Proceso acudió al colosal tiradero en el Estado de México para registrar cómo se vive la emergencia sanitaria en la zona a donde llega todo tipo de desechos, incluyendo los de los hospitales. Operadores, choferes de motocicletas y separadores, entre otros trabajadores del Bordo de Xochiaca, comparten sus miedos, necesidades y experiencias en el contexto de una pandemia que ha dejado en México, hasta el jueves 2, casi 30 mil muertos.
Dani Navarro saluda desde la orilla del arroyo que se ve hasta el fondo del Bordo de Xochiaca; una jauría lo persigue, los perros mueven frenéticamente sus colas mientras él sacude una bolsa con huesitos. Desde lejos grita que sí cuando le preguntan si trae basura de hospital.
Él es operador de un camión recolector de basura y en su ruta hay un hospital del IMSS –de los más concurridos en esta pandemia–, uno ubicado en Nezahualcóyotl, en el nororiente de la Zona Metropolitana del Valle de México. Se trata de uno de los municipios más populosos del país y exportador de mano de obra por excelencia… Claro, también es uno de los más afectados por el covid-19.
“En este trabajito chulo nunca terminamos. La basura no nos deja, y menos ahora que no sabemos a dónde irá a parar tanto desecho”, dice Dani con su mirada enrojecida cuando confiesa que pasó el Día del Padre en el basurero y no con sus papás, con quienes vive.
Platica que su familia sabe a qué se dedica y que, por eso, espera que comprendan por qué estos días los evita. Se ha autoexiliado en la azotehuela de su propia casa para evitar el contacto con ellos.
“Cada cabeza es un mundo”, responde cuando se le pregunta si él siente que ha desarrollado anticuerpos, como la gente cree, por llevar toda su vida trabajando entre la suciedad. “Sí tenemos anticuerpos, pero no somos inmunes, somos como todos”.
Abre grandes los ojos cuando recuerda el día que comenzó a pensar diferente sobre la pandemia. Hace como mes y medio vio que al hospital de su ruta llegaba un tráiler refrigerante para guardar cadáveres.
Desde entonces, asegura, todos los días cuando llega a su casa de plano echa su ropa a una bolsa y al otro día la tira en el bordo, también asegura que se lava antes de salir del basurero y también antes de entrar a casa. “Es por seguridad”.
Desde que la crisis sanitaria golpea a México, Dani come solo en su azotehuela; se alimenta de cosas preparadas que compra en la calle para no pisar la cocina de su casa. Confiesa que le da pánico llevar “el bicho” a sus papás y sobrinos. “¡Imagínese…!”, dice mientras vuelve a pelar los ojotes.
Explica que él sabe que la basura que trae del hospital es de zonas generales y detalla que el mismo día que vio llegar el tráiler refrigerante también le sorprendió mucho observar la minuciosidad con la que personal médico se retiraba su equipo de protección para ponerlo en una bolsa roja.
“Luego luego le pregunté a dónde echaban todo eso, porque yo no había visto esas bolsas en mi basura. Me dijo que las bolsas rojas son incineradas en el mismo hospital. Sin embargo ya sabemos que todo lo que sale de ahí puede estar contagiado.”
Para Dani las monedas son más peligrosas que la basura. “Nadie se preocupa por las monedas como por la basura y todo el tiempo las andamos tocando”, dice mientras usa un rastrillo con un palo para sacar los restos de basura que se quedaron en la caja de su camioneta, batea a la que después le echará el cloro que guarda en un bote amarillento que tiene detrás de su asiento.
Sin niños
El Bordo de Xochiaca fue mucho tiempo el basurero más importante de toda la zona metropolitana. Desde principios de la década pasada fue dividido en dos.
Como los desechos de la Ciudad de México dejaron de llegar ahí, los desperdicios de la capital del país son llevados a varios vertederos particulares del Estado de México y Morelos antes de llegar al gigantesco relleno sanitario dispuesto por el gobierno capitalino en Ixtapaluca.
El tiradero del Bordo 3 recibe la basura de todo Nezahualcóyotl, el cuarto municipio más grande de la zona metropolitana después de las alcaldías Iztapalapa y Gustavo A. Madero, así como del municipio Ecatepec.
En tiempos normales el Bordo 3 recibe 125 toneladas diarias de basura, pero la cifra se ha reducido a 90 toneladas desde que comenzó la emergencia sanitaria, por seguridad. Para proteger a los trabajadores del tiradero se habilitó una zona a donde cada día llegan dos toneladas de residuos de alto riesgo procedentes del Hospital La Perla, Hospital Gustavo Baz y del panteón municipal.
Las autoridades también solicitaron a la ciudadanía que ponga los residuos de riesgo en bolsas transparentes, para que los recuperadores no tengan que abrirlas para ver su interior.
Quienes se dedican a acopiar, separar y vender los restos de plástico, papel, vidrio y los materiales más diversos que llegan entre la basura, ahora deben usar obligatoriamente guantes, tapabocas y gel antibacterial.
Algunos trabajadores traen botes con cloro y hasta agua de limones hervidos. También se prohibió la entrada de menores de edad y adultos mayores, tradicional mano de obra en este sitio.
Don Juan del Bordo
Don Juan Martínez Páramo viene todos los días desde Xico, Valle de Chalco. Dice que normalmente hace hora y media de camino para llegar a su trabajo como recuperador en el Bordo de Xochiaca. Su avejentadísimo rostro refleja los años que ha pasado en los basureros, 19 de ellos en el Neza 3.
