Estudiantes de Arquitectura en 1957, Mauricio Herrera y Héctor Ortega, quienes llegarían a ser dos actores de primera línea, participaron en la puesta de La hermosa gente, del armenio-estadunidense William Saroyan, que dirigía Juan José Gurrola en el Teatro de Arquitectura de la UNAM.
A los 86 años rememora así el cómico Herrera el día en que Gurrola invitó a Ortega, quien acaba de fallecer el 3 de junio pasado:
“Ortega se encontró un libreto de la obra de William, la cual estábamos trabajando, y lo fue a entregar. Me saludó y me preguntó: ‘¿Es de alguien este libreto?’. Le respondí que quizá un integrante del equipo lo había perdido. De pronto el director Gurrola le mencionó: ‘¿Te gusta el teatro?’. Él le dijo: ‘Sí’. Luego le preguntó: ‘¿Has hecho teatro?’, y Héctor negó. Gurrola siguió: ‘¿Quieres hacer teatro?’. Y entró a la obra con nosotros”.
Destaca vía telefónica sobre su amigo de toda la vida:
“¡Era espléndido! Enseguida destacó por su gran capacidad. Fue muy exitosa esa obra. También estaba Sergio Aragonés. Héctor Azar dirigía el Departamento de Teatro de la UNAM. Ortega hizo el papel con mayores empeños histriónicos. Fue muy famoso el Teatro de Arquitectura y de ahí salimos como actores profesionales.”
Ortega (nacido el 12 de enero de 1936 en el DF) abandonó sus estudios de arquitectura y luego cursó pantomima con el chileno Alejandro Jodorowsky:
“Le gustó mucho la pantomima y también se relacionó con el francés Marcel Marceau. Ortega era un extraordinario actor en cualquiera de los géneros. Su fuerte era el teatro clásico. ¡Era amante del teatro clásico…! Estuvo maravilloso en la obra La muerte accidental de un anarquista, escrita por Darío Fo y dirigida por José Luis Cruz. Siempre estudiaba y escribía mucho. Dirigió y protagonizó ¡Ay Cuauhtémoc no te rajes! y El huevo de Colón. ¡Ah!, siempre estaba laborando en su computadora. E igual era un activo social por los derechos humanos y defendía la cultura de nuestro país.”
Oriundo de Veracruz, Herrera, además director de teatro, señala que a Ortega no le gustaba la televisión, sin embargo encontró ahí un espacio muy importante:
“Dizque no le gustaba mucho la pantalla chica, pero como era tan buen actor, no había una telenovela en la que no encajara una personalidad como la de él. Y dirigió telenovela, igual cine, como La palomilla al rescate y Vacaciones misteriosas, donde yo formé parte del elenco. Igual dirigió a mi también amigo Héctor Suárez en Silencio: Locos trabajando. Escribió, junto con Alfonso Arau, Emilio Carballido y Francisco Córdova, el guion de El águila descalza (1969), dirigida por Arau, y de Calzonzin inspector, igual de Arau, en cuyo guion participaron Alfonso de la Cabada y Eduardo del Río Ríus. En los dos largometrajes fue además actor. Bueno, para mí Ortega era mi hermano, un gran amigo de toda la vida.”
Resalta, con voz apagada:
“Como ejercí la arquitectura, le hice su casa. Desde 1973 vivimos en la colonia Chimali Tlalpan, en el sur de la Ciudad de México, en un fraccionamiento cerrado. Pasamos juntos todas la navidades y años nuevos y nuestros hijos crecieron juntos. Para mí ha sido muy fuerte su partida.
“Lo había visto un poco deprimido. En estos días de confinamiento por la pandemia me hablaba para saber cómo estaba. Desde muy joven le quitaron un riñón, alrededor de los veintitantos años, y nunca tuvo problema, hasta ahora que le falló. Me dijo su esposa Chonita (Asunción Estupiñán) que le realizaban una pequeña intervención quirúrgica, se complicó y murió.”
Se despide:
“No me puedo quitar la tristeza porque en dos días se murieron dos amigos, porque dirigí a Héctor Suárez en La libélula, una obra que montamos con Silvia Pinal y Carlos Bracho hace muchos años, y luego en Un adorable sinvergüenza. Nos respetábamos mucho como actores y comediantes. E insisto, de Ortega su fuerte fue el teatro. Nacimos en el teatro.”
Además de en La muerte accidental de un anarquista (1983) y de El huevo de Colón (1992), Ortega tuvo un desempeño memorable al protagonizar a Fray Servando Teresa de Mier en 1822, el año en que fuimos Imperio (2005), de Flavio González Mello.
Por su parte, también el comediante Ausencio Cruz comparte la memoria de Ortega:
“Él nos dirigió a Suárez y a mí en Picardía mexicana en el Teatro Vizcaínas, una temporada exitosísima, mi primera obra. Dos de mis más grandes maestros nos enseñan ahora desde otra dimensión.”








