Requiem (palabra latina que se pronuncia recuiem) es una misa de difuntos de las iglesias católica, anglicana, ortodoxa griega y ortodoxa rusa, entre otras. El rito durante siglos se rezó en latín, y réquiem significa descanso.
El primer verso del introito de la misa de difuntos dice: Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis (Descanso eterno concede a ellos Señor y la luz eterna los ilumine). Y como es costumbre llamarle a una obra cantada de acuerdo a las primeras palabras de su texto, réquiem es una misa de difuntos.
De la misa regular se omiten el Credo y las partes que podrían considerarse jocosas, el Gloria y el Aleluya, y se insertan las relativas al rezo fúnebre para conformar la de difuntos, en el siguiente orden: Requiem, Kirie Eleison, Graduale, Tractus, Dies Irae, Tuba mirum, Rex tremende, Recordare, Ingemisco, Confutatis, Lacrimosa, Domine Iesu Christe, Hostias, Sanctus, Benedictus, Agnus Dei, Comunio, Libera me, In Paradisum, Pie Iesu.
Desde la Edad Media se celebraba en ocasiones la misa cantada con los hoy llamados cantos gregorianos, es decir, a una voz y sin acompañamiento de instrumentos musicales; pero con el tiempo se empezó a componer a varias voces (polifonía) para finalmente añadir pequeños y grandes grupos orquestales.
El réquiem es un texto muy antiguo, y en verso y en latín conforma la misa de difuntos (officium defunctorus missa pro defunctis), y a ese texto diversos compositores a lo largo de la historia le han compuesto música, como los muy célebres Berlioz, Bruckner, Dvorak, Fauré, Liszt, Mozart, Orlando di Lasso, Verdi, Schumann, entre muchos otros. A la fecha se han escrito cerca de 2 mil réquiem de unos mil 600 compositores. Pero en todos los casos, rigurosamente, no se ha variado una sola coma del antiguo texto.
No obstante, por ejemplo, un músico compone una cantata o motete (creación de carácter religioso) alusivas a los difuntos, y equivocadamente le llaman réquiem, como en el caso de Johannes Brahms, aunque aquí la culpa fue de los editores quienes, por abreviar, le llamaron Opus 45 Deutsches Requiem, cuando según algunas fuentes Brahms lo nombró Eine Art Deutsches Requiem (una especie de “réquiem alemán”). Es una obra maestra, desbordante de espiritualidad, pero no un réquiem.
Como tampoco el War Requiem, de Benjamin Britten, que no es una misa, puesto que intercala algunos de los textos de la misa de réquiem con poemas de Wilfred Owen.
En cuanto a la pieza de Dmitri Kabalevski, no puede llamarse propiamente un réquiem, pues en vez del milenario texto emplea poemas de Nicolai Aséyev.
Un réquiem es, más que una composición musical, el texto de la misa de difuntos, y por extensión se le llama así a la obra resultante de musicalizarlo.








