Estudio Marte: entre la experiencia virtual y presencial

Con un concepto de exposición que vincula la virtualidad que exigió el confinamiento por el covid-19 con la nueva normalidad presencial de la postpandemia, el Estudio Marte, en la Ciudad de México, se impone como un espacio audaz que se atreve a proponer relaciones actuales y significativas entre el arte, sus creadores y sus espectadores.

Inaugurado a finales de 2016 en una casona de la Santa María la Ribera, el proyecto que iniciaron los artistas Susana Gómez Ortiz (Susana GO), Antonio Monroy, Gabriel Escalante y Alejandro Palomino se ha convertido, bajo la dirección, operación y trabajo constante de la primera, en un referente tanto para escena artística emergente como para la conversión de esa colonia en una zona habitada por proyectos artísticos.

Independiente de todo tipo de intereses institucionales, tanto privados como gubernamentales, Estudio Marte destaca por su riesgo para exhibir proyectos de experimentación creativa. Conocedora del funcionamiento del sistema artístico y sumamente crítica ante el dominio y centralización estética y artística que ha ejercido el mercado en el arte contemporáneo, Susana GO se caracteriza por su apuesta a un arte que sólo sea eso, Arte, con mayúsculas. 

Para transitar a la “nueva normalidad”, Estudio Marte abre sus instalaciones con dos exhibiciones que, a su vez, han sido concebidas desde sendas plataformas diferentes: una virtual, Pinche Barrendero, con obra de alguien con ese nombre, curada por Karla Noguez, y otra presencial con producción reciente de Juan Caloca.

Irónica y organizada para que se vea de “a poco” a través de Instagram, la muestra Merecemos fracaso/Merecemos ocio, de Miriam Gómez, interpreta divertida y perversamente el aislamiento social que exigió la emergencia sanitaria por el covid-19. Trabajada a partir de un alter ego que, con la fisonomía de una de las primeras versiones de Mickey Mouse, se autopresenta como “pinche barrendero”, la muestra se asume como una propuesta “no-resiliente” en la que el ratón invade espacios deshabitados por el confinamiento, aludiendo a ratas que parecen personas y, en contraparte, a ratas que se comportan como personas.

Colonizador, grotesco y con insolentes referencias a sexualidades femeninas –senos–, el Mickey Mouse dibujado, pintado y objetual produce sensaciones experienciales que derivan en reflexiones, tanto sobre lo que la artista y el espacio proponen como arte, como sobre lo que el “pinche Miguelito” impone como valores. https://www.instagram.com/estudiomarte221/

Sin abordarlo en la muestra, la decisión de Miriam Gómez de esconderse en una identidad masculina –“Pinche Barrendero”– es una tarea de significación curatorial que deberían explicar tanto Karla Noguez como Susana-Go.

Con una referencia a la “nueva normalidad” por la posibilidad de visitarla a través de citas con un máximo de dos personas y con un tiempo de estancia de 40 minutos, la muestra de Juan Caloca titulada “Soy un extraño/ para Dios/ la política/ para mí mismo… y para mis amigos”, destaca porque incide en la exploración de una nueva temática en la trayectoria del artista. 

Conocido por sus inteligentes cuestionamientos que, con distintas prácticas artísticas, confrontan a partir de símbolos las contradicciones de lo mexicano, lo nacional y su construcción política, Caloca presenta sus exploraciones sobre un nuevo proyecto que parece referir a la falsedad de la información: la estampación del rostro de Cristo en un paño conocido como “La Verónica”.
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