Señor director:
El texto “Los Ceferesos, mal administrados por un excolaborador de García Luna”, de Juan Omar Fierro, expone una realidad que debe conocer la opinión pública y sobre la cual deseo aportar más elementos, como interno que fui en el penal de Puente Grande, Jalisco, por una acusación sin fundamento. Después de un largo proceso obtuve mi libertad.
Los Centros Federales de Readaptación Social (Ceferesos) siguen bajo el control de excolaboradores de García Luna. Existe una red de funcionarios que siguen enquistados en el Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social (OADPRS) y en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) de Alfonso Durazo Montaño.
Después de la fuga de Joaquín El Chapo Guzmán se renovaron todas las cámaras de seguridad de Puente Grande. La instalación de circuito cerrado fue más efectiva a tal grado que elementos de la Policía Federal –vestidos de negro tipo SWAT– llegaban en cinco minutos al lugar cuando había alguna riña.
La paradoja era que, en cambio, uno podía estar muriéndose por alguna enfermedad y el médico nunca llegaba.
A dicha red de funcionarios ha pertenecido Eduardo Guerrero Durán (en 2016 fue responsable del OADPRS), hoy encargado de las cárceles en Nuevo León. En el estado ponen de ejemplo a la cárcel de Cadereyta como la primera donde no hay corrupción.
Eduardo Guerrero tiene como asesor y mano derecha a Orlando Quintero Montaño, exdirector de Puente Grande.
Desde la llegada de Vicente Fox a la Presidencia, en cada una de las cárceles de máxima seguridad se van cambiando los directores cada año y cuatro meses por razones de seguridad.
Así que el grupo de funcionarios a los que me refiero va y viene de penal en penal. Trabajo seguro, dinero seguro.
Ese modus operandi no cambió ni con las fugas del Chapo Guzmán. Como en los tiempos de Eduardo Guerrero Durán, Montaño Quintero y García Luna, la historia se repite cuando hay un relevo de director: el nuevo funcionario llega inesperadamente con decenas de hombres de negro gritando y golpeando las rejas de la celda con toletes o con la pistola de toques eléctricos sacando chispas y gritando: “¡Todos de espalda y quítense la ropa!”
Ahí desnudos, de espaldas y a tres metros de la reja pasa el director preguntando: “¿Cuál es tu nombre? ¿Qué delitos tienes? ¿De dónde eres? ¿A qué cártel perteneces? ¿Cuántos años tienes en la cárcel?”
Cuando se pertenece a un cártel y a una jerarquía dentro de él te dicen que te pongas la ropa y te sacan a platicar con el director recién llegado. En muchos casos se conocen. Muchos directores estuvieron en Matamoros, en Sinaloa y Ciudad Juárez. La plática es en función de ofrecer el módulo 4 o el módulo 1 (estos tienen la regadera adentro).
Durante los casi seis años que estuve preso me tocaron los dos tipos de módulos. El módulo 4 es la zona VIP, ahí estuve casi tres años.
La visita del nuevo director es en estos módulos. Ahí está el dinero, los dólares. Después de que se concreten los acuerdos con el nuevo director comienzan los cambios de celda, con videocámara o sin ella, con compañía o sin ella, con un conocido o no, con un interno que le haga la limpieza o no. Esto cuesta 250 mil dólares –lo más barato– por año. Cuando el próximo año llegue el nuevo director, éste hará lo mismo.
Los 250 mil dólares habría que multiplicarlos por al menos 50 internos que logran un acuerdo. Todos ellos son cabezas de cárteles y conocidos de los directores.
A los grandes personajes en Puente Grande les da risa cuando llega el nuevo director. Dicen: “A este lo conocemos. Estaba en la nómina. Él iba por el dinero. Con él controlamos tal penal. Pertenecía a nosotros. Con él estaremos como en Hawai. No se preocupen, todo bajo control. No pasa nada”.
El gran problema de los Ceferesos es que la corrupción continúa y ha sido más cuando a José Ángel Ávila Pérez lo ponen a cargo; él no sabe de seguridad penitenciaria. El círculo cercano a García Luna no sabía y no sabe. La seguridad se la dejan al director de Seguridad de la expolicía federal.
El director del penal se dedica a cobrar las grandes cantidades de dólares con sus clientes de adentro. Así que, desde que llega sólo pasará dinero por sus manos. Dinero para la salud. Dinero para locutorios. Dinero para salidas a un hospital privado. Dinero para ropa. Dinero para tenis. Dinero para dieta. Dinero para doctor. Dinero para medicinas. Dinero para todo…
Cada director que llega trae a su director de seguridad, su conocido, es el operativo que arreglará los problemas que van surgiendo y el que lleva los arreglos del dinero.
La corrupción está desde el OADPRS, pasa por el director del penal y por el director de seguridad de la expolicía federal.
La corrupción en los penales federales está monitoreada desde la OADPRS. Así que la corrupción diariamente es vista, escuchada y palpada por las autoridades penitenciarias.
García Luna dejó toda una red de corrupción. Esta red está viva y continúa llevándose ríos de dólares sin que nadie lo detenga. (Carta resumida por razones de espacio.)
Atentamente,
David Vargas Araujo








