A lo largo de su prolífica trayectoria por diversos escenarios donde desplegó las inquietudes recogidas entre la gente, el actor halló en ese programa televisivo la fórmula que transformó el humor crítico en México, en la línea de su maestro Jesús Martínez “Palillo”. Durante más de tres décadas, Proceso siguió los pasos de Héctor Suárez, algunos de los cuales se rememoran aquí.
Observador de los ángulos más peliagudos de la idiosincrasia mexicana, Héctor Suárez se llevó la portada de Proceso caracterizando al inefable El No Hay, uno de los mejores papeles de su enorme elenco propio en el programa de TV ¿Qué nos pasa?, con el titular: “En Imevisión lo censuraron”.
Aquel número 513 de la revista se publicó el mero día del cuarto informe presidencial de Miguel de la Madrid (1 de septiembre de 1986), reproduciendo la charla del periodista Armando Ponce con el cómico de mayor popularidad en nuestro país entonces (con el encabezado en interiores “Héctor Suárez: ¿Cómo que no hay?”):
“Los personajes de Héctor Suárez vienen de muchos años atrás, están arrancados de su vivencia, de su convivencia, de su observación, pertenecen a una realidad que él no quiere juzgar, sólo mostrar –expresa reiteradamente–; y sin embargo los define:
“–Son eructos de la sociedad… Son productos sociales. Tal vez sean una bofetada en la cara de la sociedad, o en mi propia cara; pero mi intención es sana. Hasta ahora ningún sociólogo me ha ayudado. Quieren que dé soluciones… no. Que las dé cada quién en sus casas, ¿quién soy yo? ¿El secretario de Educación Pública?
“Yo lo que me pregunto es cómo voy a llegarle a la gente. Porque basta que al mexicano le digas ‘No lo hagas, no tires el agua, no esto’, para que lo haga. Al mexicano no le gusta que le digan las cosas que debe de hacer. Y la única manera es por la comedia, por el humor. Eso funcionó muy bien en Mecánica Nacional y en México ra-ra-rá, llegaron a todas las universidades.”
Negó sólo representar en escena a pobres y rechazó que los desarrollaba para criticarlos, pues la mayoría de ellos son los seres humanos que Héctor Suárez conocía desde su infancia en la colonia Obrera, donde nació, un barrio bravo y, su gente, “raza, pueblo”, como él; “porque el mexicano tiene ingenio, yo nunca he visto un pueblo con tanto ingenio, la prueba es cómo lo usa para la transa y pensando en darle en la torre a la gente… Yo me doy cuenta cuando filmamos: cómo es posible que tanta gente esté ahí nomás viéndonos por ocho horas sin hacer nada. Y eso en todas las clases: hay mucho príncipe idiota, juniors que nomás heredan y no hacen nada…”.
Los personajes de ¿Qué nos pasa? (“el de mayor rating en la televisión mexicana de todos los tiempos”) llegarían por esos días a un show de cabaret: El Picudo, El Punk, El Destroyer y, claro, El No Hay (“un tipo incapaz de decir una mala palabra, una sola grosería”). Y relató la increíble historia del sombrero de El Picudo:
“Se lo vi a un albañil de San Pancho, Aguascalientes. Qué manera de recortar este sombrero texano, de pintar la lona. Se lo quise comprar en 5 mil pesos y no quiso. Le tuve que dar 120 mil, porque yo quería ése. Nomás vi al cuate parado ahí, me dije: es el sombrero más vulgar que he visto en mi vida.”
El show lo comenzaría Suárez con una suerte de breviario editorial: Hablar… hablar de lo que nunca hablamos. Aniquilar a ese mexicano que nos daña. Acabar con su ingenio para la corrupción, con el endeudamiento, con la vergonzosa devaluación…
–¿Lo censura en la televisión la empresa o el gobierno?
–No… Dije que si tenía censura no haría el programa. Emilio Azcárraga me dijo que había apertura, pero el peligro estaba en cómo decir las cosas. … En Domingos Herdez introdujimos el absurdo en comedia, que se impuso. Era el Por eso estamos como estamos. Yo pienso que si el programa se hiciera en serio, no lo aguantaría nadie. Crearía pánico…
Y siendo el teatro “más libre que la televisión”, confesó en 1986 que sólo en una ocasión lo censuraron “durante una obra donde aludía el 68 como crítica”. En la tele, ¿Qué nos pasa? en germen fue grabado para Canal 13 hacia 1982 con el nombre de Hecho en México. Se hicieron 11 programas, pero sólo pasaron dos (“los editaron a mis espaldas y ahí se acabó todo. No lo soportó la televisión del Estado, por autocensurarse tan severamente ellos mismos, por tener miedo. Ya lo llevan en las venas: como que les da miedo que se vea la verdad”).
–¿Qué es lo que no hay en México?
–No hay vergüenza… Es un país donde hay, cómo que no hay. Eso es lo que yo digo, que sí hay. Pero el no hay es un producto nuestro. Hasta qué punto somos culpables. eso ya es otro problema.
Psicología del mexicano
Ya en abril de 1986, Florence Toussaint había escrito en su columna de TV (Proceso 494): “¿Qué nos pasa? dramatiza, para exhibir y criticar por la vía del humor, rasgos de nuestra convivencia social”.
