El Tejo de Oro

Entre las múltiples historias que rodean el episodio de La Noche Triste, se cuenta que, en su huida de Tenoch­titlán, los españoles capitaneados por Hernán Cortés tuvieron que tirar en los canales el oro que habían acumulado y fundido en toscas barras durante su estancia en las Casas de Axayácatl.

Parecía leyenda urbana cuando la gente repetía ante exploraciones arqueológicas que faltaba encontrar “el oro de Cuauhtémoc” o “de Moctezuma”. Pero la mañana del 13 de marzo de 1981, durante trabajos de salvamento arqueológico en la esquina que formaban las calles de Soto y Santa Veracruz, frente a la Alameda Central (donde se construían los edificios que hoy ocupa el Servicio de Administración Tributaria), se encontró una barra en lo que era la vieja acequia de Toltecaacaloco.

Los investigadores Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor, y José Luis Ruvalcaba, del Instituto de Física de la UNAM, dan cuenta en un amplio ensayo en la revista Arqueología Mexicana (https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/el-tejo-de-oro-y-la-noche-triste), de la disputa que el inusitado hallazgo provocó entre los ingenieros de la Compañía de Excavaciones y Cimentaciones (CECSA) y Félix Francisco Bautista, trabajador del INAH, quien finalmente lo entregó a los arqueólogos.

Fue el propio presidente José López Portillo quien, con la misma magnificencia con la que relató en su libro Mis Tiempos cómo sintió “redondo el poder” para ordenar la excavación del Templo Mayor, calificó la pieza como “testimonio histórico de primera magnitud… la explicación de la conquista de México… del drama que fue ‘La noche triste’”, durante su presentación ante la prensa.

El ahora llamado Tejo de Oro se exhibió en el Museo del Templo Mayor en calidad de préstamo temporal, pero hoy se puede ver en la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología.

En enero pasado, a través de un boletín del INAH, el arqueólogo López Luján presentó los resultados de un análisis hecho al tejo y de su investigación en torno a su procedencia. Señala que es pieza clave “en el rompecabezas de ese suceso histórico, pues coincide con la descripción que Bernal Díaz del Castillo hizo de los ‘tejos de oro’ que se obtuvieron de la fundición del ‘Tesoro de los antepasados de Moctezuma’”.

Concluye, al señalar que el oro fundido por los españoles pudo provenir de diversos sitios: el Tesoro de los antepasados de Moctezuma, el botín de guerra de los almacenes reales de Petlacalco, las armerías del Tlacochcalco o los talleres artesanales del Totocalli:

Lo cierto es que el tejo es un “dramático testigo material de la Conquista española y testimonio arqueológico único de la llamada Noche Triste”.