Renovación en Morena Se exacerba la batalla campal

Los candidatos a dirigir Morena se lanzan descalificaciones e incluso acusaciones de corrupción. Sin reglas claras, arrecia la disputa interna. Está en juego no sólo la definición futura de este partido sino el posicionamiento de las figuras que buscan la candidatura a la Presidencia de México para las elecciones de 2024. Mario Delgado, uno de los aspirantes al liderazgo de Morena y quien cuenta con el apoyo del senador Ricardo Monreal y del canciller Marcelo Ebrard, suelta sin ambages: “Un buen dirigente debe escuchar siempre al presidente de la República”.

Con el respaldo de un aparato político, económico y parlamentario cimentado en la Asociación Nacional de Legisladores por la Cuarta Transformación, que creó con el senador Ricardo Monreal y por consejo del exsubsecretario de Gobernación Ricardo Peralta, Mario Delgado se da ya como ganador de la presidencia de Morena con el impulso, también, del canciller Marcelo Ebrard.

Pero de inmediato Delgado niega que el respaldo de Ebrard y Monreal, aspirantes presidenciales, implique la subordinación a ambos: “¡Yo no le pertenezco a nadie! Mi jefe político es Andrés Manuel López Obrador y respondo con resultados por mi trabajo”.

Y por eso anticipa que, ante López Obrador, no habrá ninguna distancia. “Un buen dirigente debe escuchar siempre al presidente de la República”. 

–¿Hasta el punto de decirle siempre, “sí, señor”? 

–Compartimos el mismo proyecto. Morena debe estar al lado del presidente sin titubeos, defendiendo el proyecto alternativo de nación y combatiendo a la derecha. El presidente gobierna con la plataforma de Morena, que es el partido en el gobierno, y no debe haber, como sugieren algunos, alguna separación. 

Eso sí, subraya, más que pensar en la candidatura presidencial de 2024, el objetivo inmediato de Morena debe ser retener la mayoría en la Cámara de Diputados –con legisladores que van por la reelección– para evitar un retroceso ante la derecha.

“Los militantes y simpatizantes deben tener claridad: lo más importante es tener la mayoría para que la derecha no trate de descarrilar la transformación en 2021. De ese tamaño es nuestra responsabilidad histórica.”

Señalado por disponer de amplios recursos para su promoción y por no separarse de la coordinación de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, donde comenzó su carrera política como secretario técnico de la Comisión de Presupuesto en 1997, Delgado esquiva todas las imputaciones: 

“Soy promotor de la unidad. Estoy seguro que voy a ganar la encuesta y lo primero que voy a hacer es invitar a todos a que nos unamos y nos pongamos a trabajar en lo fundamental: en la reorganización abajo, con la gente.”

Pero el prolongado conflicto para renovar toda la estructura de dirección de Morena, que comenzó tras el triunfo de López Obrador y que por orden del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) será sólo para la presidencia y la secretaría general mediante una encuesta organizada por el Instituto Nacional Electoral (INE), ha exacerbado la prematura disputa de las facciones por la candidatura presidencial, con Claudia Sheinbaum y Ebrard como punteros.

Privilegiar la alianza

Cuando ya ha dado inicio el proceso electoral más grande de la historia, con un gobierno que padece los efectos de la pandemia y una beligerante oposición, los bloques que encabezan Delgado, Porfirio Muñoz Ledo, Yeidckol Polevnsky y Gibrán Ramírez cruzan acusaciones de corrupción que involucran al propio TEPJF, que ordenó una insólita elección sin reglas, incluido el uso libre de dinero.

La senadora Citlalli Hernández Mora, la más fuerte candidata a secretaria general y quien apoya a Muñoz Ledo para la presidencia, advierte que en este proceso interno de Morena se dirime el tipo de partido que será en el futuro, pero también se perfila la sucesión presidencial, en la que ella apuesta por Claudia Sheinbaum.

“Se disputa si Morena se convierte en un partido político más, con vicios y personajes del viejo régimen, con una política con los códigos tradicionales y por ende la transformación se va entibiando o, por otro lado, sigue consolidándose como una fuerza con autoridad moral, con nuevos códigos y prácticas políticas, con la generación de nuevos cuadros que nos permitan profundizar la transformación y ser una opción diferente.”

La senadora identifica a Polevnsky y a Delgado como quienes representan “los vicios del viejo régimen”, cuya victoria puede gravitar hacia la definición de la candidatura presidencial con una visión que no es de izquierda.

“He tratado de ser poco confrontadora con los demás aspirantes, pero algunos de ellos, como Yeidckol, ya tuvieron la posibilidad de dirigir el partido, y no sólo lo hicieron mal, sino que nos metieron en una inacción y Morena ha estado ausente de la vida política en los últimos dos años, y ha acercado a muchos sectores priistas en los estados, empresarios con vínculos del viejo régimen que generan alertas en la militancia que quiere que Morena sea un partido de izquierda”.