Luego, el 27 de octubre de ese año, Carlos Monsiváis redactó el extenso panegírico “¿Qué sabemos de las clases populares? Lo eficaz del programa de Suárez, la calidad de los retratos de humor social”, donde resume:
“La esencia de ¿Qué nos pasa? es la pedagogía, implícita o explícita. (…) Hay que reeducarnos, es el estribillo de la serie, y los invitados le agradecen a Suárez la oportunidad de intervenir en la empresa que, para remediarlos, sitúa con amenidad los defectos colectivos.” (Proceso 521. Ver https://www.proceso.com.mx/632649/).
Sin embargo, Televisa vetó a Suárez en 1990 por un chiste alusivo del presidente Carlos Salinas de Gortari, apodado El chupacabras, y el cómico se cambió a Imevisión (Proceso 772). Tras el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional llevó su programa televisivo La Cosa al Teatro Blanquita (“La muerte de la carpa, según Sergio Corona, Ausencio Cruz, Víctor Trujillo y Héctor Suárez” en Proceso 899):
“Mi compromiso es individual. En la época que pude mostré mi preocupación por mis hermanos mexicanos y la sociedad, por la política. Ya lo hice, tuve muchos problemas y ya no quiero problemas. No es comodidad. Estoy comprometido con mi espectáculo y la gente sale feliz con mi comedia. En este momento no hay lugar para la carpa, se la comió la televisión…”
Por esas fechas comenzó a imaginar su biografía Las águilas volamos solas, los pendejos en parvada, que en 2015 dijo haber terminado, pero nunca apareció. Extraño, pues porque “con claridad rayando en lo diáfano” solía concluir todos aquellos proyectos que se planteaba y no era ningún improvisado. Reconocido primero como actor y después como cómico, soñó su vocación al ver a los cuatro años de edad, en una carpa, a Jesús Martínez Palillo; su decisión para actuar la tomó cuando su ídolo era llevado a la cárcel, luego de uno de sus sketches carperos contra el gobierno.
Fue discípulo de Carlos Ancira, y trabajó al lado del mimo francés Marcel Marceau y del cineasta, dramaturgo y actor chileno Alejandro Jodorowsky, montando obras de Kafka, Ionesco, Strindberg y Shakespeare. Comentaba que, sorprendidos por sus cambios camaleónicos en el escenario, el público europeo lo comparaba con Charlie Chaplin, Ugo Tognazzi, Nino Manfredi o Vittorio Gasmann, “y eso no me lo ha dicho ningún mexicano” (Proceso 646).
Al ganar el PAN las elecciones en el nuevo siglo, decidió trabajar fuera de México. Creó a Edmundo, un muñequito animado nacido para defender al planeta Tierra, confiando en que crearía conciencia entre los niños para detener a los políticos que impiden el cuidado ecológico (Proceso 1643):
“Yo he saturado el arte de la comedia con todos los estilos. Estoy enamorado de mi carrera. Por eso hice el Benito Juárez en ¡Vivan los muertos!, de mi querido Héctor Bonilla, gran actor, en el panteón de San Fernando. Fue un remanso. Fue un orgullo hablar a través de las palabras del señor Juárez.”
Se le vio en el programa Iniciativa México, que se transmitía por Televisa y formaba parte de “El Gran Reto de Iniciativa México”, donde participaban TV Azteca y Cadena Tres. Efectuaba sketches cómico-políticos, y lo censuraron por “rebelde, actor difícil y conflictivo” (Proceso 1826). En el número siguiente el semanario publicó su carta dirigida al dueño de Televisa, Emilio Azcárraga Jean:
¿Está usted enterado que durante más de 38 años colaboré en la que ahora es su empresa, en programas que no sólo dieron rating sino mucho dinero a Televisa?… ¿Sabe usted que la emisión creada por mí y titulada ¿Qué nos pasa? le dio a Televisa la altura y la madurez de una televisión inteligente, analítica y pensante además de valiente? Esta es la televisión y el trabajo que hago y que siempre me han caracterizado a lo largo de mi carrera… ¿Me esperan otros doce años de veto? ¿Extenderán sus medidas a mi familia como lo hicieron injustamente con mi hijo Héctor Suárez Gomís, quien sin deberla ni temerla también fue “castigado” y vetado?
Cuando en noviembre de 2014 montó en el Teatro Blanquita Mexicano, despierta, su homenaje a Palillo, la reportera Columba Vértiz de la Fuente, tras describir la escena donde tocaba al piano una sonata de Mozart, recogió estas palabras (Proceso 1989):
“He leído la historia de grandes como el Quijote o Mahatma Gandhi y coinciden en algo: sus sueños rebasan la realidad y dan su vida por materializarlos y habitarlos. Llegar a este estado de locura genial es algo que no se busca, se llega por accidente, como bien dice Milán Kundera: ‘La casualidad es el lenguaje del destino’. A mí me llevó a una carpa a ver a Palillo, y desde entonces su recuerdo vive cada vez que subo a un escenario… Yo amo a mi país con toda mi alma, lo he demostrado y lo sigo demostrando a través de mi trabajo. A mis hermanos mexicanos les digo sus derechos, pero también sus obligaciones a través de la comedia.”
Al fallecer el fundador de este semanario, creó un soneto en su memoria: “7 abril 7 de enero”, donde finaliza con una posdata (Proceso 1993):
“Julio Scherer: Pobre de México sin ti… Pobre de mí… Pobres de nosotros…”








