Un análisis del CIDE indica que México está subiendo rápidamente de posición entre los países con más muertes por covid-19 por cada millón de habitantes, y aunque se incrementó el número de camas disponibles para la atención de las personas contagiadas, no se ha medido la calidad de esa disponibilidad. Por lo pronto, con más de 50 mil muertos, el efecto de la pandemia se acerca al que el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell consideró “el peor de los escenarios”.
Dos indicadores que el gobierno federal utiliza para afirmar que logró un manejo “exitoso” y “adecuado” de la pandemia de covid-19: la mortalidad por cada millón de habitantes y el número de camas hospitalarias disponibles, contradicen el optimismo del presidente Andrés Manuel López Obrador frente a los saldos negativos del nuevo coronavirus.
Un análisis del coordinador de Ciencia de Datos del Laboratorio Nacional de Políticas Públicas del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), Sebastián Garrido, revela que, en el caso de la mortalidad por millón de habitantes, México subió de la posición 64 que tenía el 17 de abril –cuando cumplió un mes la Jornada Nacional de Sana Distancia–, al 11, que ocupa actualmente.
Este indicador, sostiene el investigador del CIDE, coloca a México entre los peores países en la contención y mortalidad de la epidemia, pese a la insistencia de López Obrador de comparar las cifras del caso mexicano, donde todavía no ha concluido la fase ascendente, con la mortalidad registrada en naciones europeas, donde la pandemia ya fue controlada, aunque todavía existe el riesgo de que se registre una segunda oleada de contagios.
“Podemos utilizar estas métricas que toman en cuenta el tamaño de la población y ahí también el resultado es malo, porque ya estamos en la posición 11 de 83 países que tienen 1 millón de habitantes y más de 10 mil contagios o casos. Entonces, México tiene muy mala métrica internacional. Incluso, si nos enfocamos en los 15 países más poblados del mundo, México tiene el tercer lugar en el número de defunciones, todo ello considerando únicamente cifras oficiales y sin tomar en cuenta el exceso de mortalidad, que en nuestro país es muy grande”, indica Garrido.
Un día antes de que México rebasara la cifra de 50 mil muertes por el virus SARS-CoV2, el Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades (Cenaprece) de la Secretaría de Salud reconoció que la mortalidad asociada con el nuevo coronavirus se ha incrementado por la atención tardía a miles de pacientes que llegan a hospitales públicos y privados.
Durante un conversatorio organizado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos el miércoles 5, el titular del Cenaprece, Ruy López Ridaura, admitió que las personas con covid-19 llegan a los centros hospitalarios cuando la enfermedad está muy avanzada, lo que provoca un incremento en la mortalidad.
López Ridaura señaló que la mortalidad por atención tardía se suma a otros componentes que han agravado la epidemia, como la prevalencia de enfermedades crónicas, principalmente diabetes, hipertensión y obesidad.
“Uno (de estos factores) es la mortalidad de los casos graves por atención tardía… Tenemos unas tasas altas de mortalidad, un componente muy importante, como ya se ha fijado en varias conferencias vespertinas, es que tenemos una población con una enorme prevalencia de condiciones que ponen en alta vulnerabilidad para complicarse por covid y que son principalmente enfermedades crónicas, como diabetes, obesidad, enfermedad cardiovascular y muchas otras condiciones que ponen en mayor riesgo”, reveló el funcionario.
El titular del Cenaprece también aceptó que el impacto de la atención tardía en enfermos de covid-19 no está cuantificado en la mortalidad, por lo que es otro de los retos que debe responder la Secretaría de Salud.
“Nuestro sistema de vigilancia –sostuvo en su intervención– no ha podido determinar la proporción de mortalidad tardía. Es una cosa que se ha visto en algunas unidades hospitalarias y lo hemos comentado con diferentes expertos: es claro que hay una proporción elevada de pacientes que están llegando muy tarde, con mucha dificultad y con mucha complicación de ventilación pulmonar.
“Entonces, el dato de qué proporción está explicada por esto, no lo podemos dar. Estamos con esa intención de buscar indicadores que nos permitan vigilar en esta estrategia y nos permitan disminuir ese indicador.”
López Ridaura reconoció que el llamado a quedarse en casa es uno de los factores que ha contribuido a que las personas enfermas de covid-19 lleguen tarde a los centros hospitalarios, problema que se pretende corregir con un modelo de salud que brinde atención comunitaria.
Esto ha sucedido en las 34 colonias de la Ciudad de México que el gobierno local identifica como prioritarias por el número de casos activos que hay de la nueva enfermedad.
“Y sí, en efecto, hay muestras de mortalidad en casa que están fuera de nuestro sistema porque éste se enfoca más en los registros de la atención hospitalaria. Pero también, claramente, ha habido muchos casos de enfermos que pueden estar falleciendo en casa y también en ese indicador estamos dirigidos en esta estrategia”, señaló.
Incentivos perversos
El investigador Sebastián Garrido considera que esta revelación, proveniente de una autoridad sanitaria como el Cenaprece, pone en duda otro de los indicadores que el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, sigue usando para presumir “el manejo responsable de la epidemia”: el número de camas hospitalarias y de camas con ventilador o respirador artificial disponibles a nivel nacional para pacientes con covid-19.
