Es casi irreversible el golpe que la emergencia sanitaria ha propinado a los pequeños comercios de la Ciudad de México, como restaurantes, bares, discotecas, papelerías y servicios de transporte escolar. Ni siquiera la reapertura permitida en el contexto de la llamada “nueva normalidad” ha dado el respiro que necesitan estos negocios. La falta de clientes los tiene en agonía. En entrevista, Eduardo Contreras, presidente de la Canacope CDMX, expone la ayuda que necesitan del gobierno para mantenerse abiertos.
En mayo pasado, dos meses antes de cumplir 50 años de casados, el matrimonio De la Mora Robledo sufrió tres pérdidas: primero, el cierre de una cocina económica que tenían en el mercado 2 de Abril y el de un restaurante bar, ambos negocios están ubicados en la colonia Guerrero de la alcaldía Cuauhtémoc; después, la muerte de don José Javier, pilar de la familia, víctima de un infarto fulminante causado por el estrés porque sus negocios estaban agonizando a causa de la emergencia sanitaria por el covid-19.
“A mi esposo le afectó mucho la presión tan fuerte que tenía de pagar a los proveedores de cerveza, de vino, de carne… Los gastos eran muy fuertes. Teníamos empleados, pagábamos renta y Seguro Social… Llevábamos dos meses con los negocios cerrados y no aguantó. Era hipertenso.
“El 9 de mayo mi esposo se despertó, dijo que estaba muy cansado, pidió su pastilla y papaya para desayunar, pero se le fue el hambre. Se quedó sentado en la orilla de la cama y ahí le vino el infarto”, cuenta María Isabel Robledo.
El cierre de los dos negocios de esta familia de la Ciudad de México sólo es un ejemplo de los más de 5 mil establecimientos de este tipo que, según cálculos de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac), han tenido que bajar sus cortinas definitivamente porque no soportaron los gastos ni la ausencia de clientes. En otros casos, hay dudas de que puedan recuperarse económicamente pese a la autorización de abrir al 30% de capacidad.
Eduardo Contreras, presidente de la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo en Pequeño de la Ciudad de México (Canacope Servytur), asegura que, de los 400 mil pequeños negocios de comercio y servicios existentes en la capital, alrededor de 40% está a punto de cerrar porque en la “nueva normalidad” –como el gobierno llama a este periodo– no ha podido recuperarse en lo más mínimo.
De hecho, proyecta que, después de que la ciudad entre a un semáforo epidemiológico verde –lo cual se ve lejano, según cifras sobre la epidemia–, tardarán, al menos, siete meses para recuperar la economía que tenían antes de la pandemia.
También se necesitarán, agrega, varios meses para recuperar los 220 mil empleos formales que se perdieron desde el inicio de la emergencia, como lo informó la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, el 24 de junio último en Palacio Nacional.
El 12 de agosto último la mandataria comentó que su gobierno, en coordinación con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Nacional Financiera (Nafin) y el Banco Nacional de Obras (Banobras), analiza la posibilidad de ofrecer esquemas para apoyar a los miles de micro y pequeñas empresas que están en dificultades.
También defendió el éxito de los diversos programas que su administración ha puesto en marcha para atender la emergencia, destacando que se ha evitado el aumento de la ocupación hospitalaria, aun con la más reciente apertura de cines, albercas y museos, así como la conversión temporal de bares, antros y salones de fiesta a restaurantes.
Sin embargo, hasta el jueves 27 la Ciudad de México sumó 95 mil 185 casos acumulados confirmados de covid-19 y 10 mil 370 defunciones.
Herencia y crisis
El local 16 del Mercado 2 de Abril, que está detrás del Teatro Blanquita, considerado el sitio de comercio al menudeo más antiguo de la ciudad (1902) y declarado Patrimonio Cultural Intangible, ha sido atendido por cinco generaciones de la familia de María Isabel Robledo. En entrevista, cuenta que su abuela comenzó ahí vendiendo pan, tamales y atole, y que en 1955 le asignaron el lugar que tiene cuando reinauguraron la nave.