Además Polevnsky está denunciada por el presidente de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, ante la Fiscalía General de la República por lavado de dinero de casi 500 millones de pesos y ante tribunales por otros delitos.

Sobre Delgado, dice que, en términos generales, ha sido un buen coordinador parlamentario de los diputados, pero está apoyado por Monreal, quien ha utilizado a otro de los aspirantes, Alejandro Rojas, para judicializar el proceso interno y que derivó en la sentencia del TEPJF para que sea por una encuesta que, dice, atenta contra la vida interna de Morena.

Alerta sobre Delgado y Polevnsky: “Si hicieron todo eso para llegar a la presidencia, porque no tienen legitimidad ni base social en la militancia, ¿qué no harán por mantenerse en el poder y por construir una sucesión con sus amigos, con sus jefes políticos, hacia el 2024?”.

Y enfatiza: “Tenemos nuestra propia derecha al interior de Morena, que debe reivindicarse como un partido de izquierda que privilegie la alianza con los movimientos y las luchas sociales del país”.

Mucho dinero

La decisión del TEPJF de designar al presidente y secretario general de Morena mediante una encuesta, organizada por el INE, cimbró a ese partido, cuya dirigencia encabezada por Alfonso Ramírez Cuéllar pretendió desconocer el fallo y sólo se contuvo cuando López Obrador lo avaló.

El fallo de los magistrados fue resultado de las impugnaciones de Rojas Díaz-Durán, senador suplente de Monreal, y que benefició sobre todo a Delgado, quien desde diciembre del año pasado perfiló su candidatura y, en febrero, cimentó su respaldo en la Asociación Nacional de Legisladores por la Cuarta Transformación.

Delgado creó esta figura que agrupa a senadores, diputados y legisladores locales del país, a consejo de Ricardo Peralta, y fue nombrado presidente, con Monreal como transitorio vicepresidente, sustituido por Eduardo Ramírez Aguilar, quien preside el senado, y el secretario ejecutivo es el ­diputado Sergio Carlos Gutiérrez Luna.

Los diputados que él encabeza, muchos de los cuales volverán a postularse para la reelección en sus distritos, y los senadores afines a Monreal, así como a los legisladores del Partido Verde que lidera el exgobernador Manuel Velasco son parte de la coalición que impulsa Delgado.

La mano de Monreal en la campaña de Delgado es nítida, además, porque es su pupila una de las candidatas a secretaria general de Morena: Donají Alba Arroyo, secretaria de Organización de ese partido en la Ciudad de México.

No es un apoyo desinteresado: así como hay diputados federales que buscan la reelección, los senadores pretenden ser candidatos a gobernador en los 15 estados en los que habrá elecciones para ese cargo, cuyo triunfo será factor también en la definición de la candidatura presidencial de 2024.

Los itamitas

A Delgado lo respaldan también políticos de la talla de Higinio Martínez, el jerarca de Morena en el Estado de México y aspirante a la gubernatura en 2023, así como los diputados Dolores Padierna y Pablo Gómez, y el alcalde Armando Quintero, amigo de Rosario Robles.

Antonio Attolini, candidato a secretario general, también tiene una afinidad con Delgado por ser ambos egresados del Instituto Tecnológico Autónomo de México, propiedad del magnate Alberto Bailleres, mecenas de Felipe Calderón y Margarita Zavala.  

–¡Imagínate!, dos itamitas como presidente y secretario general de Morena –dijo Attolini en una reunión.

Delgado es uno de los que alude Muñoz Ledo cuando acusa que fluye mucho dinero en la contienda interna de Morena, incluyendo para orientar los fallos del TEPJF, “a cuyos magistrados han ofrecido sobornos millonarios para votar en su contra. ‘Cañonazos’ amigos y alta corrupción”.

Ese señalamiento lo hizo público Muñoz Ledo el 24 de agosto, e insistió el viernes 11 en que había corrupción en el TEPJF, porque su presidente, Felipe Fuentes Barrera, no resolvía una impugnación de Morena, según queja de Janine Otalora y Reyes Rodríguez: “Suponen sobornos multimillonarios de contendientes de nuestro propio partido”. 

–¿Se siente usted aludido, diputado? 

–¡De ninguna manera! –responde ­Delgado. 

Asegura el legislador que lo que ha gastado, de su propio bolsillo, ha sido en mensajes en redes sociales, lo cual “es público y fiscalizable”. 

–¿Y a quién le va a informar? 

–Esto se pudo haber organizado de mejor manera. Es una pena que el tribunal haya tenido que ordenar algo por la incapacidad de los dirigentes de ponerse de acuerdo.

Y es que, en efecto, los contendientes por la presidencia y secretaría general de Morena pueden gastar lo que quieran, porque la sentencia del TEPJF no identifica origen, monto y destino de recursos para promoción, clave para ser conocidos por los simpatizantes y militantes de Morena si quieren ganar la encuesta.

