SAN PEDRO TLANIXCO, Estado de México.- Rey Pérez González fue prófugo más de tres lustros. Sin un lugar fijo para vivir, siempre escondiéndose, sin un trabajo permanente.
“Gracias a Dios nunca pudieron agarrarme, pero en los operativos que hicieron golpearon a mi papá y a mi mamá.
“Apenas regresé hace unos meses al pueblo. Me fui a esconder a varios lados. Anduve en México, en Hermosillo, en Los Cabos. Y acabé huyendo a la sierra de Hidalgo. En todos los lugares trabajaba una semana en la construcción y me tenía que mover para que no me ubicaran.
“Con mi situación no me alcanzaba para mandar dinero. Sólo tengo un hijo que ahorita tiene 26 años, ya se juntó y ya soy abuelo de una niña. Así pasó todo. Uno sin deber nada. Resulta que me convertí en uno de los 20 delincuentes más buscados del Estado de México. Hicieron cartelones con mi foto.
“Mi mamá tenía cáncer la primera vez que me vinieron a buscar. Al año de que me fui huyendo falleció, y mi papá a los ocho años de que no estaba. Yo sacaba para mantenerlos a ellos, a mi esposa, a mi hijo y a una sobrina. Todo se acabó.
–¿Tenía algún cargo en el comité de defensa del agua?
–Era el presidente del comisariado. En las negociaciones sobre el agua estaba en primera fila. No sé si por eso me cargaron todo el peso. Regresé hace un año. Pasé como prófugo más de 15 años.
–¿Qué encontró a su regreso?
–Mi esposa se fue a México a trabajar en casas, mi hijo se juntó y la nieta va a cumplir tres años.
–¿Qué fue lo primero que hizo cuando regresó?
–No hay trabajo. Mi papá me dejó un terrenito, media hectárea de siembra de maíz, la ando limpiando; tenía otro terrenito donde teníamos flores, pero se hizo feo. No encuentro chamba. Por la edad ya no quieren dar.
“Tengo 62 años, cuando me fui tenía 46. En ese tiempo perdí a mis papás, de alguna manera a mi hijo, que se nos puso al revés. Una vez pude hablar con él, ya estaba grande, había dejado la escuela. Le pregunté por qué se nos puso así y sólo me dijo: ‘Ni nos apoyas’.”
Ruy termina su historia: “Espero que esto que le estamos contando sirva de algo. No creo que sea justo nada más que la autoridad se disculpe y ya, gracias. Creo que habría otra manera de pagar todos los daños que nos hicieron, de reparar los daños, sobre todo lo que le hicieron a la comunidad y a nosotros que fuimos ocho y que nos castigaron sin una justa razón”.
“Fue una cacería”
Santos Alejandro Álvarez Cetina recuerda: “Buscaban a mi hermano, Benito Álvarez Cetina. Cuando él demostró que no estuvo ese día en el lugar donde muere el empresario, entonces me empezaron a buscar a mí. La intención de las personas de Villa Guerrero era afectar a los líderes del movimiento en defensa del agua.
“Yo terminé la universidad. Tengo la carta de pasante en la licenciatura de ciencias políticas y administración pública. Cuando pasó el incidente trabajaba en el IFE, vendía fertilizante y sembraba gladiola, era como un milusos. Estuve en el lugar de los hechos, pero mientras estuve allí no pasó nada.
“Cuando aprehendieron a los dos primeros compañeros nos tuvimos que salir del pueblo. Me fui con mi cuñado Lorenzo. Anduvimos juntos como dos años y medio en varios estados de la República. Fue una cacería. Nos movíamos de lugar y nos localizaban.
“Aparecí junto con Rey Pérez en una propaganda del gobierno en la que se nos incluía entre los 20 delincuentes más peligrosos de la entidad. Ni siquiera nos habían juzgado y ya éramos delincuentes.
“Nos truncaron todos nuestros derechos civiles. No tenía credencial de elector ni identificación alguna. Usted me puede ver físicamente. Viéndome no necesita mucha información de cómo me fue. Tengo 43 años, voy a cumplir 44 y me veo como de 60.
“Cuando me fui de Tlanixco tenía 27 años. Estuve en Estados Unidos, en Columbus, Ohio. Ahí me entero que ya habían sentenciado a dos compañeros a 50 años de cárcel. Fue muy difícil. Me enfermé. Tuve dos problemas de salud. Hace dos años, en 2018, estuve hospitalizado 10 días. No supieron si fue derrame cerebral o convulsiones continuas. Traigo todo mi historial médico, pero bajo otro nombre.
“También estuve en Kentucky. No tenía pasaporte ni IFE, me tuve que cambiar de nombre, inclusive a mis amigos les decía que no era del Estado de México, tuve que falsificar mi información personal.
“Tengo una hija de 12 años. La tuve que registrar como Alexa Maya, sólo con el apellido de mi esposa, que se llama Félix Maya.
“Una vez que se cancelaron las órdenes de aprehensión, los tres nos venimos a México. Como mi hija no está registrada aquí no se le ha podido inscribir en la escuela. Esa es mi vida real.”