Con el tiempo, la abuela se lo heredó a su mamá y ésta, a su vez, a “Chabelita”, como la conocen los locatarios.
Hace poco más de 50 años, entre los puestos de verdura y los pasillos, conoció a José Javier, con quien se casó y procreó cinco hijas. También con el tiempo pudo ahorrar lo suficiente como para tener sus propios negocios.
Antes de la emergencia sanitaria, María Isabel, una de sus hijas, algunos de sus nietos y una joven madre soltera atendían la cocina económica a la que diariamente llegaban empleados de las distintas dependencias del gobierno federal, así como de escuelas, museos y empresas del centro de la ciudad.
Pero la indicación oficial de quedarse en casa y trabajar desde ahí les impactó fuertemente. Además, como ella es población en riesgo –tiene 69 años y es hipertensa–, también tuvo que resguardarse. Por eso decidió cerrar su local y ajustar los gastos de la casa para soportar la crisis.
Pero hace un mes se animó a regresar al local para hacer limpieza general y prepararlo para reabrir próximamente, con la esperanza de que los clientes vuelvan pronto. No obstante, sigue resguardada en casa porque ve que el nivel de contagios no cede y tiene miedo de enfermarse.
Situación similar ha ocurrido con el restaurante bar de la familia. Ubicado en la calle Pensador Mexicano, llevaba poco más de 20 años de servicio hasta que la pandemia le cerró el paso. Aunque el establecimiento estaba a cargo de una hija y nietos, había empleados a los que don José Javier les tuvo que seguir pagando la seguridad social. Incluso, tuvo que pedir un préstamo de 25 mil pesos al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), a pagar en dos años, para saldar deudas con proveedores y su arrendador.
Para sortear los gastos, y pese al luto, hijas y nietos se organizaron para vender antojitos y bebidas a domicilio. De esa manera pudieron ayudar a otra de sus familiares cuyo esposo enfermó de covid-19 y estuvo convaleciente. La familia tampoco se detuvo por la falta de respuesta de la alcaldía Cuauhtémoc ante su solicitud de crédito.
“Así sobrevivimos cuando estuvo lo más difícil. Mi esposo y yo enseñamos a nuestros hijos a trabajar y ser solidarios”, dice la señora Robledo.
Ahora tiene un poco de esperanza para sus negocios, tras la lenta reactivación del comercio en el Centro Histórico. Sin embargo, ya deberá seguir sola, sin su esposo.
“Nos costará mucho trabajo superar esto porque mucha gente todavía no sale por miedo. Aunque tengamos todas las medidas de seguridad, va a ser muy difícil volver a la economía que teníamos. Pero al menos ya no nos vamos a estar tronando los dedos en casa pensando qué vamos a hacer”, dice.
La crisis permanece
El 30 de junio último, con restricciones de horarios y medidas sanitarias, el gobierno de Claudia Sheinbaum permitió la reapertura de miles de comercios de los perímetros A y B del Centro Histórico, después de tres meses de estar cerrados. El 1 de julio ocurrió lo mismo con los restaurantes, pero sólo al 30% de su capacidad y al 40% quienes tengan mesas al aire libre. La apertura siguió en mercados, tianguis, salones de belleza y peluquerías.
El 8 de julio pasado reabrieron los centros comerciales y tiendas departamentales –por cierto, con largas filas– y a partir del 10 de agosto los dueños de bares, antros y salones de fiesta que lo deseen pueden solicitar el cambio de giro temporal para ofrecer servicio de restaurante, bajo la condición de cerrar a las 22:00 horas.
Todas estas aperturas se han permitido en un contexto en el que la capital del país se encuentra en semáforo anaranjado, pese a que el plan de la jefa de Gobierno presentado en mayo reciente indicaba que sólo sería posible en semáforo amarillo. La crisis económica ha obligado a abrir.
Sin embargo, Eduardo Contreras, presidente de la Canacope CDMX, asegura que esas medidas de reactivación poco han servido. “En la reapertura, la nueva normalidad no ha ayudado mucho al pequeño comercio, debido a que no hemos visto una recuperación como tal”, dice a Proceso.