Al respecto, la senadora Citlalli Hernández Mora asegura que, en efecto, ha habido “sobornos millonarios” para influir en los fallos del TEPJF: “No tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas. Me queda claro que hay presiones políticas en el tribunal”.

La sentencia para elegir a los dirigentes por encuesta, afirma, está hecha a modo y esto obedece a que los magistrados fueron electos por quienes tenían el control del Senado, como el priista Emilio Gamboa Patrón, el ahora morenista Miguel Barbosa y el panista Roberto Gil Zuarth.

“Quisiera no decirlo, pero debemos denunciar este tipo de cosas: en el Senado se elige a los magistrados, se siguen realizando a la vieja usanza, de cuotas y cuates. Son magistrados con vínculos con Gamboa, con Barbosa, y con los actuales senadores. Hay presiones políticas. No tengo pruebas, pero no tengo dudas de que hubo sobornos y tiene que investigarse.” 

La disputa Claudia-Marcelo

La senadora Hernández Mora, junto con el diputado Muñoz Ledo, también tienen un bloque que los impulsa: el que apoyaba la candidatura de Bertha Luján, presidenta del Consejo Nacional de Morena, quien pedía elección directa y que declinó al definirse por encuesta.

Y fue Luján, junto con el presidente del CEN, Alfonso Ramírez Cuéllar, así como del presidente de la Comisión de Honor y Justicia, Héctor Díaz Polanco, quienes impulsaron la candidatura de Muñoz Ledo como opción ante Polevnsky, Delgado y Ramírez, por el alto conocimiento público que tiene.

En la decisión influyó Sheinbaum, amiga de Ramírez Cuéllar desde que ambos eran preparatorianos y compartían luchas, por ejemplo, a favor de los desaparecidos junto a Rosario Ibarra de Piedra. 

Luján había recibido el apoyo de Muñoz Ledo y ahora fue a la inversa. Tan estrecha es la relación que existe entre ambos que el diputado le propuso al abogado Arturo Alcalde, esposo de ella y padre de la secretaria del Trabajo, Luisa Alcalde Luján, ser su representante ante el INE.

De hecho, la candidatura de Muñoz Ledo y la de Hernández Mora se promovió con el aparato institucional de Morena: el domingo 6, a través de la página de Facebook del CEN, se anunció una “asamblea informativa” en la que el primero aprovechó para invitar a la segunda a ser su compañera como secretaria general, lo que aceptó.

“No fue lo más correcto, pero los que cuestionaron esto no cuestionan el uso de estructuras legislativas, políticas para la presión del tribunal”, dice Hernández Mora, quien subraya el poder económico y político en un proceso que es sin reglas ni fiscalización. 

Y esto, enfatiza, tiene que ver con la disputa en curso: el modelo de partido de Morena hacia el futuro y cómo va a gravitar en la candidatura presidencial en 2024.

“Aun cuando han banalizado el proceso y es prácticamente un concurso de popularidad, no se juega cualquier cosa: quien llegue a la presidencia y secretaría general de Morena determinará una buena parte del futuro de Morena por sus ­vínculos, por a quién responde y a quién va a representar, por la visión de proyecto y los estilos.”

Y ella, subraya, está con Sheinbaum: “En el imaginario colectivo de la militancia hay dos probables sucesores fuertes: Marcelo y Claudia. Él ha sido un hombre efectivo, que ha acompañado al presidente, que ha tenido mucha presencia y fuerza desde el gobierno. Yo tengo mucha más cercanía con Claudia, porque representa una visión más cercana a la izquierda”.

Delgado, a su vez, coincide en que esta elección definirá el tipo de partido que será Morena y, a diferencia de Hernández, él sí elogia la encuesta que, afirma, él ganará: “El tema de la encuesta no es trivial: es apegarse al principio de que Morena no es de nadie, es del pueblo de México y es el único que puede poner en manos de la gente las decisiones más importantes, incluyendo la de sus dirigentes”.

Y en referencia a quienes impulsan a Muñoz Ledo y Citalli, el diputado federal afirma que Morena debe ser un “partido-movimiento” cuyo objetivo debe ser ir a la población, a los 30 millones que votaron por López Obrador, no sólo a la militancia.

“El tema de fondo es que la encuesta va a garantizar que la gente decida en Morena y va contra esta visión, muy respetable, de que la decisión sólo la deben tomar algunos y que ellos deciden quiénes sí y quiénes no. Hay grupos que sienten que tienen más derechos que otros”, subraya. 

La encuesta, dice, es una consulta abierta, como las que se han hecho para cancelar el aeropuerto en Texcoco, del que él era partidario, o la cervecera en Baja California. 

“Es importante que este proceso salga bien, porque el hecho de preguntarle al pueblo sobre quién debe ser el dirigente, le va a dar a esa dirigencia una legitimidad que no tiene ningún otro partido. Y esa fuerza, esa autoridad moral y política, la necesitamos para convocar a la unidad del movimiento y para ponernos a trabajar en lo que verdaderamente importa. La fuerza de Morena no está en sus dirigentes, está en la gente.”