Desempleo, incertidumbre… El gran colapso

La pandemia provocó una letal cascada que empezó por desnudar las deficiencias del sector salud, siguió con el prolongado confinamiento y su consecuente colapso macro y microeconómico, que durante semanas ha afectado tanto a industrias como a las familias que sobreviven de sus modestos salarios… Hoy, la enfermedad persiste y faltan trabajos; lo único que hay enfrente es una incertidumbre generalizada.

El confinamiento mundial acabó por hacer trizas a la enferma economía mexicana, que en 2019 cayó -0.1% y que para este año espera un desplome de más del -10%, según diversos analistas, con una recuperación que tardará hasta cinco años en volver a los niveles de crecimiento promedio antes de la pandemia de covid-19.

De hecho, en su más reciente Reporte Trimestral de Inflación, el Banco de México (Banxico) ya recortó su previsión de crecimiento hasta -12.8% para 2020, mientras que para 2021 crecería 1.3%, en el peor escenario.

Con el riesgo de ser un sexenio perdido en materia de crecimiento económico, con mínimos históricos no vistos desde 1932, y de cara al segundo informe de gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador presumió en un video desde uno de los patios de Palacio Nacional: “Ya estamos levantando la economía popular, porque estamos aplicando un modelo nuevo; ya no es como antes, que se rescataba a los banqueros, a los grandes empresarios; ahora se está rescatando al pueblo, por el bien de todos, primeros los pobres”.

Pero más allá de los números está la realidad de quienes vieron cortado un porvenir en todos los niveles sociales, como el caso de Verónica Luna, joven de Guerrero que se quedó súbitamente sin sustento.

Ella y su papá viven de una pequeña tienda de abarrotes en San Jeronimito, en Petatlán, Guerrero, a unos 30 minutos de Zihuatanejo. Tiene un bebé de 10 meses, así como una deuda del parto que pensaba pagar con recursos de la miscelánea y también con los emolumentos de su trabajo en un comercio que tenía en Acapulco, sólo que el negocio también cerró.

“Tengo mi único bebé, tiene 10 meses. La vida antes de la pandemia era más llevadera; ahorita no he ido a trabajar y debo lo de la cesárea. Yo trabajo en Acapulco, y ahí todo depende del turismo, pero cerraron las playas, cerraron todo”, dice a Proceso.

Toma una pausa y sigue: “Creo que con todo esto que estamos viviendo no hay opciones. Mucha gente no le va a quedar más que robar, porque no hay trabajo, no hay ingresos. Pensamos que la cosa se va a poner muy complicada, porque tampoco hay apoyo a la gente más necesitada”.

El confinamiento afectó a la familia de Verónica, quien relata: “La tiendita de abarrotes ya está a punto de cerrar porque la cuenta de electricidad está llegando muy alta y bajaron mucho las ventas. Subió mucho la canasta básica: el frijol, el huevo, la leche, la tortilla. La gente no tiene dinero y está muy baja la venta”.

De un día para otro 

El caso de Verónica sucede en Guerrero, pero en la Ciudad de México la situación no es mejor para Diana María. Ella es experta en la edición de contenidos audiovisuales, especialmente para series televisivas, y trabaja por proyectos en la empresa Argos, una de las productoras más grandes de América Latina. 

A Diana María, como en una de esas tramas que suele editar, le cambiaron los planes de vida por el encierro. Aun cuando su trabajo no es fijo ni genera antigüedad ni cuenta con prestaciones, ella es parte de la población con trabajo formal-temporal, lo cual le genera cierta estabilidad económica. Y eso le permite pagar la renta de un departamento, la mensualidad de un auto y ahorrar para su boda.

Sin embargo el covid-19 cambió sus planes. A lo largo del confinamiento –que provocó la pérdida de más de 1 millón de empleos formales entre marzo y julio, según los registros del IMSS–, Diana María se quedó sin trabajo, igual que su pareja.

Los proyectos de la productora se detuvieron y los ahorros para la boda se convirtieron en recursos para sobrevivir. Ella y su novio administraron sus recursos para gastar lo estrictamente indispensable durante el encierro. La pareja pensó en algún momento meter el auto en la plataforma de Uber, pero la reapertura parcial abrió un nuevo proyecto, que se prolongará hasta septiembre. 

Y eso le preocupa a la pareja. Su panorama es incierto, sobre todo porque tampoco califica para obtener el apoyo de los programas sociales del gobierno.

Esas historias son como dos gotas en el mar de incertidumbre y pobreza que dejó la pandemia, agravada con una política encaminada principalmente al fortalecimiento de programas sociales y que no resuelve de fondo el problema estructural del mercado laboral: la informalidad.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) advierte que debido a la incertidumbre en cuanto al periodo necesario para la recuperación del mercado laboral, se exhorta a focalizar la atención en los grupos en condiciones de mayor vulnerabilidad. 

Entre éstos se encuentran los hogares cuyos miembros desempeñan un trabajo informal o aquellos que se ocupan en los sectores más afectados por las medidas sanitarias para contener el contagio por covid-19; por ejemplo, los sectores de servicios y comercio.

Más de la mitad de la población ocupada no tiene acceso a servicios médicos como prestación laboral y en caso de no recibir atención en una institución pública tendrían que hacer uso de su ingreso o ahorro para cubrir los gastos derivados de alguna enfermedad, señala el organismo en un informe sobre pobreza laboral, publicado el pasado domingo 9.

En ese sentido, el Coneval sugirió la adopción de algunas medidas, entre las que figura la creación de un seguro de desempleo contributivo, la renta básica ciudadana o un piso mínimo solidario.

También insistió en que se podría tomar acción de mano del sector privado, es decir, brindar apoyos fiscales a las empresas para que mantengan o aumenten su plantilla de trabajadores; esto, además de brindar créditos que lleguen a las pequeñas y medianas empresas.

En un entorno históricamente complicado, la economía popular no se sostiene sólo del discurso presidencial, que es rebasado por los datos.

Industrias “en coma”

El colapso económico ha dejado incertidumbre. Ha cortado proyectos de vida y ha provocado que, a nivel macro, algunas industrias estén colapsando, como es la textil, que “está en coma”, a decir de Manuel Espinosa Maurer, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Textil, ya que no fue considerada como una actividad esencial y también fue afectada por el cierre del comercio internacional.

“La industria se encuentra en coma, pero hay algunos que piensan que está dormida. El reinicio de operaciones de las empresas está siendo muy difícil, pues los semáforos epidemiológicos permiten que las plantas laboren a 30% de su capacidad, lo cual se suma al cierre de tiendas, por lo que vienen de una situación de cero flujo y producción”, según el directivo.

En general, la industria es uno de los principales motores internos que impulsan a la economía mexicana; no obstante ya venía arrastrando una crisis desde 2019. El Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico puso las cartas sobre la mesa: “La apertura no basta para evitar que el sector fabril siga deteriorándose”. 

Además, remató, se debe considerar el efecto acumulado de la recesión económica en el ámbito industrial: ¿cuántas empresas podrán superar la coyuntura y en qué condiciones lo harán? La respuesta determinará la capacidad de creación de empleo e inversión que México tendrá en los siguientes años.

La realidad supera a las cifras, mientras que la incertidumbre en todos los niveles, supera a la realidad.