El lanzamiento de Galería Proceso remite al nacimiento de la revista, pues en 1976 más de un centenar de creadores intercambiaron obra (pintura, escultura, grabado, dibujo, fotografía) por acciones para la nueva empresa, Comunicación e Información, SA. Así lo consignó el escritor Vicente Leñero en el libro Los periodistas (1978), en el que testimonia la subasta que entonces martilló la crítica de arte Raquel Tibol.
Algo ha enseñado la compleja situación provocada por la emergencia sanitaria del covid-19: La necesaria solidaridad social. De ahí la apertura de Galería Proceso, un proyecto basado en la relación entre la proyección del arte y su activación en el mercado.
El vínculo Proceso-comunidad artística se remonta a los orígenes de la revista, pues en su fundación jugaron un papel fundamental los creadores visuales. En efecto, la crítica de arte Raquel Tibol organizó, el sábado 25 y el domingo 26 de septiembre de 1976, una subasta cuyo resultado se traduciría en acciones de la empresa para artistas plásticos. En la Sala de Arte Público Siqueiros de la calle de Tres Picos, Polanco, Tibol martilló la venta de alrededor de un centenar de obras (pintura, escultura, grabado, dibujo, fotografía), evento para el cual el periodista Pedro Álvarez del Villar escogió un lema propagandístico: Para los amantes de la buena pintura, una subasta pro buena lectura.
La prosa sin desperdicio de Vicente Leñero recogió para siempre en su novela de no-ficción Los periodistas (1978) aquella experiencia en la mesa de remate:
Preciosa Raquel Tibol dirigiendo la subasta, incitando a ofrecer cuánto por este óleo que tiene un precio hasta de diez mil pesos y que yo estoy dispuesta a rematar si me ofrecen cuánto, cuánto me ofrecen por esta maravillosa pintura de tanto por tanto cuyo autor nombre y apellido está considerado actualmente entre los más representativos de la nueva pintura mexicana, tres mil pesos, aquí hay un caballero que nos ofrece tres mil, ya me ofrecen tres mil pesos por este óleo con un valor mínimo de diez mil pero que yo saco a remate por tres mil pesos, un regalo, da pena con el artista ofrecerlo en tres mil, tres mil quinientos, tres mil quinientos pesos, quién da más, quién da más de tres mil quinientos pesos, cuatro mil, cuatro mil pesos y lo voy a tener que regalar en cuatro mil si nadie ofrece un poco más, cuatro mil quinientos, cuatro mil quinientos por el óleo de un gran artista mexicano, espléndido pintor, cuatro mil quinientos, cuatro mil quinientos y se va, cuatro mil quinientos a la una, cuatro mil quinientos a las dos, piénsenlo bien, no se vayan a arrepentir después por no arriesgar un poco, cinco mil, muy bien caballero, cinco mil pesos, cinco mil pesos por el óleo, cinco mil quinientos dice la señora, seis mil, ya tengo aquí seis mil pesos, seis mil, seis mil pesos a la una, seis mil pesos a las dos, seis mil pesos a las dos y se va, se va en seis mil pesos a las dos, seis mil quinientos, siete mil, siete mil quinientos, siete mil quinientos a la una, siete mil quinientos a las dos, siete mil quinientos a las dos se va, siete mil quinientos a las tres y es suyo caballero, se lleva usted un maravilloso cuadro en siete mil quinientos pesos, magnífica compra.
En la subasta virtual que este domingo 20 da origen a la Galería Proceso participa otro protagonista del mercado del arte: el coleccionista y galerista Norman Bardavid, quien pone a disposición de Proceso parte de su espléndida colección de Papalotes y Cuadernos realizados por el maestro Francisco Toledo, para otra histórica subasta.
La conjunción no podía ser mejor, dado que Francisco Toledo, en sus últimos años, fue colaborador de Proceso a través de su columna quincenal “Toledo LEE”, donde reunió textos de autores de su preferencia con dibujos de su autoría.
Concebida como el inicio de un proyecto que tiene como objetivos construir valor artístico con base en el conocimiento especializado, promover la creación y dinamizar la economía del arte, esta subasta de 13 esténciles estampados en papalotes y 20 portadas de cuadernos firmados por el maestro juchiteco añade otro factor gracias a la concepción de Norman Bardavid, la de acceder a la obra a precios más accesibles.
En las oficinas del semanario, desde donde se trasmitirá en vivo la subasta virtual el mediodía del próximo domingo 20, una buena cantidad de obras artísticas que no alcanzaron a venderse por Tibol hace ya 44 años, ocupan sus muros. Entre ellas, una escultura de hierro de Ángela Gurría, que preside el entrepiso de la escalera principal, colocada ahí para que una ventana lateral filtre sus rayos por algunos agujeros y los proyecte en la pared del fondo.
Abajo, en una placa metálica, el nombre, simbólico, que la artista escogió: Escudo de luz. 12








