenciando la riqueza de ese proyecto que Toledo diseñó para apoyar la economía de una comunidad.