Garrido considera que, además de ser uno de los indicadores más opacos que la Secretaría de Salud da a conocer, el llamado a quedarse en casa y el porcentaje de ocupación hospitalaria se convirtieron en un “incentivo perverso” para que los enfermos de covid-19 fueran regresados a sus hogares, donde su estado de salud se agrava.
Ante la falta de un indicador oficial, el investigador realizó una aproximación a partir de la fecha de hospitalización de los pacientes fallecidos por la enfermedad.
Hasta el pasado sábado 1, según la base de datos de la Secretaría de Salud sobre el número de personas a las que se les confirmó covid-19, 25% murió en los dos primeros días de hospitalización y 50% falleció a los seis días de ingresar a un hospital.
Más grave aún, hasta 75% de quienes murieron por covid en un hospital lo hicieron a los 11 días de ser ingresados para recibir atención médica. “En efecto, son datos preocupantes y parecen sugerir que son admitidos muy tarde”, comenta Garrido.
“La disponibilidad de camas es una de las métricas preferidas del gobierno federal para decir que no hemos entrado en un estado de crisis. Incluso hay declaraciones de López-Gatell diciendo que se quedaron con las ganas de ver a los pacientes afuera de los hospitales. Pero es una métrica complicada.
“La primera vez que se usó fue en la Ciudad de México como una variable en el semáforo epidemiológico, pero se generó un incentivo perverso. En un principio la ocupación hospitalaria determinaba aproximadamente 50 % de la calificación del semáforo, entonces el incentivo era reducir la ocupación hospitalaria. ¿Cómo lo haces? Una opción es no recibir gente en hospitales a menos de que sean graves, esto implica que llegan las personas muy graves y las posibilidades de que sobrevivan son bajas.”
Agrega que otro escenario que permitió reducir el semáforo de riesgo epidemiológico fue acrecentar el número de camas disponibles para los contagiados de SARS-CoV2, pero objeta:
“Puedes decir que en un proceso de reconversión se incrementó el número de camas totales, pero no sabes la calidad de esas camas para la atención de enfermos. Esta métrica es de las menos transparentes, no tenemos la base de datos de cuántas camas ocupadas y cuántas disponibles hay a nivel nacional. Tampoco sabemos si el aumento de camas disponibles es producto de la reducción del número de casos, o si aceptaron menos personas, o aumentaron el número de camas.”
Mortalidad creciente
La noche del jueves 6 la Secretaría de Salud federal reportó que 50 mil 517 personas habían fallecido en nuestro país tras contagiarse de covid-19.
La mayoría de los periódicos mexicanos destacaron la cifra, que se acerca al escenario más catastrófico previsto por el subsecretario López-Gatell el pasado 4 de junio, cuando habló del peor escenario para el país y la posibilidad de que 60 mil personas fallezcan por esa causa.
La noticia no fue del agrado de López Obrador, que volvió a defender el manejo gubernamental de la pandemia y se negó a hablar de cualquier cambio de estrategia.
Garrido señala: “Tener 50 mil defunciones es relevante, pero importa más cuando tomas en cuenta el tamaño de la población del país, porque ahí tienes una métrica que permite comparar a los países.
“El número de defunciones es un número crudo, no tiene punto de referencia con respecto a la población. Es más probable que aumenten los fallecimientos en poblaciones más grandes. Te da una métrica del número de fallecimientos, comparado con otras defunciones del mismo país.”
Sin embargo, advierte que la tasa de mortalidad por cada millón de habitantes permite una comparación más cercana a la realidad, siempre y cuando se excluya a países como San Marino, con poblaciones muy pequeñas, para evitar distorsiones.
“La métrica del número de muertes por millón –afirma el investigador del CIDE– me parece buena para comparar datos a nivel internacional: México está en la posición 11. Es una métrica que por muchas semanas se usó en el gobierno federal para decir que no estábamos mal.
“Pero muchos de los países incluidos en esa métrica a nivel top 20, terminaron su primer brote pandémico… Tienen valores muy altos de muertes por millón, pero terminaron su primer brote de covid-19, mientras que México sigue a la mitad de la epidemia y ésta continúa creciendo.”
Garrido señala que el 17 de abril, a mitad de la Jornada Nacional de Sana Distancia, México ocupaba el lugar 64 en la tasa de mortalidad por cada millón de habitantes. Habían muerto mil 352 personas por covid-19 (10.5 muertes por millón).
El 1 de junio México escaló hasta la posición 20 de ese indicador. Para ese día nuestro país registró 27 mil 779 fallecimientos por la nueva enfermedad, con una tasa de 215 decesos por cada millón de personas.
El pasado sábado 1 nuestro país ascendió hasta el lugar 13 en la tabla de mortalidad por cada millón de habitantes, con 46 mil 688 decesos. La cifra de fallecidos representa 362 muertes por cada millón de habitantes.
Finalmente México se colocó en la posición 11, con 391.8 muertes por cada millón de habitantes, al rebasar los 50 mil decesos por covid-19 el miércoles 5.
“México es el país número 11 con mayor número de muertes por millón de habitantes. Otra manera de verlo es por el tamaño de la población. Si consideramos a los 15 países con la población más grande, que tienen 100 millones de habitantes o más, México es el tercer país con más defunciones.
“Los otros son Estados Unidos, en segundo, y Brasil, en primero; India está en cuarto lugar y probablemente pronto nos rebase en el número de muertes totales, pero tardará mucho en crecer por millón de habitantes porque tiene una población enorme”, remata Garrido.








