El MACO de Oaxaca: un modelo que exige evaluación

Tan responsables los unos como los otros. El conflicto administrativo que existe en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) evidencia la incapacidad profesional que existe tanto en la gestión del museo como, también, en todo el aparato cultural gubernamental federal y estatal.

Que los trabajadores no hayan recibido su salario desde hace nueve meses es consecuencia de la gestión de la directora del recinto, Cecilia Mingüer, quien desde abril de 2020 debió haber atendido el problema.

Que el gobierno del estado de Oaxaca, a través de la Secretaría de las Culturas y las Artes de Oaxaca, no haya otorgado el apoyo financiero porque la directora no entregó en tiempo y forma los informes financieros y la documentación contable que exige la ley –como señala en un comunicado fechado el pasado 30 de enero la Asociación Civil Amigos del MACO que administra el museo–, es responsabilidad tanto de Mingüer como de cada uno de los integrantes de la A.C.

Y entre la directora y los Amigos del MACO, los más dañados por la pésima gestión de ambas partes son los trabajadores, que no han recibido la retribución económica correspondiente a su desempeño laboral.

Inaugurado en 1992 como uno de los primeros museos de arte contemporáneo del país, el MACO se creó con el objetivo de reunir, resguardar y difundir la obra de los artistas más relevantes de la entidad: Rufino Tamayo, Rodolfo Morales, Rodolfo Nieto y Francisco Toledo. Fue pensado e impulsado en su origen por un grupo de artistas egresados del Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo –como Filemón Santiago, Juan Alcázar, Alejandro Santiago, Enrique Flores, Eddie Martínez, Emiliano López y Maximino Javier, entre otros–. Y al proyecto, como señala la pionera del mercado del arte contemporáneo en la capital oaxaqueña, creadora de la Fundación Rodolfo Morales y exgalerista, Nancy Mayagoitia, se sumó el reconocido artista Francisco Toledo cuando se instaló definitivamente en la Ciudad de Oaxaca.

Desde su inicio, el modelo de administración del museo se basó en una coparticipación entre el gobierno del Estado de Oaxaca y un grupo de ciudadanos vinculados con el arte y la iniciativa privada. Ubicado en un espléndido recinto virreinal de propiedad gubernamental y financiado con una partida presupuestal otorgada por la Secretaría de Culturas y Artes de Oaxaca, el recinto siempre ha sido operado a través de Amigos del MACO, responsable de contratar al director o directora del recinto.

Carente de una plataforma de información pública profesional que permita ubicar tanto su acervo y actividades como la operación, conformación, estatutos y reglamento de la A.C. que lo administra, el MACO es un museo que comprueba la urgencia de auditar el desempeño de todos los recintos del país que operan con presupuesto público, ya sean institucionales o de operación híbrida, como el mismo MACO.

¿Cuál es el procedimiento para elegir a los integrantes de la Asociación Civil Amigos del MACO, cuánto tiempo permanecen en sus puestos, qué ingresos obtiene la asociación al margen del presupuesto gubernamental, qué personas o empresas son sus aliados, y cómo se regulan los conflictos de interés entre los miembros de la asociación y la gestión museística?

Entusiasmado en la creación del museo, Francisco Toledo se retiró en 2013 después de solicitar una auditoría museística. ¿Qué fue lo que observó el artista que causó la molestia de la asociación?

Si bien es indispensable que se liquiden a la brevedad los salarios de los trabajadores del MACO, también lo es que se evalúe la pertinencia de estos modelos de administración híbrida para evitar opacidades y tribalismos.