Como ejemplo, menciona que los restaurantes no han llegado ni a 30% de la capacidad permitida y las ventas, en general, están bajas. Así, es difícil recuperar la inversión de 50 mil pesos, en promedio, que tienen que hacer para comprar los nuevos insumos, además del equipo de protección sanitaria para sus empleados (caretas, cubrebocas, gel antibacterial…), así como las mamparas, plásticos, tapetes, termómetros y la señalización en general para cumplir con las reglas indicadas por el gobierno.
“Muchos restaurantes hicieron el intento y reabrieron, pero no les alcanza y tuvieron que cerrar”, lamenta.
Un escenario más desastrozo es el de los comercios como papelerías, tiendas de uniformes y de mochilas, así como de servicio de transporte escolar. Según sus cálculos, el regreso a clases en línea anunciado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) significará para este sector una pérdida de 80% de sus ventas en comparación con el año pasado.
La lentitud de la reinserción a la economía, agrega el líder microempresarial, ha llevado a cientos de negocios a cambiar de giro de manera temporal. Por ejemplo, gimnasios que dejaron atrás la actividad fitness y ahora venden comida rápida y antojitos.
Contreras afirma que, de acuerdo con un estudio realizado por la Canacope durante la emergencia sanitaria, de 400 mil pequeños negocios que hay en la CDMX, aproximadamente, 40% está a punto de cerrar por las bajas ventas. Una de las causas es que la reapertura “vino con muchas deudas en renta, nóminas, impuestos y servicios, y no les alcanza para pagar”.
Para comprobar esto, dice, es muy fácil: “En las calles de la ciudad se ven más letreros de ‘Se Renta’, tanto de locales como de departamentos. Eso da la idea de la cantidad de comercios que han cerrado”.
Zozobra
El líder de la Canacope CDMX comenta que, además de los lentos resultados de la reapertura económica, “hay mucha incertidumbre sobre si vamos a regresar al semáforo rojo y de cómo vamos a llegar a diciembre”. Destaca que el impulso de las ventas en línea se ha incrementado durante la pandemia y ha sustituido fuentes de empleo como vendedores, demostradores, meseros, valet parking y hostess, por mencionar algunos.
No es la única preocupación. El sector abarrotero está angustiado, dice, por las decisiones de las autoridades de reetiquetar los productos o de que en la CDMX, como en Oaxaca, se prohíba la venta de productos altos en calorías y bebidas azucaradas a los menores de edad. Según su cálculo, 60% de las ventas de las tiendas es de estos productos, sin contar el alcohol y los cigarros.
Aclara que no están contra la regulación para mejorar la salud de los niños, pero sugiere que las autoridades deberían aplazar esas reformas, al menos, hasta que la economía se recupere un poco.
Sobre los anuncios de un posible nuevo esquema de créditos del gobierno capitalino, Eduardo Contreras no duda: “Los pequeños comercios ya pidieron prestado, ya se endeudaron y es muy complicado aceptar otro crédito por la incertidumbre que hay. Los créditos son una opción, pero no la solución”.
Por el contrario, pide a las autoridades la ampliación del horario de servicio en restaurantes y bares, el aplazamiento de leyes regulatorias para la venta de comida “chatarra”, la elaboración de un esquema de pagos de impuestos y servicios divididos o aplazados hasta el siguiente año y una ayuda en el pago de rentas de locales, entre otros. De paso, exhorta a los consumidores “que lo que puedan comprar lo hagan con el pequeño comercio de su localidad”.
A mediados de agosto, Sheinbaum adelantó que detallaría en los próximos días un “programa de reactivación fortalecido”, y con la participación de la iniciativa privada, que incluirá una campaña para beneficiar a la industria turística de la capital.
Sin embargo, hasta el cierre de esta edición, dicho plan no había sido presentado. Por lo pronto, el viernes 28 anunció que la Ciudad de México permanecerá en semáforo naranja “con alerta”, por décima semana consecutiva, del lunes 31 de agosto al viernes 4 de septiembre.