Cuando se le pregunta dónde están sus guantes responde que justo se estaba terminando un taco e inmediatamente después de una de las bolsas de su pantalón saca un tapabocas hecho rollo, casi tieso y sucio como su gorra del PRD-Neza, que ya perdió su color original.
Don Juan apenas asoma su cabeza por el amasijo de lonas, trapos y huacales que están coronados por un crucifijo del cual se aferra una figura de Cristo mochado hasta las costillas. El revoltijo hace de cuarto de descanso en medio del basurero.
Cuando se le pregunta si permite una foto dentro de su “corral” –como él lo llama–, acepta bajo la condición de que salgan sus santitos: un cuadro de la Sagrada Familia donde la Virgen María y San José sostienen al Niño Jesús y otro que tiene a un Cristo crucificado junto al templo del Señor de Chalma. Después de la foto se quita el tapabocas un poco antes de seguir trabajando. “Me ahoga”, dice.
Sin mulas y sin guantes
Por aquí y por allá llegan uno tras otro los triciclos motorizados desbordados de basura. Desafiando el equilibrio y algunas leyes de la física, vienen cargados de bolsas, de objetos disímbolos cuya vida útil ya se ha terminado, y hasta traen cachorros que la gente desecha porque ya no los quiere en casa.
Estos pequeños vehículos que sustituyeron a los viejos carretones tirados por mulas –uno que otro aún deambula por ahí– recorren las calles de Neza sacando la basura de las casas, negocios y mercados a cambio de unas monedas, para después traerla al tiradero de Neza 3.
En casi todas esas motos viajan, además del chofer, uno o dos chalanes que descargan la basura en grandes mantas. Todos traen cubierta la cara, mínimo con paliacates, algunos usan lentes de seguridad, pero nadie trae guantes.
“Ganamos menos”
No debe pasar de los 30 años y dice que tiene tres hijos. De menudita complexión y pronunciadas entradas, tres veces sonríe bajo el cubrebocas para evadir decir su nombre.
“Han cambiado muchas cosas con la pandemia. A fuerzas tengo que salir todos los días para juntar la basura y ganarme unos pesos; nos bajó el trabajo, la gente no sale a tirar la basura por miedo y también nos dan menos dinero, porque pues muchos no están saliendo a trabajar y no tienen para darnos.
|“Ahora tenemos que traer cosas que antes no traíamos. Yo me he gastado como 100 pesos entre tapabocas, gel y lentes, pero lo hago más que nada por mis niños, me da miedo llevarles una infección. Cuando llego a mi casa me esperan ya con el agua en el baño antes de entrar.
“Lo que yo le diría a la gente es que nos ayude separando más su basura y que, por favor, nos avisen cuando haya algún contagiado en la casa para de plano no abrir esas bolsas. Afortunadamente la misma gente ha buscado formas de no tocarnos y nos dan las monedas en bolsas o de otras maneras.”
A diferencia de Dani, esta persona dice que sí tienen más defensas en comparación con el resto de la gente, pero aclara: “No somos inmunes. Hay que cuidarse”.
Asegura que en el basurero no han sabido de algún compañero contagiado, “pero en las casas donde vivo ya murió un vecino. Hay que creer, la pandemia va para un buen rato, pero hay que echarle ganas para salir adelante”, dice mientras camina a la casuchita donde se quita la ropa sucia y se lava las manos y la cara para emprender el regreso a su casa.
Miedo a la crisis
Santiago Nava maneja un triciclo. Con él están sus chalanes que ríen desmadrosos cuando lo aborda la cámara; unos pedazos de ositos de peluche adornan su moto.
Dice que en la pandemia su trabajo cambió porque la gente que no puede salir de su casa, se aburre, se pone a hacer limpieza y sale más basura, pero no hay dinero y tampoco propinas.
En su casa viven cinco personas y sólo él sale a trabajar y a comprar las cosas que necesitan. Explica que lo primero que hace cuando llega a la casa es abrazar a su familia, pero después de asearse y cambiarse.
Reconoce que lo que más le da miedo de la pandemia es la crisis económica. “Tengo anticuerpos por trabajar la basura, eso no me preocupa tanto; lo que sí me preocupa es que la gente no tenga dinero y me quede sin trabajo”.
Doña Natividad Ponce viene desde Iztapalapa a trabajar al Bordo, trae un tapabocas que simula unos carnosos y sensuales labios entreabiertos que contrastan con sus ojos redondos y pestañas cortísimas. Su hija y yerno también trabajan en la basura, operando un triciclo.
Cuenta que hace poco una mujer de las casas de donde recogen los desperdicios le dijo a su hija que usara guantes, porque tenía un enfermo de coronavirus.
“Esa bolsa ni la abrimos”, recuerda. Reconoce que todos los días corre riesgo por estar en contacto con la basura, pero ella considera que corre más peligro y le da más miedo viajar en el transporte público.
“Corro mas riesgo ahí porque muchas veces la gente no trae tapabocas y ni sabes qué es lo que traigan. Aquí nosotros creamos muchos anticuerpos por trabajar diario con la suciedad: Si usted hiciera lo que yo hago diario, no la cuenta. Creo que esto también es sicológico, pero aún así hay que cuidarse, nadie es inmune”, dice mientas ajusta las sucias tiras blancas de su tapabocas “carnoso”.








